El gaucho (4)

8 marzo 2018 at 8:05 7 comentarios

El payador, el cantor de nuestra tierra, es un continuador de una lejana tradición, que Lugones recupera con sorprendente maestría. Se refiere  la cultura provenzal, la del sur de Francia, en la que se desarrolló una de las primeras manifestaciones de la poesía romance, creada por trovadores e interpretada por juglares.

Estos cantos de amor a la Dama del castillo se componen de versos que expresan una concepción del amor puro e inaccesible. Lo curioso es que estos cantos con frecuencia ponen en escena en torneos líricos a trovadores que “tensan” sus versos y los sostienen ante un adversario en una relación agonística.

Son disputas poéticasque no consiguen otro galardón que el reconocimiento de un talento, el de un prestigio que será difundido, y que, además, conforman una matriz de composición literaria en consonancia con la “disputatio” dialéctica de los escolásticos del medioevo.

Composiciones de a dos en pugna, un modelo provenzal que a su vez se inspira en los cantos moriscos que desde Yemen y Bagdad llegaron a las tierras de elandalús.

Para Lugones el gaucho es el héroe civilizador de la pampa. Personificación de lo que hace vivible y gozosa cada día de la existencia humana, como lo es la risa que combate al enemigode la vida que aparece e insiste con el sufrimiento.

El gaucho es así una entidad filosófica, que además posee cualidades morales propias que lo distinguen del indio y del gringo. Matices psicológicos como la compasión, a la que Lugones define como la suavidad de la fuerza; la hospitalidad del alma, la elegancia, esta vez concebida como una estética de la sociabilidad; melancolía que el poeta caracteriza como la mansedumbre de la pasión.

Pero quizás lo que mejor muestra la humanidad del gaucho, aquello que en el mismo acto que lo fortalece, expone su debilidad, se percibe en la actividad. El gaucho es un ser discontinuo, y, a veces, hasta imprevisible. Tiene todas las condiciones para convertirse en un ser prometeico, protagonista de una epopeya en la que desafía a los más poderosos y no se arredra ante temibles obstáculos, se lo ve arrojado y heroico…cuando así lo quiere.

Y quiere a veces, otras no quiere, y abandona toda tarea. Se va. Se aburre. Se resigna. Se distrae. Desaparece. A pesar de su gran capacidad de trabajo, falla en la voluntad. No se puede programar nada con él, imposible de imaginar proyecto alguno. O se lo aprovecha en su presente, o se lo pierde para siempre.

Este modo de ser del gaucho, se ha extendido con el tiempo, y ha sido una observación repetida para calificar el tipo humano del criollo, o del argentino, comparado con pueblos y razas nórdicas en las que la perseverancia es un mérito superior a la habilidad,  y la indolencia el fruto de la facilidad.

No hay gaucho sin caballo, y no hay caballo sin montura. Lugones hace alarde de sus conocimientos en equitación con un listado de enseres de una marroquinería sofisticada sólo comprensible para entendidos.

Gualdrapa, retranca, pretal, testera de rapacejo, tusa y cabezales, borren, virola, en fin, una serie de accesorios para montar poco interesante para hombres de a pie.

Nos enteramos que chiripá es un abrigo, un sobretodo, en quechua, y a medida en que nos informamos de esta vida rural semisalvaje y de su personaje principal, héroe a la altura de Aquiles, Ulises y Eneas, el autor nos despierta con un inesperado realismo.

Nos dice que el gaucho pertenece a una sub-raza adventicia, un elemento inferior, destinado a desaparecer. Y no lo lamenta. Los tiempos iban en su desfavor. Era un producto de un medio atrasado. Pero reconoce que creó un tipo nacional con personalidad propia.

Acepta que existe un valor que se llama “progreso”, que no sólo se manifiesta en la mezcolanza de seres sin arraigo como los que invadieron la nueva Argentina, sino en el afán faústico por saber más y poder más.

Recuerda que los indios, aparentemente interpretados por académicos incómodos en sus levitas apretadas, como seres inocentes cuya espontaneidad los fusionaba con la naturaleza, no sólo pedían a los blancos tabaco y aguardiente, sino que les enseñaran a “hablar con los ojos”, deseo profundo que Sarmiento supo escuchar.

Por otra parte, Lugones nos recuerda que el gaucho no desapareció del todo, y como ejemplo claro y distinto, nos habla del litoral en donde mujeres de tierras lejanas, se dejaron seducir por esos seres arcaicos, como “rebecas blondas por halcones cetrinos”.

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El gaucho (3) El gaucho (5)

7 comentarios

  • 1. marlaw  |  8 marzo 2018 en 12:34

    Lugones debe haber sido un optimista excepcional. Literariamente, al menos, ni Martín Fierro, ni su compadre Cruz, reflejaban la imagen de un gaucho, de la manera en que el lo sugiere. El gaucho no era un ser gordo, bién alimentado. y además de espíritu risueño. Para los desposeídos de la tierra. la pobreza, es algo que se sufre y se padece, es algo que duele, por mas curtido que se encuentre un hombre. Segúramente Lugones debe haber imaginado a un gaucho masoquista, que gozaba con sus desgracias.

