MALVINAS (1ro de abril 2012)

}Sería encantador decir que estoy en Puerto Argentino y no Stanley, pero nada realista. Este lugar de argentino no tiene nada y todo de una factoría británica. Luego de un par de días de estar aquí y llegando a una situación de encierro por falta de movilidad y compañía, en medio de la exacerbación local contra los argentinos que obligan a manejarse con discreción para no irritar aún más a quienes se sienten vejados, invadidos, agredidos, por nosotros – el plural se vuelve inevitable –, he tenido la dicha de encontrarme con colegas de otros medios nacionales y extranjeros.

La suerte me deparó la llegada desde el pueblo de Darwin del trío de France Press: Tomás, redactor uruguayo, Anthony, cameraman francés que vive en San Telmo, Martín, fotógrafo peruano que vive en Chile. Los tres de unos cuarenta años, trotamundos de agencia de noticias, vivos para los reportajes, alertas ante los detalles, rápidos para la primicia, es decir, para abreviar, todo lo contario de quien aquí escribe: un opinólogo ilustrado, o casi, que dice lo que piensa, piensa lo que los otros dicen, supone lo que no dicen, en lugar de callarse, escuchar y no opinar.

En realidad, aquí no se puede opinar mucho para no terminar en el agua como se dicen que terminan algunos marineros de los pesqueros que rodean las isla en busca de calamares, merluzas, y que parecen ser a veces tan maltratados a bordo que se arrojan por la borda- cuando no los arrojan – para llegar sin aliento a la costa malvinense como aquel tailandés que mató a otro marinero según él en defensa propia y que pasó un par de años en la cárcel de Malvinas junto a los otros dos reclusos sentenciados por abuso sexual.

Fue una suerte encontrarme con los muchachos de France Press, y con Mónica, una periodista brasileña nacida en California, casada con un argentino, que vivió años en Bélgica y Marruecos y que junto a Gabriel, un muchachón tierno, simpático y callado, argentino de familia uruguaya que aquí dice ser oriental para no tener problemas, están a cargo de un documental de cincuenta minutos. Ellos dos viven en una casa, Le Phone House, de una señora cuya sonrisa y cordialidad me desubicó después de la experiencia de la gerenta del hotel en el que pernocto – para quien soy un enemigo al que nunca le entiende nada a pesar de que practico un inglés aceptable que me corrige con grosería cada sílaba como para mandarla a enseñar lengua a la villa 21 –  y que es concuñada o algo así de los dos malvinenses que dejaron las islas tras dos argentinas, uno fue para Córdoba y el otro para Buenos Aires.

El amor no tiene fronteras.

No puedo dejar de hablar de los otros dos argentinos con los que formamos el pelotón patriótico la semana antes del dos de abril, Freddy del diario El Patagónico que se siente desilusionado por no haber encontrado estima alguna ni deseo mínimo de parte de los habitantes de ser algún día argentinos, y de Hugo, secretario de redacción de la revista  Gente, un pibe gaucho celoso de su trabajo que ya estuvo hace cinco años por acá y que lamenta no poder ser acompañado por aunque fuere un veterano ex combatiente de los nuestros para recorrer los campos de batalla.

Lo que sí vi es a dos veteranos de guerra ingleses que se niegan a hablar con los periodistas extranjeros, uno porque dice que nunca habla, el otro porque no quiere hablar. Me los encontré en la Iglesia anglicana el domingo que fui a misa para poder hablar – yo que sí necesito hacerlo aunque sea dos veces por semana –  con alguien, aunque fuere con Dios, que es políglota, por suerte no me los presentó Richard que es el párroco, pero que volví a ver en mi caminata semideportiva por las calles del puerto a las siete de la mañana, siendo superado por los dos ex soldados cuyo trote tenía un ímpetu tal que podrían volver a invadir las islas treinta años después.

Gracias al prelado el miércoles tengo algo que hacer – hoy es martes – aunque no me parece una actividad acorde a mi investidura. En vistas a la preparación de un baile popular en el mes de mayo, para comienzos de la primavera, ese día a las 19.30hs, se reúnen un grupo de muchachos y chicas, algunos mayores también, a practicar en un salón de la iglesia, danzas folklóricas escocesas, a las que el amable Richard me invitó no sólo a contemplar sino a  participar activamente. No estoy para ponerme polleras al son de ninguna gaita ni acordeón, más aún en un ambiente en el que más vale estar atento con los pantalones puestos, pero iré para juntar material, labor que me doy cuenta que debe llevar a cabo todo buen periodista.

No soy especialista en Land Rover y menos con el volante a la derecha y la palanca de cambios invertida, incapacidad llamativa en un lugar en el que sólo hay Land Rover y Jeeps, más alguna Toyota cuatro por cuatro, por lo que fue para mi toda una aventura meterme en un rodado de éstos junto a los amigos de France Press para saltar sobre los montes aledaños a Stanley – por fin salí de este Alcatraz lluvioso! – hacia una ceremonia en el que las autoridades de Malvinas reciben de parte de una empresa que desarma minas y limpia terrenos de restos bélicos, la entrega de predios aptos para ser caminados sin perder medio cuerpo.

Llamamos un taxi, una potente camioneta Mitsubishi conducida por una señora de agradable presencia que todo el tiempo hablaba por celular auricular con su “boss” al que le decía “honey” y “darling”, hasta nosotros recibimos algún “honey”, lo que no impidió entre tantas expresiones melosas que la Mitsubishi genial para lucirse en un country de Pilar se hundiera en el barro apenas entrábamos en terreno fangoso rumbo al ágape con viento y frío. Por suerte la solidaridad isleña hizo que con una soga desenterraran a la señora que renunció a seguir viaje por el monte, y luego de pagarle cinco libras nos dejó en manos de un señor que con su esposa manejaba una Land Rover de la época de Luis Vernet – ya que estamos en las islas hagamos un poco de historia – que a los tumbos nos llevó al encuentro.

Una buena parte de las fuerzas vivas de la Isla estaban allí, gobernador incluido, llegamos tarde al discurso y al canto patriótico, pero a punto para los sándwiches de atún y de huevo, y los cajones de cerveza. Los enviados especiales, los muchachos del jeep, los periodistas acreditados, se lanzaron como fieras, micrófonos y cámaras en mano, a reportear a diestra y siniestra. Ahí me di cuenta lo que es ser periodista, los seguí como pude pisando tierra movediza, con una libreta en mi mano para robar alguna información, acercarme a cualquier entidad notoria, y garabatear algo.

La atracción de la jornada eran el grupo de negros de Zimbabwe empleados por la empresa multinacional Bac Tec que desarma minas en todo el mundo. Así que lo único que hice fue sacarme una foto con los muchachos africanos que quizás salga en el diario tratando de recordar si alguna vez había visto jugar a su selección de futbol

Así anoté el nombre de Filemon Conanbembe, un negro grueso que había desarmado minas en medio planeta, y del único blanco del grupo, Gay Lucas, que se presentaba como el Ceo del la compañía, feliz por el trabajo concluido y a la espera de nuevos contratos ya que las cifras que se calculaban de las minas sepultadas en la isla aún no desactivadas llegan a miles.

Señales rojas distribuidas por doquier en toda la isla circunscriben las áreas por donde no hay que caminar. El terreno limpiado era un circulo de unos cincuenta metros de diámetro que era una `manga´ o ´corral` de piedra para ovejas construido hace siglo y medio que los campesinos kelpers usaban no sólo para encerrar ganado sino para esparcimiento, para degustar sus  ` barbecues´ con dos grados bajo cero. Llamaba la atención el apilamiento de rocas en esa muralla circular, una obra de enorme esfuerzo sólo entendible por la falta de madera. Lo que no se entiende es que casi todas las casas sean de madera a pesar de la falta de madera, lo que supone la importación de premoldeados residenciales de la lejana y vieja Inglaterra.

Dejo un momento este cuaderno de bitácora porque tengo una cita con el gobernador al que no tengo idea de preguntarle otra cosa que dónde está el baño.

No me fue mal. Hablamos de todas las cosas que no me interesan con amabilidad y dos tazas de té que aquí degusto con frecuencia sin temor a que me vuelva impotente de acuerdo a una creencia que siempre tuve vaya uno a saber por qué.

 Linda residencia la del gobernador a la que llegué relajado hasta que me di cuenta de que no sabía su nombre ni lo sé aun, en donde me invitaron a sentarme en una silla que junto a profuso mobiliario de las salas y antesalas es de estilo neoclásico, es decir feo. Desde la arañas de bronce, a la moquete azul sobre las cuales dormían alfombras floreadas, hasta el placard en la que colocaron mi campera comprada hace veinte años en una fábrica de avenida Forest, placard que es lo único que me llevaría de la isla por lo amplio que parecía y por lo estrecho que es el que tengo en mi casa, todo se daba como lo previsto, me refiero a que no pasaba nada mientras una secretaria se excusaba de que el gobernador estaba un poco atrasado y que me invitaba con un nuevo té con cookies en una vajilla de porcelana blanca con bordes dorados.

Elegante el gobernador con su traje oscuro con chaleco y llavero largo con la cadena fuera de su bolsillo, al que me presenté como un diplomático sin cartera, profesor de filosofía rumano de la universidad de Buenos Aires, acreditado por el diario Perfil a cubrir el impresionante desarrollo de las Falklands islands como la venturosa futura Hong Kong del Atlántico Sur.

En realidad, en vísperas del viaje, y por el apuro del mismo ya que entre la invitación y mi pié en el avión apenas pasaron unas horas, aproveché el poco tiempo que tenía para repasar algunas escenas de una película de Peter Sellers que siempre ha sido mi modelo para las misiones secretas.

Una cosa señaló el gobernador anteriormente secretario de embajada en Hungría por lo que al decirle yo que es mi lengua materna me lanzó algunas palabras en esa lengua de la que sólo recuerdo “no quiero más sopa” y “en dónde está el perrito”, es que antes de la guerra, la economía malvinense era de tipo feudal. El gobierno británico para implantar en la isla una mínima fuerza económica otorgó por una ley de enfiteusis grandes extensiones de tierra a propietarios ingleses para los que trabajaban de aparceros los kelpers. Los nativos eran los gauchos de los ingleses. Luego gracias a la guerra cambia la política, se llega a un acuerdo con los viejos propietarios metropolitanos y se subdivide la tierra para que la trabajen los locales que cuidan a su medio millón de ovejas astutas, por necesidad de supervivencia, en alimentarse de lo poco tierno que puede tener un endurecido arbusto.

El nuevo sistema va tan bien que mal ya que en extensiones más pequeñas esta tierra dura como una roca y de pasto seco como paja arreciado por vientos y heladas, necesitaría de una tecnología de punta de la que los nuevos propietarios carecen en su mayoría.

De ahí que cobre sentido el reportaje que Mónica la brasileña y Gabriel el argentino declarado uruguayo le hicieron a un “farmer” cercano al aeropuerto, que tiene su finca en medio de la nada, y en la que cría unos chanchos, ovejas y pocas vacas, solo, sin personal que es muy caro, salvo un señor que por política social del gobierno isleño que le paga su sueldo trabaja para él por ser considerado “alcohólatra”, sin posibilidades de encontrar empleo ni de asistir a alcohólicos anónimos porque acá todo el mundo se conoce, que le da una mano a su patrón que a su vez cuida que no se tome toda la cerveza de la despensa.

Es toda una revolución la de criar chanchos en medio de una población para la que la panceta es lo que el pan ácimo para los judíos, para dar un ejemplo contrastante. Se me ocurrió calcular la cantidad de tocino que se ingiere aquí y el negocio que se puede hacer con proveedores uruguayos que saben del tema ya que nuestro hermano oriental lo usa para abrigar sus salchichas en los frankfurters y en la carne de sus chivitos, y llegué a una  cifra de importancia. Estos cálculos lo hago cuando tengo tiempo libre y cuando leo que Uruguay según versiones no comprobadas burla el bloqueo comercial que impone nuestro país a la isla y que provoca el odio de sus habitantes porque no sólo les encarece los alimentos sino que puede dejarlos como realmente sucedió: sin huevos!

Por recomendación de Tomás el periodista uruguayo de France Press leo el número que tengo del Penguin News para informarme de algo que a pesar de recorrer el diario no había observado. En la maratón bautizada como la más ventosa y sureña del mundo realizada en Puerto Argentino en este mes de marzo se llevaron los principales galardones atletas argentinos. La victoria por equipos fue para el equipo argentino integrado por veteranos de guerra: Fernando Marino, Luis Escudero, Pedro Cáceres y Marcelo Vallejo. El grupo se llama: Dimos Todo. Creo que este logro deportivo que es algo más que deportivo merecería una atención más importante que la que se le dio.  La maratón de mujeres fue ganada por Claudia Camargo que casi le gana a todos los varones, segunda Carolina Rossi y tercera Marina Moro, todas argentinas. El tercer puesto para varones fue para el argentino Pablo Ureta.

Combinamos con el trío de France Press ir al cementerio de Darwin en donde están enterrados los soldados argentinos. Me acoplé a la propuesta porque quien nos habría de llevar es Sebastián  Sacodo, el argentino radicado en la isla que está a cargo del cuidado del cementerio. Los muchachos salían de su propia entrevista con el gobernador quien les manifestó que nada había que negociar con los argentinos porque todo estaba claro: ellos eran independientes y nada más debían consultar para confirmar que lo eran. Sin embargo desestimaba realizar una consulta popular o referendum porque aun sin confesarlo ante extraños, cree como otros que sí lo manifiestan, que la mayoría prefiere ser británica.

El viaje de una hora y media hasta Darwin muestra una vez más la dimensión de la isla, su enorme magnitud que a pesar de dejar ver el mar a lo lejos, se extiende por llanuras deshabitadas, montes rocosos, y un clima inclemente de frío, viento y lluvias que ahora en marzo ya se siente.

Hablé todo el viaje con Sebastián de treinta y dos años que vive hace once años en la isla, se casó con una  malvinense, dos hijos, una que va a la secundario en Stanley y el menor a la primaria. Tiene tres trabajos, el regular en la municipalidad, el segundo como guía turístico con su Toyota con tracción delantera modificable para no sé qué porque nada entiendo del tema, y el cuidado del cementerio de Darwin.

Los veranos va un mes con su familia a Buenos Aires a visitar padres y hermanos. Pero llegamos al cementerio en una zona en la que se combatió con ferocidad, cerca de Goose Green y otros nombres que vuelven a la memoria desde su origen de treinta años.

El rectángulo en el que una tras otra se siguen las cruces blancas en las que cuelgan rosarios y flores artificiales, también tienen algunas cartas recubiertas de plástico  que leí en donde hermanas les escriben a sus hermanos muertos diciéndoles que los extrañan, que recuerdan cuando se probaban el uniforme y la madre se lo ajustaba, y que la vida ya no es igual sin él. ¿Sentimos nosotros lo mismo? ¿Qué la vida sin esos más de doscientos que están allí y otros cuatrocientos que no están allí, ya no es la misma para los argentinos?

Las tumbas en las que dice “soldado argentino sólo conocido por Dios” es una muestra del abandono que padecieron miles de muchachos que murieron de hambre y de frío. Quien llega a Darwin ve a pesar de cuidado del cementerio financiado por el esmero que ponen en encontrar apoyo los familiares de la víctimas, siente el abandono de quienes no buscaron la guerra, que se la impusieron en una región que sólo a unos aventureros además de sádicos, se les ocurrió enviar a miles de soldados no adiestrados, sin logística, sin alimentos que salían a robar por las noches en las pocas granjas cercanas, y tantas cosas que los que han leído los informes apenas pueden creer.

Me decía Sebastián que llevaba con frecuencia veteranos a recorrer los lugares a los que habían combatido y que algunos no querían ir al cementerio a saludar a sus compañeros, no lo soportaban, otro sí querían ofrecerles su saludo.

En las placas al fondo de la hilera de tumbas están los seiscientos cincuenta nombres de los caídos en las batallas,  los nombres criollos, los García, González, Gomez, Lencina, Fernández, Estevez…se suceden por orden alfabético encabezados por Juan Omar Abraham, con quien no me une parentezco ninguno.

Triste, todo es triste, decir que una muerte así ha sido una muerte inútil no se puede decir porque trasunta un escepticismo que es insultante, pero si no es el furor que a uno le llega al ver la irresponsabilidad, el maltrato, la manipulación, la indiferencia por la vida del otro que se dice que hubo de parte de altos mandos respecto de muchachos sin apoyo logístico, con depósitos de comida en los almacenes del puerto que jamás les llegaban y anécdotas horrorosas de las que pueden enterarse quienes así lo quieran, si no es el furor, es la tristeza, el luto.

Sebastián antes de irnos le saca unas fotos al cementerio para enviárselas a familiares para que de ese modo renueven su contacto con sus hijos y hermanos muertos.

Me contaba su vida en la isla. No se siente cómodo con los visitantes argentinos que parecen interesarse en el chisme y meterse en sus cosas, preguntarle qué es ser un argentino en medio de una comunidad extraña, si lo odian, si lo aman, no quiere que se entromentan en una vida que lleva con discreción, trabajando dignamente como argentino que hizo su lugar en las Malvinas, haciendo su casa con un crédito hipotecario que paga con sus tres sueldos y su mujer kelper con otros dos trabajos, como empleada en una compañía pesquera y unas horas en Lan los sábados.

Me dice lo mismo que dicen quienes se van a vivir a barrios cerrados, los que se alejan de las grandes ciudades, o quienes nunca salieron de ciertos pueblos. “Acá se vive tranquilo”, por los chicos, por la seguridad, porque no hay drogas, sin miedo, por la buena educación accesible. La sociabilidad es mínima, no son frecuentes a pesar de ser una   población pequeña en la que todo el mundo se conoce las visitas intempestivas a las casas ni las reuniones en casa de amigos. Es la costumbre europea de vivir puertas adentro y salir a emborracharse a los pubs.

Kelpers viene de Kelp que es un alga que flota alrededor de la isla. Algunos según Sebastián prefieren que los llamen falklanders o islanders, pero otros no se ofenden con el término. Hay que tomar en cuenta que hasta la guerra, los lugareños se sentían como ciudadanos de segunda categoría respecto de los británicos. Hoy todo cambió. Abunda el dinero en las arcas del municipio, el que reciben por las licencias de la pesca que les permiten llevar a cabo obras de infraestructura y mejorar educación y salud. Pero tienen un sueño a mi juicio delirante. Dicen que con las regalías petroleras recibirán desde el año 2016 diez mil millones de libras anuales, unos tres millones de libras, o cinco millones y medio de dólares por año y por habitante, y creen que los podrán disfrutar solos sin que nadie les perturbe el festín regalado y sin que cambie su modo parsimonioso y centrípeto de vivir.

Su horizonte administrativo es Noruega en que el dinero va a un fondo común destinado a planes de muy largo plazo.

O es un divague de pueblo chico o puede la isla llegar a convertirse en un nuevo paraíso fiscal, un sitio de extracción formidable de riquezas en manos de los más poderosos intereses corporativos y custodiado por las fuerzas armadas británicas  – que ya tienen un presencia importante –  solas o acompañadas.

No somos al parecer los argentinos quienes constituirán su preocupación futura en caso de ser tan ricos, sino aquellos que luego de despreciarlos durante décadas, los protegen con aparente desinterés.

9 septiembre 2026 at 11:21 Deja un comentario

EL HUMANISMO PERONISTA

EL HUMANISMO PERONISTA

Felipe Pigna le hizo una entrevista a Jorge Asís de una hora y media. Le presté especial atención. Creo que Asís es un personaje interesante. Reúne una serie de características bien nítidas, precisas, de lo que es un porteño peronista. Me puse en su lugar, al decir de los idealistas  me puse en el lugar del otro. Realicé un desplazamiento hermenéutico para comprender la realidad nacional desde su lugar. ¿Por qué? Porque creo que es un hombre de fina sensibilidad, no siempre, a veces juega al plomero que destapa secretos ajenos y degrada de un modo vulgar, pero no considero que ése sea su principal aporte a la cultura nacional. Asís, el Turco, me permite pensar al peronismo como un humanismo.   

Y lo hace desde la picaresca. Asís divide al mundo político entre pícaros y racionales. Sostiene que en un país de pícaros los racionales fracasan. Cuando dice “pícaro” no dice tramposo, sino especialista en rebusque. Es propio del hombre que está abajo, el que poco o nada tiene, y que para zafar inventa cualquier disparate con tal de obtener alguna ganancia.

Ésa es otra palabra que seduce al Turco: disparate. Se trata de un atrevimiento, de una audacia, que no respeta las normas, es un acto transgresor y al mismo tiempo creativo. Es propio de perdedores. Lo manifiesta en su novela “Los reventados” como en su franca risotada cuando recuerda su candidatura a vicepresidente en la fórmula con Rodriguez Sáa.

Con el puntano enfrentaban a fines de los noventa a Duhalde y Palito Ortega, una disputa que es bueno no olvidar para quienes creen que nuestras excentricidades políticas nacen en el 2023. Asís dice que a los que querían organizar un debate entre él y Palito por la tele, les aceptaba el encuentro con la condición de que fuera para saber quién canta mejor.

¿Por qué Asís me instruye en pensar al peronismo como un humanismo? Porque la idea de sociedad que propone incluye varias felicidades. Es un hedonismo diversificado. El utilitarismo del siglo XIX que acompañaba a la revolución industrial afirmaba que el fin de la política era lograr la mayor felicidad para la mayor cantidad de gente posible, pero lo que sostenía esta filosofía es que la felicidad es la misma para todos. Para el peronismo no es así.

La sociedad está dividida en clases sociales, hay ricos, clase media y clase obrera. Si no gusta la división establecida por el marxismo, hagámoslo por ingresos y dibujemos la pirámide que grafican las consultoras con sus letras de la A a la D.

La felicidad de los ricos es tener un Mercedes último modelo, el penthouse en Barrio Parque, un  refugio atómico, una bodeguita propia en Cuyo, el de la clase media ir a Miami, jugar al paddle con los amigos y prohibirle a la nena el uso del iphone durante la cena, el del obrero tener un crédito a tasa razonable para hacerse la casa, veinte días de vacaciones en un hotel del gremio, buena escuela para los hijos y que la obra social funcione. El obrero no aspira a un Mercedes, no le importa, ni a un palco en la cancha de Boca, es tribunero. Para el peronismo este diagrama es deseable, cada uno con su felicidad. Alianza de clases se decía en el primer peronismo.

Lo que Asís llama “los racionales”, es lo que otros designan con el nombre de republicanos o liberales. El modelo de sociedad que proponen es el de la equidad, es decir economía de mercado, apertura comercial, mundo de emprendedores, iniciativa privada. Equidad es una palabra blanda, de contención, de distribución no irritativa, para no decir igualdad porque ésta la reservan para el derecho. Los peronistas no hablan de equidad, prefieren justicia social, otro nombre para la felicidad diversificada. Los racionales afirman que todos somos iguales ante la ley, porque para los racionales todos, pobres y ricos, somos ciudadanos. Por separado la parte social deriva del juego entre actores económicos que buscan su propio beneficio y eligen en libertad las prestaciones convenientes.

Para Asís un ejemplo de político racional es Federico Sturzenegger, de quien recuerdo que en un encuentro en la Universidad di Tella hace unos veinte años para confeccionar un “Libro Blanco” fui invitado a participar – en verdad no sé que hacía ahí porque no figuro en la publicación y no recuerdo haber escrito nada ni hablado – sobre un tema que creo que era la de encontrar un camino común para hacer de la Argentina algo grande . En su intervención Sturzenegger imaginó a su soñado país viviendo con su familia en el sur cordillerano al borde de un lago, en una casa entre otras viviendas confortables y de cuidado diseño, en un pueblo construido alrededor de una estancia a la que llama “La Federica”.  Escucha en su celular los acordes de un tango que anuncia una llamada en la que su socio le dice que deben firmar un importante contrato en la ciudad de Córdoba esa misma tarde. Son las nueve de la mañana de un día soleado de un país moderno. Gracias a una ruta impecable de trescientos kilómetros hasta el aeropuerto del Calafate, llega a tiempo para el vuelo, puede hablar desde el mismo avión con sus colaboradores porque la conexión por wifi es perfecta, apenas arribado hace tiempo para discutir aspectos puntuales con su socio, firma el contrato, y prefiere no volver esa noche aunque pueda hacerlo porque, cito: “la Filarmónica de Córdoba tocaba las composiciones de un músico argentino aprobado por los públicos del mundo. Buen programa para celebrar el contrato”  (Libro Blanco, edición de AAPRESID, Asociación de productores de siembra directa).

Este es el país ideal de un señor racional de acuerdo a la terminología de Asís: estancia, lago, ruta, avión, contrato, concierto.

Ahora me levanto de su asiento y me siento en el mío. Me pregunto por qué el Turco no quiere hablar de kirchnerismo. Como si para él se lo hubiera tragado el peronismo. Pero yo conozco a varios que me dicen yo soy kirchnerista, no sé si peronista, o yo soy cristinista, como hay quienes se diferencian al revés, soy peronista, no kirchnerista.

Creo que el kirchnerismo existe, fue y es un movimiento hegemónico en el siglo XXI. Néstor y Cristina han sido los políticos más importantes de los últimos veinte años. Su modelo no era el peronismo de la primera época sino el chavismo. Siempre estuvieron enamorados de Chávez, de Fidel también pero no eran comunistas. Eran bolivarianos. Lo siguen siendo a pesar de lo que ha sucedido en Venezuela, porque como citó Sarmiento en el Facundo: “on ne tue point les idées” (las ideas no se matan).

Asís dice en la entrevista que el peronismo no es una doctrina sino que es pragmático. Es raro hablar de pragmatismo, parece que tuviera el sentido de justificar hacer cualquier cosa. De hecho no es otra su historia, la del peronismo. Agrega también que la política es tener la Caja, nada más. Pero yo sé que detrás de su cinismo hay una moral humanista, ésa que resulta de su picaresca.

Admito que mi temperamento político nada tiene que ver con cuestiones de picardía, tampoco llego al extremo del canciller alemán Helmut Kohl que decía que lo eligieron porque ofrece la misma impecable impresión que un vendedor confiable de coches usados. Pero la picaresca es un género literario, lo leemos en el “Lazarillo de Tormes”, en “El buscón” de Quevedo o en “Muerte a crédito” de Céline, no sólo eso, va micho más allá de la viveza criolla, tan analizada en otras épocas, nos viene de la moral de la risa, de los albores del Renacimiento, del elogio de la locura de Erasmo, de los carnavales de Rabelais, de la fiesta de los sentidos, de las aguafuertes de Arlt, de las viñetas de Oberdán Rocamora, de bien lejos nos habla el humanismo peronista.   

2 septiembre 2026 at 10:08 Deja un comentario

EL NUEVO ANTISEMITISMO

EL NUEVO ANTISEMITISMO

Recientemente se realizó un encuentro en la ciudad de Haifa, Israel, que tuvo como invitado de honor al filósofo francés Bernard Henri Levy. Filósofo transhumante, autor de libros brillantes como el que dedicó a Sartre o sus escritos sobre Althusser – de quien fue alumno – , polemista en varios rubros desde el momento en que publicó su primer libro sobre la lucha por la independencia nacional en Bengla Desh con la que inicia una trayectoria de corresponsal de guerra a la vez que testigo comprometido de conflictos en distintas partes del mundo, lo que hace hasta el día de hoy a sus setenta y ocho años, personaje mediático y mundano que lo hizo protagonista de eventos sociales de la “gauche caviar”, autor de una interesante novela sobre los últimos días de Baudelaire, conocedor de la historia de la derecha francesa a la que denuncia en un libro por cada paso que da desde el caso Dreyfus hasta el día de hoy en el que combate a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen y Jordan Bardella, escritor de un estilo que combina agresividad panfletaria de su admirado Sartre y destreza académica, hombre de talento, odiado por la izquierda global y la local desde los días en que fue presentado en sociedad como parte de la camada de lo que se llamó “los nuevos filósofos”, izquierda representada en nuestros días por otro de los blancos de sus ataques, me refiero a la “Francia Insumisa” de Jean-Luc Mélenchon, resumiendo, y por si hay que etiquetarlo para satisfacer la pereza ambiente y el deseo de grieta, es un liberal de izquierda.

Volvamos a la Universidad de Haifa en la que se realizó el encuentro titulado “Conferencia sobre el antisemitismo contemporáneo”, que lo tuvo como figura principal. Decía que BHL – como es usual abreviarlo – es un liberal de izquierda, un rótulo que en los países centrales con historia colonial e imperial tiene connotaciones específicas. En lo que respecta al funcionamiento de la sociedad francesa y la europea, es liberal, y en lo que concierne al resto del mundo es un belicista irresponsable que en nombre de la democracia adhiere a las cruzadas que arrasan ciudades, dejan ruinas y cementerios en donde antes había comunidades activas con personas que después de los bombardeos no tienen casa ni trabajo, diezman a sus poblaciones con cientos de miles de muertos inocentes y un tendal de inválidos, muchos de los cuales conforman los contingentes de los hoy llamados migrantes que arriesgan sus vidas en el Mediterráneo.

Apoyó a la OTAN y a los EE.UU en las guerras e invasiones en Irak, Afghanistán, Libia, lo hace en Ucrania, en todo lugar en que la democracia según su parecer está amenazada. Para él, el peligro de hoy se cierne desde la China, Rusia, Turquía, desde Irán. La coherencia liberal le hace oponerse a Trump por ser un ejemplo más de autocracia.   

Fue invitado para hablar de antisemitismo. Del nuevo. Dice que el de hoy no es el de ayer. No se pide la eliminación de los judíos por pertenecer a un pueblo deicida, ni es la casta maldita que aspira a dominar el mundo, ni los usureros enquistados en el mundo financiero que se aprovechan de las necesidades del común de la gente, para él, el antisemitismo actual se define por el antisionismo.

Se pone en tela de juicio el derecho de los judíos a habitar su propia tierra y de esta manera se somete su supervivencia al arbitrio de quienes demostraron a lo largo de la historia su voluntad de exterminarlos.

Este nuevo antisemitismo, dice, no es el de los cruzados, ni el de los vengadores, ni siquiera el del racismo, sino el de los buenos sentimientos, el que representa a las víctimas absolutas, a los palestinos.

Este antisemitismo se manifestó el 7 de octubre del 2023 después de la matanza perpetrada por Hamas cuando mediante imágenes y videos se mostraron las decapitaciones de bebés y las violaciones de mujeres, que al ser hechas públicas fueron puestas en duda, hubo un escepticismo generalizado, y se exigió más pruebas para certificar la veracidad de los hechos.

BHL sostiene que se confirma una vez más de que a los judíos se les pide pruebas suplementarias cada vez que son víctimas de persecuciones, pogroms, genocidios. No se les cree del todo. Frente a una masacre de judíos siempre hay un negacionista.

No estoy de acuerdo con su posición. El 7 de octubre no es la fecha determinante de la guerra que se libra, es un punto de partida pero no uno de llegada. BHL olvida otra fecha decisiva, el 8 de octubre, más aún, el 8 de octubre hasta el día en que da su ponencia, el 9 de julio del 2026. Un tiempo de casi tres años en el que se ha matado a decenas de miles de civiles en Gaza, demolido ciudades, expulsados de sus hogares a cientos de miles en el Líbano, aterrorizado a comunidades y familias en Cisjordania. Ni una sola vez Levi nombró a Netanyahu, ni una sola vez se interrogó sobre las relaciones especiales que el  gobierno de Israel mantuvo con Hamas para dividir a la dirigencia palestina, ni una vez se refirió al descuido de la seguridad que hizo posible la incursión criminal aquel día de octubre.

Por supuesto que todos, en especial los judíos,  tenemos el derecho de interrogar la doctrina sionista una vez que Israel se convierte en una potencia colonial que impone un apartheid. Este asunto de la limpieza étnica y de la segregación no es un asunto de antisemitas salvo que se piense que en Israel hay multitudes de antisemitas entre los judíos israelíes que salen a la calle o denuncian en medios gráficos y audiovisuales la política criminal del gobierno de Netanyahu.

Interrogar el sionismo no es negar el derecho a la existencia del estado de Israel sino la de tomar nota de la crisis en la historia del sionismo que implica la política de ocupación, segregación y eliminación de civiles indefensos. Ni una sola vez BHL pronunció la palabra Palestina ni siquiera tomó en cuenta la existencia de los palestinos.

Respecto a la dudas sobre la matanza del 7 de octubre, no resulta evidente que las mismas sean parte de una actitud inalterable siempre que la comunidad judía es atacada, también puede ser parte de las famosas teorías conspirativas que sectores de buena o mala fe enarbolan a conveniencia  cuando un poder colonial o imperial es desafiado.

Sucedió con las Torres Gemelas cuando se especulaba que eran G.W. Bush y el mismo Pentágono quienes fraguaron el ataque para iniciar la guerra del petróleo, o con el 7 de octubre. No se trata necesariamente de que a los judíos nunca nos creen. La gravedad del asunto no es por los que no creen del todo, sino por lo que sí creen en la obscenidad de ese crimen y lo justifican, lo contextualizan y lo explican. Estos son los peores.

La posición de BHL respecto de lo que acontece en Israel es tan aventurada e irresponsable como lo fue su apoyo a la invasión y bombardeo de las ciudades y de los países que una vez derrocados  los déspotas como Khadafi o Hussein, se fragmentan, inician una guerra civil sin resolución, generan nuevos déspotas sangrientos, dejan inerme a sus poblaciones, y, caso bastante frecuente, ven sus recursos expoliados.

El nuevo antisemitismo existe, me remití a sus expresiones en escritos anteriores (“Racismos”, 1/7/2025),  en donde hago un comentario sobre el libro “La solitude d¨Israel” de BHL), (“Palabras de David Grossman a las que adhiero”, 3/8/2025) “Gaza”, 14/8/2025), “El fin de la emancipación sionista”, 5/8/2026), “En síntesis”, 25/7/2026) es un tema para pensar, pero no en la dirección que le imprime Bernard Henri Lévy.

28 agosto 2026 at 21:35 Deja un comentario

EL DR. MERENGUE

EL DR. MERENGUE

Existe la posibilidad de educarse gracias a los acontecimientos que ofrece la política delictiva que cubre casi toda la información. Por los sucesos ocurridos en Bolivia con uno de estos personajes ubicuos que están en todas partes y en ninguna, ingresan a mi vocabulario las palabras “bots” y “trolls”, que si bien las había escuchado mencionar no les había prestado especial atención.

Por los bots puedo aumentar el número de mis seguidores a cifras descomunales hasta obtener el título de influencer. Por los trolls puedo inventar identidades, noticias, deformar información, difamar y embaucar. Munido de bots y trolls una de esas me dan una oficina en una casa de gobierno.

Por el momento mi modesta participación incluye mi canal de you tube al que subo videos con mis clases, entrevistas y charlas sobre mis libros. Por primera vez subí (¿no hay otra palabra para decir que publiqué?) unos audios de mi ciclo de clases en la UNTREF. La primera tuvo diez mil visualizaciones, buena cifra, pero gracias a las estadísticas que completan la información el tiempo de retención de cada una tiene un promedio de ocho minutos de una clase de dos horas.

Traslado la situación a una clase presencial en una facultad en la que casi todos mis alumnos se retiran del aula antes de los diez minutos de iniciado el curso. No hay lugar para quejas. Es lo que hay.

Pero hoy quiero hablar del Dr. Merengue, ese personaje extraordinario del mundo de la historieta que subyugó mi infancia. La contratapa del diario La Razón era un festival de la imaginación que me atrapaba como hoy en día lo hacen tik tok, Spiderman y los animé para mis nietos y la literatura femenina para sus madres.

Merengue, Don Fulgencio, Ramona, Pelopincho y Cachirula, me vienen a la memoria como también lo hace en la veta dramática Lindor Covas el Cimarrón, o Vito Nervio, una muestra más de que uno mismo se ha convertido en historia (¿o historieta?). Digamos que somos historia los de mi generación que aún pisan la tierra y no duermen el sueño de los justos por debajo de ella.

Era el mundo en el que descollaba Guillermo Divito creador además de Fallutelli, Pochita Morfoni, Fúlmine, y de sus chicas que encarnaban el sueño imposible de los porteños de la época. El creador de Rico Tipo como años después el genial Landrú con María Belén y Alejandra en su Tía Vicenta merecerían un busto en la galería adyacente al Patio de las Palmeras.

