Inmigrantes (4)

20 junio 2018 at 12:26 2 comentarios

Alberdi desconfiaba de la cultura. Para él la instrucción podía ser inútil si no estaba al servicio de la industria. Era utilitarista doscientos por ciento. Claro, un utilitarista enciclopedista, ilustrado, culto, gran escritor, y, lamentablemente,  abogado.

Dice en el capítulo XXXII de las Bases: “Quiero suponer que si la República Argentina se compusiese de hombres como yo, es decir de ochocientos mil abogados, que saben hacer libros, ésa sería tener la peor población que pudiera tener”.

Lamenta que un hombre inteligente como Rivadavia prefiera las ciencias morales y filosóficas a la ciencias prácticas y de aplicación. Al primer establecimiento lo llamó Colegio de Ciencias Morales, habría sido mejor, dice, llamarlo Colegio de Ciencias Exactas y de Artes Aplicadas a la Industria.

Reconoce que la moral no debe ser olvidada, pero, como buen empirista, sostiene que se llega a ella más rápido por el camino de los hábitos laboriosos y productivos.

Dice que el país necesita más ingenieros, geólogos y naturalistas, que abogados y teólogos.

Ciento y ochenta años después del diagnóstico alberdiano, el último censo de la Universidad de Buenos Aires, en el 2011, sobre 262.000 estudiantes, “arroja” las siguientes cifras:

Estudiantes de las clásicas Humanidades, o Ciencias Morales, como decía Alberdi, en nuestro caso, facultades de Psicología, Ciencias Sociales Derecho y Filosofía y Letras: 76.000. Treinta por ciento del total.

Las por él nombradas Ciencias Exactas y de Artes Aplicadas a la Industria, en nuestros tiempos, facultades de Ingeniería, Ciencias Exactas y Agronomía: 19.000. Siete y medio por ciento del total.

Para completar los datos, agregamos las facultades de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, y las de Ciencias Económicas, entre las dos, 60.000 estudiantes, en una ciudad como las de Buenos Aires que tiene la misma población y perímetro que hace ochenta años, y una economía que se ha destruido metódicamente en el mismo lapso de tiempo.

No sólo esto, vale la pena rescatar la insistencia y hasta la obsesión por defender este modelo que al menos, parece ser, nos salva de una visión profesional y mercantilista de los estudios superiores.

Alberdi es hijo de su época, después de afirmar que la industria es un gran medio de moralización, no incluye en este espacio de laboriosidad a la mujer, ya que, dice: “necesitamos señoras y no artistas”, como lo es , señala, Lola Montes.

Tenemos el consuelo que entre las decenas de miles de estudiantes dedicados a estudios culturales, aquellos que se dedican a cuestiones de género, darán cuenta de esta última barbaridad.

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Entrevista La Nación Inmigrantes (5)

2 comentarios

  • 1. Sergio Rossi  |  20 junio 2018 a las 13:53

    Un grande Alberdi. Comparto en que hay algo en el trabajo manual, en lo “industrial” que acerca al espíritu, a lo moral y ético, de una manera más efectiva que el trabajo intelectual. No termino de ver cómo funciona eso, pero me parece que hay cierto contacto con “lo real” que tiene el tratar y modificar objetos, que le da una cierta ventaja, en cuanto a la comprensión del mundo, sobre el que solo manipula pensamientos.
    Aunque Kant no lo hizo tan mal después de todo, y nunca salió de su pueblo 🙂

  • 2. marlaw  |  20 junio 2018 a las 15:40

    Yo no creo que J.B. Alberdi exactamente desconfiara de la cultura. Este impresionado por los alzamientos sociales ocurridos en Europa a partir de 1848, a lo que este en realidad temía, era mas bien, a las consecuencias, políticas y sociales que podían llegar a despertar, la alfabetización del proletariado, y en este sentido, discrepaba abiertamente con Sarmiento, en la necesidad de ilustrar al Soberano.


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