Bitácora 137 (Diario Perfil)

18 noviembre 2018 at 6:13 30 comentarios

Cristales rotos (11/11)

En estos días se conmemora el ochenta aniversario de  “La noche de los cristales rotos” en la que se quemaron 1200 sinagogas en Berlín, se deportaron a miles de judíos, y se dio inicio material al proceso genocida que asesinó a la mitad de la población judía de Europa.

No sé si es por alguna conexión con esta fecha que recibo un folleto con la invitación al Festival Internacional de Cine Judío en la Argentina. Por mera coincidencia el evento se superpone a una serie de actividades que organicé con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Nación, la Biblioteca Nacional, la Embajada de Rumania en la Argentina, el Seminario de Posgrado en Historia Conceptual de la Universidad de San Martín, y la Universidad Tres de Febrero, para escuchar y dialogar con invitados de universidades de mi ciudad natal, Timisoara, Rumania.

De este modo, concreté este deseo de recibir a estos nuevos amigos en mi país, en mi hogar, después de haberlos conocido in situ tras recibir el doctorado Honoris Causa en una universidad de Timisoara.

Todo comenzó hace un año y medio cuando fui invitado por la Universidad Protestante de Budapest y la Embajada Argentina en Hungría a disertar en un Coloquio Internacional sobre Identidad.

Me presenté como judío, de nacionalidad rumana, el húngaro como lengua materna, educado en universidades francesas, y con mi hogar en la Argentina. Casi nadie entendió nada porque los académicos presentes, tanto croatas, rumanos, cubanos, españoles, húngaros, y de otras nacionalidades, buscaban el origen de su identidad. Y se deslomaban por depurarlos de las escorias que la historia imprime en todos aquellos que creen en la leyenda de la pureza étnica. Yo era Frankestein, una especie de puzzle identitario.

La excepción fue un profesor de la Universidad Oeste de Timisoara, especialista en minorías, el profesor Victor Neumann, que me invitó a mi ciudad natal a 500 km de Budapest.

No fue una casualidad que en Budapest me presentara como judío, fue bien meditada mi presentación en un país “negacionista” que sepulta la responsabilidad de sus crímenes perpetrados contra la comunidad judía que mató a cuatrocientos mil de sus miembros entre ancianos, niños, mujeres y hombres.

Con Viktor Orban como presidente los húngaros se sienten muy cómodos diciendo que han sido víctimas de los alemanes primero y de los rusos después, sin asumir complicidad, adhesión y participación real, en el odio asesino.

Por milagro mis padres sobrevivieron en el Banato rumano, provincia del sudoeste de Rumania, no así mi familia paterna, los Abraham de Hida, pueblo de Transilvania de la región de Salaj, ni mi bisabuela materna en Novi Sad, en el Banato serbio, todos asesinados por una confluencia entre tropas nazis alemanas, húngaras y rumanas.

Este año, en mi disertación en la universidad de Timisoara, volví sobre este tópico de presentarme como judío nacido en Rumania, en una ciudad en la que el número de judíos reconocidos como tales llegan a la centena cuando en la época de mis padres superaban los veinte mil.

Pero antes, nuevamente en Budapest en mayo de este año, en otro seminario esta vez consagrado a las relaciones entre Hungría y países de habla hispana, cambié de orientación, y diserté sobre la mutación cultural de nuestro país, Argentina, entre 1870 y 1920. Nuestro país recibió un aluvión inmigratorio sin precedentes en el mundo, conformó de un modo aceleradísimo el nuevo perfil de la población, modificó las costumbres y la lengua,  y así se reconfiguró nuestra nación.

Las cifras astronómicas de los nuevos llegados entre fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, que llegaron a superar a los nativos en Buenos Aires y Rosario, contrastaban con la alarma del gobierno húngaro ante la ola inmigratoria que llega a 0, 3%, uno cada trescientos habitantes, y que piensan detener con alambrados de púas en las fronteras.

El 9 de noviembre último, en la universidad Tres de Febrero, subrayé que desde el 1ro de enero del 2016 a estos días, nuestro país ha recibido a medio millón de nuevos inmigrantes, la mayoría latinoamericanos, que tienen derecho a salud y educación gratuitos.

Durante el encuentro en esta última universidad me alcanzan el programa e invitan ante mi asombro a esta muestra de cine judío en la Argentina. No sabía que existía un cine “judío”. De  inmediato les respondí que no puede haber un festival sobre un objeto inexistente. Me dicen que hay varios festivales de cine judío en el mundo, por ejemplo, en Seattle. En el folleto leo que hay películas danesas, checas, de EE.UU, israelíes, inglesas, belgas, cuya nacionalidad de origen se borra para darle lugar a esta nueva entidad.

A la persona que con orgullo y convicción me invita a las exhibiciones, le pregunto si el cineasta Daniel Burman hace cine judío, si Woody Allen hace cine judío, si Spike Lee hace cine negro, si Abba Kiarostami hace cine chiita…¿Será por el tema? ¿Por sus directores? ¿Por la Metro, que con Goldwin y Mayer determinan que casi todo el cine del siglo XX sea judío?

¿La obra de Philip Roth y de Saul Bellow es un capítulo de la literatura judía escrita en inglés? ¿La de Germán Rozenmacher y Alberto Gerchunoff a qué casillero pertenecen? ¿O el premio Nóbel de Literatura Isaac Batchevis Singer por ser el único miembro del Instituto de las Artes y de las Letras de los EE:UU, que no escribe en inglés sino en idish,  será el rara avis de identidad judía literaria en la tierra de Walt Whitman? ¿Marc Chagall es un representante de una pintura llamada “judía”? ¿Albert Einstein y Freud de ciencias judías?

¿A qué viene tanto amor por el judaísmo de parte de tantas personas judías y no judías, que presentaron en el CCK el proyecto de ampliación de las instalaciones porteñas del Museo del Holocausto, que realizan festivales de cine judío, y que nos aman tanto de repente?

Después de los pogroms en epoca de Irigoyen, de los atentados del movimiento nacionalista Tacuara bajo la prédica del cura Julio Meinvielle en los sesenta, y de la bomba en la Amia en los noventa, más la muerte de Nisman en el nuevo milenio, algo debe haber sucedido para el reinado de este nuevo apego.

Los rumanos conmemoran los cien años del Tratado de Trianon, que luego de la Primera Guerra Mundial, disuelto el Imperio Austro-Húngaro y por haber estado esta vez los rumanos del lado de los victoriosos, no como en la Segunda Guerra, incrementaron en un 30% el territorio nacional  e incorporaron millones de nuevos habitantes entre húngaros, alemanes y judíos.

La comunidad judía en tiempos en que mis padres pasaron de la infancia a su joven adultez, entre 1920 y 1940, constaba de ochocientos mil miembros, hoy, con esfuerzo y soplando no llegan a cinco mil.

Me atrevo a decir que esta Gran Rumania que hoy celebra la supuesta recuperación de territorios, no dejó una muestra de gran civilidad entre su nazismo, su fascismo y el nacional comunismo de Nicolae Ceacescu.

Por la presión de la grandes potencias victoriosas el gobierno rumano le otorgó formalmente a los judíos en la inmediata posguerra derechos de ciudadanía. Años después, en 1937,  los despojaron de la identidad rumana y luego, desde 1941, los mataron.

De ahí que la presencia de los invitados rumanos como Victor Neumann era importante para presentar su trabajo en pos de hablar de lo que no se habla, o para dudar por la proliferación de tantos homenajes con cierto sesgo oportunista. La excepción fue el Coloquio que hicimos en la Biblioteca Nacional sobre el filósofo rumano que escribió en francés, Emil Cioran. Allí reinó el silencio. Disertantes de Colombia, Brasil y Argentina, junto a mi amigo Ciprian Valcan, hablaron dos horas y media sobre el filósofo rumano sin mencionar siquiera una vez sus libros de apoyo a Hitler ni su adhesión a la banda asesina Guardia de Hierro que se especializaba en “cazar” judíos.