  • 2. marlaw  |  8 marzo 2018 en 14:47

    Ahóra sí Lugones se refería a esos disfrazados de gauchos, en un corso sín carnaval, que aparecen, en las fiestas pátrias, montados sobre pingos, relucientes, con finos arréos, con incrustaciones de plata, y otras lindezas, generalmente personajes robustos, y bien alimentados, que destilan buena salud, por sus cuatro costados, esa es otra cuestión. Pero estos ni por asomo, pueden llegar a remedar, lo que fueron efectivamente, los gauchos a los que aludía, por ejemplo: Domingo Faustino Sarmiento.

  • 3. marlaw  |  9 marzo 2018 en 1:50

    Para quienes se encuentren interesados en leer, de manera gratuita, les comunico, “que pese a todo” la Biblioteca Ayacucho, sostenida por el Gobierno de Venezuela, todavía esta en la WEB. Con paciencia y esmero, si acceden a este lugar digital, podran encontrar ejemplares de libros escritos por autores Latinoamericanos. Conozco las consecuencias de utilizar este término, cuyo origen se remonta, a la invasión de Méjico o México durante el Siglo XIX, por una potencia Europea, pero no he encontrado otro mejor y hispanoamérica, tampoco me satisface, en demasía. Como les decía en esta biblioteca pueden hallar entre otros desde unos textos de Jorge L. Borges, el Facundo de Sarmiento, y también algunos textos de Leopoldo Lugones, además de otros autores latinoamericanos , como es el caso de Andrés Bello. Para aquellos que se encuentren interesados en leer, es cuestión, de ponerse a hurgar en los anaqueles de esta biblioteca digital
    Saludos cordiales a todos los amigos de este blog.

  • 4. marlaw  |  9 marzo 2018 en 3:55

    Libros sin fronteras (Disertación de apertura Feria del Libro Pcia Corrientes)

    Qué grande esta nota, Profesor, es para releerla cincuenta veces, por lo menos.

  • 5. rodolfo lópez  |  9 marzo 2018 en 16:58

    En “El fin”, en “Ficciones” de Borges, un negro había desafiado a otro a una “larga payada” “de contrapunto” y la había perdido. Pero había seguido frecuentando la pulpería; esperaba a alguien acaso. Recabarren, el patrón del lugar, medio paralítico y mudo después de aquella lejana payada, tendido en su pieza le pregunta a un chico de “rasgos aindiados” (hijo suyo tal vez) -“con los ojos”-, si hay gente en las mesas ahora, y el chico “por señas” le dice que no, el negro no cuenta.
    En el horizonte entonces, de la llanura que “bajo el último sol de la tarde era casi abstracta”, un punto se agita y crece hasta ser un “jinete”. Después de “atar el caballo al palenque”, un sujeto entra a la puipería con paso firme, pide una caña que no termina y encara al negro que lo esperaba. Hay entre ellos un diálogo intrascendente en apariencia, luego salen a la par, se alejan de las casa un trecho, se miran y se detienen. Y el negro dice:: “Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace siete años cuando mató a mi hermano”
    “Acaso por primera vez en su diálogo, Martín Fierro oyó el odio. Su sangre lo sintió como un acicate…”.
    “Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música…”, En esa hora Recabarren pudo ver el fin desde su lecho. El negro, de pié, pareció vigilar la laboriosa agonía de Fierro, limpió el facón en el pasto y volvió a las casas con lentitud.
    “Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro; no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre”.

    Pobre síntesis de “El fin” exquisito. Se pueden apreciar igual coincidencias, con los “Gauchos” del Profesor y Lugones; ejemplos:
    A un chico “aindiado” le preguntan “con los ojos”, y él que ya aprendió ese lenguaje le contesta al hombre blanco.
    No hay gaucho sin caballo, no hay caballo sin montura (o palenque)
    “El gaucho es una sub raza adventicia destinada a desaparecer”, dice primero Lugones, y luego dice que no desapareció del todo. Borges resuelve la contradicción de modo original, el negro podría encarnar el “sin-destino” de un gaucho que es arquetípicamente Fierro (y sólo después de haber matado a un hombre, es decir de rebelarse).
    “La payada es un canto de amor a la Dama del Castillo, o una composición de dos en pugna….etc, etc”. Pero también puede ser la antesala, el dramático preámbulo (el pulpero de solo verla queda paralítico y mudo) de un “entrevero” que lleva a la muerte. Un rito que anuncia otro rito, éste último mortal.
    En fin mucho se podría agregar. El tema y la maestría de J L. Borges dan infinitas oportunidades. Saludos.
    .
    PD me queda la duda de si Martín Fierro le hace caso al negro, si pone toda su coraje y toda su maña en el entrevero. Por momentos me parece que fue a pagar una deuda a la pulpería, y se entregó.

    . .

  • 6. carlos  |  10 marzo 2018 en 14:12

    Estimado Rodolfo: su notable comentario, me confirma la presunción de que Abraham haya abordado la temática gauchesca para permitir el lucimiento de aquellos foristas, como es su caso, que tienen cosas importantes que decir sobre la misma.

  • 7. Miguel  |  18 abril 2018 en 12:00

    Si hay algo que me gusta de este blog, es que los comentarios son se disfrutan tanto a más que la entrada misma. Saludos y seguiré leyendo.


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