El gaucho (10)

18 marzo 2018 at 12:21 6 comentarios

Hernandez no cejó en buscar una posición sólida en las elites. Su actividad política lo muestra en el vaivén que se adueñó de tantos sometidos a un periodismo faccioso y a una lucha de poderes en la que los personajes no se aquietaban en un solo bando.

El autor del Martín Fierro, inició su labor periodística y su incursión política en el litoral. Su zona variaba entre Paraná y Corrientes. Sus simpatías federales no lo ubicaban por eso en una bandería reconocible. El federalismo estaba partido, y sus  fragmentos se distribuían de acuerdo a la alternancia  en el poder de los caudillos.

Resistió a las agresiones de Solano López contra Corrientes, se vio en medio de los intentos de secesión del Chaco y del litoral, apoyó a la triple alianza en la guerra contra el Paraguay, y fue otros de los decepcionados ante la claudicación del esperado jefe que podía unificar a todos los federalismos dispersos en el país: Urquiza.

Después del asesinato del caudillo entrerriano, huye al Brasil con López Jordán, acusado de complicidad con aquel homicidio.

Refugiado en un hotel un par de semanas para escribir “Martín Fierro”, un primer desengaño ante su frustrada carrera política, publica “La vuelta” diez años más tarde. Esta segunda parte fue leída hasta por los mismos hernandistas, como una claudicación.

El de la vuelta es un gaucho cansado y decepcionado tras vivir años en las tolderías, que en su retorno y reencuentro con sus hijos, da lecciones de resignación y adaptación al medio.

Aquel hombre de campo obligado a ser cuatrero y forajido, que denuncia a la ley que no es otra cosa que el instrumento de un poder arbitrario y cruel que se queda con su rancho y su mujer, que dispersa a sus hijos, lo arroja al desierto y luego lo captura para ser carne de cañón en los fortines, ahora, de vuelta al mundo blanco, cambia el tono, le huye al combate, pide prudencia, y se arrepiente de su pasado.

Una decepción que Halperín considera como un sentir vano y una interpretación cuyo tono apesadumbrado es autoinfligido, que el poeta no merece, ya que se le reclama no  haber sido lo que nunca pretendió ser.

Senador sin poder, un hombre con un programa ruralista que piensa en un campesino bien pago, en un chacarero acomodado, antes que en un gaucho heroico, es un hombre que se aleja con sus dos libros publicados, para descansar en un amplio paraje que hoy situamos en el barrio de Belgrano, entre las calles Olleros y José Hernández.

Belgrano “C”…..

Halperín Donghi le dedica el libro a Alejandro Losada, un historiador de la literatura,  funcionario del gobierno del general Onganía, quien escribió “Andá cantale a Gardel”, un libro que medita sobre la vida política en la década del sesenta.

Con el antecedente de un libro que había leído por ser best seller para la época, el historiador se sorprende encontrar a su autor en unas jornadas sobre literatura en una universidad de los EE.UU.  Halperín había sido expulsado de la UBA después de su cierre en la Noche de los Bastones Largos, en los inicios de la  llamada Revolución Argentina que Losada integró los primeros años, para renunciar a sus funciones desilusionado con el curso que tomaron los acontecimientos.

Losada fue jesuita, ocupó un puesto en el ministerio de la cultura de la dictadura de Onganía, y una vez en el ministerio del Interior en los tiempos de Imaz, se va del país y reside en Perú en donde comienza sus investigaciones sobre la historia social de la literatura latinoamericana.

Losada prosigue su carrera académica en la Universidad Libre de Berlín, adonde se dirige Halperín a sabiendas que tenía documentos sobre la vida y la trayectoria de José Hernández.

Le dedica el libro en agradecimiento a su generosidad por facilitarle su archivo con los artículos periodísticos del autor del Martín Fierro, en “El Río de la plata”, “La tribuna”, “La capital”,  “El argentino” y “El litoral”,  entre otros, y como recordatorio de su muerte en un accidente de avión saliendo de La Habana rumbo a Nicaragua.

Alejandro Losada Guido, con el agregado de su apellido materno, escribe “Martín Fierro ( Héroe-Mito-Gaucho)” .

Habla del “gaucho neto”, es decir del criollo errante que se diferencia del paisano gaucho. Cita a Lucio V. Mansilla que puntualiza esta diferencia al afirmar que el paisano “tiene los instintos de la civilización, imita al hombre de la ciudad, en su traje, en sus costumbres (…) es labrador, picador de carretas, acarreador de ganado, tropero, peón de mano. El gaucho se conchaba para las yerras (…) El primero es federal, el segundo ya no es nada. El primero todavía cree en algo, el segundo en nada.”.

Losada nos habla de los 150km de frontera seccionados por fortines cada 20km, en los que gauchos obligados por las levas que desde 1868 los arrastran a los bordes del desierto, se encarnan en el poemario de Fierro que llora el destino trágico de su raza.

Sostiene que Hernández es un liberal que se siente cómodo en un universo cultural signado por un saintsimonismo que propone un sistema en la que la que una comunidad de industriales e industriosos, rige las conductas de la sociedad.

El poeta siempre estuvo interesado en la administración de los puertos, en las finanzas, en la política comercial y en medidas impositivas.

Con esto agrega al texto de Halperín su visión concordante en mostrar que el poeta que compuso una elegía con un talento indiscutible sobre el destino de los gauchos, no por eso es esclavo de su función literaria. No tiene porqué estar sometido por la historia y los historiadores a ser un vocero del dolor de los humildes, un fiscal que denuncia a la generación del 80 y a la oligarquía, y en portador de una máscara mortuoria que lo fija en un único gesto.

Miembro de la masonería, estudioso de los grandes fundadores de la civilización, nutrió su visión de la vida con maestros de la sabiduría, quienes por lo general son consejeros de prudencia, equilibrio y armonía.

Para Losada, el poema tiene el mérito de totalizar la experiencia vital de una comunidad. En sus dos cantos, aparecen en escena el gaucho, el gringo, los matreros, el Viejo Vizcacha, jueces,  jefes de milicia, comandantes, indios, curas, viudas, mujeres infieles, huérfanos, mercachifles, mulatas, negros, pícaros, hijos, y el extraño Cruz.

Esta experiencia comunitaria de un fracaso, como la denomina Losada, confirma la aseveración de Borges, que caracteriza el poema como un armado en verso con una estructura novelesca.

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6 comentarios Add your own

  • 1. marlaw  |  19 marzo 2018 en 11:16

    Profesor: Desconozco los motivos técnicos, pero existe cierta dificultad para poder ingresar a esta nota. Yo insistí y traté de hallarle la vuelta, pero advierto que solamente cliqueando con el mouse, no se puede ingresar, y es una pena, porque a mi juicio esta es una de las notas mas interesantes, respecto a esta temática sobre el gaucho.

  • 2. Tomás Abraham  |  19 marzo 2018 en 11:34

    Probá ahora….

  • 3. marlaw  |  19 marzo 2018 en 11:49

    Con respecto a este tema del gaucho, yo advierto que el mismo aparece y transcurre en grán medida, durante la segunda mitad del Siglo XiX, el mismo coincide en el tiempo, y no por casualidad, con el llamado Proceso de Organización Nacional, momento en que un Estado embrionario, comienza trabajosamente, a cobrar forma.
    Bajo este aspecto, pareciera que el mismo se relaciona, con una búsqueda apresurada para tratar de hallar una figura de carácter mítico, capaz de representar nuestros orígenes, el origén de la argentinidad.
    Con respecto a la Historia, este saber a mi entender, guarda en cierto aspecto, un parecido con la Religión, en el sentido de que ambos saberes se imparten, y mas que impartirse, diría que “se inculcan” durante la infancia, o en los primeros años de la vida de las personas, por tal razón, estos para mal o para bien, arraigan en las mentes de las mísmas, de manera indeleble, y mas tarde perduraran durante toda la vida.

  • 4. marlaw  |  19 marzo 2018 en 12:36

    Sí ahora entra bien profesor la nota, pero como yo estoy utilizando, un segundo navegador, vuelvo a aparecer con el logo cambiado.

  • 5. marlaw  |  19 marzo 2018 en 21:39

    Después de haber escrito, mi comentario nº3, comencé a percibir, que semanticamente, la frase Proceso de Organización Nacional, resulta ser una frase que provoca un ruído sordo, en nuestros oídos. Esta anomalía acústica, que pareciera ser un fallido, pero qué en realidad no lo es, proviene del hecho de haber sido la dictadura militar, que gobernó a este país entre los años 1976 y 1983, la que tuvo el atrevimiento de auto-proclamarse Proceso de Reorganización Nacional, frase que quedo manchada, con la sangre de muchos argentinos, en una fecha todavía reciente, para el corazón de nuestros compatriotas, aunque en este caso esta se haya tomado el trabajo de sustituir y modificar, la palabra Organización, con la de Re-Organización, sobre una frase que ya había acuñado la historia, desde mucho tiempo atrás, para este período de la historia argentina que comienza en el año 1862, después de Pavón y finaliza en el año 1880, con la federalización de la Ciudad de Buenos Aires.

  • 6. marlaw  |  19 marzo 2018 en 23:42

    Con respecto al libro de Halperín Donghi: José Hernandez y sus Mundos (1985) obra que me hubiera agradado, haber podido leer, pero que infructusamente me resultó imposible de hallar en Internet, encontré en cambio, a modo de sustituto, el comentario íntegro que sobre esta obra hizo: Roy Hora Universidad Nacional de Quilmes-Conicet, con el que me hube de conformar, por el momento.

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