Inmigrantes (2)

15 junio 2018 at 15:05 4 comentarios

Nuestro país es un caso excepcional para quienes se interesan en estudios biopolíticos. Su historia es una clara exposición de las contradicciones, de las idas y venidas, de las iniciativas y reacciones, de los estímulos y de los temores, ante el fenómeno inmigratorio.

También muestra que las clases dominantes no constituían un cuerpo homogéneo, un frente sin fisuras, sino una trama destejida que se emparchaba cómo podía después de cada crisis.

En el lapso de cuarenta años el país se desconoce a sí mismo por haberse lanzado a una aventura que desdice a sus pioneros, que descubre las consecuencias imprevistas de iniciativas cuyos resultados no eran los esperados, y que intenta ordenar el caos con medidas  e ideas determinadas por urgencias reales que no le dan más tiempo que el de las improvisaciones.

Uno de los frutos de esta nueva Argentina, es el nacimiento de la clase media. Pero no lo hace a partir de un modelo dulce como el del crisol de razas, o el de hacerse la América de migrantes con hambre.

Se trata de un proceso mucho más conflictivo en el que los recién llegados con frecuencia no tardaban en irse y en el que resistían a perder sus identidades y su memoria ancestral.

En nuestro país, la organización de la vida de las poblaciones es un hecho indisociable de la conquista, de la colonia, y de la formación del estado nacional.

¿Por dónde comenzar esta historia? La guerra contra los pueblos originarios, su sometimiento y servidumbre, la dispersión de sus tribus, las campañas del desierto, conforman una etapa biopolítica; la organización del estado nacional luego de décadas de guerra civil entre caudillos provinciales, ya fueran entre quienes se apropiaban de las aduanas del puerto de Buenos Aires, los del Litoral, y quienes comandaban tropa en el interior del país, da por término a la Argentina rural en la que el gaucho y el hombre de campo son sus principales protagonistas.

Pero la verdadera revolución biopolítica sin antecedentes en el mundo por las dimensiones que adquirió en nuestro país, se inicia en los comienzos de la década del setenta del siglo XIX, y culmina su expansión demográfica en la segunda década del siglo XX. Y tiene un actor principal: el inmigrante.

Si Foucault hubiera tenido alguna información sobre la historia de nuestro país, habría encontrado en él al pensador de la biopolítica de una importancia no menor de quien lo inspiró para sus estudios sobre la disciplina y la anátomo-política de los cuerpos.

Pero así como le resultó más a mano disponer de las fuentes vecinas a su campo de investigación sobre los dispositivos disciplinarios en el Panóptico de Jeremías Bentham, y al no incursionar en los fenómenos políticos allende los mares en territorios en que imperaban los imperios coloniales de Francia e Inglaterra, poco podía saber de la talla de un pensador como Juan Bautista Alberdi.

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Entry filed under: General.

DEMOCRACIA INVITACIÓN

4 comentarios

  • 1. marlaw  |  18 junio 2018 en 10:22

    Inmigrantes:
    Ayer Domingo, cerca del mediodía, en una esquina solitaria, del lugar en que habito, a causa del Mundial de Fútbol, de manera casi imprevista, porque venía sumido en mis cavilaciones cotidianas, reparé, que un señor de aspecto oriental, y de edad indefinida, se hallaba junto a mí. Al parecer, los dos estábamos detenidos, en la misma esquina, aguardando que la ristra de automovilistas, que transitan en fila india por las inmediaciones del pueblo, y que no le conceden la prioridad de paso en las esquinas a los peatones, así se trate de su propia madre, terminara de pasar. En ese instante, este me mira a los ojos, y a modo de saludo, me dice, con una sonrisa en su rostro: “Feliz Día” .Como yo no soy muy fisonomista, que digamos, y tampoco muy ducho en cuestiones orientales, de tal modo que no suelo distinguir, a un Japonés, de un Chino, o un Coreano, mientras le agradecía y le retribuía el saludo, imaginando que este se debería: al Día del Padre, no tuve mas remedio, que preguntarle acerca de su nacionalidad, -para tratar de no meter la pata-. Cuando me dijo que era Japonés, me tranquilice, porque a lo largo de mi vida, yo tuve, desde mi infancia, varios amigos japoneses, algunos de ellos muy entrañables. Comenzamos a hablar, y de movida, este trató de adjudicarme la edad. Casi a boca de jarro me espetó: 85, yo creo que lo decepcioné, cuando le respondí que eran solo: 75. Continuamos charlando, me contó que era ingeniero, que había llegado a la Argentina, en el año: 1958, que su destino era la Provincia de Tucumán, que había venido por trés años, pero que luego, continuó renovando y renovando, su estadía en el país, y que aquí estaba todavía. A su vez yo le comenté, que en la misma cuadra donde se encuentra la casa donde vivo, también vivía una familia japonesa de apellido: Kurokawa. Este me respondió que los había conocido, porque el casualmente el señor Kurokawa, era oriundo de su mismo pueblo; entonces nos extendimos, un poco hablando sobre los dos hijos del señor Kurokawa: Hector y Amelia, que también fueron amigos míos.Yo a su vez le conté que cuando era jovén, solía deternerme a hablar mucho con el señor Kurokawa, cuando nos encontrábamos en la vereda. Como ya dije alguna vez siempre me interesó hablar con las personas mayores, en mi juventud. Este en una oportunidad, también me había contado, que había llegado a la Argentina en 1930, huyendo del régimen militar, que ya se había instalado en Japón, en esa época, antes de la Segunda Guerra Mundial. Además, quizás debido a algúna imagen vista con anterioridad, tambien me llegó a contar, que desde su lugar en Japón, este imaginaba a la Argentina como a una idílica llanura desértica, poblada de Ombúes.
    Cuando repentinamente apareció la esposa del ingeniero japonés, nos dimos un apretón de manos, y ellos se fuerón juntos caminando a prisa, por la acera soleada, del día Domingo.

  • 2. rodolfo lópez  |  18 junio 2018 en 15:25

    Lindo comentario Marlaw!. Fresquito, amable y entretenido, gracias me alegró en mi opaca mañana. Saludos

  • 3. marlaw  |  20 junio 2018 en 1:10

    Gracias por su comentario Rodolfo.

  • 4. marlaw  |  20 junio 2018 en 1:14

    “La inteligencia y fidelidad en el ejercicio de todo poder depende de la calidad de las personas elegidas para su depósito; y la calidad de los elegidos tiene estrecha dependencia de la calidad de los electores…Elegir es discernir y deliberar.La ignoracia no discierne, busca un tribuno y toma un tirano.La miseria no delibera, se vende. Alejar el sufragio de manos de la ignoracia y de la indigencia es asegurar la pureza y acierto de su ejercicio”.-
    “Repito que estoy libre del fanatismo inexperto, cuando no hipócrita, que pide libertades a manos llenas para pueblos que solo saben emplearlas en crear tiranos. Pero deseo abundantísimas las libertades civiles o económicas de adquirir, enajenar, trabajar, navegar comerciar,transitar y ejercer toda industria,porque veo en todo pueblo la aptitud conveniente para practicarlas.Son practicables, porque son accesibles al extranjero que trae su inteligencia; y son mas fecundas, porque son las llamadas a poblar, enriquecer y civilizar a estos paises”.-

    Citas de Juan Bautista Alberdi, por Natalio Botana: “El Orden Conservador”, Ed. Sudamericana pag. 52.-


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