El gaucho (18)

13 abril 2018 at 12:23 11 comentarios

El fenómeno criollista es inseparable de una….¿novela?…de un ¿ensayo?, que creó una moda: el moreirismo.

Hablamos del “Juan Moreira” de Eduardo Gutiérrez. Este autor fue una máquina de escribir. Murió a los 38 años. En 1886 de las cincuenta y ocho obras publicadas, dieciséis eran de Gutiérrez.

Leerlo es un placer. Borges dice que sus folletines lacrimosos y ensangrentados le deparaban la misma felicidad que las “Mil y una noches” y las novelas de Julio Verne.

Tiene una prosa que va directo al grano, mantenía a los lectores expectantes de la próxima entrega. Publica en el diario de sus hermanos José María y Ricardo, La Patria Argentina. La primera entrega del folletín dedicado a Moreira se publica el 28 de noviembre de 1879 y finaliza el 8 de enero de 1880.

A la manera de nuestras telenovelas, el autor elabora la trama de acuerdo a la recepción de sus lectores. Modifica, alarga o abrevia situaciones, incorpora o suprime personajes, según las reacciones de su público.

“La vuelta de Martín Fierro” sólo anticipó en ocho meses al Juan Moreira. Pero el escenario no es el mismo. En la obra de Gutiérrez los pueblos están conectados por el ferrocarril, hay hoteles, salones de billar, barberías, casas de diversión, prostíbulos.

En 1884 la adaptación al teatro de los hermanos Podestá contribuye a su fulgurante éxito. Primero se pone en escena con mimos, dos años después la obra ya se presenta hablada. Juan Moreira es protagonista de diez duelos, enfrenta una partida policial de nueve agentes, otra de quince, otra de veinticinco, ahuyenta a cincuenta y cinco asesinos.

Dice Borges en “Eduardo Gutiérrez, escritor realista”, en sus textos para la revista El Hogar del año 1937: “Sus novelas puede parecer un infinito juego de variaciones sobre los temas de Hernández: pelea de Fierro con la partida y la pelea de M. Fierro con un negro”.

La prosa oscila entre el documento y la ficción. Dice Prieto que la invención se infiltraba por los poros de la noticia, y la noticia garantizaba la veracidad del acto comunicativo.

El objetivo teórico de Adolfo Prieto es analizar la configuración de los campos de lectura entre los años 1880 y 1910. En un país en el que la alfabetización se vuelve indisociable de la misma producción de un idioma nacional, de su rescate o salvación, la batalla gráfica y oral se da en un cuerpo social que “es una verdadera tierra de nadie, en el que soporta el momento más crítico de la congestión cosmopolita, la consolidación novedosa del gremialismo y la violencia anarquista”.

La acción de la escuela pública que Prieto califica de enfáticamente nacionalista desde 1908, después de establecido el servicio militar obligatorio en 1901, estas dos medidas con pretensiones homogeneizadoras, se dan de bruces con una realidad en la que el lenguaje nacional se deforma no sólo por los inmigrantes, sino por “la jerga de las bandas infantiles en la calle”.

Detener por unas horas a los chicos en la escuela, no parece impedir que salgan después de sus casas con los retazos de la lengua materna, la mezcla de idiomas, y en componenda con otros chicos de otras lenguas, infiltren el castellano con acentos y vocablos cualesquiera. Por supuesto, para comenzar, el napolitano, representado por el personaje Cocoliche, la trama del teatro de Florencio Sánchez y los cuentos de Fray Mocho.

El criollismo es la reacción contra esta avanzada gringa, la recuperación de lo nuestro en personajes añorados que no se han diluido de la memoria. Prieto señala que a partir de 1890, hay una proliferación de centros criollos en los que los habitués hacen música, leen poesía y toman mate.

El éxito de Moreira se difunde por la sociedad y crea un personaje que se hace dominante en los desfiles de carnaval, y termina por encarnar por sí solo la figura del gaucho.

