Inmigrantes 15

18 julio 2018 at 12:42

Había que inventar a la Argentina, e inventar al argentino, sobre la base de una población que modulaba sus propios idiomas y fragmentaba su memoria.

Ni una pedagogía de estatuas para forjar un pasado de bronce, ni una esforzada religión cívica basada en los cuarteles y escuelas, eran suficientes para crear al argentino. La idea de Nación, dice Devoto, se forja en la revolución francesa por un desplazamiento de la idea de territorialidad a la de una voluntad general. Del suelo al pueblo. En el sistema monárquico el soberano exigía la obediencia de sus súbditos pero no la unanimidad. El contrato social rousseuniano no admite distingos ni exclusiones, sino que impone homogeneidad y uniformidad ideológica.

Afirma Devoto que el estado antiguo no tenía voluntad de adoctrinamiento, ni de movilización e integración sobre la base de creencias compartidas. En relación a este último punto nos permitimos hacer la salvedad de las guerras de religión del siglo XVI y XVII que diezmaron la tercera parte de la población europea, la conquista de América que junto a la espada se erigió la cruz, todos acontecimientos previos a las ideas de tolerancia del empirismo inglés, y de la propuesta del Leviatán de Hobbes, monstruo laico que dicta la paz en base al temor a la muerte violenta.

Pero el hecho es que en nuestro país, la voluntad general no tenía asidero en un proyecto institucional consensuado ni en una Constitución fundacional. Ni siquiera en una lengua compartida. Por lo que el “idioma de los argentinos” fue un  problema a debatir, y por eso, por la misma índole temática, fue un espacio en el que participaron los mentados intelectuales.

Mientras Joaquín V. González sueña con una síntesis entre la cultura quechua y la latina, Ricardo Rojas nos habla de Euroindia, para definir con una palabra compuesta una realidad que se resiste a ser simple, Bartolomé Mitre escribe sus libros de historia para al menos inventarnos un pasado.

Sin embargo, en pleno auge positivista, dice Devoto, los libros de Mitre no pudieron ser usados con fines pedagógicos cuando lo que imperaba era una idea de progreso y futuro con poco tiempo para asentar las piedras basales de un pasado.

Los intelectuales llamados genéricamente positivistas no tenían interés ni eran capaces de producir la temática y el problema de la nación, ese conjunto de herramientas que sirviera como molde intelectual en el cual fundir a la Argentina.

Los inmigrantes enriquecidos fueron considerados el peor virus que amenazaba a la argentinidad por su carácter advenedizo. Es cierto que los inmigrantes de la clase obrera también eran acusados de “maximalistas” y se propuso aplicarles la ley de residencia como castigo a sus ideas y actos anarquistas o comunistas, con las que subvertían el orden social. La situación, como se habla hoy, lo “ameritaba”.

El gobierno radical padecía la crisis de aquellos tiempos. Devoto habla de una  depreciación del salario real que de 61 en 1915, pasa a 42 en 1918 (base 100 de 1929). En los años de la primera guerra mundial, la desocupación en nuestro país es entre un 12% y un 19% por las dificultades en el sector industrial. En el año 1914 se decretan sesenta y cuatro huelgas con 14.137 participantes, y en el año 1919, trescientos sesenta y siete huelgas con 308.967.

 

Judíos o rusos maximalistas o catalanes anarquistas, acusados de insumisión, fueron reprimidos y luego  domesticados como víctimas de la forzada nacionalización.

Había que combatir a la lengua  ítalo-criolla que si bien algunos románticos podían justificar con argumentos herderianos como una creación del pueblo, este pueblo en el caso argentino, era un pueblo importado.

Se imponía un retorno al castellano, y con él, una nueva ponderación de Castilla, y de la herencia hispánica, y para sellar esta vuelta atrás, una acción conjunta con la Iglesia católica, tan humillada por el laicismo positivista de los conservadores roquistas.

El discurso radical y de su líder, también proponían un acercamiento a la Iglesia católica, caracterizaban a la oligarquía como falaz y descreída, y reforzaba el llamado cuasireligioso con una apelación al pueblo para involucrarlo en lo que llamaban “la Causa”. Se instituye en Día de la Raza en el año 1915.

Manuel Gálvez pide una reconciliación con España, Ricardo Rojas embiste contra la enseñanza en las escuelas de las comunidades extranjeras, en especial las judías, sin olvidar a las italianas.

Judíos e italianos, a veces con violencia como en los pogroms, otras con el escarnio público por su mal gusto, por ser culpables de las suciedades y epidemias varias, eran señalados como elementos contaminantes del auténtico argentino españolizado o patricio. Sin embargo, a pesar de los intentos de purificación, se constituyeron en las dos fuentes por las cuales se pudo afirmar, como lo hace Devoto, que en la década del 30, nuestro país había finalizado su proceso de integración.

Para desdicha de la voluntad de los “nuevos reaccionarios” como los llama el historiador, y de los nacionalistas, somos judíos e italianos ya sea por la comida o por la  participación en la creación del teatro independiente y las cooperativas, o por haber inmortalizado a la Mama y a la Mame, junto al Nono y al Zeide, de tantas generaciones sobreprotegidas. En fin, la familia.

Sostengo, por mi parte, que los italianos si bien han dejado de ser italianos con el paso del tiempo, desparramaron su italianidad, y han italianizado a los habitantes portuarios y litoraleños de nuestro país, a su cultura urbana, con la salvedad de la inmaculada Córdoba y las regiones heredadas del Alto Perú.

La inoculación tana nos ha hecho vocingleros, glotones, sentimentales, hospitalarios. Este fenómeno es una muestra que el argentino ha sido una invención exitosa, sumada y combinada a otras invenciones de otros y nuevos argentinos.

¿Pruebas? Supongamos la existencia de una mujer argentina de ascendencia alemana, no sería más que una ítalo-alemana extraña para cualquier alemán de Alemania. Conservaría el sentido y el respeto del orden de sus padres, los imprescindibles rituales de cortesía, la disciplina y el ideal de perfección, pero  a la vez un ser vivaz, pícaro, amigota de sus amigas y amigos, sensual y cocinera, madre de todo terreno y sentimental. Un ser inhallable en Leipzig.

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