Merengue era nuestro “otro yo”, el que dice lo que nosotros no nos atrevemos a decir, es nuestra consciencia maldita, el diablo que nos habita que nunca pudo ser neutralizado por el confesionario católico tan ocupado que estaba por las masturbaciones.

Merengue expresaba los sentimientos que en la nosología neuropsiquiátrica se conoce como “coprolalia”, una derivación del síndrome Gilles de la Tourette, aunque en Merengue no se reduce a improperios obscenos. No, el Doctor era una combinación pegada a nuestra oreja del superyo vienés condimentado con la sorna porteña antes de que se viera empobrecido por la populista chicana.

“Mi” Dr. Merengue, empleo el posesivo porque cada uno de nosotros tiene el propio otro yo, siempre está aunque algunos ni siquiera saben que los habita -como el alma de Platón -, otros lo padecen porque lo tienen amordazado aunque les murmura todo el tiempo.

Harto de que no le prestemos atención de repente el Dr. se libera como lo hizo el mítico Frankestein, y hace de las suyas como le complace hacer con el famoso comediante Larry David a quien le es imposible no decir todo lo que piensa, en especial lo desagradable, o en otra de sus tantas vueltas cuando se apoderó de un personaje también afín al mundo del espectáculo que se convirtió en presidente de un país situado en los umbrales del mundo.

Merengue se dice en francés “meringue”, con la salvedad de que es femenino: la meringue. Por mis lecturas desde hace meses, estoy atento al modo en que esta musa loca se apoderó del escritor Louis Ferdinand Céline en los años treinta del siglo pasado, durante la década infame francesa, y después de sus dos novelas ya catalogadas como inmortales por la Academia de las Letras del país galo, lo posee, lo hechiza, y le hace escribir a este alborotado personaje una serie de panfletos antisemitas en el que el judío adquiere ribetes demoníacos que lo persigue durante años por media Europa hasta los fríos de Dinamarca.  

No muy diferente al del genial novelista es la situación del primer mandatario del recóndito país al ser poseído por la misma diosa o merengada que lo atrapa con una monomanía “narapoica” (síndrome descubierto por el escritor norteamericano Alan Nelson en el año 1948 que describe la compulsión a perseguir) un contrario a la vez que complementario de la paranoia, que en la persecución enfoca lo que llama “comunista” que “merenguiza” al jefe de estado, lo chifla, lo desorbita y le apaga la luz. Todo se le convierte en negro, o en rojo. Ante la aparición del judío, Céline carecía de palabras y utilizaba signos de !!!!!! para subirle el tono a su escritura para hacerla grito, y en el otro caso la aparición del comunista al no haber escritura genera en la mano izquierda una tentativa de agarre al tiempo que la boca se contrae en un doloroso aullido.

“La meringue”, o el Dr. Merengue, gozan, hacen de las suyas porque han roto sus cadenas, eligen a sus preferidos, se apoderan de la mente primero, de la lengua después, la manipulan como se les antoja, y gozan de su libertad…carajo.

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25 agosto 2026 at 17:36 Deja un comentario

MARTHA Y MIRIAM

MARTHA Y MIRIAM

Es un almuerzo de lujo por tener un único invitado, en este caso una invitada. Martha ha decidido invitar a Miriam Sacan con motivo del estreno de la serie que lleva su nombre.

En la cabecera de la mesa, como es habitual, la anfitriona, a su izquierda la invitada. La mesa cubierta por un mantel de lino color marfil con servilletas del mismo género y tono. Platos para entremeses, plato principal y postre, de una vajilla de alta gama, porcelana fina con detalles decorativos, con bordes dorados. Los cubiertos de plata de marcas reconocidas del rubro gastronómico. Los tenedores a la izquierda con los dientes hacia abajo, los cuchillos y las cucharas a la derecha con el filo hacia adentro, y los cubiertos de postre en la parte superior del plato.

Copa de cristal finas y transparentes, dispuestas para acompañar diferentes vinos y bebidas.  En el centro de mesa un florero bajo de boca ancha de un cristal Baccarat con rosas rococó apoyado sobre una fina base de plata labrada.

Martha luce un impecable traje de sastre de dos piezas en tono celeste pastel confeccionado en tweed de textura delicada con sutiles hilos metalizados que aportan luminosidad bajo los focos del estudio.

El saco estructurado cuenta con ribetes de pasamanería trenzada en plata y botones de joya dorados. Debajo lleva una blusa de seda natural con cuello de tipo lazo que suaviza la formalidad del conjunto.

Un peinado clásico con volumen impecable está enmarcado por sutiles pendientes y brillantes acompañados por un collar de perlas cultivadas que corona su clásica estampa de alta sociedad.

Miriam (The One) fiel a su estilo transgresor, magnético y vanguardista apuesta por un audaz contraste nocturno para la pantalla. Viste una camisa de seda negra de caída fluida, desabotonada con justa audacia para estilizar el cuello con porte teatral.

Exhuberancia pura en cuanto a las joyas, grandes aros de argolla geométrica, múltiples pulseras eslabonadas y anillos de gran tamaño que resuenan con su energía arrolladora y su icónica presencia escénica.

El menú consiste en una entrada de carpaccio de vieiras y langostinos patagónicos sutilmente marinados con emulsión de cítricos (lima y pomelo rosado), con finas láminas de rábanos, brotes tiernos y un hilo de aceite oliva extra virgen con escamas de sal marina.

El plato principal es un lenguado en costra de hierbas finas acompañado por un delicado puré de papas trufado y un bouquet de espárragos blancos salteados a la manteca noisette.

El postre es una esfera de chocolate amargo templado con un corazón de frutos rojos macerados en champaña y menta fresca.

La bebida es Champaña de alta gama en cubitera de plata y agua mineral sin gas servida en cristalería tallada.

Martha (mira a cámara con su clásica sonrisa acomodándose los anillos) – “Señoras y señores, qué lujo tengo hoy, Un programa histórico, exclusivo. ¡Una sola invitada! Pero vale por cien. ¡Con ustedes, la señora Miriam Sacan! Miriam querida, bienvenida, qué maravillosa estás.

Miriam (Entra con paso firme, lentes oscuros que se baja con elegancia) –“¡Ay mi amor! Pero qué escenografía divina. Y yo sentada sola enfrente tuyo…esto no es un almuerzo. Martha, esto es un duelo de titanas. Gracias por la invitación, mi amor.

Martha (Rie, tentada) –“!Ay Miriam, por favor! ¿Cómo que un duelo? Es una charla entre amigas, de mujeres que hemos hecho historia en este país. Y te convocamos hoy porque estás arrasando con tu nueva serie. ¡Hablemos de eso! ¿Cómo es este nuevo proyecto?

Miriam –“ Mirá Chiquita, te voy a decir un cosa. Yo ya hice de todo en esta vida: teatro revistero, televisión, política, presa modelo (guiña un ojo) y faltaba esto. La serie es un recorrido por mi psiquis, por mi impronta, por el Miriam-system. No es una biografía aburrida, ¿viste? Es una bomba atómica. Interpretar y verme reflejada desde este lugar es un disfrute absoluto. El público necesitaba una dosis masiva de mi persona!

Martha (asiente con curiosidad) – “Es que vos sos un personaje inagotable, Miriam. Pero decime la verdad… ¿Te costó  que te encasillen o mostrás otra faceta? Porque a esta altura sos un mito viviente.

Miriam –“ ¿Mito yo? Soy una realidad aplastante, Chiquita! El mito es para los que ya no están. Yo estoy más vigente que las redes sociales. A mí quienes me encasillan me hacen los mandados. Yo soy una filósofa contemporánea, una constructora de mi propio destino. ¿Viste que ahora todos analizan cada palabra que digo? Bueno, en esta serie van a entender de dónde sale este cerebro galáctico.

Martha (con picardía). “Filósofa! Y bueno, tenés tus frases célebres…Prestá atención a lo que voy a decirte. Las dos hemos tenido y tenemos una vida en común. Somos familia. Algo inquebrantable nos une, lo expresa una hermosa palabra, ¿sabés cuál es?

Miriam –  “Me imagino tantas cosas…

Martha – “Querida, un empresario se debe a los clientes, una compañía aérea a los pasajeros, un maestro se dedica a los alumnos, jugadores de futbol a su hinchada, un político dice entregarse a su pueblo o cumplir la voluntad de los ciudadanos, ¿y nosotras? ¿sabés a quienes no debemos?

Miriam – “ ¿Al público?

Martha –“Sí, mi amor, lo sabés y lo sentís tanto como yo. Le hemos dedicado la vida, antes y ahora.

Miriam – “Me conmueve lo que me decís, pero agrego algo, hay distintos modos de entregarse al público. Algunos le dan lo que quiere y la tienen fácil, cobran barato y entregan mercadería de saldo. Pero otros, otras, les dan algo más de lo que esperan, no sólo felicidad, glamour, imaginación, sino que lo hacen como reinas, como lo hacés vos, por eso te veneramos.

Martha –“te lo agradezco querida, pero, te lo digo sinceramente, no me siento cómoda en la realeza, no olvides, al menos yo no me olvido, que soy una santafecina con un apellido bien común…

Miriam – “¿Te parece común estar vigente a tus casi cien años?

Martha – “No era necesario que me hagas centenaria, no soy una pieza de museo, mejor fíjate en vos misma que mostrás lolas a los ochenta.

Miriam – “¿Te molesta? ¿Te parece mal que me muestre exuberante? ¿Te gustaría que fuera una viejita que hace mohines y le pide a sus invitados que hablen alto porque ya no escucha? Chiquita, no hagamos comparaciones, casi podría ser tu hija, o vos mi suegra, vos conducís sentada y yo a mi programa lo hago al galope. Cada una en lo suyo, de acuerdo a su capacidad.

Martha – “Te pido que no me faltes el respeto, te invité porque soy generosa y no tengo rencores. Quise hablar de la serie que armaste para que se te homenajee, vos sabrás si te lo merecés. Seguramente que sí, en especial por tu hija que es una actriz en serio, yo sé lo que es actuar, no me lo podés negar si sabés algo de cine argentino, no me refiero a obras maestras como tus protagónicos en “Los caballeros de la cama redonda” o “Expertos en pinchazos”, sino a una película como “La Patota” o “En la ardiente oscuridad”.

Miriam – “Te felicito, no vale la pena ahondar, te deseo larga vida, por decir algo, y te aconsejo cambiar de proveedor o de cocinero, el pescado huele y el champán esta tibio.

Corte y cierre publicitario.

21 agosto 2026 at 9:34 Deja un comentario

DE UN EXTREMO AL OTRO

DE UN EXTREMO AL OTRO

Japón

El escritor japonés Yasunari Kawabata tuvo una idea bastante original a sus sesenta y tres años, diez antes de suicidarse. Escribió una novela que se llama “La casa de las bellas durmientes”. Fue mentor de Yukio Mishima, que se suicidó dos años antes. Esta vocación por el suicidio caracteriza a un tipo de escritor y a una idiosincrasia.

Todavía no terminé la novela de Kawabata, es lenta, meticulosa, tiene la pausa de una ceremonia del té en cuclillas sobre un tatami frente a un jardín seco, le lleva tanto tiempo como el que una geisha destina al maquillaje. Trata de un hombre viejo que ya no atrae a las  mujeres, ha dejado de recibir el interés de la mirada femenina. Se informa que hay un lugar en el que a jóvenes doncellas vírgenes las duermen durante toda una noche con una potente droga y están disponibles para que varones de edad avanzada se acuesten a su lado mientras respeten el contrato de inviolabilidad de su cuerpo. Habeas corpus en una cama.

Pueden acariciarlas, arrimarse a ellas, moderar el frío con su cuerpo, pero nada de sexo. El protagonista se convierte en huésped frecuente y acude a la cita dos o tres veces al mes, siempre con una nueva y desconocida mujer.

Se embelesa con el perfume, con la piel, con la boca, con las posturas que durante el sueño la joven va cambiando sin alterar su inconsciencia, y siente que ese estilo de erotismo – ¿sinó como llamarlo? – aleja la muerte. Es una ceremonia en la que el deseo se manifiesta en un hombre que ya no es deseado. Este ritual lo resucita.

Todavía me faltan varias noches de este extraño visitante para llegar al final de la novela. Debe ser doloroso no ser deseado. Sentir que el cuerpo de uno produce rechazo por ser viejo. No es lo mismo que ser feo, porque la fealdad depende de los gustos, es un atributo subjetivo, lo convencionalmente feo puede ser atractivo. Hasta lo monstruoso, lo raro, puede ser deseable. Pero lo viejo casi nunca lo es. El dinero o la sabiduría pueden ser un aliciente que haga de lo viejo algo atractivo, pero la suerte es grela.

Israel

Leí una entrevista al profesor Yigal Schwartz, editor de afamados escritores israelíes y autor de varios libros. Un académico que no se salteó ninguna etapa de la currícula universitaria hasta llegar a ser una máxima autoridad y que al mismo tiempo es un aficionado a los autos deportivos, poseedor de marcas de primera línea, accidentado repetidas veces, lesionado con gravedad, y, como todo israelí, formó parte del ejército, de la infantería y del cuerpo blindado.

Más allá de la imagen romántica, es bueno recordar que un escritor y un profesor no se dedican necesariamente a hablar de la literatura o de la filosofía mientras apuran un café. Se pierden en la vida como tantos otros.

Con Schwartz, judío israelí, sucede lo mismo que con el actor Michael Aloni quien interpretó en la famosa serie “Shitsel” al personaje Akiva. En un reportaje ante un rabino de Nueva York que deseaba saber la profundidad de su judaísmo después de interpretar a un religioso ortodoxo, respondió que no se pensaba como judío sino como una persona, con una identidad que era la de ser un israelí de lengua hebrea.

Un ciudadano con los mismos derechos que otros israelíes de lengua árabe o etíope, nacidos en Israel.

Vuelvo al punto de la guerra de Gaza, y a la situación de la población palestina en Gaza y en Cisjordania. Al leer la sucinta biografía del editor y escritor Shwartz, a su vida de soldado combatiente, de aficionado de autos de carrera, de sus traslados de una facultad a otra, de su relato sobre sus relaciones tensas y a veces conflictivas con los autores que editaba, de las vidas familiares de cada uno de ellos, de Yoel Hoffman, Aharon Appelfeld, de Amoz Oz, veo una abismal fosa que se abre entre los judíos israelíes y los judíos de la diáspora.

Viven historias totalmente disímiles. Identidades distintas. Ni el sionismo, ni el apego afectivo, colman esa distancia, ni la ascendencia familiar, ni la memoria del Holocausto. Es posible que con anterioridad esa diferencia en las formas de vida también existiera, pero la fractura que existe en la misma sociedad israelí entre la alianza militar-mesiánica y los sectores democráticos, nombres por nosotros apenas conocidos como el de la luchadora Naama Lazimi de la izquierda israelí o de Aryeh Deri de parte de los sectores segregacionistas, los surcos que han cavado en la sociedad israelí los ortodoxos estudiosos del Talmud (jaredim) y la tensión irresuelta entre ashkenazim (judíos europeos) y mizrahim (judíos árabes) nos hablan de protagonistas de un mundo político que expresa no solo la actualidad sino una historia que a los judíos nacidos en otras  tierras nos son desconocidas.

Del mismo modo en quienes provenimos de familias de sobrevivientes del Holocausto, o que tenemos la memoria histórica de lo acontecido con el pueblo judío en la Segunda Guerra, esa historia, la nuestra, entremezclada con nuestras identidades nacionales, ni siquiera son tangenciales con las vida e historias de generaciones de judíos nacidos en Israel.

Las historias y las vidas de la comunidad judía de quince millones de hombres y mujeres, se dispersan y se enfrentan entre quienes denuncian el protofascismo del gobierno de Netanyahu y quienes interpretan el actual conflicto como parte de una epopeya de supervivencia milenaria del pueblo judío. Fisuras en la diáspora y lejanía cultural y geográfica entre judíos del mundo y judíos de Israel.

Argentina

Y antes de terminar este texto, quiero referirme brevemente a la actualidad política nacional. El proceso democrático argentino está viciado de inicio. Las próximas elecciones, los candidatos, las PASO, son parte de un entramado falso. Hay fraude. El encarcelamiento de Cristina es un escándalo. Nada tiene que ver con una posición política previa. Combatí y combatiré sus ideas y las del kirchnerismo. Decenas de artículos, entrevistas y libros, cargo en mi alforja en mi batalla cultural contra el régimen que adhería al modelo de sociedad de Chavéz, Putin, Maduro, Xi Ping, los Castro, los Ayatolah, además de su encomio demagógico y oportunista de la década del setenta. Pero en una sociedad en la que la corrupción es sistémica, en que los legajos de sospechados, imputados, procesados, que han ocupado puestos públicos desde al menos 1989 es una lista sábana, en que la justicia es un nido de negociación entre intereses de poderosos, una sociedad en la que todos los que vivimos sabemos que la obra pública tuvo decenas de socios que gozan de libertad e impunidad, que es público y notorio que la red del dinero inhallable fue programado por Néstor Kirchner y sus adláteres, que es probable que Cristina haya hecho la vista gorda pero no tanto como muchos que la acusan y denuncian tanto en la esfera pública como en la privada, que la política más importante del país en el tercer milenio – ¿o quien le hace sombra? – , dos veces presidenta y una tercera por delegación, esté presa por un entramado judicial que se salteó y se saltea cientos de casos, es fraude.

Cristina efectivamente está proscripta. Se le teme políticamente. Debería estar en la arena y en la contienda política para que pueda ser enfrentada y el pueblo elija. Que este gobierno y sus especuladores la indulten para dividir al peronismo es la otra cara del fraude. De todos modos debería hacerlo para evitar la estafa aunque no la remedie. Es lo mismo que sucede y sucedió con Milagro Sala, una ola de repentino puritanismo le llueve a sectores que se disfrazan de republicanos y a una luchadora social le descubren robos y atropellos en una provincia cuyos fiscales la presentaban como un paraíso escandinavo. Por más que griten chorra a nadie engañan esos inmaculados.

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19 agosto 2026 at 9:57 Deja un comentario

VIAJE EN GLOBO

VIAJE EN GLOBO

Nosotros los profesores de filosofía parecemos galgos de pista lanzados a correr detrás de una liebre de plástico que Nietzsche llamó conocimiento. A pesar de esa imagen poco celebrada, lo cierto es que nosotros no participamos de ese tipo de torneos ni de su sistema de apuestas. Lo nuestro es el cielo. Cada mañana trepamos por la escalerilla hasta la canasta de un globo aeroestático, prendemos el quemador, se calienta el aire al interior de la vela y al igual que las aves iniciamos nuestra carrera por el tiempo de la historia. La historia es nuestra pista.

Volamos hacia la Francia de Luis Felipe que dejamos atrás porque lo importante es detenerse en Napoleón III, ese farsante según algunos, en realidad lo fue para muchos, receptor del escarnio que le propinaron Marx y Victor Hugo que lo llamó “petit Napoléon”. En momento alguno faltó la burla de alguna figura autorizada que lo tratara como una caricatura de su tío como lo hizo con singular maestría Honoré Daumier en su revista “Charivari”  (El Escrache).

Pero no es así. El primero de los napoleones, al que Hegel al verlo pasar por Iena lo bautizó como el Alma del Mundo, murió solo y abandonado sin una corte que lo acompañara en una isla a dos mil kilómetros de la costa más cercana. El sobrino, una baratija familiar a quien el apellido le quedaba demasiado holgado, consolidó un imperio en Argelia, Vietnam, Camboya, Marruecos, Senegal, Gabón, Costa de Marfil, revolucionó la sociedad integrándola a la modernidad industrial y al poderío financiero, creó la París que se hizo mítica, una espiral ascendente al parecer ilimitada en sus dieciocho años de gobierno en los que se atrevió a invadir el territorio azteca y disputarle la hegemonía regional a los poderosos EE.UU, intervino en Italia, expulsó a los austríacos, protegió al Papado al que luego abandonó para colaborar con la unidad italiana, nada había en la tierra que le hiciera dudar de un poder que lo consolidara como el soberano de todo el continente, una confianza en su estrella que lo llevó a declararle la guerra a Bismark, con tan mala suerte que terminó huyendo a Inglaterra  después de la derrota en Sedan para vivir como un fatigado burgués en un palacete de Camden.

El supuesto pequeño Napoleón hizo lo que habitualmente se llama trabajo sucio para que una vez retirado de la escena dignos y austeros republicanos diagramaran una sociedad imperial basada en criterios científicos, brillo civilizatorio, fe en el progreso, no menos en el orden, y lealtad nacional desde Versailles a Nueva Caledonia. 

¡Qué época fascinante! Abro y cierro la válvula del globo, juego con las corrientes de aire, y no quiero apartarme de este escenario. Menos aún después de ver la película “Los colores del tiempo” (La venue de l’avenir”).  

La historia imaginada por Cédrik Klapisch y del franco-argentino Santiago Amigorena tiene varias aristas, tantas como las corrientes de aire que mueven mi globo que se desplaza hacia otros tiempos. Abrimos un poco la válvula y con menos calor el globo desciende sobre el barrio Le Marais y vemos al padre de Amigorena ingresar a la embajada argentina en París. El padre de Santiago Amigorena -repito, coautor de la película – , Horacio Amigorena, psicoanalista argentino radicado en Francia desde la época del general Onganía, coleccionista de arte, se presenta en la embajada con un cuadro del marino Adolphe d’Hastrel. Recibido por el embajador, se expone la pintura en el salón principal para que apreciemos una escena de una singular belleza. Una jovencita en primer plano, sentada frente a una mesa presiona con suavidad la punta de una pluma de ganso sobre un papel, su mano izquierda se toca la mejilla, nos mira, pareciera que busca una palabra. Una blusa blanca cubre sus pechos dejando los hombros desnudos de una piel tersa.

La imagen muestra que una tafeta rojo oscura cubre la mesa sobre la que hay un florero de porcelana con dos flores abiertas. Nuestra mirada sigue el contorno del adorno floral hasta una pared en la que se ve un cuadro de un señor con traje de solapas oscuras y mirada seria. Es un retrato de una cara que nos es conocida, nos asombra ver al General San Martín. El pintor debajo de la imagen del Libertador reforzó la identidad del personaje, escribió: San Martín.

La señorita de la que se desconoce el nombre se pudo averiguar gracias a descendientes del artista que posiblemente fuera una “petite amie” del General. ¿Quién pintó el retrato del General? ¿El mismo Hastrel? ¿Pudieron haberse conocido por un vínculo que les era afín como el que los relacionaba con el jefe unitario Florencio Varela? ¿La dama quiso verse en una pintura con su ilustre amante retratado?

El cuadro donado por el psicoanalista argentino al Museo de Arte Decorativo el 29 de setiembre del año 2023, espera en la embajada argentina de París que finalicen los trámites que el estado nacional solicita para el traslado de la obra a la inestimable institución. Con la necesaria venia, a no dudar, de las numerosas instituciones sanmartinianas que deben dar su posición ante esta inesperada novedad.

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Congoja, extraña palabra, sin embargo puede ser la más adecuada para describir lo que me sucedió cuando terminó la película. Un estado de profunda tristeza y llanto incontenible que me reclinó hacia adelante en mi butaca con mis manos cubriéndome el rostro.

Había estado convaleciente por una posible derivación del covid o de esas nuevas gripes sin nombre que no me provocan otro síntoma que un estado de debilidad extrema. El día en que decidimos con mi esposa ir al cine en horas del mediodía, por sentirme un poco mejor, me pareció que podíamos ir caminando unas treinta cuadras dado que el día frío y soleado lo invitaba.   

Llegué resoplando. Quizá mi reacción tenía que ver con una baja de defensas general, no lo sé, lo que yo sentía era esa tristeza sin nombre que no lograba asociar a la historia narrada en la película. Me había gustado mucho, tenía escenas conmovedoras, mostraba cosas curiosas como la de una ruralidad que iba desapareciendo pero aún viva en los bordes de la ciudad.

En una escena la muchacha, protagonista de la historia, con sus dos jóvenes amigos que se alojan en una taberna de Montmartre, a pedido de la dueña van a buscar leche. Apenas descienden por la pendiente de la loma que llega hasta el Sacre Coeur, ya están en el campo en el que se ven establos y cabañas, Dicen estar en Barbés, es decir lo que es hoy un populoso barrio de la zona norte de París en el que yo viví en una pensión para estudiantes norafricanos regenteados por mi tía abuela. Fueron mis primeros meses en la ciudad.

En la época del barón de Haussman, bajo Luis Napoleón, Barbés era campo. La ciudad lo invadía día a día, lo que se llama urbanización y que fue un proceso acelerado de migraciones y conversiones de estilos de vida. Con un par de imágenes la película lo muestra, como también percibimos por escenas sabiamente seleccionadas el nacimiento de la pintura impresionista.

Fue una época dorada en la que se organiza el mercado del arte. Una guerra inclemente en la que quienes producían belleza debían venderla, una nueva realidad en la que los particulares, los ciudadanos que tenían dinero, debían destinar una parte al ocio y al prestigio. ¿Cuál era el criterio que orientaba a los consumidores? El problema es que había pocos antecedentes, se trataba de un capitalismo naciente, de una industrialización que creaba a sus propios agentes, de una costumbre inmemorial que había desaparecido en la que los grandes poderes y las máximas autoridades como la Iglesia y la Monarquía junto a la nobleza encargaron durante siglos obras para el solaz de la corte. El presente exigía despertar el interés por el arte a la camada de protagonistas de un nuevo sistema económico.

Era la época de la ciencia, de la industria y de la técnica. Julio Verne en uno de sus primeros relatos, “París en el siglo XX”, escrito en 1863, prevé que de seguir la tendencia existente, el arte y los artistas desaparecerían en el futuro. El escritor conocido por sus novelas futuristas y por su supuesta admiración por las novedades tecnológicas, no pudo publicar su vaticinio porque los editores lo consideraron sombrío y profundamente pesimista. Recién en 1994, ciento treinta años más tarde, un editor se encargó de publicarlo.

No quisiera olvidarme de mi congoja porque no sé qué sucedió, sólo puedo destilar del torrente de lágrimas un único pensamiento, el de la importancia de París en mi vida. No fueron más de cinco años de habitación, pero desde los diecinueve hasta hoy en mis setenta y nueve, el idioma francés es parte de mi cotidianidad.

Cuando volví al país a mis veinticinco años no quise olvidarme de lo que sabía del idioma. No sé por qué. por algún motivo desconocido, tan misterioso como mi llanto. Me inventé a mí mismo una novela familiar. El 19 de octubre de 1966 viajé con mi padre a París a quien acompañé en una escala en Nueva York. Embarqué con fiebre por una rubiola. Tenía aftas en la boca y no podía hablar. En el hotel de Nueva York vino un médico a inyectarme no sé qué. Seguimos a París en donde conocí a unos primos de mi padre.

La idea del viaje fue de mi padre con el que me llevaba mal y de mi madre con la que me llevaba peor. La facultad estaba cerrada y yo militaba en un movimiento de izquierda. Sabiendo de mis aficiones parisinas me propuso pagarme un viaje por un par de meses para estudiar lengua y civilización francesa. Acepté pero hice otra vida. Me quedé cinco años y estudié filosofía.