 

En el año 1900, una estampa de Moreira ya figura en las cajas de fósforos y da inicio a una manipulación comercial del fenómeno criollista de la mano de un payador libertario.

Muchos son los que protestarán por este uso indebido de nuestra tradición por “esa sarta de gringos que se largan de moreiras”. En la revista Caras y Caretas en una historieta una mujer le dice a su esposo judío arropado con una prenda autóctona: “Qui Moreira qu`istás Abraham” .

En las funciones de la adaptación de los Podestá, ingenuos espectadores de la dramatización de Juan Moreira saltaban a la pista del circo para defender al héroe del asedio de la partida policial.  Una situación similar a la de Werner Herzog en la filmación de Fitzcarraldo que recordaba que los indios que oficiaban de extras querían matar a Klaus Kinski que los maltrataba de acuerdo al guión.

Anuncios

Entry filed under: General.

Intratables El gaucho (19)

11 comentarios

  • 1. marlaw  |  13 abril 2018 en 15:04

    Pese a todo lo que pueda llegar a argumentar Prieto, el “argot porteño” o sea el lunfardo, se abrió paso, entre los sectores, medios y bajos de la sociedad, y este argot popular no es nada mas que un conjunto de extranjerismos, fonéticamente acriollados, para el uso popular, como en cierto modo lo muestra Roberto Arlt, en sus:”Aguafuertes Porteñas”. A modo de ejemplo, la voz: “yiro” que alude a la mujer de la calle, o de la vida, proviene del portugués: “giro” que en este idioma significa: vuelta, y que se refiere a las vueltas que daban estas mujeres alrededor del lugar en el que ejercian su oficio.

  • 2. marlaw  |  13 abril 2018 en 16:15

    Ya mas para aquí, en el tiempo, también llegué a conocer unos actores, que paraban en el mismo Café, que yo frecuentaba, y que compartian con otros “conocidos” la misma mesa del Café. Ellos formaban parte de una compañia radial, que salían al aire diariamente, con un radio-teatro, de caracter folletinesco, por una de esas Radios de AM , que se encuentran por los extremos del diál. Sí la memoria no me falla, creo que se trataba de Radio Porteña. Aprovechando la popularidad, que les daba la radio, también solián salir de gira por el interior. En muchas ocasiones, en “Pueblos Chicos”, llegarón a representar la obra que llevaban, hasta en galpones ferroviarios, sobre un escenario improvisado, montado sobre tablones. También llegaron a contar jugosas anecdotas, acerca de como el público de esos lares, se llegaba a enardecer “con el mas malo”, y de como en alguna oportunidad debierón salir a la disparada del lugar, para evitar que los mas enardecidos, fajaran al actor, que representaba ese papel, en la obra.

  • 3. marlaw  |  13 abril 2018 en 17:42

    Títulos del día de hoy de Le Monde

    Des étudiants qui occupaient la Sorbonne évacués dans la nuit par la police

    Environ 200 personnes avaient voté un peu plus tôt l’occupation du site, lors d’une assemblée générale.

  • 4. rodolfo lópez  |  13 abril 2018 en 18:09

    Todavía en los ´50s, o primeros ´60s, Juan Carlos Chiappe emitía por radio El Mundo -o radio Del Pueblo- folletines gauchescos en vivo, acaso de Juan Moreira, que alcancé por suerte a escuchar. Y vi alguno en puesta pintoresca -precaria- en club de Tigre.
    No leí el original de E. Gutiérrez , por lo dicho en esta nota, gracias Tomás, voy a tratar de encontrarlo.
    Ahora bien, se me ocurre y tal vez es un prejuicio, que en calidad literaria o profundidad Juan Moreira está lejos de Martín Fierro.
    Así como “El Chaqueño Palavecino” está lejos de Jorge Cafrune.
    Eso pensaba -aún lo pienso-, pero “las comparaciones son odiosas” y hace un par de semanas recibí una lección. En una nota por TV al chaqueño, aparentemente vana y para promocionar actuaciones, el periodista le pregunta dónde nació, cómo eran sus pagos, etc, que el chaqueño contesta tranquilo. Y luego le pregunta por la mamá y… el papá… y es aquí donde se produce el bache, el incómodo silencio…, que Oscar Esperanza Palavecino resuelve diciendo algo así: “vea no, papá no tuve…no tengo,.parece que fue amor de una noche la cosa, ja ja, llevo el apellido de la mamá”, luego habla de ella: Estela Palavecino.
    Petrificado ante la pantalla, rogando que no fuera una puesta preparada, me dí cuenta que el fondo era auténtico de todos modos: el “gauchaje” aparatoso y vendedor de un cantor de bombachas lustrosas (sus creaciones tal vez pasen pronto al olvido) se volvió de pronto verídico en su auténtico “guachaje”. característica esencial del gaucho.

    PD, Estimado Marlaw, cuando uno está en un apuro, cuando necesita un favor, en cualquier parte de nuestro extenso país, en el con-urbano, pide una “Gauchada”, le agrega varonil “hermano”.si tiene un tipo enfrente. No se le ocurra pedir una “Caperucita roja”, puede tener problemas adicionales.

  • 5. marlaw  |  13 abril 2018 en 18:10

    Que tal Marcelo. Espero que el Profesor no se ofenda, por estar fuera de tema, y asimismo que usted pueda llegar a leer este mensaje, que en realidad es un pedido de ayuda. El último motivo que me impide abandonar definitivamente Windows para pasar a Linux, es que yo se como hacer para convertir los archivos: “mdb”, que tiene el administrador de base de datos Acsses de windows, a “odb” que son los archivos que puede llegar a manejar el Libre Office de Linux. Sí entre los craneotecos que usted conoce, hay alguién capáz de tirarme un cable, le estaré muy agradecido. Sepa disculparme, pero recurro a usted, porque ya agoté, las pilas de todos los timbres conocidos. Saludos

  • 6. marlaw  |  13 abril 2018 en 18:21

    Corrijo un error de mi nota: se debe leer: “yo no se como” Saludos.

  • 7. marlaw  |  13 abril 2018 en 18:33

    ¡Casi que me ahogo en el Río Amazonas, viendo a Fitzcarraldo!

  • 8. marlaw  |  15 abril 2018 en 16:28

    Rodolfo usted y yo estamos hablando del mismo elenco teatral, conducido como usted bien dice, por JuanCarlos Chiappe, que se emitía por Radio del Pueblo, AM que se encontraba en los extremos del dial. También ahora recuerdo la firma comercial que patrocinaba a ese Radio-Teatro. Ellos fabricaban el aceite comestible: Olavina, (que tenía un aroma inconfundible e inbancable) y con ese nombre: “Aceite Olavina” se presentaba en la Radio la Compañia de Juan Carlos Chiappe.

  • 9. marlaw  |  15 abril 2018 en 16:47

    Otra marca de aceite comestible, que tambié fue muy promocionada en esos años, fue la del aceite Marolio: “Qué Olio Aceite Marolio, Avenida Forest 444”. Depués alguién compró esa marca comercial, y ahóra con la marca “Marolio” envasan hasta Yerba Mate.

  • 10. philo  |  16 abril 2018 en 19:46

    Marolio antiguo

  • 11. philo  |  16 abril 2018 en 19:47

    Marolio actual (remixado) Es el último grito de la moda


Archivos

Categorías

Comentarios recientes

Sergio Rossi en Bitácora 110
Sergio Rossi en Bitácora 108 La perversión de…
marlaw en Bitácora 110
marlaw en Bitácora 110
marlaw en Bitácora 110

Calendario

abril 2018
L M X J V S D
« Mar   May »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30  

A %d blogueros les gusta esto: