ABELARDO

ABELARDO
Juan Forn dice en la entrevista que vi por you tube que Chejov es el hombre más sabio de la literatura.

Continue Reading 13 octubre 2021 at 9:50 6 comentarios

Juan Forn

Juan Forn
El año 1983 fue de transición. El fin de la dictadura provocó un vendaval. Los militares habían sido derrotados por los ingleses y anunciaron su retiro, pero aún gobernaban.

Continue Reading 8 octubre 2021 at 11:17 10 comentarios

MEDIDAS Y RITMO

Medidas y ritmo

Me sorprende el primer escrito de Benares que di a conocer en mi muro (me gusta la palabra “muro”.

Continue Reading 6 octubre 2021 at 15:10 4 comentarios

CUENTO Y FOTOGRAFÍA

CUENTO Y FOTOGRAFÍA

1 Caminar
En mi primer texto de filosofía, dedicado a Gilles Deleuze, escribí sobre la práctica de la lectura: perversión pasiva de hombre sentado.

Continue Reading 4 octubre 2021 at 8:59 8 comentarios

SUEÑOS COMPARTIDOS

https://www.perfil.com/noticias/columnistas/suenos-compartidos-por-tomas-abraham.phtml?fbclid=IwAR10GLcwb5po5POuoGCkXNhnFDyhV4g-5T86Qntck_h39a1vpefNFwwxcgY

3 octubre 2021 at 9:32 1 comentario

REFLEXIONES SOBRE LA ÚLTIMA CENA

Reflexiones sobre “La última cena”
Hace un par de días salimos a comer con unos de nuestros mejores amigos de Colonia y durante la cena les conté esta escena con mis nietos durante las Pascuas judías.

Continue Reading 2 octubre 2021 at 9:44 1 comentario

CORRECIÓN SOBRE UN ASPECTO DE LA REALIDAD COLONIENSE

Nota al pié: estuve inspeccionado la ubicación de lo bancos de piedra que están fijos en el borde del cordón de la vereda, y intuyo que están así para dejar un espacio para que pasen los peatones y los vecinos y saludarlos como es costumbre aquí cuando nos cruzamos con alguien, conocido o desconocido. Lejos de colocarlos para ver televisión o ignorar a la gente, por el contrario es para tenerla presente. Lamento el equívoco

1 octubre 2021 at 19:56 1 comentario

POSTALES DE COLONIA

POSTALES DE COLONIA
Es muy interesante el modo en que circulan los autos. Hay un único semáforo en un cruce de avenidas. En realidad hay una sola avenida, la Gral Flores, un femenino adosado a un militar, y una pseudoavenida, la general Artigas, ídem, no sigo con la Balthassar Brum o la Aparejo Saravia o la Francisco Varela, todas avenidas transexuales como es la costumbre. En todas las esquinas de la ciudad, los autos paran para dejar prioridad a una lista de favorecidos. Por supuesto que los peatones deben pasar primero, no sólo a los que están en las esquinas, sino también los que se están aproximando, por ejemplo a veinte o treinta metros. Está claro que la espera se hace larga – el paso del peatón es de una cadencia que en Buenos Aires sería suicida – porque a pesar de que la población es poca, no más de veinte mil habitantes en el caso urbano y alrededores, es probable que el desfile lleve un tiempo. Después hay que tomar en cuenta las prioridades en el paso de los automotores. Hay una sola avenida céntrica, La Flores, como ya dije, todas las calles transversales la cruzan, las laterales no són más que tres hasta el río, por un lado, y dos hacia el río por el otro. Colonia está rodeada por el Río de la Plata como una península. Por lo que cruzar la Flores no sólo es inevitable sino que circular por ella es algo diario varias veces por día. Si uno circula por la Flores es más cómodo porque sólo tiene que detenerse por los peatones, pero si va por una de las laterales, por Ituzaingó, Barbot, Intendente Suárez, Lavalleja, Alberto Méndez, Rivera, tiene que esperar a que pase el último rodado por la avenida y el último peatón por la vereda. Y aquí, en esta cultura plasmada en una lejana inmigración suiza, los nombres de algunos poblados del departamento lo verifican: Colonia Suiza, Nueva Helvecia, Colonia Valdense, y los quesos semiduros con gusto a jabón, salvo el Colonia Calcar, que es el que compro, que cada vez viene más insípido, en esta cultura, decía, se respetan las normas.
Yo también lo hago, aunque a veces me dan ganas de empujar el acelerador a fondo. Ni hablar del fin de semana en el que todos salen con sus autos y marchan por la avenida a veinte en fila, desde el comienzo de la ciudad hasta el final en el que está los muelles y las balaustradas que dan al río, unas quince cuadras, todos en fila y vuelta, varias veces, los hombres manejando con un mate en una mano y la otra en el volante, con la señora con el termo al lado, y los chicos atrás.
En la rambla, en el Real, como se llama aquí, los fines de semana el mismo desfile, con sus idas y vueltas. En toda la costa hay descansos de pasto y hormigón para poder estacionar, en estos estacionamientos improvisados, se da el curioso espectáculo de que las familias no salen del auto y miran de frente a la avenida para ver quienes pasan. Lo hacen desde el mediodía hasta el anochecer, dándole la espalda al rojo crepúsculo en el que un inmenso sol se acuesta en el horizonte y se hunde en el río ya azulado. Un escandinavo se pegaría un tiro al ver esta modalidad lugareña.
También es curioso ver bancos de piedra clavados en las veredas, pero en un lugar de ser asientos orientados hacia la calle, están colocados de espaldas a la calzada frente las puertas de las casas, así pueden ver mateando desde la vereda la televisión por el aparato corrido hacia la puerta cancel.
En la rambla miran los coches de espaldas al sol, en las calles, la televisión de espaldas a la gente. El otro dato curioso, que poco tiene que ver con lo anterior, pero que da una nueva imagen de la cultura coloniense, es que con un par de apellidos se puede hacer una guía con pocos nombres y muchos números de teléfono. Con una población que se mantiene estable hace medio siglo, o algo así, existe una especie de endogamia, casamientos entre primos debe ser costumbre, por lo que es usual ver mucha gente que se parece entre sí, y la costumbre de tener una reunión familiar cada semana por la cantidad de cumpleaños que festejan entre ellos, siempre los mismos. Y para terminar, y como la zona es campestre, lechera, ahora también sojera, los hombres llevan a sus hijos en un brazo, y el mate en la otra, costumbre de campo. Sin apuro.
Veinte mil habitantes y veinte equipos de futbol, todos juegan al futbol, y todos los chicos quieren jugar en primera, y andar en moto. Y la costumbre de las murgas, que me perdonen los murgueros, mis amigos murgueros, y el pueblo uruguayo, pero son insoportables. Tanto las letras cuanto más comprometidas con la actualidad política peor, y la música, eso que llaman candombe, bueno, no son brasileros, y de la tradición afro me parece que el mate les lavó el ritmo. Es cierto que desfilé con la Banda Macanuda de los jubilados de Carmelo, arriando un poncho totalmente extasiado al compás de Don Ata, de la Sole. La gente todavía se ríe cuando me lo recuerda.
Éste es el lugar del que me enamoré hace treinta y seis años. Por éstas razones, y porque caminar a la caída del sol y al anochecer por las calles desiertas entre casa coloniales iluminadas por faroles, es mágico, nos saca de todo, es un silencio embriagador.

Continue Reading 1 octubre 2021 at 15:36 4 comentarios

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