El gaucho (7)

15 marzo 2018 at 8:31 9 comentarios

La presidencia de Agustín P. Justo convocó a un grupo selecto en el que se contaban Federico  Pinedo, Alberto Prebisch, Antonio di Tomaso, Carlos Saavedra Lamas, quienes fueron desde 1933 hasta 1938, impulsores de la recuperación argentina tras la crisis del 29. Urbanizaron con grandes obras las principales ciudades, el proceso de industrialización prosiguió, promovieron instituciones fiscales y bancarias para que regularan ingresos y egresos de los contribuyentes y fijaran el valor de la moneda,  establecieron el impuesto a las ganancias,  crearon la Junta Reguladora de Granos, pero, a pesar de estos avances, no rompieron los lazos que ataban el destino del país a los intereses de la oligarquía vacuna en consonancia con el imperio inglés, y esta fue la razón por los que añoraban a las elites de otra época, como Ramos, condenaron el proceso,

Esta década del treinta confundió a muchos. El país venía de un golpe cívico militar comandado por simpatizantes del fascismo naciente; era la “hora de la espada”; la caótica política inmigratoria que fue para los nuevos tradicionalistas un tsunami de lenguas y pueblo, desorganizó  a la nación, se apoyó en la ignorancia de seres desarraigados sin acervo nacional, buscó en ellos la base electoral del nuevo poder, y con demagogia e inescrupulosidad, dividió  a los argentinos.

Un gobierno plebeyo no era la solución, y la democracia universal había fracasado. Era el momento de la revisión. El revisionismo no sólo surge entre los historiadores, sino entre políticos e intelectuales.

Todos piden volver atrás para recuperar bienes valiosos, algunos los encuentran en tiempos de Rosas,  invocan aquella Argentina rural y ensimismada que protegía las tradiciones hispano-católicas; otros intentan recuperar la visión de aquel grupo esclarecido que gobernó al país después de Caseros, quieren recuperarlo para una nueva fase histórica de un pueblo lamentablemente inmaduro, aún en formación, por lo que no estaba preparado para el ejercicio de una democracia republicana, y otros, al mirar al pasado, no encontraban nada.

Esa nada fue la materia de un pensamiento metafísico sobre el extravío nacional, interpretado por ensayistas y novelistas entre los más talentosos de nuestra historia, como Roberto Arlt y Ezequiel Martinez Estrada.

Abelardo Ramos que hace el panegírico del patriciado correspondiente a la época del roquismo, sostiene que las acusaciones contra el general Julio Argentino Roca por haber llevado a cabo la campaña del desierto, el hacerlo responsable de un “genocidio”, no sólo no reconoce la importancia de haber constituido al estado argentino y logrado su integridad territorial, sino el hecho de ocultar a través de la victimización del indio, la persecución del auténtico personaje de nuestra nacionalidad: el gaucho.

Para el historiador en las tierras de Facundo Quiroga, nace y se desarrolla el argentino más puro, Lo ve como un jinete con la melena sujeta por una vincha, con una lanza en la mano, fundido a su caballo.

Visto así no parecería ofrecer una imagen diferente a la del indio, pero el gaucho es criollo, con un apellido castellano, es un centauro rústico, su fe católica se marca como religión o muerte, es el hombre de la pampa libre y del carneo franco.

Las postales gráficas que nos entrega Ramos, trazan el contorno de un ser indómito, valiente, pura vida, de carne y mate, el guerrero de fortines y fronteras, el verdadero argentino oprimido y acorralado por una política al servicio de los oligarcas y de la gringada.

El mentado patriciado ponderó las virtudes del gaucho, conocía su destreza y su entrega, no pretendió eliminarlo. No es por azar que la elite que inició la conversión del país en una fábrica de alimentos, fue conducida por políticos de provincia como el sanjuanino Sarmiento, los tucumanos Alberdi, Avellaneda y Roca, personajes que siempre desconfiaron de los cancerberos del Puerto, representados por Mitre.

El gaucho fue rechazado por la pampa gringa, domado por el estanciero, sometido por la policía y los jueces de paz, despreciado por la mano de obra indiferente al país que rebalsaba los barcos, es el paria de la patria avasallada.

Abelardo Ramos sabe que la batalla no está perdida, por el contrario, un nuevo aluvión ha vuelto a hacer circular la sangre argentina coagulada y entubada durante medio siglo. Con el peronismo y el cabecita negra, nos dice, el gauchaje vuelve a protagonizar la escena nacional.

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El gaucho (6) El gaucho (8)

9 comentarios

  • 1. marlaw  |  15 marzo 2018 en 23:13

    El gaucho es una entelequia mas, como una de las tantas sobre las que se asienta, nuestro “ser nacional”
    Hay gauchos para todos los gustos, adjetivaciones como: “fulano es muy gaucho”, o sustantivos como: haceme una gauchada. Los usos y costumbres, en tanto ser idealizado, le ha prodigado a esta voz múltiples significados.Asimismo la década del 30 fue un tiempo propicio, para que florecieran los buscadores, del velloncillo de oro, encarnado en nuestro caso, en el “ser nacional”. Buscadores entre los que se destacan: Ezequiel Martinez Estrada y Eduardo Mallea.

  • 2. marlaw  |  15 marzo 2018 en 23:24

    ¡Sera quizás porque cambié de máquina, que el Blog me modificó, el dibujito de la derecha de mi identificación! rarezas cibernéticas.

  • 3. rodolfo lópez  |  16 marzo 2018 en 0:19

    Como modesto aporte a la columna del Profesor, y a las anteriores, todas dignas de estudiarse -como lo haré-, va un vals en primera persona de S. J: García, que tiene la virtud de reflejar a un gaucho rebelde, (y no es panfleto marxista):

    Orejano

    Yo sé que en el pago me tienen idea
    porque a los que mandan no les cabresteo
    porque despreciando las huellas ajenas
    sé abrirme camino pa´ dir donde quiero.

    Porque no me han visto lamer la coyuna
    ni andar hocicando pa hacerme de un peso
    y saben de sobra que soy duro e´ boca
    y no me asujeta ni un freno mulero.

    Porque cuando tengo que cantar verdades
    las canto derecho, nomás a lo macho,
    aunque esas verdades amuestren bicheras
    donde naides creiba que hubiera gusanos.

    Porque cuando traje mi china pal rancho
    me he olvidado que hay jueces pa´ hacer casamientos,
    Y que nada vale la mujer mas buena
    si su hombre por ella no ha pagado derecho.

    Porque aunque no tengo ni ande caerme muerto
    soy más rico que esos que ensanchan sus campos
    pagando en sancochos de tumbas resecas
    al pobre peón qu´echa los bofes cinchando.

    Por eso en el pago me tienen idea
    porque entre los ceibos estorba un quebracho,
    porque a tuitos ellos le han puesto la marca
    y tienen envidia de verme orejano.

    Y a mí qué me importa ¡soy chúcaro y libre!
    no sigo a caudillos ni en leyes me atraco
    y voy por los rumbos clareados de mi antojo
    y a naides preciso pa´ hacerme baqueano.

    (PD copiado del canto de J Cafrune, CD que escucho algunas mañanas, como otro del entrañable “Chango Rodríguez”
    Por favor estimado Carlos, Ud que sabe corrija los errores que seguramente se han deslizado; e ilustre si es tan amable ciertos giros camperos del lenguaje..Desde ya gracias. Saludos)

  • 4. marlaw  |  16 marzo 2018 en 6:35

    En día de ayer introduje un comentario, que apareciò con otro logo que no era el habitual, al que aparece siempre en mis comentarios. Yo se lo atribuí a un cambio (obligado) de máquina. Ahora estoy escribiendo con la misma máquina, pero utilizando otro navegador.
    ¡veremos que sucede!

  • 5. marlaw  |  16 marzo 2018 en 7:40

    Con respecto a la presente nota del profesor, la misma me remonta en el tiempo, y trae a mi memoria, las palabras de otro profesor, que tuve allá por el año 1957,en el Colegio Nacional.Como escribí, en otro comentario anterior, este se llamaba: Ruiz-Reyes.y dictaba la “nueva asignatura” impuesta en esos años: Educación Democrática. Se traba de un hombre de mas de cuarenta años, de presencia varonil, pero agradable y educado, de estatura mediana, con su frente surcada por arrugas, las que le otorgaban una apariencia de ser algo mayor. Aparecía en la clase, pulcramente vestido, muy bien trajeado, con buenas camisas, y corbatas al tono. Aparentaba ser una persona, que se encontraba en una posición económica desahogada, y además tenía otra particularidad que lo distinguía: este fumaba cigarrillos Chesterfield importados, que encendía uno tras otro, con la misma colilla del anterior cigarrillo, de una manera un tanto compulsiva. El humo del los Chesterfield Americanos, era algo incomparable, y su aroma impregnaba y se dispersaba en toda el aula. Los que ya eramos fumadores como en mi caso, le envidiábamos, a este profesor, los cigarrillos, y también sus trajes.

    En una clase, este profesor nos contó, que durante “la década infame”, así se llamó la década que iba de los años treinta, a los cuarenta, los Federico Pinedo y todos sus adláteres, habián implementado en la Provincia de Buenos Aires, lo que se dió en llamar: “El Fraude Patriótico”; y que en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, estos se jactaban en proclamar, la siguiente frase: “No seremos la mayoría, pero somos los mejores”.-

  • 6. rodolfo lópez  |  16 marzo 2018 en 13:26

    Disculpas, lo siguiente que iba intercalado, se me traspapeló:

    .”………….
    Porque al copetudo de riñón cubierto
    p´al que no usa leyes ningún comisario
    lo trato lo mesmo que el que sólo tiene
    chiripá de bolsa pa´ taparse el rabo

    Porque no me enyenan con cuatro mentiras
    los maracanases que vienen del pueblo
    a elogiar divisas ya desmerecidas
    y hacernos promesas que nunca cumplieron….”

    Existe además una estrofa que no está en el disco, pero la escuché a Yamila Cafrune cantar recientemente. En ella el orejano explica las razones por las que no bautiza al hijo; y no recuerdo si su desapego es hacia la iglesia católica institución, o llega más arriba.

  • 7. carlos  |  17 marzo 2018 en 18:13

    Rodolfo, muy lindo el valsecito criollo de S.J. García. Hacía tiempo que no lo escuchaba. Hace un rato lo recordé en la voz de Jorge Cafrune.
    La estrofa que falta – creo- es la siguiente:

    Porque a mis gurises los he criado infieles
    aunque el cura chille que irán al infierno,
    pues de nada valen los que solo saben
    estar todo el día “pirichando” el cielo.

    Hermosos los giros camperos que adornan la pieza, aunque usted no lo crea, algunos de ellos “orejano”: caballo o res sin marca, “cabrestear” dejarse llevar con docilidad por el cabresto, son voces que aún escucho en las conversaciones con los “criollos antiguos” que saben venir a mi lugar de trabajo.

    Un párrafo aparte para el “Chango” Rodriguez, figura siempre mencionada por la gente que gusta del buen folclore.

    Saludos

  • 8. carlos  |  17 marzo 2018 en 18:42

    Escribo un poco de memoria y otras cosas las copio de la web porque ya las he olvidado.
    Según nuestro autor universal, la poesía gauchesca es la única creación literaria que ha dado el país en toda su historia.
    Agrega: “la vida pastoril ha sido típica de muchas regiones de América, desde Montana y Oregon hasta el sur de Chile, pero esos territorio, hasta ahora, se han abstenido enérgicamente de redactar el gaucho Martín Fierro”.
    Resulta curioso, que nuestra única creación literaria provenga de una “entelequia”.
    Más bien parece provenir de un ser de carne y hueso: “Vivieron su destino como en un sueño, sin saber quiénes eran o qué eran.
    Tal vez lo mismo nos ocurre a nosotros”

  • 9. rodolfo lópez  |  18 marzo 2018 en 12:25

    Estimado Carlos, gracias por su respuesta, que incluye los giros camperos que usan aún en su pago!. Por rescatar la estrofa perdida (o censurada) del orejano, con gurises infieles, me alegra tenerla escrita. Por los interesantes conceptos del comentario 8; y en general por su valioso aporte. Saludos


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