Inmigrantes 14

16 julio 2018 at 9:42 5 comentarios

A los inmigrantes la realidad se les viene difícil. Los socialistas querían que se reconocieran como proletarios antes que napolitanos, gallegos o argentinos, otros querían que renunciaran a su nacionalidad de origen para ser argentinos y los que en nada querían que se disfrazaran de criollos.

Ya vimos la reacción  de los denunciantes de la moda moreirista. Las clases laboriosas se convierten en clases peligrosas,  y se acusa a la nueva argentina de haber sido apresada en las garras del materialismo y del mercantilismo. Se pide por una eugenesia social, y se esmeran quienes ven la necesidad de inventar una tradición.

La participación política de los inmigrantes deviene un problema complejo y contradictorio por quienes los acusan de no incorporarse al sistema político y quedar segregados por elección propia, y quienes tratan de que no lo hagan para no alterar el equilibrio político.

Hay una tensión irresuelta entre las elites argentinas y las elites comunitarias.

Por eso Devoto dice que es difícil coincidir con la versión de Germani de un pluralismo cultural atenuado, no conflictivo. Hubo, afirma, dificultades para la construcción de una sociedad jerarquizada, de promover la disciplina social, de que se aceptaran valores comunitarios.

Concluye que la noción de crisol de razas no puede defenderse para este período y que el mejor modelo para la sociedad que se construía es el de la ensaladera.

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¿Por qué una sociedad no acepta la heterogeneidad de sus componentes y diagrama políticas cuya finalidad es la homogeneidad de sus partes? ¿A qué viene este afán por lo estriado propio de obsesivos e higienistas que todo lo calculan, y la insoportabilidad por el ser liso que puede flotar para cualquier lado?

Esta idea bipolar – la oposición entre liso y estriado – de la metapolítica deleuziana ilustra la tesis de Fernando Devoto sobre la dificultad en pensar la “hibridez” – calificativo de José Luis Romero – de la sociedad argentina, que junto al repetido eclecticismo adoptado y adaptado por el país para su rumbo histórico, le hacen difícil dejarse atrapar por una única identidad.

Pregunta Devoto: ¿Por qué partir de la homogeneidad como modelo? Se podría partir desde un punto de vista opuesto, y pensar que toda sociedad es básicamente heterogénea. El historiador encuentra que esta fantasma fóbico deriva de un excesivo miedo al caos con su correspondiente anomia.

En su libro “Nacionalismo, fascismo y tradicionalismo en la Argentina moderna” (2002), Devoto mide su distancia respecto de dos referentes clásicos de la historiografía y de la sociología argentina. Nos referimos a Gino Germani y a Tulio Halperín Donghi.

Respecto del primero, dice que le resulta difícil coincidir con su versión de un pluralismo cultural, atenuado y no conflictivo, en la construcción de la Argentina moderna.

Ni la idea de crisol de razas ni de fusión entre grupos sociales, inclinan a Devoto hacia una supuesta integración en desmedro de una dispersa pero insistente conflictividad.

Y en dirección contraria de Halperín, lejos está de depreciar la labor de los intelectuales en el país que se modela después del Centenario, y menos aún, de morigerar su participación en el ocaso del gobierno irigoyenista.

Es en esta época que se asienta la masiva inmigración iniciada a fines del siglo XIX, en la que quienes han decidido quedarse se quedan, y en la que los primeros hijos de aquellas oleadas, son argentinos por nacimiento y adopción.

Pero la tarea de crear una ciudadanía nacional no fue fácil. No se partía de un suelo original ni de una  base poblacional sobre la que se pudiera edificar una identidad. Todo era nuevo. Y liso, de acuerdo a la nomenclatura deleuziana para describir una variación continua como una curva que puntea su recorrido a medida que se prolonga. No había plan ni programa previo. Entre la república posible y la república verdadera, entre la imaginada por los padres fundadores, Alberdi y Sarmiento, y la que mediaba entre Roca y Irigoyen, las semejanzas eran mínimas.

Las planificaciones se elaboraban  después de la irrupción de los acontecimientos, con lo que había o con lo que quedaba, con lo que imponían las crisis externas o las divisiones internas,  con remaches, remiendos, y tajantes discontinuidades que anunciaban nuevas actas fundacionales.

La “república verdadera” era espasmódica. Todo proyecto le fue estrecho, la realidad  desbordaba y aniquilaba toda prevención.

 

Entre la aurora y el crepúsculo no transcurría ni media hora histórica. Los catorce años entre el primer gobierno elegido por la ley Sáenz Peña y su caída, se toman en cuenta como el fin de un proceso histórico. Y los dos años de Uriburu como el fin de otra etapa para dar inicio a una década descalificada como “infame” porque nuevamente intentaba conciliar el bienestar económico con la proscripción política y el fraude.

Aunque en realidad su “infamia” fue una atribución otorgada por el nacionalismo ante los pactos comerciarles con Gran Bretaña y las acusaciones de corrupción al gobierno  durante la entreguerra europea.

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5 comentarios

  • 1. rodolfo lópez  |  16 julio 2018 en 12:13

    En la ensaladera, debajo de rojos tomates y verdes pepinos que arriba relucen, el terroso gris de los árabes aportó lo suyo. Este comentario gris y desabrido pretende ser un homenaje políticamente incorrecto a esa verdura que hoy ni se menciona, por el hervidero palestino -cristiano, musulmán o judío- de sus países de origen, hoy casi sin fronteras, y de los palestinos que sufren un holocausto diario, 50 o 60 vidas fritas por día, en la ensaladera del medio Oriente que acaso debería revolverse mejor. Sin holocaustos. .

    “Invitación a la boda” Peli, origen del delirio.

  • 2. marlaw  |  16 julio 2018 en 12:15

    Creo que insertar personas de diferentes culturas en un país, no resulta una taréa sencilla. Mas bien se trata de una taréa improba que requiere un gran esfuerzo en común. No se trata de cruzar ganado de diferentes razas como lo pudo haber imaginado Alberdi. En muchos casos, los diferentes idiomas extranjeros, no signican solamente una lengua que no se alcanza a comprender, implican también una manera diferente de pensar, de ver la vida, de la escala de los valores y de las prioridades que cada quién posee, de costumbres muy arraigadas.

  • 3. marlaw  |  16 julio 2018 en 13:42

    Sugerencia: Para quienes se encuentren interesados en ampliar, el tema Inmigración, que está llevando adelante el Profesor Tomás Abraham, pueden bajar de la Web de manera gratuita, en lenguaje pdf el libro de historiador Fernando Devoto “La inmigración de ultramar”

  • 4. marlaw  |  17 julio 2018 en 22:28

    Voy a hacer un comentario, que puede llegar a ser antipático,desagradable o inclusive provocador, pero a mi Deluze como la gran mayoría de los pensadores Franceses, de la segunda mitad del Siglo veinte, me ponen los pelos de punta, porque escriben y piensan de un modo tal, como sí la lengua francesa, careciera de los recursos de un lenguaje rico y extenso, y esta se tratara de una lengua comprimida, con palabras que pueden llegar a contener hasta mas de 20 significados diferentes, como ocurre con el Inglés. Quizás cuando un leguaje no nos provee de las de las herramientas necesarias, para poder expresar lo que pensamos de manera “stricto sensu”, esa imposibilidad justificaría la necesidad de tener que recurrir a metáforas, la mas de las veces de carácter estrafalario, o extravagantes, como en el caso de liso y estriado. Quizás alguién me podría llegar a decir, que quizás Deleuze tuvo un pariente muy allegado, que ejercía el oficio de: “armero” no lo se, pero lo cierto del caso, es que “liso y estriado” son dos palabras que se relacionan con los cañones que poseen las armas de fuego. en especial las de empuñadura.
    El cañón de un arma de fuego, o sea el tubo de acero, por donde sale el proyectíl, puede ser liso o estriado, la mayoría de las armas que se contruyen para tener una mayor precisión de tiro como el caso de los rifles, fusíles, y carabinas, pero inclusive los revólveres de calidad, y las pistolas automáticas, todas ellas poseen cañones estriados. Cañones lisos solo posen las escopetas de caza, que en lugar de disparar un proyectil, estas detonán en su interior, un cartucho, cargado de perdigones, y sirven para disparar al bulto, y algunas pistolas ametralladoras, para utilizar a corta distancia, que no requieren de una gran precisión de tiro. El resto de las armas de fuego, amén de las muy antiguas, poseen cañones estriados.

    Ahóra bien. La estría del cañón de un arma, se trata de una suerte de tallado en el interior del tubo de acero, con forma de espiral o espiralada. Esta espiral provoca, que el proyectil al salir disparado, este salga rotando sobre su propio eje a una gran velocidad, lo que le confiere la posibilidad de mantener con mayor precisión su dirección. Además se debe tener en cuenta que él proyectil de plomo, por ejemplo, el de una carabina calibre 22, alcanza una velocidad de 1500 metros por segundo, y en el caso de un fúsil mauser calibre 765, con munición blindada, su velocidad ronda los 2700 metros por segundo. Ahóra sí alguién consigue explicarme, que tiene que ver todo esto, con la política, o la metapolítica, yo le estaré, eternamente agradecido.

  • 5. marlaw  |  18 julio 2018 en 1:31

    Ahora también recuerdo que en Biología también aparecen músculos lisos, y músculoa estriados, pero de todos modos, todo aparece como traído de los cabellos


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