Costumbres 2 (2006, corr., 2019)

29 enero 2019 at 15:27 11 comentarios

Bésame poco

He lanzado una campaña en Buenos Aires para terminar con el sistema obligatorio de besos entre varones. Se ha llegado a un límite insostenible. No quisiera morirme a los besucones con extraños, socios, admiradores, colegas, tíos, periodistas, conocidos, amigos. Tengo parientes que no veo, con eso puedo ahorrarme algunos besos. He comenzado la acción con los amigos a quienes les pedí que no lo tomaran como algo personal, pero que desde este día nos daremos la mano.

Es franco, viril, leal, distante pero respetuoso, el dar la mano. Darle la mano a una mujer bella es una golosina para los que se ratonean fino, pero ése es otro tema. Este timbreo lo han recibido con beneplácito, algunos con sorpresa, otros con ironía, nadie pensando que es un disparate. Son muchos los que están cansados de los besos. Un buen apretón de manos y de vez en cuando, por qué nó, el clásico abrazo porteño acompañado por el grotesco italianismo “qué hacés papá ”.

Un amigo me la quiso complicar y dijo que a él le molestaba el tuteo, que se bancaba un beso – con usted –  mejor que un – vos –  sin beso. Le dije “ déjeme de romper las pelotas” y le estampé un último beso.

Me preguntaron de dónde creía que venía la costumbre. De acuerdo a los datos que se pueden obtener de la tradición ciudadana, es un resto del hippismo de plaza Francia. Nació entre artesanos y guitarreros que iban al cine Mignon a ver Woodstock. Fueron ellos los que no han podido desprenderse del chupón hipposo y lo han hecho ceremonia masculina.

Otros sitúan esta perversión oral en los comienzos del período menemista. Menem besaba a sus amigos igual que Brando en “El padrino”. Un beso, una  palmadita, un “no te preocupes que yo me encargo”, y una viuda más.

Puede ser cierto, cuesta imaginar, y el recuerdo corrobora, que entre radicales bigotudos se pasaran la saliva.

Importa poco que los rusos se besen en la boca o que los hindués se toquen el culo, aquí nos estrecharemos la mano. Una amiga me dijo que la boca es la continuidad del ano en doble mano, la verdad es que no me habia dado cuenta de lo que todo el mundo aparentemente sabe.

Me parece que el  pintor Francis Bacon se dio cuenta del asunto. Cuando me recuerdan la continuidad de nuestro aparato digestivo con sus dos orificios de  in put y out put, por lo visto pienso en el arte.

No sé para qué sirve esta información fisiológica para argumentar contra quienes me  denuncian en nombre de la intimidad y de la privacidad de la boca. Mi propuesta y campaña no tiene un significado psicológico, no sé si mi boca está más cerca de mis fueros personales que mi mano derecha. Ni un sentido jurídico, no es el principio del habeas corpus el que prohíbe – aunque debería – el cruce de labios entre varones.

Todo mi cuerpo tiene derecho a vivir tranquilo. Es una cuestión de cercanía. Si fuera un oso hormiguero me bancaría el chupón de un conocido, total lo veo a dos metros. De ser un manicorto, un muñonero, el dar la mano exigiría que nos rocemos los pantalones con el prójimo y preferiría los mails. Pero siendo un homo erectus, no hay como los brazos para conservar los lugares. Respecto de las mujeres, no hay campaña por el momento porque no se puede batallar en dos frentes. De todos modos la consigna ya está establecida: beso con las amigas y mano con todas las otras. No hablo de esposas ni de novias (ni de amantes, pero darle la mano a una amante clandestina en una reunión de amigos y cónyuges, es una de las escenas más eróticas imaginables).

Hablando de esposas quisiera terminar con otro tema, para desarrollar, quizás,  en otra entrega. Se ha estudiado muy poco lo que sucede cuando un matrimonio viaja en su coche. Supongamos que a la manera habitual el varón conduce y la mujer…..le grita. Frená, mirá para atrás, cuidado a la izquierda, ¿ por qué giraste a la derecha?, otra vez estacionaste mal. Estaba en rojo.

