El gaucho (20)

16 abril 2018 at 9:12 16 comentarios

En el año 1879 comienza a publicarse en la forma de folletín el “Juan Moreira”. Se trata de un personaje real cuya fecha de nacimiento es incierta. Es un héroe de leyenda, que tanto se lo describe bajo la rúbrica de un gaucho asesino, como guardaespaldas de la policía, y matón al servicio de diferentes caudillos de la política porteña. Su esposa es Vicenta Andrea Santillán, y es padre de tres hijos.

La historia es la de siempre. Un hombre de campo que trabaja de tanto en tanto, que vive con su familia en un humilde rancho, sin otra ambición que cuidar de los suyos, poseer lo necesario, disfrutar de la libertad y del infinito que lo rodea, cabalgar al amanecer apenas asomaba el sol – ese poncho de los pobres – y ambular por las pulperías en los que bebe su caña con limonada, juega a la taba y a los naipes, compite con algún parejero en una jineteada, templa su guitarra mientras entona unos `tristes’, y duerme la siesta bajo la sombra de un árbol después de comer su asado.

Hasta que un juez de paz o un comisario le echa el ojo a su moza y trata de alejar al marido con cualquier excusa. Moreira quiere que le paguen un dinero que legítimamente le deben, y ante el desconocimiento de la deuda, protesta por la falta de pago;  la autoridad aprovecha el reclamo para inventar una desobediencia a la ley, lo detiene por desacato, lo ponen en el cepo, y, finalmente, lo conchaban en el ejército para pelear al indio allá lejos en un fuerte de la frontera.

Así comienza la tragedia de Moreira que verá, como Fierro, a su rancho abandonado, a su mujer humillada y sometida por sus verdugos y a sus hijos incautados. Le dicen a Vicenta que Moreira está muerto, y así desaparece de la faz de la tierra, hasta que harto de callarse la boca, padecer el maltrato de un ejército que le rehúye la paga que le debe, decide desertar, volver a su rancho en busca de los suyos, y vengarse de aquellos que destrozaron su hogar.

La epopeya de Moreira es una cadena de enfrentamientos y muertes en la vida de un fugitivo, “una especie de judío errante que combatía eternamente disputando a la justicia su cabeza”, escribe Gutiérrez.

Moreira inicia así su vía dolorosa desde el momento en que se `desgració’, el modo en que confesaban el haber matado. La desgracia no era ajena, ya que la muerte era la única verdad de la vida, sino propia, por tener que huir sin tregua.

Agrega nuestro autor: “Moreira era como la generalidad de nuestros gauchos; dotado de un alma fuerte y un corazón generoso (…) podría haber sido glorificado por su sacrificio a la patria”.

No tenía alternativas. O era carne de cañón o debía rebelarse matando; se le cerraban todos los caminos de la honra y del trabajo, “porque llevaba sobre su frente esta terrible anatema: hijo del país”.

Gutiérrez dice que Moreira amaba a Vicenta como ama el gaucho en su inocencia primitiva: sin hablarle una palabra, revelándole el amor con la mirada.

Moreira era bello, su belleza varonil cautivaba desde el primer momento. Julián era su gran amigo, como Cruz de Fierro, y así como algunos intérpretes del poema de Hernández hablaban de una relación “extraña” entre ellos dos, leemos en el relato de Gutiérrez: “Julián y Moreira se abrazaron estrechamente, una lágrima se vio titilar en sus entornados párpados, y se besaron en la boca como dos amantes, sellando con aquel beso apasionado la amistad leal y sincera que se habían profesado desde pequeños”.

Subraya además: “Y el gaucho es así: toma cariño a una persona siguiendo un impulso del corazón, porque la ha gustado la pinta o porque lo ha cautivado alguna acción. Cuando se entrega al cariño de una persona, lo hace con la misma vehemencia que ama, que odia, que juega o que bebe”.