¿La novela familiar? Yo era tartamudo, así que no hacían falta aftas en la boca para impedirme hablar. Me irritaba sobremanera no poder contestar a las amenazas de mi padre, a sus argumentos a favor del capitalismo, a su soberbia de empresario exitoso, mis palabras salían por pedazos y el esfuerzo que debía hacer consumían todas mis hipotéticas habilidades dialécticas.

La fluidez en el habla la conquisté en París, en la ciudad en la que se hablaba un idioma que apenas conocía. Olvidarlo era rendirme, entregar el trofeo de mi conquista, hice una sola pieza con el idioma y mis estudios de filosofía No podía abandonarlos.

En más de medio siglo he vuelto a París varias veces pero nunca más que un par de días, salvo en uno de los viajes en los que permanecí un mes investigando para un libro.

Sin embargo, hoy siento mayor soltura cuando hablo en francés que cuando era joven. Y no es que sienta algún atractivo por Francia ni por los franceses, podría decir que ocurre lo contrario.  Huyo de sus protocolos y rechazo las invitaciones y los ceremoniales de las instituciones francesas en nuestro país, y las pocas veces que acepté porque me interesaba el invitado o el tema, mi actitud era de molestia y de franca enemistad al no poder soportar la estupidez y la hipocresía de los anfitriones que querían estar a la altura de una cultura que enviaba a sus representantes para sostener un prestigio muerto hace tiempo y que pervive por sobras.

No me gustan los franceses en general porque he vivido su mezquindad, el egoísmo pequeño burgués que Céline describe con maestría en sus primeras novelas, la ideología del pequeño comerciante que cree que siempre lo roban o que le hacen perder el tiempo. Rodeado de enemigos como los judíos, o los musulmanes, depende la época.

Claro que en el dominio del arte son generosos porque se supone que el arte es un lenguaje universal y que París supo ser reina de la belleza y su luz se difundió por el orbe, en especial por el nuestro, el argentino, yo, bien lo sé, porque fui uno de los encandilados en la década del sesenta, en mi adolescencia, en la que el existencialismo y Simone de Beauvoir me subyugaban con una ciudad en la que brillaba el nuevo héroe de la época: el intelectual.

Yo quise ser un intelectual, por eso viví en París, y para serlo nunca dejé París, aún en Buenos Aires. Puedo decir, siguiendo mi argumento, que poco a poco mi llanto adquiere una forma, se trata de un aniversario en el que se cumplen sesenta años de mi vida parisina, y que la película supo mostrarme su aspecto milagroso.

No era tristeza, quizás no lo era, ¿una despedida?, tampoco lo sé, me gusta más pensarlo como un agradecimiento.

14 agosto 2026 at 11:19 Deja un comentario

EL FIN DE LA EMANCIPACIÓN SIONISTA

El FIN DE LA EMANCIPACIÓN SIONISTA

El sionismo fue una idea genial. Una solución política para los judíos que no tenían ninguna posibilidad de ejercer derechos ciudadanos, ni derechos individuales, ni tener la garantía de los derechos humanos, no los tenían en el Occidente cristiano, ni tampoco en el Occidente laico, ni en los países árabes, porque si no los mataban, expulsaban, convertían a la fuerza, el grado supremo de la tolerancia era considerarlos ciudadanos de segunda con la prerrogativa de practicar sus ritos y pagar impuestos especiales. Siempre segregados.

A fines del siglo XIX el periodista húngaro Theodor Herzl después del caso Dreyfus, llegó a la conclusión de que no había salida para los judíos en ningún país del mundo y que había que pensar en un estado judío. No proponía en ese momento ninguna localización geográfica.

Se sumaba así a los nacionalismos emergentes en el universo imperial de la época, el Austrohúngaro, el Otomano, el Ruso, el Alemán, que hasta la primera guerra mundial pudieron sujetar a los pueblos bajo su égida ya fueran serbios o árabes entre tantos otros de ese mosaico cosmopolita.

Cada pueblo bregaba por su territorio, su lengua, su religión frente a las culturas imperiales dominantes, y los judíos como parias de la historia de la civilización desde que los acusaron de tribu deicida, de tener un plan para adueñarse de la Patagonia, hasta la de ser dueños del mundo en los protocolos de los sabios de Sión, sobrevivieron de acuerdo al arbitrio de los poderes reinantes, desde los Visigodos a los jerarcas de la modernidad ilustrada, como un pueblo desterrado, sin lengua unificada, sin nación. 

Las leyes napoleónicas y las promulgadas por el imperio austríaco en 1867 que autorizaban la integración de los judíos a la vida civil de la que gozaban los otros habitantes fue coincidente con el surgimiento del antisemitismo moderno y el racismo biológico que se prepararon para la búsqueda y la caza de los judíos invisibles, ya no identificables por su apariencia ni siquiera por sus apellidos.

Hannah Arendt escribió bastante sobre el tema.

La pregunta no es la de comprender cómo hicieron para sobrevivir dos mil años a las persecuciones y las matanzas, sino porqué no los aniquilaron de una buena vez por todas (como finalmente se propuso llevar a cabo Hitler).  No se debió a una resistencia armada, sino a una persistencia en su fe y su pasado que superó las conversiones, los exilios, las ejecuciones, que no tenía otro sistema de defensa que un recinto que ni siquiera necesitaba ser una sinagoga en la que orar o leer la biblia, sino que era suficiente con algún metro cuadrado y diez fieles para iniciar la ceremonia. Fue así que presencié a la vez que participé en un Shabatt en el fondo de un patio al lado de una cocina cuando viajé con mis padres a mi ciudad natal de Rumania, Timisuara, en la que las sinagogas existentes estaban cerradas con candado. Del mismo modo que los otros fieles con mi padre nos cubrimos la cabeza con un gorro de cartón.

Hay quince millones de judíos en el mundo y quince millones de palestinos, dos judíos por mil habitantes y dos palestinos por mil habitantes del planeta. En Chile viven quinientos mil habitantes de origen palestino y en la Argentina doscientos mil judíos. Son datos que no todos conocen.

Otro dato que no todos conocen es que el 25 de noviembre de 1977, se le otorgó al almirante Emilio Eduardo Massera el Doctorado Honoris Causa en la Universidad del Salvador, el marino pronunció un discurso sobre el concepto de “Hombre Sensorial”, en el que argumentaba que la juventud argentina estaba en peligro por la difusión de las teorías de Marx, de Freud y de Einstein, los tres judíos que subvertían los valores esenciales del Occidente Cristiano. 

Más allá de condenar al criminal de guerra Netanyahu, de denunciar a los grupos fascistas del llamado sionismo cristiano y a los fundamentalistas libertarianos, como debemos hacer y hacemos muchos judíos mientras israelíes (israelíes y judíos no son lo mismo, yo soy judío y no israelí) sigan ocupando tierras, violentando a palestinos en Cisjordania, y cometiendo asesinatos en Gaza, más allá del desastre humanitario que hay en Palestina, noto una falta de información, ignorancia, respecto de la historia de parte de algunos que confunden, de buena fe, la pésima solución de la partición de Palestina que ignoró los derechos de la población local  pero que olvida el destino de aniquilación de los judíos en la historia. No tenían adónde ir.

Con mis padres pudimos ingresar a la Argentina en 1948 una vez convertidos a la fe evangélica. Durante el primer gobierno de Perón los judíos después de Auschwitz tenían un cupo de admisión.

Nosotros los argentinos tenemos una larga historia de odio a los judíos, no sólo de odios sino de crímenes, atentados, violaciones, torturas, ataques a cementarios, sinagogas, escuelas, librerías, que podemos enumerar durante décadas. Pero no por eso una crítica a la política criminal del gobierno israelí es una expresión antisemita, ni una crítica al terrorismo de estado iraní nada tiene que ver con nuestra posición respecto de la historia y la civilización del Islam. Hoy es necesario filtrar las expresiones altisonantes de unos y otros porque el racismo se disfraza de valores sublimes.

Sabemos que antisemitas de siempre hoy más relajados pueden exteriorizar su antisemitismo gracias a los palestinos. Otros sienten que pueden expresarse sin culpa y encomian a Israel porque sus fuerzas militares se cobran víctimas entre los árabes. Pueden admirar a Israel sin renunciar a su antijudaísmo ni a su antiarabismo.   

Por lo que acontece en Israel desde el 7 de octubre de 2023, considero que el sionismo debe ser repensado, su característica pionera de un pueblo perseguido desde siempre hasta el genocidio, ya no es una ideología emancipadora. Pero no debemos identificar sus inicios liberadores ni sus primeros proyectos socialistas con la realidad actual y hablar de sionismo en general. Hay una historia del sionismo.  

Los judíos de la diáspora, como yo, no tenemos la misma relación con Israel que la que teníamos hasta la masacre de Gaza. Hablo en nombre propio, no represento a nadie.

Me dirijo a quienes asumen una posición de buena fe.  Los que tienen mala fe, ya los conocemos, son  mera y gastada repetición. Como dijo el premio Nóbel de literatura, el húngaro Imre Kertész: en realidad, después del Holocausto, ya no hay antisemitas, hay imbéciles.

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5 agosto 2026 at 9:41 Deja un comentario

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