Costumbres 8

21 febrero 2019 at 13:15 1 comentario

La belleza del revés (2007)

 

Veo de a ratos el tenis de Roland Garros. Perdió Gaudio contra Hewitt. Verlo jugar a Gaudio es una experiencia frustrante, por supuesto, todo el mundo lo sabe. Es el comentario del día. Sin embargo, ya se nota en la crónica la misma resignación que trasmite el jugador. Pierde, y seguirá perdiendo. Hace pocos días un periodista le preguntó si es cierto que de irle mal en París, pensaba dejar el tenis. “ El tenis ya me dejó a mí”, respondió.

Lo he visto jugar esta vez dos partidos. En el segundo apagué el televisor apenas comenzó el quinto set. No daba para más. Es el único jugador profesional que no veo festejar cuando gana un tanto. No cambia su rostro. Se expresa cuando pierde, habla solo, arroja la raqueta, pero cuando hace un buen tanto, no trasmite alegría, no cierra el puño con firmeza, no se alienta a sí mismo.

Tiene un tenis hermoso, de los más vistosos del circuito.  Su belleza radica en su revés. Una vez hecho el golpe abre el brazo 180 grados. Su mano sigue un arco pleno hasta que la pelota  pica cerca del fleje del fondo. Su perfil es perfecto. El golpe de top spin de abajo hacia arriba con el grip agarrado para que el aro ladee hacia el suelo y suba como una tromba tiene la continuidad de un vuelo de pájaro.

A veces dobla las rodillas y consigue un efecto tal que el revés cruzado cierra el  ángulo para que la bola caiga cerca de la red pegada al primer fleje. Inalcanzable.

Creo que el tenis brilla cuando aparecen los magos del revés. Es el golpe mágico, el “yin” de los golpes, la Dama del tenis. El revés es femenino. No así el drive, golpe agresivo, de fines letales, contenido cuando amenazante, y furibundo en el momento adecuado. Se pega de drive y se juega de revés.

El revés de Gaudio es maravilloso. También el de Federer, qué soltura, es Nureyev, los tendones y los músculos tienen la elongación perfecta. Se mueven las fibras con total libertad dentro del cofre óseo. Suelta el brazo como si desparramara regalitos a los chicos. Su braza traza un arco perfecto y marca en el aire un semicírculo de tiza. De perfil, apenas dobla las rodillas, inclina el tronco sutilmente, y él también, emerge del vacío acompañando el golpe con la vista despidiendo la bola. No la deja sola, la sigue hasta el final.

Justine Hanin, la pequeña belga, es otra maga. Ella también tiene un revés impresionante. Le pega con potencia. Su top es un golpe seco. No tiene grasitud. Limpio, austero, preciso. Es su revés el que gana las copas. Cuando Gaudio cruza su revés varias veces, inclinando  el ángulo pocos grados, sacando centímetro a centímetro al adversario de la cancha, y una vez colocado fuera de foco, cambia el golpe y lanza un revés paralelo pegado a la línea, hay un ohhh en el estadio y frente a los televisores. Es la gloria del artista, nuestro  homenaje al talento superior.

Otro revés fantástico fue, digo fue porque ya no lo vemos, el de Guga Kuerten, lo arrojaba con una sonrisa, daban ganas de que se perfilara para usarlo en exclusiva.

Los grandes jugadores que basan sus virtudes en el drive son más toscos. Su mérito es el de la potencia. Pega y pega, palo y palo, un knock out. Pero no hay gracia. Es cierto que la belleza también puede asomar en jugadores en que el revés falla, recuerdo dos casos: Steffi Graf y un coloso: Pete Sampras. La alemana de las piernas de lince, se desplazaba a gran velocidad de costado para pegar el drive invertido. Pete, con su saque, su drive tremendo, podía permitirse ganar un gran slam con el revés disimulado.

Hay bellezas y bellezas. Cuando Nalbandian está a pleno, trasmite un encanto especial, el del tipo sólido, medido, sin contundencia, seguro de sí, armando golpe a golpe el tanto, redondo en su forma, circular en sus movimientos, pausado en su estrategia. Tiene un tenis responsable, con la cadencia de la madurez.

