El intelectual específico (11)

6 enero 2019 at 8:45 10 comentarios

Un filósofo, Gunther Anders, se entera de las peripecias del piloto. Se trata del primer marido de Hannah Arendt, que en los años treinta se va de Alemania antes de que la cacería de judíos – su apellido de familia es Stern – se haga masiva.

Después de un breve exilio en Francia, se radica en los EE.UU. Sus escritos y su pensamiento giran alrededor del nuevo peligro que representa para la humanidad el poder atómico.

Intenta contactarse con Eatherly, y al ubicarlo por un informe sobre el piloto publicado en News Magazine en el año 1959, le escribe una primera carta. Se inicia de este modo una correspondencia de años (“El piloto de Hiroshima – Más allá de los límites de la conciencia”, ed, cast, Paidós, 1995).

Anders es un buen interlocutor. Trasmite con respeto y consideración hacia el aviador doliente sus propias preocupaciones y establece un puente epistolar a sabiendas de que con quien se vincula tiene una mente frágil.

Eatherly no tiene experiencia de escritura, su lenguaje es torpe y simple, Anders lo sabe y lo aclara cuando se edita la correspondencia. Su proyecto va bastante más allá de cuestiones de estilo, tiene que ver con despertar la conciencia de la humanidad sobre el infierno al que está ingresando de continuar la locura de la carrera armamentista con poder nuclear.

No es Claude el loco, sino los cuerdos del Pentágono y sus socios suicidas del Kremlin. Anders le ofrece a Claude un diagnóstico diferente, no tiene que ver con su mente, a pesar de que esté internado en un psiquiátrico – lugar del que entra y sale – sino con un hecho colectivo que se pretende ignorar.

Habla de la inocencia culpable, dice: “la técnica ha traído consigo la posibilidad de que seamos inocentemente culpables”. Anders pregunta: “¿cómo sentir dolor por la muerte de 200.000 personas?”. Este tipo de cifras conllevan la idea de que se habla de un crimen sólo imaginario.

Sigue: “hoy las posibilidades de nuestra imaginación (así como nuestra capacidad de sentir, de responsabilizarnos de nuestros actos) están por debajo de las posibilidades de nuestra acción (…) No sólo nuestra razón tienen sus límites (kantianos), no sólo ella es finita, también lo es nuestra imaginación; y en primer lugar nuestra capacidad de sentir (…) tu tarea consiste en ampliar la imaginación moral” (pags 49 y ss).

Comprende la desdicha de Eatherly, reconoce que lamentablemente no es acreedor de “la gracia de la culpa”, que está condenado a ser un enfermo y no un culpable. Le advierte sobre las trampas del sistema norteamericano. Su extravagante protesta ya comenzaba a concitar la atención del mundo de los negocios, el primero de los cuales es el que se genera en Hollywood.

Bob Hope y su productora le ofrecen filmar una película sobre su vida. Claude duda, le pregunta a Anders si no quiere colaborar en un guión, o si, directamente no quiere escribirlo. El filósofo se pone firme. Le escribe que debería darse cuenta que poco les interesa a esos hombres de la industria del cine su lucha por el esclarecimiento del crimen colectivo cometido en Japón, insiste en que lo usarán y que una vez que firme el contrato dejará de existir para ellos, deformarán la historia de acuerdo a especulaciones de taquilla, y se olvidarán pronto de todo una vez terminada la recaudación.

Anders, en sus escritos, advierte que ante la posibilidad de la desaparición de la humanidad, “nada habrá sido”. No quedará ni un testigo del pasado, porque no habrá pasado, ni presente ni futuro. “El tiempo fue un episodio”.Insiste en que “la humanidad está condenada a vivir eternamente bajo la oscura amenaza de lo monstruoso” (pag, 60).

El filósofo le dice al piloto que deben unirse para conmover a la opinión pública. Al contrario de Foucault, Anders sostiene que hay que salir del círculo de los especialistas para cambiar las cosas. El juego de intereses, el poder corporativo, el proteccionismo de toda burocracia que se reproduce a sí misma, los hace impermeables a las denuncias de  quien se mantiene al interior del sistema. Hay que salir, usar los medios de comunicación, apelar a la conciencia colectiva y movilizar a los ciudadanos.

En una palabra, salir de ese mundo de expertos y hombres del poder, que simulan escuchar cuando tienen decidido no perder un ápice del control sobre los acontecimientos.

En una de sus cartas, Eatherly le dice: “me gustaría hacerle un par de preguntas. ¿Podemos confiar en los físicos?”

Responde Anders: “Nostra res agitur (es cosa nuestra), nos atañe porque puede afectarnos. La pretensión de monopolizar competencias es injustificable, pues todos nosotros en tanto seres humanos somos igual de incompetentes. Estando en juego el fin del mundo, es sumamente estúpido pensar que en esta cuestión hay distintos niveles de competencia” (ibid, 53).

Anders conmina al aviador a ponerse en contacto con víctimas de Hiroshina. Escribe cartas a mujeres dañadas por la hecatombe atómica. Unas treinta de ellas, con el nombre de “The girls of Hiroshima”, que padecen las consecuencias del bombardeo, le escriben a Eatherly, le dicen: “no tenemos ningún odio hacia usted”.

Eatherly luchó para no estar solo con su conciencia culpable. Anders lo acompañó en su resistencia al aislamiento. Si lo trataban de enfermo, no tenía esperanzas no de ser escuchado ni la de convertirse en un testigo de un crimen de lesa humanidad. No aceptaba que las bombas sobre las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki fueran considerados actos de guerra.

Mientras Oppenheimer estuvo a favor del ataque para dar por finalizada la guerra, y – como lo confesó – por “orgullo”, es decir, para mostrarle al mundo el artefacto prodigioso que la ciencia norteamericana había logrado fabricar, Eatherly denunciaba ese logro como un crimen.

Pero su lucha poco eco tenía. Lo señalaban no sólo como enfermo, sino como alguien que especulaba con la fama y también con el dinero.

Ray Mok, en sus caso ochocientas páginas sobre la vida de Oppenheimer, no lo nombra ni una sola vez, ni a Gunther Anders tampoco.

 

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LOS VIAJES DE MICHEL FOUCAULT El intelectual específico (12)

10 comentarios Add your own

  • 1. Carola  |  6 enero 2019 en 11:28

    Tremendo…atrapado en su culpa e invisibilizado por el poder. Pobre hombre…es bueno rescatarlo y conocerlo para entender que no hay una sola voz en cada situación.

  • 2. Carola  |  6 enero 2019 en 11:32

    Pero me quedé pensando…”no le tenemos odio”…no entiendo todavía cómo algunos pueblos desvastados pueden superar el odio. O tal vez no sea así.
    Nosotros no hemos superado el odio peronista-antiperonista y no entiendo por qué. Seguimos odiando al otro. A veces pienso que tenemos un pensamiento primitivo al estilo futbolístico y no logramos avanzar más allá. El otro siempre es un rival, solo fanatismo.

  • 3. Rafaela Carra  |  6 enero 2019 en 12:03

    Carola, existe mucho mas que el peronismo/antiperonismo…de hecho, el peronismo es tantas cosas! (Peron, Eva, Martinez de, Menem, Fernandez de.., que estaba en contra del aborto). Es como decis, siempre hay mas de una voz y su negacion. Que feo sentir pena, se parece a creerse superior, me alegra que a mi no me suceda. Es necesario volver siempre a la situacion argentina se hable de lo que se hable? Las campañas electorales en este pais son eternas. Saludos

  • 4. marlaw  |  6 enero 2019 en 13:02

    Yo llegué a enterarme “un poco de refilón”, que el Comandante del “Enola Gay” llegó a tener con el paso del tiempo problemas de salud mental. También vi y volví a ver hace muy poco tiempo el film Franco-Japonés: “Hiroshima mon amour” dirigida por Alain Resnais. En los últimos tiempos la ví en dos oportunidades. Confieso que el film contiene imágenes realmente desgarradoras. De la primera vez, me había quedado erroneamente almacenado en mi memoria, que la protagonista femenina se trataba de la actriz jeanne moreau, inclusive cuando la volví a ver me decía: “que cambiada que estaba” hasta que me dí cuenta de mi error.
    Pese a todo esto, nunca antes, había tenido noticias de lo sucedido con este piloto. Las cosas que no convienen dar a conocer, la prensa no las difunde. Pese a todo fue una gran suerte para el que se haya podido contactar con Gunther Anders. En la situación en la que se encontraba Eatherly , esa relación epistolar le debe haber sido de gran ayuda.

  • 5. Rafaela Carra  |  6 enero 2019 en 13:14

    Que intercambio epistolar? Con Anders o con las mujeres de Hiroshima? Creo que a Anders tambien le fue de ayuda, supongo que a las mujeres tambien. De ciertas cosas nadie queda ileso, el daño nos alcanza a todos y hace bien distinguir responsabilidades y actitudes de orgullo y envalentonamiento de las de espanto. Que seria mantenerse cuerdo en esas circunstancias? Militar en green peace? . Espero proximas entregas para enteder la eleccion de Foucault

  • 6. Carola  |  6 enero 2019 en 17:11

    Uh…Rafaela, me aburre contestarte pero lo de creerse superior te cabe a vos. ¿Qué tiene de malo que exprese mi sentimiento que surgió a partir de un texto muy bien escrito? Algunos textos conmueven y otros no y capaz dicen lo mismo. A mí me conmovió imaginar las angustias vividas por ese hombre. Y no me creo superior, nada que ver. ¿Qué tiene que ver?

  • 7. Rafaela Carra  |  6 enero 2019 en 17:24

    No te aburras, aca salio el sol, beso

  • 8. Rafaela Carra  |  6 enero 2019 en 20:10

    No hay mas sol. No me ofendo si no me responden, de hecho ya no creo que comente (no lloren). Dije que sentir pena se parece a sentirse superior, que por suerte a mi no me sucede y que me parece que se relaciona mas con victimizar que con sentir empatia y el piloto me parece mas responsable que victima. Como sabes lo que me cabe o no me cabe? Nos conocemos? Bueno, no importa, feliz 2019 para todos/as

  • 9. marlaw  |  8 enero 2019 en 12:32

    Carola: Habría que poder diferenciar, sentir, de pensar. Para mas datos:http://eneagrama.personarte.com/cerebro-triuno/ ; y https://es.wikipedia.org/wiki/Evolución_de_los_mamíferos

  • 10. roberto nadaud  |  8 enero 2019 en 22:05

    Debe ser todo un trabajo de elaboración escribir estos artículos.
    Gracias por su esfuerzo Abraham.

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