Estos besos de boca entre hombres guerreros no significan más que eso, un amor pasional entre quienes están soldados por una amistad indestructible. Los rusos se besan a lo bestia sin por eso estar atraídos sexualmente.

Lo decimos para reconsiderar aquellas reflexiones de Martinez Estrada, de Christian Ferrer, y las dolidas ofensas padecidas por Fermín Chávez.

Gutiérrez habló una sola vez con Moreira. Para completar la información, se documenta con agentes policiales y testigos de la vida del malevo. Del mismo modo lo había hecho cuando recogía testimonios de las andanzas del Chacho, se nutre de fuentes directas y de observaciones y comentarios mediatizados por terceros. Lo demás lo enriquece con su imaginación y su acelerada pluma.

Ya hablamos del fenómeno moreirista que puso de moda en los comienzos del siglo pasado al gaucho en su vertiente criollista. Este período analizado por Adolfo Prieto, fundamenta una buena parte de sus dastos no sólo en el profesor alemán Lehman Nitsche, sino en el archivo de Ernesto Quesada.

Quesada es otro erudito sólo conocido por especialistas, un hombre de la generación del 80, que escribió de todo y en cantidades pantagruélicas. No sólo eso, educado en Alemania, una vez en nuestro país, reunió una documentación que catalogó en una biblioteca de ochenta mil volúmenes.

A fines de la década del veinte, sintiéndose aislado, con una tardía cátedra en la facultad de derecho, una vez enviudado, se caso con una suiza y vive en aquel  país los últimos años de su vida. Muere a mediados de la década del treinta, no sin antes intentar entregar su inmenso archivo a alguna institución de nuestro país, sin conseguir suscitar interés alguno.

Por lo que decidió donarlo a Alemania, que hizo posible sentar las bases del Instituto Iberoamericano de Berlín, una institución de consulta para todos aquellos que investigan la historia de nuestro país y de Latinoamérica.

Volvamos al moreirismo que de acuerdo a Prieto fue la última etapa del criollismo. Después de este último arrebato por la épica gauchesca convertida en moda y nostalgia de peñas, aparentemente, el silencio.

Décadas más tarde, Adolfo Bioy Casares en “Memoria sobre la Pampa y los gauchos” (1986), nota que para su sorpresa, “me parece ver más gauchos que antes”. Pero advierte que estos gauchos se visten con el sastre de Rodolfo Valentino. Esta reminiscencia paródica la explica por un fenómeno de concomitancia en las décadas del cuarenta y cincuenta del siglo pasado, en el que al auge del deporte se le adosa el del folklore.

Hay varias cosas que le merecen desprecio a Bioy amén del futbol y de los ponchos de poliéster, y es la inmigración que tras haber multiplicado en forma desmedida la población “la cara atroz del siglo XX invistió el hermoso progreso del siglo XIX”.

Con una imagen que poco tiene que ver con la Pampa, que por lo general es silenciosa y despoblada, se le ocurre que quien quiera viajar a Europa por barco – costumbre de otra época que no sabemos si en su caso la mantenía – “las travesías por mar se abrirán paso entre una abigarrada aglomeración de barcos, de balsas, de boyas, con altavoces y cartelones, que parecerá una evocación de pesadilla de los peores domingos del Delta”

También desprecia al partido de Tigre invadido por turistas y nuevos paseantes. Lo que nos pinta se parece más a un cuadro de Quinquela Martín de la vida del Riachuelo a principios del siglo pasado que a una molestia contemporánea de un escritor tan fino y sutil en sus diarios personales y en su inmenso libro sobre sus recuerdos de Borges.

Pero vuelve a tierra seca y nos da una serie de detalles sobre lo que denomina la `idiosincracia del gaucho´: dice menos de lo que es; resta importancia a dificultades e infortunios; su descreimiento no es terco; su ironía es respetuosa; el vocabulario preciso tiene un dejo arcaico; es suave en el modo; su tranquila resignación no conoce el abatimiento; y posee una distinción personal que ninguna circunstancia perturba.

