El intelectual específico (7)

29 diciembre 2018 at 6:28 6 comentarios

Es curioso el ejemplo de Oppenheimer. Nuevamente debemos agradecer al excelente biógrafo Ray Monk, que luego de la biografía maestra sobre la vida y obra de Ludwig Wittgenstein, y de los dos tomos sobre Bertrand Russell, nos entrega este monumental “Robert Oppenheimer ( A life inside the center)”.

Curioso porque al partir de la afirmación de Foucault de que el intelectual es peligroso en la medida en que es capaz de develar los secretos del poder, en el caso del físico que detentaba los secretos del arma letal que una vez arrojada su país dio por terminada la guerra con la victoria final después de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, fue el poder el que cercó al científico para que revelara su propio secreto como espía soviético hasta conseguir neutralizarlo en su lucha por el control internacional en la producción de armas nucleares.

Fue una contienda encarnizada entre un científico que quería develar el secreto de la fabricación de la bomba atómica para que fuera compartido por la humanidad con el fin de establecer un control consensuado para la limitación de su uso e impedir que fuera utilizada sobre poblaciones civiles, y la respuesta de un poder que de la sospecha sobre su accionar terminó por despedirlo y acusarlo de traición a la patria.

Sin embargo, tanto el presidente Harry Truman como Oppenheimer estuvieron de acuerdo en destruir a las dos ciudades japonesas y a sus poblaciones, con el argumento de dar por terminada una sangrienta guerra que parecía no tener fin hasta que Japón no se rindiera.

El país que provocó con el bombardeo de la base naval norteamericana de Pearl Harbor el ingreso de los EE.UU a la guerra, fue el blanco de ese primer experimento atómico preparado durante años en una alejada base militar bautizada del sur de EE.UU, Los Alamos,  en la que convergieron miles de científicos y militares para elaborar el proyecto atómico “Manhattan” bajo la dirección de Oppenheimer.

Sigamos por un momento esta biografía sobre el ejemplo de intelectual específico dado por Foucault.

Oppenheimer, u Oppie, como lo llamaban quienes lo conocían,   nace en 1904 en Nueva York. Es miembro de una familia judía acomodada. No se desconoce como judío pero tampoco se “reconoce”como tal. Monk dice que este problema de identidad no sólo era de Oppie sino de toda la colectividad judía. Él es desde el principio al fin un norteamericano.

Sus padres descienden de un grupo de judíos alemanes que desde el siglo XVII llega a las costas de los EE.UU, y se sienten tan orgullosos de su prosapia como los descendientes de los “pilgrim fathers”.

Entre 1880 y 1920, llegan nuevos contingentes de inmigrantes pero esta vez de Rusia y Polonia, para poblar con dos millones y medio de judíos una comunidad creciente. Está demás decir que un abismo social separaba al primer contingente que habitaba el Upper West Side con apellidos como Lehman, Guggenheim, Goldman, Sach, sólo superada por la elite newyorkina de los Astor, los Vanderblit, los Morgan o los Roosevelt, con los nuevos llegados descendientes de artesanos y campesinos que habitarían Brooklyn.

La biografía describe los estudios del futuro científico en los mejores colegios y universidades de los EE.UU e Inglaterra, como Harvard, Oxford y Cambridge, con pasantías en Alemania, en Götingen, en un ambiente de rigurosa moralidad – Monk cuenta como en un viaje en tren, mientras en el mismo camarote una pareja que recién se conocía, hacía el amor, Oppie no dejaba de leer un libro de termodinámica – , y con una inteligencia incisiva e intransigente por la que era llamado “the gad fly”, el tábano, el mismo apelativo con el que era conocido Sócrates.

Oppenheimer ingresa al mundo de la física que el biógrafo no parece desconocer, pero nosotros sí, con una ignorancia absoluta, por lo que las decenas de páginas en las que se nos habla de electrones, protones, neutrones, fotones, positrones, pi-mesones, mu-mesones, tan-  mesones, no nos dicen absolutamente nada, como tampoco los neutrinos. Suponemos que son invisibles, que son trillones de veces más pequeños que el átomo, que a veces  son virtuales o con una mera existencia matemática, y que a ellos se llegaba a partir de experimentos y discusiones al interior de la mecánica cuántica en la que se debatían, según Monk, tres teorías diferentes.

En medio de la diatriba acerca de qué era un electrón, si una partícula o una onda, o ambas, o ninguna, la tesis de Max Born sostenía que al contrario de la clásica mecánica newtoniana, la mecánica cuántica no era determinista, por lo que enuncia una afirmación probabilística que motivó la respuesta de Einstein: Dios no juega a los dados.

Había bandos como el de Bohr, Born, Heisenberg, Dirac, Pauli, y enfrente Einstein, Planck, Schrödinguer, de Broglie, entre ellos debatían sobre probabilidad, complementariedad e incertidumbre. No era nada banal lo que estaba en juego. La concepción estadística nos hacía abandonar el determinismo; el principio de incertidumbre, la idea de causalidad; el de complementariedad, la misma existencia del mundo exterior al interferir en él por la mera observación, medición e inferencia.

Mientras tanto Oppie ya está en Berkeley enseñando física teórica con un modo poco habitual de trasmisión de conocimientos que hizo que de los cuarenta estudiantes inscriptos, sólo se quedara para terminar el curso uno sólo, Carl Anderson, que garantizó su presencia si el profesor lo calificaba con la nota máxima.

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Acerca del fóbal (entrevista Infobae) Bitácora 154

6 comentarios

  • 1. roberto nadaud  |  2 enero 2019 de 12:05

    . Interesante el proceso que llevo a elegir esas dos ciudades en una
    lista amplia de blancos.
    . el bombardeo de Tokio dejó un número mayor de víctimas.
    . sectores del gobierno iban tomar la batalla final del acorazado
    Yamato como modelo para la resistencia final : el resultado,millones
    de muertos.
    . hubo una diplomacia subterranea en vistas a la rendición pero no
    prospero.
    . una vez aceptada la rendición grupos de asesinos atacaron el
    palacio en busca de Hiroito.

  • 2. roberto nadaud  |  2 enero 2019 de 12:09

    Oppenheimer, otro aprendiz de Brujos.
    Interesante la anécdota como aprendió el idioma griego.
    apreciaba reuirse con niños escolares: las preguntas ingenuas le brindaban túneles a transitar.

    los físicos teóricos tienen una manera de estar mas allá del bien y el mal que nosotros ni idea.

  • 3. roberto nadaud  |  2 enero 2019 de 12:15

    ver : ILUMINACJA : film polaco de Kryszstof Zanussi.

    información en FILMAFFINITY.

  • 4. Aldo  |  2 enero 2019 de 13:54

    y cuando a nuestros clones los vallamos a buscar al supermercado ,,, esa sociedad va ser una locura , sumarle la bomba atomica mas el poderio de armas mas los medios de comunicación mas el espacio etc ,,,

  • 5. Aldo  |  2 enero 2019 de 14:00

    me olvidaba de los robots ,,

  • 6. marlaw  |  6 enero 2019 de 8:26

    Habría que ponerse a pensar que fue por muy poco, que la humanidad se salvó de una catastrofe nuclear de gran magnitud que es lo que seguramente habría ocurrido, sí en esa alocada carrera, hubiera sido la Alemania Nazi, o el Japón del Emperador Hirohito, los primeros en alcanzar a detentar la bomba atómica


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