El intelectual específico (5)

25 diciembre 2018 at 8:08 1 comentario

Tecnologías de poder y reversibilidad táctica de los discursos, son dos horizontes  teóricos desde los cuales Foucault dará inicio a sus nuevos trabajos histórico-filosóficos.

Respecto de la mencionada reversibilidad táctica, en el mismo año en que publica su primer tomo de la historia de la sexualidad, y este artículo sobre el intelectual específico, 1976, Foucault desarrolla en el College de France, su curso “Defender la sociedad”, en el que a partir de una crítica nietzscheana a la filosofía liberal contractualista, nuestra como el tema de las razas – en realidad una lucha de conquista y resistencia entre etnias como los galos, sajones, francos y normandos,  sin ningún componente biológico – en el siglo XVIII, será utilizado por el evolucionismo biologizante y por los socialistas en el siglo XIX. El doble racismo, uno desde la derecha y otro desde la izquierda, que ofrecerán una materia prima que sabrán  utilizar el nazismo y el comunismo del siglo siguiente.

Respecto de las tecnologías de poder, Foucault muestra como la pastoral cristiana implementará mediante la confesión y la intimidad vocal y auricular entre dos seres, en el que uno expresa verbalmente todo lo que pasa por su mente a un otro que “supone creer”, tecnología que vemos remozada en la medicina de la psique, en el que un paciente mediante la asociación libre y la transferencia con el analista que “supone saber”, estos pasajes de modelos epistémicos y culturales provocaron un profundo disgusto entre lacanianos e intelectuales de izquierda.

Ya sea como una respuesta a este desplante, o como un informe sobre una nueva situación, en su texto “La función política del intelectual”, Foucault dice que durante mucho tiempo el intelectual de izquierda se adueñó de la palabra y consiguió ser reconocido como un amo de la verdad y de la justicia.

Por el marxismo, un sujeto llamado proletariado se convirtió en el portavoz de valores universales, pero lo hacía de un modo irreflexivo, inmediato y poco conciente de sí. Al intelectual le correspondía la función de convertir esta falta de elaboración en una práctica política reflexiva y en una acción conciente de su desarrollo.

El intelectual de izquierda y el Partido dirimían sus semejanzas y sus diferencias en nombre de una compartida revolución.

Foucault corrobora que el momento histórico de este tandem teórico-político llegó a su fin. La actualidad muestra una serie de luchas puntuales que no se subsumen a un único sujeto histórico pero que no por eso dejan de encontrar a un mismo adversario arropado de diferentes maneras.

La división entre intelectual específico e intelectual universal, es la que se da entre un sujeto libre, una conciencia universal, y otro que está integrado al Estado o al servicio del Capital.

Una división inactual, idealizada, que se sostiene en la idea de que el intelectual universal cuya lucidez ilumina a quienes desean transformar el mundo y crear un hombre nuevo, debe ser un Escritor, así, escrito con mayúscula.

Frente a esta efigie literaria, en minúscula, se agrupan los que se presentan como profesionales competentes en lo suyo, los ingenieros, los magistrados, los profesores.

Pero la escritura como valor moral, superioridad estética e incidencia política está en crisis, ya en 1976, según constata Foucault. Claro, el filósofo escribe, y si bien es cierto que en varias de la entrevistas que le han hecho no se define como escritor, ni como filósofo, ni como historiador, no puede negar que es profesor.

De todos modos es un docente especial, ya que su carrera profesoral ha sido más bien breve. Fue un funcionario itinerante del gobierno francés con largas estadías en Suecia, Alemania, en Polonia y en Tunez, y después de una breve estancia en la universidad de Vincennes, fue nombrado profesor en el College de France, una institución en la que está exento de supervisar estudiantes, de tomar exámenes, ya que su público se compone de una audiencia que entre y sale del recinto sin credencial alguna con el sólo objeto de conocer los análisis e investigaciones que hace un filósofo o un científico  entre sus cuatro paredes o en ámbitos institucionales como bibliotecas o laboratorios.

Sin embargo, Foucault que sepulta al escritor comprometido junto con la causa revolucionaria, rescata la labor del profesor universitario, al que califica como una “bisagra” entre el intelectual universal y el intelectual específico.

La crisis de la universidad, de la que no era único síntoma lo acontecido en el mayo francés, no se debe, de acuerdo a su percepción, a un debilitamiento de la institución educativa sino a un efecto multiplicador de esta función intermedia y mediadora de la labor docente en consonancia con la población estudiantil.

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1 comentario

  • 1. Santos Krikorian  |  26 diciembre 2018 en 18:40

    Siempre me gustó como Foucault puede ver características disciplinares biológicas, trasposiciones metafóricas a otros tipos discursos que hoy en día lo identificamos directamente en la “performatividad”. Pero eso ahorra y oculta todo el camino de análisis.


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