Pero entre la moda moreirista y la denuncia de Bioy, se intercala la película de Leonardo Favio, su “Juan Moreira”, de 1973. La producción es de Pepe Parada, aquel dueño de Fechoría adonde iban a comer las estrellas de la farándula, el libro es del hermano de Favio, Zuhair Jury, la fotografía es de Juan Carlos Desanzo, y la música, la tan importante música de sus películas, de Pocho Leyes y Luis María Serra.

Rodolfo Bebán – el actor que encarna a Moreira – era el Alain Delon de nuestra pantalla. Toda la película es casi un primer plano de su cara. Sus manos finas, quizá demasiado para quien trabaja la tierra y maneja el lazo. Pero, además, Moreira es Cristo. Más de una vez abre sus brazos con su cuerpo ensangrentado en la estampa del mártir de los mártires mientras los violines de la sinfónica y los coros angelicales acompañan para envidia del mismísimo Bach.

Los setenta son tiempos de revolución, el Moreira de Favio está “harto de arriar ganado ajeno” y se rebela de “ser testigo de tanta hambruna y pobreza”.

La película está montada como una serie de estampas que para quien no ha leído el libro de Gutiérrez o ignora la historia, no hila una historia, pero le queda cautivarse con la música y con Bebán.

Este Moreira también tiene sus amigos. Junto a Bebán, el trío lo componen Edgardo Suárez y Jorge Villalba, que hace de su entrañable Julián. No puede haber trío mas macho que la del locutor de “Modart en la Noche” y el actor de “Historias para ser contadas” de Dragún, que vi cinco veces en los sesenta tal era el carisma del joven Norman Briski.

Aparece una bruja, se llama Alba Mujica, habla de un modo extraño, como lo hacen las hechiceras. Vestida de negro, su cara blanca y huesuda, ojos llameantes, dice: “todo es una noche infinita en el gran todo, ni sol, ni luz, tan sólo una ilusión (minuto 53). Siempre es de noche m`hijo, tan sólo el chispazo de un chisquero es ése sol al que te querés aferrar”.

Ella es la Muerte con la que Moreira juega al truco como en “El séptimo sello” de Bergman el protagonista y la muerte están frente a un tablero de ajedrez.

La muerte de Moreira ejecutada por el policía Chirino, condensa toda la emoción desplegada en la película. La música y los coros celestiales vuelcan todo su volumen;  los brazos en cruz de Bebán  y su cabeza inclinada y ensangrentada como en la Pasión llenan la pantalla, su cuerpo cae y en una última toma se levanta vacilante con su facón y su poncho y se planta para la lucha. Resucita.

Se congela el gesto y se prenden las luces de la sala.

Indudablemente Favio emociona. Es como entrar a la Iglesia de la Guadalupe frente a Plaza Salguero mientras el coro y el órgano llenan el atrio con su música. Hasta el nihilista más amargo siente temblar su alma, la que le vuelve desde el Averno.

Esta combinación de Cristo Rey Martir y Pueblo es el peronismo de Favio. Bastante distante del Cristo de Passolini en “El evangelio según San Mateo”, protagonizado por el actor español Enrique Irazoqui, con su aspecto de intelectual calvinista, y de aquella otra película del escéptico Torre Nilsson, su “Martín Fierro”, en el que Alfredo Alcón debe toparse nada menos que con el Pato Carret en un fortín de frontera.

 

 

 

 

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El gaucho (19)

16 comentarios Add your own

  • 1. carlos  |  16 abril 2018 en 14:25

    Veníamos todo fenómeno, con Juan Moreira, Martín Fierro, Rodolfo Valentino ( el gaucho de los estimados contertulios que no tienen ni noticias de la poesía gauchesca) hasta que llegamos al locutor de “Modart en la Noche”.

