El gaucho (15)

6 abril 2018 at 10:28 6 comentarios

Las estadísticas que nos ofrece Prieto hablan por sí solas, los números mandan, nos dan la imagen de un país que se da vuelta como un guante pero el reverso no presenta la misma figura con las costuras afuera, sino una metamorfósis.

Nadie dice que lo cuantitativo no sea materia de interpretación, ni que los contextos históricos no son más que cartón pintado. Por el contrario, la exégesis se impone de por sí, y la imaginación creadora hará el resto.

La Argentina es uno de los países en el que más periódicos se lee en el mundo. De acuerdo al Informe sobre la Prensa Periódica realizado por Ernesto Quesada en 1883, en nuestro país se editan unos 150 periódicos con un tirada diaria de 332.000 ejemplares. En 1883 es un consumo letrado que nos ubica en el tercer lugar en el mundo.

Dice Prieto: “el número de títulos, la variedad, cantidad de ejemplares impresos, acreditan para la prensa argentina de esos años, la movilidad de una onda expansiva casi sin paralelo en el mundo contemporáneo”.

Sin embargo, el libro es un objeto impreso de pésima factura y la cultura literaria transita por otros caminos. La novela es folletín; el poema lírico, un cancionero de circunstancia; el drama, representación circense.

Prieto dice que la importancia de la prensa periódica reside en los efectos que produce, se refiere a “la nivelación de los códigos expresivos”. Hay un estilo periodístico, el canal condiciona al mensaje. El hardware al software. Se escribe a lo Sarmiento y a lo Eduardo Gutiérrez. Duro y parejo.

La Argentina se convierte en una sociedad de masas, y de masas lectoras.

¿Al servicio de quién? Volvamos a la astucia; ya no la astucia de la razón del pensamiento dialéctico de Hegel, ni a la astucia de la voluntad de su colega en la universidad de Berlin, Arthur Schopenhauer; ni a la astucia del deseo del inconciente freudiano; ni a la “metis” griega, la artimaña que helenistas como J.P. Vernant y M.  Detiènne analizaron entre los antiguos griegos, sino a la astucia del poder encarnado en algún tipo de príncipe.

Dar de comer, dar de leer. Ya no es pan y circo sino pan y escuela. ¿Para qué? Enunciemos alguna hipótesis de las habituales entre nuestros intérpretes de la era de la sospecha: para reforzar el proyecto de poder de la oligarquía local asociada al imperio inglés.

Supongamos que la sospecha está fundada, que es cierto que hay una elite política, social y económica, que construye poder integrándose al mercado mundial dominado en aquellos tiempos por los ingleses. Somos el granero del mundo. Producimos comida. Y en el mundo falta comida. Millones que tienen hambre vienen a nuestro país. La ley de inmigración promulgada en tiempos de Nicolás Avellaneda, se bifurca en una doble propuesta que responde a visiones alternativas de una biopolítica nacional.

Prieto dice que Sarmiento y Nicasio Oroño favorecían una inmigración de tipo artificial, estimulada y dirigida a poblar el llamado desierto; Mitre y Guillermo Rawson se inclinaban por la inmigración espontánea que debía concentrarse en Buenos Aires.

Esta última fue la dominante, frustrando el proyecto de colonización de pequeños y medianos propietarios agrícolas – salvo excepciones como en el Litoral – e instalando un modo de producción latifundista.

En 1895 de los 4.000.000 de habitantes, 34% son extranjeros; en 1914, de los 7.885.000, 43% son extranjeros.

La matrícula escolar aumentó un 50% desde 1869 a 1895. La enorme deserción escolar no impidió la circulación masiva del “papel que habla”.

Pero la astucia es astuta, es una Musa sumamente escurridiza. Enfrentémosla.

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Entrevista con María O`Donnell El gaucho 16)

6 comentarios Add your own

  • 1. marlaw  |  6 abril 2018 en 11:23

    Sí la astucia era, educar al Soberano, bienvenida esa astucia. A principios del Siglo XX, las sedes barriales del Partido Socialista, también erán bibliotecas, a las que concurrian los obreros, para instruirse.

  • 2. marlaw  |  6 abril 2018 en 12:12

    Con respecto a la literatura de fines del Siglo XIX muchos de nosotros recordamos a Miguel Cané y su libro Juvenilla,de lectura obligatoria en los Colegios Nacionales

  • 3. marlaw  |  6 abril 2018 en 12:23

    No Creo que los Socialistas de esa época estuvieran enrolados en una oscura conspiración, con el Imperio Británico.

  • 4. marlaw  |  6 abril 2018 en 12:30

    Los cómicos del nazionalismo revisionista, se olvidan que los únicos que compraban, nuestros saldos exportables, en carnes congeladas, y granos erań los Britanicos, del mismo modo en que muchos años depués, al Régimen de La Habana, los únicos que le compraban el azúcar era la URSS.

  • 5. marlaw  |  6 abril 2018 en 12:45

    Lo primero que se debe hacer frente a la realidad, es aceptarla. El paso siguiente, es agudizar el ingenio, para ver como podemos mejorar esa situación.

  • 6. marlaw  |  8 junio 2018 en 0:03

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