Son lectores que protegen con su propio silencio el silencio del filósofo respecto de sus aficiones juveniles y no tan juveniles. Gente de buena voluntad me recomendó leer un texto del filósofo como muestra de su arrepentimiento respecto de su pretérito odio a los judíos. Se titula “Un pueblo de solitarios”, y le salió mal, muy mal. Es una seguidilla de cursilerías sobre las enormes virtudes de los judíos en las que emplea los lugares comunes del antisemitismo invertidos en la forma de elogios. Que saben ganar dinero y que son a la vez sabios, que son el pueblo elegido y lo merecen, etc. Como si nos autorizara a volver a usar la estrella amarilla con la que los nazis nos identificaban, pero esta vez fosforescente.

Con razón Susan Sontag, que leía con interés al filósofo rumano, dijo que era su peor texto. Pero no tengo nada personal contra Emil, por el contrario. En el Coloquio me enteré que idealizaba a la Patagonia y que le encantaba el tango. Y que además se enamoró hasta el tuétano de una admiradora alemana a la que doblaba en edad, con la que tuvo una desdichada relación. Un corazón frágil.

Oficié como maestro de ceremonias y presentador, dejando que Valcan organizara el encuentro sobre Cioran, sabiendo que lo detesto sin dejar de compadecerlo – el filósofo no es responsable de que me aburra con su monótono nihilismo – y yo a mi vez respetaba  el interés de mi amigo porque lo considero un buen lector y una persona noble con la cual disiento amistosamente.

Con Ciprian Valcan nos reímos de las exageraciones y de las barbaridades que podemos esgrimir para defender nuestras preferencias, la diferencia  que nos separada con el nombre de Cioran estaba incluida en nuestro compartido humor.

¿Cine judío? ¿El Holocausto como producto de marketing? ¿Una oportunidad para mostrar credenciales de buena conducta ante los poderes de la Unión Europea? ¿La feria global de las identidades? ¿El lobbismo de las nuevas ortodoxias?

En varios países de Europa Central, los cristales siguen rotos.

 

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30 comentarios Add your own

  • 1. Daniel Lesnaberes  |  18 noviembre 2018 en 12:12

    Muy ilustrativo su artículo Tomás!. La mente humana tiene bondad y maldad por doquier…! Y encima los que están en el poder quieren trasmitirlo como los reyes o los Sres Feudales. La República con la división de los tres poderes debiera ser el continente que permita a sus habitantes desarrollar una vida buena con respeto al prójimo!!!

  • 2. Miguel Angel Boasso  |  18 noviembre 2018 en 14:49

    Buenas tardes. Si el señor Daniel Lesnaberes se refiere a “Bitácora 137”, a mi, dicho artículo más que ilustrarme me obligó a repensar el tema de la identidad. Y hasta me confunde un poco Tomás ya que si la excepción es un señor especialista en minorías y si los académicos presentes no entendieron porque están buscando su identidad, puedo inferir que la especialización y la búsqueda reafirman que existen los particularismos y que es una acción por demás humana hacernos la pregunta ¿Quién sos?
    Yo vengo con esa pregunta desde mi adolescencia, y aún tengo dudas.
    Confusión y dudas. Invención de un problema. Filosofìa. Esa parte más o menos la manejo o creo entender algo, leer filosofía me ayudó y me ayuda.
    Ahora, respecto a la pregunta que hace Tomás respecto a si hay un cine judío ad-hoc, al menos para mi que no soy judío, en estos casos pongo énfasis en la primera de las palabras: cine. El cine es ficción y arte, creaciones humanas por lo que, allí sí coincidimos con Daniel…bondad y maldad, a su vez definidas ellas por nosotros los humanos.
    El resto del artículo ami entender no deja dudas (por fin un poco de certezas!): los Estados imponen a sangre y fuego sus políticas para lograr sus proyectos, varios genocidios mostraron y aún muestran que es por la fuerza de las armas que logran sus “objetivos”, y se apoyan en las artes, los deportes y toda comunicación que haga falta cooptar.
    Para finalizar, mi opinión concreta respecto al tema del cine: si el cineasta dice que hace cine judío, su ficción es para los judíos. Si a su cine judío lo expone sin condiciones, su cine es ficción, a secas. Y a bancarse lo que diga un no judío.

  • 3. silviacrescini  |  18 noviembre 2018 en 17:54

    Coincido, gracias Tomás.

  • 4. roberto nadaud  |  19 noviembre 2018 en 12:04

    quizá Emil hubiera seguido el camino de Heidegger.en eso del las horcas caudinas.
    un y qué, me sale de los hígados no pedir perdón.
    dolor y silencio y dejarse de andar haciendo mapas de apóstatas, conversos y ex camisas pardas : que al que nace barrigón es al ñudo.
    que una cosa es Medianoche de Weisel y otra publicar en donde sea repitiendo como loros lo sabido hasta los tuéanos.

  • 5. J  |  19 noviembre 2018 en 15:04

    “…le pregunto si el cineasta Daniel Burman hace cine judío, si Woody Allen hace cine judío, etc.”

    Innegablemente.

    Afirmar lo contrario supondria que no existe una identidad secular judia en la Diaspora, pero he aqui, alguna entidad o grupo de personas presuntamente sin identidad (y muchos dicen, inexistente) establecio un pais que se sostiene contra mucha oposicion fisica setenta anos.

    Otra forma de ver las cosas es que la identidad puede ser definida por otros, incluso contra los deseos de uno. Los negros de EEUU no quieren la identidad AfroAmericana pero la Sociedad les impone dicha identidad. Algunos lo aceptan otros se alisan el pelo. Comenzando por los Nazis y llegando hasta alt-right, mantienen que Woody Allen y Hollywood toda son tipicamente judios. Queramos o no, ellos nos imponen una identidad – la judia.

  • 6. Tomás Abraham  |  19 noviembre 2018 en 15:17

    así que producir una película sobre marcianos es hacer cine marciano…blue jazmine, diario de un seductor, bananas, es cine judío. mis libros son libr
    os judíos….en fin

  • 7. silviacrescini  |  19 noviembre 2018 en 15:34

    La obra de arte, la película, el libro, es del mundo. La identidad del autor no es relevante, sí lo es a quien va dirigido. Gracias Tomás!

  • 8. marcelo  |  19 noviembre 2018 en 17:06

    Con esa hipótesis, los films de criminales los hacen los asesinos, los de amor los enamorados, los de terror los miedosos, etc, etc

    Entonces la pregunta: Quien sos? tiene respuesta sencilla:

    Dime que cine haces y te dire quien eres

  • 9. roberto nadaud  |  19 noviembre 2018 en 22:15

    Se puede filmar un western J. ?
    mirá si afilamos el lapiz, toda trama termina siendo J.
    o acaso alguien en su vida y próximo crepar puede hallarse fuera de la égida, la sombra tutelar maravillosa de la Torah ?

  • 10. santiago  |  19 noviembre 2018 en 23:21

    Muy buen comentario Nadaud. Aunque a los de lejano oriente no creo que les haya llegado mucho la influencia de la Torah, solo les llego destilada por grecia, el islam, el protestantismo, los masones y finalmente el comercio y la tecnología. Muy poco de la torah, creo.

  • 11. santiago  |  19 noviembre 2018 en 23:32

    No sé si es bueno o malo esto que digo, sobre todo lo digo por el falseamiento que ha sufrido la Fe en occidente. Pero sin dudas que tienen otra noción del carisma y la verdad, los relacionan de manera diferente, eso sí es una Gracia pues nos puede enseñar mucho. un saludo.

  • 12. J  |  20 noviembre 2018 en 6:55

    …en fin, en el Festival del Cine Judio de Londres, que corre en estos dias, hay 600 (seis cientos) entrantes. Yo tampoco creo que haya cine judio, pero que la hay, la hay.
    Segun los criticos de cine, lo que define al cine judio es la busqueda de la identidad. Llamalo neurosis. Aplicando ese criterio, todas las obras de Woody Allen son judias.
    Hay que distinguir que solo los judios seculares en la Diaspora tienen problemas de identidad. Los religiosos y los Israelies, no.

  • 13. marlaw  |  21 noviembre 2018 en 5:14

    Hay varias películas de Woody Allen en las que lo judio esta presente inclusive desde el principio como lo es el caso de Annie Hall, que no es la única, porque en general como en el caso de Hannah y sus Hermanas, o Café Society, todos los miembros de la familia y los amigos, y en la última que cito hasta la muchacha que representa a una prostituta novicia, asume esa identidad.

    Pero yo es la segunda o tercera vez, que he vuelto a ver el film de Polansky El Pianista, la última hace unos pocos días, porque la volví a bajar de la web después del último crash del disco rígido de mi Pc, y en esta película hay una imagen en la que me quiero detener, y es el momento en que desde un ventanal, los protagonistas del film, observan como se comienza a levantar el muro que cercará y encerrará en su interior a los judios en el Gheto de Varsovia.

    Yo me pregunto sí la reacción de Tomás frente a la celebración de un festival de cine judío fuera de Israel, guarda alguna relación con esta imagen que cito mas arriba, en el sentido de ver en un festival de esta naturaleza, algo así como sí se tratara de agrupar y encerrar y aislar dentro de un marco virtual a aquellas producciones cinematografícas que tienen una coloratura mas o menos judia., y es esto lo que provoca su reacción.

  • 14. silviacrescini  |  21 noviembre 2018 en 10:20

    Esa es la sensación que me produce sin ser judía. Vivo en el ghetto como dicen mis vecinos judíos, entonces me consideran una “asimilada”

  • 15. Alejandro A  |  21 noviembre 2018 en 12:17

    Lo judio se cuela en el cine aún cuando el director no esté filmando un cuento jasídico; en los Zucker y en los Cohen por ejemplo hay una especie de desconfianza en el género humano, un humor que se parece bastante al pesimismo: El piloto de un Jumbo que debería ser modelo de conducta le hace proposiciones raras a un chico, los malvados tienen códigos éticos y los buenos terminan haciendo monstruosidades; Nuestra suerte lejos de la moral está sujeta a una moneda en el aire.
    Si no hay cine judío debería haberlo; La identidad personal refuerza la colectiva. Norman Mailer, un judío que no le dió mucha bolilla a su condición se preguntaba qué hubiera sido de Inglaterra sin Shakespeare y de Irlanda sin Joyce

  • 16. Tomás Abraham  |  21 noviembre 2018 en 18:06

    burradas. ignorancia. incomodidad. culpa.
    judío. Linda palabra. marx judío. freud judío. mailer judío. gershom sholem, judío. Idem hannah arendt y sergio bergman. timerman judío, decía camps. jesús de nazareth judío. arte judío. burros.
    mi reacción?, como dice Marlaw, qué reacción? simplemente no sean tan ignorantes.

  • 17. Alejandro A  |  22 noviembre 2018 en 0:36

    El festival de cine judío de Londres bien podría llamarse “Festival de cine a secas” y el Quinto festival de música celta, “festival de música”; El Festival de cine de Mar del Plata, “Festival de cine de la costa Atlántica y que la gente averigue si es en Mar del Plata o en Miramar…

  • 18. Tomás Abraham  |  22 noviembre 2018 en 5:04

    esto último o es una provocación u otra estupidez. me doy cuenta que el desvarío respecto de las identidades que se incrementa con la intromisión de la palabra “judío”, no fue sólo un fenómeno que percibí hace un año en Budapest. En principio, a pesar de los nazis y de alejandro A, un marplatense puede ser judío o no serlo, puede ser ateo o católico, y marplatense. Hasta puede tocar música celta sin ser por eso irlandés. No creo que pueda tener un amigo celta, y una amiga vikinga. Existen las identidades desde la creación del estado nación y por la separación de las iglesias y el estado en la modernidad, nuestros documentos nos identifican con la nacionalidad. Por lo demás, las otras identidades son voluntarias y autorreferenciales, hasta la del sexo según parece. Por ahora somos argentinos.

  • 19. Alejandro A  |  22 noviembre 2018 en 8:42

    Puede ser una estupidez, pero jamás una provocación.
    En todo momento pensé que se estaba hablando de unos valores particulares inscriptos en la obra de arte como rasgo identitario; Que Stanley Black pueda dirigir su orquesta haciendo música de Lecuona sin ser carbeño, no ocurre a mi pesar sino con mi regocíjo total, lo que tambien ocurre cuando graba la suite mosaica, una partitura emocionante que recoge desde el folklore judío hasta la música de “Exodo”
    J. se pregunta si existe una identidad judia en la diáspora y Marlaw acota acertadamente que “lo judio” está presente en algunas obras de cine de Woody Allen. Y en otras tambien. Al punto de que la mayoría de los textos sobre literatura, dedican un capítulo entero a los escritores, artistas y directores judios en USA que ayudaron a construir una cultura poderosa que trascendió en todo el mundo. La calidad lleva lo particular a ser universal.
    Quizás por un rosario de casualidades, no estoy entre los que prohibieron -y prohíben- cosas como los nazis sino entre los que hicieron su aporte para que haya libertad de expresión y de opinión y de tránsito, reabriendo cuando me tocó, un cine para que los pocos vecínos que querían, pudiesen ver cine y obras de teatro de toda la provincia de Buenos Aires; Ayudé a hacer casas para los vecínos que no la tenían, y me ocupé de que a nadie le faltase un remedio. Eso no me dio ni me da ninguna ventaja para opinar sobre algunas cosas; Leyendo la Bitácora 138 -inesperada- como Tomás, y como el comisario de “Sin lugar para los débiles” veo triunfar el mal.

  • 20. roberto nadaud  |  22 noviembre 2018 en 11:08

    en 2000 años el asombro de otras inteligencias rastreando las ruinas
    de lo que fue llamado ‘humanidad’ será para las 12 tribus y sus descendientes en su peregrinar exilios agarrando la Torah como carne de su carne.
    la shoah no ha cesado luego de 1945 y el último campo cerrado.
    está inscripta en la dispersión que arrasa los espacios cósmicos
    pidiendo entre gritos de agonía y oraciónes la presencia de Yahvé.
    si no hay Fé como recordar en terror las aldeas arrasadas, el silencio de los niños, la mansedumbre de los inocentes ?
    ellos nos piden lo dificil, que nuestro silencio y nuestro dolor nunca, nunca claudiquen.
    a veces no hay manera de ser ateo, tomar la tengente o hipotenusa o cualquier geometría que te libre de sentir los extremos alejados de lo
    ‘correcto’.

  • 21. J  |  22 noviembre 2018 en 12:41

    No puedo dejar sin comentario la frase de Tomas “nuestros documentos nos identifican con la nacionalidad. Por lo demás, las otras identidades son voluntarias y autorreferenciales”. Los judios de Alemania poseian muy legitimos documentos de identidad, que en el momento critico, no validaron su identidad. La idea de que uno puede asumir la identidad que quiera es imaginario, ilusorio, falso. Ni Dios puede ser otra cosa de lo que es: Soy lo que soy. Y eso que soy ateo.

  • 22. roberto nadaud  |  22 noviembre 2018 en 15:52

    no es imaginaria mi identidad, me desperté siendo un insecto.
    lo que voy a extrañar es el café con leche, aquí en el subsuelo hay restos de congéneres y sutiles pelusas, quién habrá elegido por mí..

  • 23. roberto nadaud  |  22 noviembre 2018 en 15:58

    los Jodíos de Berlín validaron su identidad, con la estrella amarilla en los abrigos, con la ilusa idea de que los nazis no serían capaces de crímenes insondables.
    y sus documentos en ficheros impecables los confirmaron, en su identidad de pasajeros de trenes ‘rigurosamente vigilados’.

  • 24. roberto nadaud  |  22 noviembre 2018 en 16:01

    a veces temo agarrar el documento y que señale : ‘nacionalidad : nativo del país de los bolúdos por excelencia’.
    exactitud burocrática de la especie innegable.

  • 25. rodolfo lópez  |  23 noviembre 2018 en 13:37

    “Identidades seculares”. ¿existe tal cosa? o también es una ficción?puesta en el escenario pequeño de nuestra vida, que se termina rápido, para intentar de ese modo, con ese artificio, tal vez agrandarla en duración, con ancestros, tradiciones, costumbres reverenciadas, heroicas guerras pasadas o por venir, ganadas o perdida, masacres sufridas que deben vengarse, etc etc, en nombre claro de la identidad nacional, o de la bendita identidad secular. Pero igual, de todos modos, somos pequeños en esta vida, débiles, y estamos Solos. Y si por ahí dejamos algún rastro valioso para el futuro, que otros puedan disfrutar, será justamente haber mencionado esa nuestra minúscula excepcionalidad, de modo que esos otros puedan identificarse con ella -que les resulte familiar, con gusto a propia, que la reconozcan y se vean asombrados en el espejo-. Eso es el arte me parece, sin vestigios de identidades nacionales o seculares -excepto que en sí sean un tema- y con nuestra universal pequeñez en el asador.

    Hizo Kafka arte judío?. Sus laberintos burocráticos o mentales, puertas custodiadas de palacio -solo para nosotros cerradas-, monstruos nocturnos o diurnos, son universales me parece, bien actuales,:clásicos.

    Es Pan Rayado un blog judío?. Diría que no. Y que los méritos de Tomás para convocar, interrogar y cuestionar, son personales, propios de él, sin necesidad del respaldo de identidades seculares. Con independencia de lo que el propio Tomás diga o crea al respecto, en el blog.o en sus textos como reconocido autor y filósofo

    La historia es la Historia de todos modos, siempre está presente, e impone el Peso de su Omnipresencia.

    En fin, habló uno que no tiene historia ni posteridad. Solo unos pocos fragmentos de identidad

    .
    ..

  • 26. marlaw  |  24 noviembre 2018 en 1:39

    Mire Profesor, este tema lo propuso Usted. No fue ninguno de nosotros.Desde luego que cada uno es dueño de pensar como quiera. Pero hablando de España para no herir a nadie, no me niegue que hay una identidad Catalana, que nada tiene que ver, ni con la Vasca, ni con la Gallega, o que en Italia no es lo mismo un Napolitano, que un Romano o un Turinés, todo esto independientemente de que todos ellos sean burocráticamente hablando ciudadanos de sus respectivos países.

  • 27. Tomás Abraham  |  24 noviembre 2018 en 5:06

    pero claro que un vasco es un vasco además de vasca, mujer, homosexual o no, católico o ateo, con un padre francés y otro con una madre gallega, uno hincha de real sociedad y otro del atletic, uno troskista y otra femenista, y todos viviendo en bilbao. Una identidad es un crucigrama infinito. Y si le agrego la palabra “judío”, que tiene como atributo durante dos mil años la palabra “errante”, las diferencias de las que habla marlaw no se dan entre identidades sino al interior de una supuesta misma identidad.

  • 28. Alejandro A  |  24 noviembre 2018 en 7:14

    José Ferrater Mora le dedica dos páginas de su Diccionario de filosofía abreviado -Sudamericana 1970- al tema de la identidad; En una primera definición de carácter “Ontológico” –más adelante vendrá una de carácter “Lógico”– dice que (A=A) toda cosa es igual a ella misma; Después de recorrer los trabajos de Parménides, Aristóteles y Hume, llega finalmente a Leibniz: Principio de indiscernibilidad de los idénticos (conocido también como ley de Leibniz) quien sostiene que si X es idéntico a Y, entonces cada propiedad no relacional de x es una propiedad de Y y viceversa. Todo lo que no es idéntico, es distinto y por lo tanto, en vez de una identidad va a haber dos.
    Al interior del Estado de Israel la identidad Judia es problemática y problematizable “Ad infinitum” ya que no todos los israelíes se percíben a sí mismos de la misma forma. Si allí apllicasemos la ley de Leibniz obtendríamos resultados desalentadores sobre la identidad judia. En un viaje que realicé en 1991 a Israel visité un hogar de ancianos que sostienen en Jerusalen la Histadrut (CGT), el gobierno y los familiares a partes iguales y encontré judios provenientes de todas partes del mundo: Centro de Europa, Rusia, cuenca del mediterráneo, y judios Falashas negros que se autoproclaman desendientes directos de Salomón. El director,un médico muy simpático, era por supuesto, argentino.
    A la pregunta ¿Qué es ser Judio? Marcelo Birmajer contestó Qués es ser judio? y el profesor le puso un diez; Probablemente la repregunta con humor e ironía, es una característica cuasi esencia de “Lo judio” que lleva a los judios a tener una influencia notable en e arte. De cualquier forma, me quedo con la definición de Jean Paul Sartre, quien afirmó que despues de Auschwitz “Todos somos judios”

  • 29. marlaw  |  24 noviembre 2018 en 16:52

    Desde luego que la palabra judio no define a una identidad, porque no son todos los judios iguales. En mi adolescencia yo tuve unos amigos judíos Sefardies. Cuando recién los conocí,debido a sus rasgos yo no podía saber de antemano si ellos eran judios o eran árabes musulmanes. Recién cuando intimé con ellos supe que eran judios. Eran judios pobres, vivian en una casa muy humilde, pero eran abiertos, y expansivos, en su casa celebraban reuniones, les gustaba bailar el Rock and Roll en la época del Elvis Presley . Cuando bailaban con una mujer, haciamos ronda para verlos bailar. De ellos aprendimos todas las palabras relacionadas con el sexo, como el tuges, la janune, las vedas etc. En ese momento de nuestra adolescencia, todos nosotros estabamos interesados en “debutar” el sexo era nuestra obsesión, y todo agujero era un poncho. (menos nuestras hermanas y nuestras madres).

    Mis amigos judios sefardies, algunas veces, en un fín de semana se separaban de la barra de amigos que habíamos formado, y se ponián el treinta y único traje decente que tenián, para ir al centro de Buenos Aires a una fiesta en la Hebraica.
    Cuando por las noches tarde, volvian de esa reunión, en una oportunidad les preguntabamos como les había ido, en la fiesta,y el mayor de ellos nos respondió : “Me tienen re-podrido, todas las veces que vamos nos piden dinero para Israel” (Eran los tiempos en que en Israel, gobernaba la señora Golda Meir) Después de esa vez, ya no les preguntamos mas nada. Pero de todos modos ellos hacían notar que iban a esas reuniones solo para cumplir con una obligación, y que si les hubieran dado a elegir, habrían preferido estar con la barra y salir con nosotros.

    Cuando llegó la década del 60s, años más o años menos, a todos nosotros nos llegó el momento del sorteo, para cumplir con el servicio-militar. Yo también tenía un amigo estudiante de bioquímica en la UBA, que era el hijo de un Almirante retirado de la Marina Argentina. cuyo padre, no había movido un solo dedo, para salvar a su hijo de la obligación de cumplir con el Servicio Militar.
    A mi amigo le había tocado, tierra, es decir: Ejército. Como era el hijo de un jefe de la Armada, a mi amigo lo habián destinado como “furriel” (Secretario, ayudante de cámara etc) de un General.
    Según nos contó nuestro amigo, el primer día que volvió del cuartel y paso por la mesa del bar donde celebrábamos nuestras reuniones cotidianas,una de las primeras cosas que le dijo el General cuando se presentó ante él, fué: ” Pibe, vos nó serás comunista, no”???Esto ocurrio a principios de los años sesenta, varios años antes de que el General Onganía provocara el Golpe de Estado de 1966.

    Indudablemente que nuestros Jefes Militares estaban obsesionaddos con el fantasma del comunismo. Erán, los tiempos de la Guerra Fría, la Escuelita de Panamá, cumplía con sus funciones de adoctrinamiento. Ya había ocurrido el desembarco en la Bahía de los Cochinos, y el Presidente John Fitzgerald Kennedy, todavía no había sido asesinado.

  • 30. roberto nadaud  |  25 noviembre 2018 en 12:48

    Marlaw: los matadores de del capitán Humberto Viola no fueron ‘fantasmas del comunismo’ : ver editorial La Nación del 29 julio 2016.

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