    Recuerdo la cortina que decía: “Habla para ustedes, vuestro amigo Pedro Anibal Mansilla”.

    No tuve tiempo de chequear la información. Creo que Edgardo Suarez fue el conductor de “Kosak en la Noche”

  • 2. Tomás Abraham  |  16 abril 2018 en 14:52

    Sí, gracias, así parece….

  • 3. marlaw  |  17 abril 2018 en 18:34

    Volviendo al principio de todo esto, es decir al gaucho, no ya como mito, ni como un personaje, que se llegó a transformar en un esparcimiento literario de nuestras élites ilustradas, cuyos miembros mas destacados, por otra parte y llegado el caso, bien pudieron, hasta llegar a elegir París como un lugar para morir; sino como una realidad social, que se pretendido ocultar, referida al habitante de nuestras pampas durante los siglos posteriores a la conquista, cuyos orígenes asimismo se remontan a esta, como una consecuencia innegable, de su propia intervención, que mas tarde persistiría en el tiempo hasta las postrimerías del Siglo XIX, y mas allá también. Grupo humano que se desarrolló a la “buena de Dios”, con la única contención que le pudo llegar a brindar la propia naturaleza.

    Hablando de naturaleza, y de persistencia, me pregunto cuantos Gauchos habrá llegado a engendrar Justo José de Urquiza, al que se le atribuye un número cercano a los cién, “hijos naturales”, del mismo modo que al temperamental Sarmiento se le adjudicaron una cantidad aproximada a los sesenta. “Dominguito” entre otros, que luego fuera enviado a la Guerra del Paraguay, también fue un hijo natural del Prócer.
    Por otra parte deberíamos preguntarnos, sí los que proclamaban “Gobernar es poblar”, tenián en cuenta estas consideraciones, a la hora de lanzar esta consigna,

    Pero para tratar de morigerar en cierto modo estas cuestiones,se debería tener en cuenta que el “condon” todavia no había sido inventado en esos tiempos de antaño, y que los primeros que salierón al mercado, fuerón de cuero, por cierto algo bastante incómodo a la hora de su utilización.

    Asimismo en este asunto del gaucho y del gauchaje, tengo para mí, que los Países Andinos como es el caso de Chile, y Perú, fuerón mucho mas honestos intelectualmente, a la hora de avocarse a estos asuntos, dado que en lugar de tratar de encubrir las cosas trocando nombres, o idealizandolo con tantas payadas, y floriculturas variadas, en sus Universidades abundan, las publicaciones y monografías sobre el “Huacherio”

    Pero este asunto del gaucho, también mantiene un costado político-psicológico, que alcanza hasta el presente.

    No son pocos los que han tratado de de dar cuenta de esa propensión política, que mantienen los pueblos de América Latina, con relación, al “Caudillo” al “Hombre Fuerte”. Tengo para mí que dicha propensión, obedece, ” a la figura de un padre ausente, aún anclada, en el inconsciente colectivo.

  • 4. marlaw  |  17 abril 2018 en 20:57

    A mi la película que mas me gusto de Leonardo Fabio, la que luego se convirtiría en cine de culto fue: “El Romance del Aniceto y la Francisca, de como quedó trunco, del comienzo de la tristeza, y de otras cosas mas” Film en blanco y negro, protagonizada por un irreconocible Federico Luppi y Elsa Daniel (1966) A esa película la vierón hasta los mozos del Bar La Paz.

  • 5. marlaw  |  17 abril 2018 en 21:07

    La hecatombe de Fabio, comenzó a partir del momento en que este se subió al palco en Ezeiza en 1973.

  • 6. marlaw  |  17 abril 2018 en 21:19

    Profesor: Que bien escrita que esta esa referencia al Gaucho, de Gutierrez.