 

Justine y su coacher

 

Ayer otra vez la vimos a Justine levantar una copa. Pero lo más atrayente de ella no es que gane sino su mirada y su cuerpo. Mira oscuro, frontal y firme. Mide menos de 1, 70 y pesa por debajo de 60, eso en el circuito le da la heroicidad de David ante el gigante.

Su revés es maravilloso, bello, un golpe ofensivo que juega con top aún cuando la pelota le viene al ras. El slice no lo usa casi nunca, como si fuera un gesto cobarde, seguro, conservador.

Se sabe que su vida fue difícil. La madre muere de un cáncer cuando tiene doce años. La relación con su padre y sus hermanos era mala. Alguna vez escuché que el padre le pegaba y que ella lo denunció, pero no estoy seguro.

Borró su segundo apellido, Hardenne, el de su marido, de quien se divorció recientemente.

La trasmisión de anoche tiene los comentarios sensatos y simpáticos de José Luis Clerc, que se ve que la admira así como aprecia a su entrenador, el argentino Carlos Rodriguez. Está a su lado desde 1995, ella tenía catorce años. La cámara lo enfoca con frecuencia. se ve en él una actitud tierna, tranquila, protectora. Cuando terminó el partido, ella fue corriendo hacia la platea a saludarlo, Rodriguez se adelantó unos asientos y le dió un abrazo redondo pero suave y dejó de inmediato que la saludaran los otros. Bastó una rápida mirada entre ambos reflejada por las cámaras.

Rodriguez tiene cuarenta y dos años. Se retiró del tenis a los veintidós, en 1986, cuando ocupaba el puesto 467 del ranking. En una entrevista dice que “ era la típica rata argentina, lo peor que se puede ver en un court…”, bromeó. Le ofrecieron entrenar chicos en un club belga aún sin tener la experiencia para hacerlo. Despertaba confianza. Comenzó a estudiar, leyó varios libros. Se casa con una belga, Elke. La escuela de tenis tiene éxito y se anotan más de 250 chicos. Entrena a Dominique van Roost que llega al noveno puesto de la ATP. Pero no accede al pedido de dedicación exclusiva. Cuando le presentan a Justine nadie daba un centavo por ella. No sabía sacar, tenía un drive malo, su estado físico era bastante deplorable,  “ cuando se agachaba no llegaba al tobillo ”, dice.  Lo que lo decidió fue su mirada, y hasta su modo de caminar, que hoy también es llamativo, hermoso, animal.

Acepta que se lo considere como un padre, sin embargo aclara que no lo es. Es duro con ella, no tiene diplomacia, Justine se lo agradece. Le dijo desde el primer momento que sería su mejor amigo y su peor enemigo. Le enseñó a llevar la vida. Mirar a los ojos cuando se habla con alguien. Comer correctamente. Cada cosa que le señala siempre lo hace con tono suave, mesurado y respetuoso. Jamás insultar. Si le pide no salir de noche le explica el por qué. Cuando le recomienda una conducta y le corrige alguna, comienza por dar el ejemplo. Le dijo a su discípula que lo que él quiere es que sea una mujer respetada a los 30, alejada ya del circuito.

A pesar de no parecerle lo mejor aquel casamiento a una edad tan joven, pensó que Justine deseaba tener algo propio, un mundo personal y afectivo. La apoyó, hoy no sabe si hizo bien.

Rodriguez dice que se retirará del entrenamiento profesional cuando Justine lo haga. Le alcanzan todos estos años de trabajo en un medio difícil, hipócrita. Es casi imposible tener amigas en la profesión, aunque alaba la lealtad de Kuznetsova, justamente su rival de ayer.

Rodriguez tiene una academia propia de tenis en Bélgica, abrirá dos más. Se la regaló Justine, para que tuviera otra cosa además de su trabajo con ella.

 

Anuncios

Entry filed under: General.

Costumbres 7 Bitácora 158

1 comentario

  • 1. ALICIA TERAN  |  21 febrero 2019 de 13:26

    Gracias Tomás.


Archivos

Categorías

Calendario

febrero 2019
L M X J V S D
« Ene   Mar »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728  

A %d blogueros les gusta esto: