Inmigrantes (9)

30 junio 2018 at 8:43 5 comentarios

La crítica que hemos denominado como específica que hace Halperín en este memorable texto, tiene que ver con los intelectuales. Los desprecia. Los llama “gente letrada”. Alberdi, a pesar de su espíritu práctico, no deja de ser para el historiador un hombre de la generación del 37. Es decir, la de formar parte de una elite que cree que con un modelo importado de otras culturas supuestamente avanzadas, cree que puede moldear un pueblo inculto y adaptarlo a sus sueños de justicia y libertad. Un idealismo retórico ajeno y alejado de la vida concreta de los hombres y de los poderes reales.

Platón en Siracusa pudo apreciar en lo que podía convertirse su “república posible” que encarnaba las Ideas, una vez en funcionamiento en la “república verdadera” de Dión.

Para Halperín estos personajes impregnados de los valores del iluminismo o del romanticismo, viven en una permanente autoadulación y autoengaño que les sirve para reinar en el mundo de las ideas, y creer que disfrutan de una vida independiente de las clases propietarias y de los sectores populares.

Esta superioridad de los letrados, supuestamente derivados de la apertura a las novedades ideológicas, “es un legado de la etapa más arcaica del pasado hispoamericano: se nutre del desprecio premoderno de la España conquistadora por el trabajo productivo” (pag 45).

Por lo que el ideólogo renovador no es sino el heredero del letrado colonial.

Cuando Alberdi sostiene que una república de abogados que escriben como él, configura un país de inútiles, no hace más, según Halperín, que odiarse a sí mismo.

En realidad, desde nuestro punto de vista, más que odio no parece ser más que una inofensiva coquetería.

Pero esta advertencia que hace Halperín respecto de la gente letrada que en el siglo XIX fue protagonista de la vida política, se convierte en acentuado desprecio medio siglo más tarde en plena vigencia de la república verdadera, en la que hombres como Lugones, Galvez, Ricardo Rojas, hasta Martinez Estrada, entre otros, participan de la vida política de un modo profético, alucinado, patético.

Cuando habla de estos intelectuales, el historiador dice: “es la lealtad a ese imperativo moral, que define sobre todo a los intelectuales, más que las destrezas y los talentos que han atraído sobre cada uno de ellos la atención colectiva (…) el intelectual resiste mal a la tentación de interpretar su compromiso con la verdad como un compromiso con la novedad. Esta tentación se torna tanto más fuerte porque la ambición de orientar a la opinión no sólo anida en los intelectuales como grupo, ella es también implícitamente esgrimida por cada uno de los integrantes de ese grupo frente a los cofrades que son a la vez rivales…”

Estos aspirantes a guías que no poseen más que una “erudición aproximativa”, no son más que, refuerza Halperín, hidalgos de provincia que ostentan el “otium cum dignitate” para ocultar su vocación “empleomaníaca”, como Manuel Gálvez, inspector de escuelas, o Martinez Estrada, empleado del Correo.

Estos “magíster argentinae” como Paul Groussac, o esgrimidores de un “style d´artiste” al modo de José Ingenieros, que en “El hombre mediocre”, roza, de acuerdo a nuestro historiador, la “autocaricatura”, configuran al intelectual clásico y típico de nuestra argentinidad.

Frente a ellos, suponemos, los historiadores, que no serían intelectuales para Halperín, cumplen un rol más real, auténtico, en cuanto cientistas sociales, o algo parecido, que no ahorran las referencias al pié de las páginas, para mostrar su sistema de verificabilidad pública ante lectores y colegas.

Tampoco pretenden ocupar el lugar del moralista universal que desde Émile Zola hasta Sartre, se ofrecía como pastor y predicador de ideas, sino abocarse a lo que Michel Foucault llamó “intelectual específico”, del que tanto como el filósofo francés como el historiador argentino, son ejemplos harto discutibles.

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5 comentarios Add your own

  • 1. marlaw  |  30 junio 2018 en 16:01

    ¡ Ce Fini !

  • 2. marlaw  |  30 junio 2018 en 16:53

    Personaje interesante Alfred Jarry.

  • 3. rodolfo lópez  |  1 julio 2018 en 14:12

    Lo vi anunciado en La Nación del viernes, no sé si se habrá efectuado ayer en el CCK “La Noche de la Filosofía”, esta vez relacionada con el fútbol, de la que nuestro anfitrión sería figura relevante. Desde aquí hago un modesto aporte si los neófitos también podemos opinar (mente argentina extraviada retorcida):
    1) Primer partido a solas, grité el gol finlandés, hinché por ellos.
    2) con amigos, no pude gritar los goles de Croacia, interiormente me alegró la derrota argentina.
    3) otra vez a solas, vi mejor a los de Messi, humildes, luchando con sus limitaciones pero dando todo, grité el gol de Rojo y me alegré de la agónica victoria, (mi entusiasmo inesperado me asombró).
    4) ya en octavos, durante la semana creció mi ansiedad por el partido, aunque no sabía por quién hincharía finalmente, si por Francia o por Argentina (eso lo sé recién en la cancha).
    5) con amigos y sin fingir hinché por argentina hasta el final, ganado y perdiendo, gritando desaforado nuestros goles, y creo que Sampaoli perdió el partido con el cambio del segundo tiempo, sacando a Rojo y poniendo a uno que sólo aportó inseguridad; derrota digna me dije, fin de ciclo.
    6) me parecieron sinceras las palabras de Masccherano en su despedida, ¿los héroes vencidos vuelven a ser humanos?.

  • 4. marlaw  |  2 julio 2018 en 20:18

    Con respecto a la Selección Nacional, para comprender lo sucedido, hecho que a mi juicio excede a los propios actores, habría que volver a leer una nota sobre fútbol que Tomás escribió tiempo atrás, y cuyo título ahóra no puedo llegar a recordar. Asimismo y en su defecto, también se podría leer la obra de Jacinto Benavente: “Los Intereses creados”

    Sí mal no recuerdo creo que en esa nota Tomás afirmaba, que a la Selección de Fútbol, la armaban los sponsors, que son los que la ponen.

  • 5. marlaw  |  4 julio 2018 en 18:41

    Volviendo una vez mas al fútbol. y espero que sea la última por mi parte, buscando en la Web otra cosa, que no era fútbol, me topé con la posibilidad de ver el Partido de Colombía Vs. Inglaterra, mas toda la ceremonia de iniciación del partido. Se nota que los Rusos han trabajado muy duro para llevar adelante este Mundíal de Fútbol, que ha habido mucha organización, y que nada ha quedado librado al azar en cuanto al espectáculo. El partido lo vi trasmitido en ruso, pero como se veía muy bién, el idioma del relator me resulto indiferente. Con respecto al Partido, desde mi punto de vista, lo que podría decir es que Colombia resultó justamente eliminada. Que Falcao continúa siendo el mismo sucio rufián, que era cuando jugaba en River.Que el equipo Colombiano se dispuso a empiojar el partido desde el comienzo de este, agotando todo un repertorio de sucias artimañas, que un momento desconcertó al árbitro estadounidense, educado este, en el fair-play anglo-sajón. Ló único que les faltó a los Colombianos, fue que Madero lo proveyera de agujas o alfileres, para pichar a sus rivales.
    Lo lamento por nuestro afligido compatriota Pekerman, pero Inglaterra fue un justo ganador.

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