  • 7. carlos  |  17 abril 2018 en 21:37

    Recorriendo mi modesta biblioteca de títulos relacionados con la poesía gauchesca y temas afines, veo que la 1° edición de “Memoria sobre la pampa y los gauchos” de A.B.C. es de 1970. Editorial Sur.
    La edición que menciona Abraham de 1986, seguramente se trate de una reedición posterior.

  • 8. carlos  |  18 abril 2018 en 8:41

    El nombre de Ernesto Quesada,resulta familiar para los aficionados a la numismática.
    Por iniciativa de Bartolomé Mitre, el 16 de junio de 1872 se funda el Instituto Bonaerense de Numismática y Antiguedades.
    Presidido por el Dr. Aurelio Prado y Rojas, el Instituto cuenta con los más destacados coleccionistas y estudiosos de la numismática de la época.
    Entre los miembros fundadores se destaca el citado Quesada, Alejandro Rosa, Ángel Justiniano Carranza, José Marco del Pont, Enrique Peña etc.etc.

    En el discurso inaugural el Dr Prado y Rojas sintetiza los principios y objetivos que guiarían al Instituto, expresaba en aquel entonces: “Si hay algo que demuestre fácil y exactamente el estado de progreso intelectual de un pueblo, es a no dudarlo el numero de asociaciones científicas que en el existen y el aplauso con que es recibida la idea de aumentarlo. Este criterio aplicado a nuestra provincia da un resultado favorable a ella. Apenas hacer veinte años que salimos de una época en que el estudio era una mancha, la ilustración, un crimen, cuando en medio de las luchas civiles y extrajeras que nos han agitado, hemos visto aparecer a cada instante nuevas asociaciones dedicadas al cultivo de los diversos ramos del saber humano.”

  • 9. Edson  |  18 abril 2018 en 17:17

    Coincido en la asociación de la película de Favio con el peronismo. Yo creo que lo subyacente en ese film es justamente ese mensaje. El retorno del mito del gaucho, encarnado en la figura de Juan Moreira, está hablando del retorno de Juan Domingo Cangallo. Todas estas figuras están actuando en el imaginario de la película, a mi juicio: vuelve lo popular, lo proscripto, pero vuelve armado, como no podía ser de otra manera en los incipientes setentas. Y vuelve para restañas las flagrantes injusticias sufridas en manos de las instituciones, del ejército. Más transparente no se podía ser en el mensaje. Moreira congelado, en el final, abre la lectura del film a la esperanza. Ya sabemos cómo terminó todo.
    Cuando, en los noventa, Favio filma Gatica, el mono ya el peronismo es una pieza de arqueología. Favio está hablando del peronismo y del menemismo también, es la historia de Gatica/Perón, pero con el final ya conocido, es la cronología de una derrota.

  • 10. marlaw  |  18 abril 2018 en 20:33

    Muy bueno lo suyo Edson. (Por favor, para evitar malos entendidos y suspicacias le ruego a usted que interprete mis palabras literalmente)

  • 11. marlaw  |  18 abril 2018 en 22:32

    Sí el Profesor no lo toma a mal, siento el deseo irrefrenable, de compartir lo siguiente con ustedes, palabras que mayormente no me pertenecen, sino que fueron extraidas y extractadas de la lectura de la obra de Clifford Geertz: “La interpretación de las culturas” Parto de la idéa de que no podemos continuar hablando del Gaucho, sí no tenemos una somera idéa de lo que es al menos para este autor el hombre.

    Desde muy chico sentí cierta inclinación a observar el comportamiento de los animales, en general “domésticos”, aunque en mi casa también llegamos a tener una Lechuza, ave muy graciosa, por su manera de torcer la cabeza para mirar, y una pareja de Teros, que nos trajo de regalo, un amigo de mi padre, que vivía en el campo. A los Teros, del mismo modo en que se suele hacer con las gallinas, para que no salten la alambrada, que nos separaba de la propiedad de los vecinos, les recortamos con una tijera el plumaje de sus alas, para impedirles volar.

    Los Teros con sus chillidos, tienen la propiedad de detectar intrusos, con mayor efectividad, que una alarma electrónica.
    Por otra parte los animales, sean estos perros, gatos, o polluelos, son muy simpáticos, cuando son cachorros, o pollitos, por su innata propensión al juego, además en esa etapa de su desarrollo, cualquiera de ellos, se presta a ser tomado, sín oponer resistencia, para recibir una caricia en su cabeza, como una expresión de ternura, por parte de nosotros.
    En el caso de los gatos, animales con lo que he convivido una gran parte de mi vida, lo que mas ha llamado mi atención y me ha asombrado, es la capacidad de registro que tienen, cuando aún son cachorros con menos de seis meses de vida, con relación a los seres humanos. A modo de ejemplo, sí con el trato que le dispensamos se lo permitimos, un gato de esa edad, ya es capáz de discernir, que para abrir una puerta (la puerta de entrada a la casa) hay que bajar el picaporte de la puerta, y es lo que algunos de ellos han tratado de hacer en mi presencia, saltando sobre el picaporte para aferrarse de él, con sus dos manos.
    Este pequeño relato, que a alguno de ustedes les puede llegar a resultar fuera de lugar, guarda relación con lo que Clifford Geertz nos dirá mas adelante.

    “”Dejadlo tranquilo por un momento”, escribió Robert Lowell, refiriéndose no al antropólogo como podría uno suponer, sino a ese otro indagador excéntrico de la naturaleza del hombre, Nathaniel Hawthorne: ”

    “Dejadlo tranquilo por un momento
    Y entonces lo veréis con su cabeza
    inclinada,cavilando y cavilando,
    con los ojos fijos en alguna brizna de hierba,
    en alguna piedra, en alguna planta,

    En la cosa mas común del mundo.
    Como si alli estuviera la clave.
    Y luego se alzan los alterados ojos,
    Furtivos, frustrados, insatisfechos,
    De la meditación, sobre lo verdadero
    Y lo insignificante.”

    “Inclinado sobre sus propias briznas, piedras y plantas, el antropólogo también cavila sobre lo verdadero y lo insignificante, vislumbrando, o por lo menos así lo cree, fugaz e inseguramente, la alterada, cambiante, imagen de sí mismo.”

    ““El hombre necesita tanto de esas fuentes simbólicas de iluminación para orientarse en el mundo, porque la clase de fuentes no simbólicas que están constitucionalmente insertas en su cuerpo proyectan una luz muy difusa. Los esquemas de conducta de los animales inferiores, por lo menos en mucha mayor medida que en el hombre, les son dados con su estructura física; las fuentes genéticas de información ordenan sus acciones dentro de márgenes de variación mucho más estrechos y que son más estrechos cuanto más inferior es el animal. En el caso del hombre, lo que le está dado innatamente son facultades de respuesta en extremo generales que, si bien hacen posible mayor plasticidad, mayor complejidad y, en las dispersas ocasiones en que todo funciona como debería, mayor efectividad de conducta, están mucho menos precisamente reguladas. Y ésta es la segunda fase de nuestra argumentación: si no estuviera dirigida por estructuras culturales —por sistemas organizados de símbolos significativos, la conducta del hombre sería virtualmente ingobernable, sería un puro caos de actos sin finalidad y de estallidos de emociones, de suerte que su experiencia sería virtualmente amorfa. La cultura, la totalidad acumulada de eso que mas que estructuras, no es sólo un ornamento de la existencia humana, sino que es una condición esencial de ella.”

  • 12. rodolfo lópez  |  19 abril 2018 en 13:25

    De pronto con la numismática entramos al ámbito de lo universal, nos condujo el sencillo gaucho, su poesía. “Pinta tu barrio ….”

  • 13. carlos  |  19 abril 2018 en 13:55

    Leyendo algunos comentarios, en especial el que me precede, pierdo un poco la noción acerca de qué trata el texto de Abraham,

    Ah! versa sobre la transición de la literatura gauchesca a la literatura criolla, en este caso, representada por el “Juan Moreira” de Eduardo Gutiérrez.
    Relacionado con este tema, encuentro “Las cuatro versiones de Moreira” de Carlos Gamerro.

    Resulta muy interesante la investigación que realiza este autor, por ejemplo: la contemporaneidad que tiene la película de Favio con el famoso cuento “La noche de los dones de J.L.B.

    “El último acto de esta secuencia de metamorfosis era en realidad el penúltimo. Durante años creí que Borges escribió “La noche de los dones” como respuesta a la película de Favio, debido a que forma parte de El libro de arena, que es de 1975 ; pero la triste verdad es que ya había sido publicado en La Prensa en diciembre de 1971. Una vez más, el orden cronológico se da de patadas con el lógico : el cuento de Borges funciona perfectamente como glosa maliciosa e irónica de la epopeya de Favio : no tiene sentido en cambio ver en ésta una respuesta a un cuento menor de Borges. Éste, de todos modos, nunca habría ido a ver la película de Favio, no por su ceguera, ya que seguía yendo al cine, pero nunca a ver su peor pesadilla : una versión peronista de Juan Moreira. Más que clarividencia, tendríamos que hablar aquí de fatalismo resignado : viendo como inexorable el retorno del peronismo al poder, se habrá dicho “estos guarangos son capaces de cualquier cosa, hasta de hacer una película épica sobre Moreira”. Anticipó, no tanto el drama sacrificial que Favio realizó, sino la epopeya revisionista que todos creyeron que había hecho.”
    ( Está en la web) recomiendo leer el texto integral.

  • 14. carlos  |  19 abril 2018 en 13:58

    jajaj mientra escribía mi comentario, entró el comentario del amigo Rodolfo. Me refería al otro, al largo…Saludos a todos los amigos que participamos en el blog .

  • 15. marlaw  |  19 abril 2018 en 17:47

    Jajajaj Alquilo GPS , consultar en este Blog

  • 16. rodolfo lópez  |  19 abril 2018 en 21:31

    Me sumo a la confusión: no es “barrio”, es “Aldea” ja ja! Saludos. Voy a buscar “La noche de los dones”. Pero no opino de L. Fabio, nunca me gustó su cine, en general su arte; más allá de su mensaje político. Y ya que estamos con el barrio, les comento que me crié en uno sirio-libanés, del que tengo buenos recuerdos. Con el correr de los años (me mudé en 1965), y de las guerras en esa zona del mundo, tuve la sensación de que la patria de mis vecinos se había borrado de la faz de la tierra. (Una certeza con Siria). Pero hace unos días fui a ver “El Insulto”, colosal película realizada en El Líbano, que dice que ese pequeño país quiere resurgir de sus cenizas. Y en el actual Beirut, que existe y se está reconstruyendo!, un casual insulto callejero adquiere dimensiones reveladoras, detrás de él se esconden buena parte de las heridas -aún abiertas- que dejaron tantas guerras perdidas, invasiones sufridas, identidades olvidadas, religiones enfrentadas. Durante los últimos 50 años. (Frente a ello la tragedia Argentina es insignificante).
    El Arte de su director, Zlad Doueiri, es dirimir ese Insulto, que parece -y no es- intrascendente, en un juicio público, en el que las dos partes harán oír su voz. Como frutilla del postre de este festín, cada parte será defendida por un hábil abogado: un padre y una hija, a su vez enfrentados por la interpretación de la historia de su culto y milenario país. Pequeña grieta familiar en medio de una inmensamente grande! No se la pierdan (!!).

    PD, estimado Tomás, si viste la peli, estaría bueno que nos des tu opinión, no es sólo cine es arte ayudando a reconstruír. (Si no la viste, te la recomiendo). Cordial saludo

    .

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