Bitácora 104 (Publicado en Perfil 28/1/2018)

28 enero 2018 at 9:03 2 comentarios

Dos libros se publicaron hace poco que tienen a Milagro como centro de atención. “La libertad no es un Milagro” de Horacio Verbitsky, y “Milagro” de Alicia Dujovne Ortiz.

El periodista hace uso y abusa de su habitual racismo de clase. Modifica los apellidos, marca genealogías para mostrar manchas heredadas de oligarcas como los Solanas  Pacheco de los que desciende el cineasta de “La hora de los hornos”,  o los Peña Braun que enmarcan con su parentesco al jefe de gabinete, recordar que la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley también tiene un apellido repudiable ya que su padre era un banquero de una multinacional,  o meterle la zeta al presidente en lugar de la cé, no sabemos por qué pero no es por adolecer de un zezeo gráfico.

Su libro comienza por denigrar al gobernador de Gerardo Morales, y lo hace acusándolo de racista, de odiar negros e indios. Dice que cuando era estudiante en lugar de movilizarse por causas nobles lo hacía para que se permitiera abrir una playa de estacionamiento de autos; agrega que jamás se le vió “saltar” en una marcha de  protesta (cambia el estribillo del Mundial 78: el que no salta es moralés…).

Señala que Morales es pulcro, que, en su época estudiantil mientras sus compañeros  dormían en bolsas de dormir él lo hacía en un hotel.

Recuerda que fue viceministro en el ministerio de desarrollo social durante de la Rúa, sin vincularlo con Fernández Meijide que era la ministra, sino con Patricia Bullrich – emblema de odio por parte de su antigua feligresía montonera – y de aquel ministro que redujo los sueldos más altos de los empleados del estado en un 13%.

Morales fue tesorero del partido radical, lo que para el que ex periodista de Pagina 12 es lo que denomina “toda una concepción del poder”.

Agrega que apoyó la derogación de la 125, durante lo que Verbitsky define como “la sublevación de la Sociedad Rural”…con sus cientos de miles oligarcas en las rutas y calles.

En letra chica nos cuenta que este patroncito jujeño, copetudo de provincia, en realidad es hijo inmigrantes de Bolivia en donde criaban cerdos y ovejas, con un padre que tuvo  un kiosko en una estación de tren y una abuela aborigen que se vestía como una chola.

Verbitsky completa en este libro sus cuarenta nueve notas sobre Milagro Sala en Página 12 entre enero del 2016 a febrero del 2017, y nos recuerda su vida. Su abandono recién nacida, el modo en que la enfermera del hospital en el que la dejaron en una caja la adoptó sin decirle que no era propia a pesar de la diferencia en el color de piel y de sus rasgos con sus hermanos; el descubrimiento de que era adoptaba cuando tenía catorce años, y su violenta reacción ante lo que consideraba un imperdonable engaño y los años en que deambula por la marginalidad, a pesar de que no deja de estudiar y se incorpora a la CTA y a ATE en donde se forma como militante sindical.

Una vida de luchas contra el bipartidismo dominante en la provincia, contra un sistema en que el Ingenio Ledesma es el símbolo de un poder feudalizado que manipula al poder político, y cuyo patrón, Blaquier, es acusado de complicidad con el régimen militar del Proceso al abrirle al ejército las puerta del ingenio y señalar a obreros para que fueron llevados y asesinados.

Una lucha que comenzó una etapa constructiva irrefrenable hasta convertir los emprendimientos que ella lideraba en el tercer empleador de la provincia, sólo superado  por el Estado y el Ingenio.

Una obra que consta de miles de viviendas que los miembros de las cooperativas construyeron con sus propias manos a un costo muy inferior al que presentaban las empresas habituales proveedoras de los gobiernos de la provincia.

Verbitsky cita al arquitecto Jaime Sorín, ex decano de la facultad de Arquuitectura de la UBA que dice: “la Túpac se aparta de la ideología dominante (viviendismo), construye ciudad a través de un colectivo social devenido en comunidad”.

Una serie de conflictos no sólo con el gobernador Fellner, sino con el propio gremio de la construcción que vio disminuir el número de afiliados de cuatro mil a ochocientos.

El funcionamiento de plantas textiles en Alto Comedero en las que cosían guardapolvos encargados por el gobierno nacional hasta convertirse en líderes del ramo. El ministerio de Desarrollo Social le enviaba de veinte mil a treinta metros de tela para la confección de los delantales, les entregaban la mitad y el resto lo comercializaban.

La expansión de esta rama textil de las cooperativas en la provincia de Corrientes, hasta tener cuatro filiales productivas en la provincia de Buenos Aires, Mendoza y el Chaco.

Todo con el sello de Túpac Amaru, con los acentos cambiados de acuerdo a la entonación quechua.

Clínicas odontológicas, escuelas primarias y secundarias, institutos terciarios, escuelas para discapacitados, una matrícula de cinco mil alumnos, campañas contra la homofobia y el machismo, una batalla sin cuartel contra el alcoholismo, lo que podemos llamar la creación de una nueva forma de vida que apunta al futuro, que diseña proyectos, que se hace de un porvenir, que recupera valores ancestrales y lleva a cabo ceremonias y rituales que recuperan una identidad subyugada.