He visto que cuando se invierte la situación, el marido hace lo mismo. Es un rito clásico de la conyugalidad en el que se exteriorizan desavenencias, desprecios, impaciencias y el pequeño botiquín de odios tiernos. Se ha extendido el modismo a la propiedad y gestión del control remoto.

Digo esto, porque presenciando una escena como la descripta, recordé a Sócrates cuando hablaba con Jantipa, su esposa, y le decía en su reducto doméstico: sólo sé que…vos sabés.

Cuando se reunía con los muchachos en el ágora, con Fedón, Glaucón, Lisis, Hipías, luego de imprimirles un beso les decía antes de sentarse: sólo sé que nada sé, y se armaba el truco. La historia ha conservado la escena en la que el sabio despliega su irónico  desconocimiento, y olvidó del admitido saber de la  copiloto. Un apretón, amigues.

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COSTUMBRES 1 Costumbres (3)

11 comentarios

  • 1. CLAUDIA GARCIA ASTORGA  |  29 enero 2019 de 16:42

    jaja! HOMO ERECTUS…Que grande! El maestro hace un despliegue pour la galerie de su siempre actual sensualidad en tiempos de tanta rareza sexista. Otro de sus geniales escritos ! Gracias

  • 2. marlaw  |  29 enero 2019 de 17:32

    Esta nota de Tomás nos trae un poco de “frescor”, en el medio de un torrido verano.

  • 3. Ricardo Braun  |  30 enero 2019 de 0:12

    Adhiero a la campaña de Tomas Abraham. ¡Al fin no estoy solo!

  • 4. Miguel Angel Boasso  |  30 enero 2019 de 18:56

    What? Será que me falta “epistemología” ?

  • 5. carlos  |  31 enero 2019 de 20:52

    El beso entre varones es de los tangueros. Fueron los primeros. Como varias cosas evidentes, lo sabe todo el mundo menos los filósofos.

  • 6. Tomás Abraham  |  31 enero 2019 de 21:18

    puede ser, por qué no? cuándo conocí a tangueros profesionales en el club del vino, más de una noche por semana, marconi, salgán d`elío, luisito cardei, ya todo el mundo se besaba más allá de los géneros musicales. y no recordaba en las películas de tangueros los besos entre tito lusiardo y gardel, o los besos de canaro, y tampoco recordar en mi infancia en flores con mis vecinos todos tangueros, tales muestras d cariño.
    pero gracias por el dato que todos conocen.

  • 7. marlaw  |  2 febrero 2019 de 1:19

    Hablando de tangueros la palabra”frescor” la pude apreciar por primera y única vez, en un tango muy conocido, cuyo nombre ahóra no puedo recordar, pese a haber intentado hacerlo, escuchando mas de 50 grabaciones cantadas por Floreal Ruiz, con la Oquesta de Pichuco.

  • 8. carlos  |  2 febrero 2019 de 17:46

    Marlaw:

    “Ya no serás jamás aroma de rosal,
    frescor de manantial en mi destino,
    sólo serás la voz que me haga recordar
    que en un instante atroz te hice llorar.”

    “Fruta Amarga” música: Hugo Gutiérrez, letra: Homero Manzi

  • 9. carlos  |  2 febrero 2019 de 17:50

    Cualquier cosa que deseen saber, por favor me la preguntan a mí. Gracias.

  • 10. Carola  |  3 febrero 2019 de 0:26

    Ay Tomás, (no sé si debo llamarlo por su nombre o por su apellido), estás muy ingenioso…tanta filosofía y seguimos luchando por el control remoto!!

  • 11. Carola  |  3 febrero 2019 de 0:26

    Ay Tomás, (no sé si debo llamarlo por su nombre o por su apellido), estás muy ingenioso…tanta filosofía y seguimos luchando por el control remoto!!


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