Inmigrantes 12

12 julio 2018 at 10:53

Devoto discutirá la tesis clásica del sociólogo Gino Germani sobre la formación de la nación argentina en la modernidad como un crisol de razas, debido a una política de integración que a pesar de algunos conflictos inevitables fue pacífica y exitosa.

Para el historiador, esta integración no fue sencilla ni espontánea, por el contrario, debió superar múltiples obstáculos y enconadas resistencias.

Entre 1861 y 1920, el 47% de los italianos regresó a su país; y el 40% de los españoles tampoco se arraigó en el nuestro. Y se tomamos el período que comienza una vez constituido el Estado nacional, entre 1881 y 1910, el 36% regresó a su tierra natal.

Entre los inmigrantes los varones hasta triplicaban el número de mujeres. Esto permitía que las mujeres tuvieran más posibilidades de encontrar un marido entre los de su propia comunidad que los varones que debían elegir entre las criollas.

Entre 1880 y 1891, el estado argentino  se hizo cargo de doscientos mil pasajes subsidiados, sesenta mil para italianos, cuarenta y cinco mil para españoles, doce mil para franceses y belgas, siete mil para británicos.

De acuerdo al censo de 1895 de la población rosarina, el 46% eran extranjeros, y el 75% de la población masculina. En la ciudad de Buenos Aires, el censo de 1869 contaba un 49,6% de extranjeros, y el de 1895, un 52% de la población total. En este último año, el censo muestra que de cada mil habitantes extranjeros, seiscientos diez son italianos, ciento setenta y cuatro españoles, y noventa y nueve franceses.

Muy distinta es la situación en Córdoba en donde el porcentaje de extranjeros es del 10% en 1895, y en Mendoza el 13, 6%.

En un censo de la ciudad de Buenos Aires de 1887, el 90% de las industrias está en manos de inmigrantes europeos, con un 57% de italianos de la cifra total. En los comercios de la ciudad, los patrones inmigrantes empleaban al 75% del total, distribuido entre un 39% de italianos y un 22% de españoles.

Para el mismo recuento, de los trabajadores empleados, 25% eran italianos, 19% españoles, y 15% argentinos.

Entre 1895 y 1914, la población se duplicó en esos diecinueve años, para llegar a 7.900.000 habitantes. En el año 1914, se acentuó la tendencia de 1895. El 76% de los inmigrantes eran los propietarios de las industrias sin tomar en cuenta a sus hijos primera generación argentina; el 81% de los comerciantes; el 58% de los trabajadores; el 68% de los artesanos que en el caso de los albañiles, carpinteros y sastres llegó al 80%; el 25% de los médicos; el 29% de los maestros; el 28% de los ingenieros y el 61% de los arquitectos (que para Devoto es una denominación equívoca para la época).

No acontecía lo mismo en las zonas rurales. En ella los argentinos conservaban la preeminencia de la propiedad de la tierra. El 77,8% de las estancias era de argentinos como el 59,4% de las chacras. Sólo los italianos tenían una presencia de importancia entre los chacareros, un 21%.

Esto en cuanto a la propiedad, en cuando al arrendamiento, la situación varía ya que en la pampa gringa el 34% de los arrendatarios son italianos.

Estos datos ilustran la mutación que no deja resquicios en la sociedad argentina. Es una  revolución política, económica, y cultural. Nada permanece como antes. La vida cotidiana, esa vida que marca la existencia en el cuerpo mismo de los individuos, el idioma, la comida, la vecindad, los espacios de circulación, el sonido mismo y el paisaje de la ciudad portuaria y las del litoral, no son reconocibles para los hombres y mujeres de la generación del 80.

La república posible de Alberdi está desfigurada. Aquel orden tan bien concebido, armónico, con una economía floreciente por las inversiones extranjeras, una multitud de trabajadores disciplinados con ansias de progreso, el crédito internacional para financiar las obras necesarias para la infraestructura, una elite política cohesionada alrededor de un proyecto común, esta especie de prototipo nacional para ser lanzado al mundo moderno, se presenta desestructurado, imprevisible, rengo, excesivo y carente a la vez.

Así es la república verdadera, por un lado presenta un boom sensacional en el orden productivo. Las áreas sembradas de trigo se multiplican por ocho entre 1872 y 1888; en diez años, de 1880 y 1890, la red ferroviaria pasa de 2000 km a 9000km;  a  pesar de que 57% de la población total es urbana, la inmigración rural aumentó de 2.240.000 a 3.360.000 habitantes.

La Argentina explotó, pero lo hizo por todas partes. La marea civil se hizo incontenible. La revolución del Parque de 1890 fue un aviso. ¿Cómo congeniar en la práctica la idea alberdiana de libertad económica y restricción política?

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