Verbitsky sostiene que la obra de la Túpac trató de construir de una manera lenta y persistente un nuevo sujeto económico, por el que el excedente se distribuía entre los miembros de la comunidad en valores materiales y simbólicos como la educación gratuita, cultura, deporte, servicios de sepelio gratuitos, etc.

No se trata sólo de identidad sino del modo en que una minoría constitutiva de la  nacionalidad lucha por su supervivencia y por tener un lugar en la sociedad moderna.

Porque se trata de modernidad, la obra de Milagro se apropia de la tecnología y de los avances civilizatorios para enriquecer a su comunidad. Por eso abrió cibercafés, telecabinas, minimercados, polideportivos.

No lo podría haber hecho sin la financiación del gobierno de los Kirchner con el que mantenía relaciones cambiantes y con frecuencia conflictivas. La política vernácula comenzó a deglutir la obra de Milagro Sala. Los Kirchner le exigían incorporarse al Frente para la Victoria. Someterse a electoralismo que beneficiaba a Fellner, y bregar por la Reforma constitucional para eternizar a Cristina.

Milagro se quejaba de que la ex presidenta los trataba de pobres, que no reconocía la singularidad de sus tareas, que no tomaba en cuenta la diferencia que marcaba la procedencia de su raza.

Verbitsky que detalla todas estas cosas, sostiene que los dirigentes sociales cuando intentan proyectarse políticamente corren el riesgo de perder los espacios de poder y la obra realizada. Cita los casos de Vandor, hasta  D`Elía, de Genaro y el perro Santillán.

Habla de las falencias y las inevitables trampas a las que lleva lo que el periodista denomina como “la desmesura tupaquera”.

La organización celebraba el día de Reyes con regalos para setenta mil familias, Milagro iba a La Salada, “universo fantástico con treinta mil puestos de venta”, en el que Milagro se abastecía de blusas, zapatillas, y cien mil remeras para cuando decidió constituirse en partido político.

El periodista no deja de señalar los casos de corrupción y nepotismo del que son actores hijos y parientes de Milagro y de su marido Raúl Noro. No niega del todo que se obligaba a la gente a ir a las marchas si no querían perder lo que tenían. Los miembros de la Túpac estaban uniformados con ropas de trabajo que al mismo tiempo les daban un aspecto guerrero reforzado por los gritos al unísono y los vivas y mueras correspondientes.

Tampoco descarta de plano las muertes perpetradas por miembros de la Túpac, aunque atribuye las denuncias a una serie cada vez mayor de supuestas traiciones de sus miembros, al terror que instaló el gobernador Morales y a las compras de voluntades de parte del mismo poder.

Por otra parte los conflictos entre decenas de comunidades y asociaciones que el periodista enumera con sus correspondientes acrónimos como ODIJ. UTD, ATS, MOJU, MOCJU, ALUD, MTL, UTB, OSEN, SEOM, CCC, PCR….nos dibujan un campo político que lejos está de ser llano, por el contrario, distaba de tener un vector hegemónico, sino hubiera sido por el apoyo estatal que le posibilitó a la Túpac llegar a tener noventa y cinco mil afiliados.

Sin embargo, no hubo un líder de la estatura de Milagro. Hace unos años, cuando quien aquí escribe colaboraba con el Frente Progresista liderado por Hermes Binner, un grupo de diputados socialistas viajaba a Jujuy para presenciar un fenómeno inédito en la provincia. Me hablaban de una mujer que era venerada por miles de peregrinos como un santa o algo así,  que daba la idea de que se referían a otro de los cultos del NOA de índole mágico-religiosa. No imaginaba que se trataba de un movimiento social.

El periodista cita una declaración de Sabrina Roth, responsable del área de prensa de la Túpac, que recuerda que el 22 de agosto del 2012, cien mil integrantes de la organización y su red de comunidades, conmemoraron el Éxodo Jujeño. La situación se volvía caótica e incontrolable hasta que, dice Roth, “ habló la Flaca y la gente se abrió como las aguas bíblicas del Mar Muerto” (era el Rojo).

Milagro quería crear un estado provincial plurinacional, pluricultural, y plurilingüe, del modo en que lo hizo Evo en Bolivia, su referente político junto al Che y Evita. Se amparaba en la ley cósmica legadas por antepasados ancestrales que  se traducen por unos pocos mandamientos como los de “no seas flojo, no seas mentiroso, no seas ladrón”.

Postula que la “buena vida” sólo se garantiza desde un estado provincial socialmente justo, en el que la propiedad privada se garantiza si cumple con una función social.

Asegura también la libertad de expresión, el pluralismo y la diversidad. Lamentablemente, el ejercicio del poder de Milagro y los suyos no cumplieron con estos requisitos suaves y democráticos, sino por letra del propio apologista, se enriquecieron, exhibieron agresivamente sus camionetas de lujo cuatro por cuatro durante el acampe frente a la casa de gobierno para mostrarles a los comerciantes de la zona que no eran menos que ellos, los hijos de Milagro fueron nombrados secretarios de la juventud de su nuevo Partido de la Soberanía Popular, “sin ser las personas más capacitadas para la función”, según Verbitsky, un hijo de Noro, esposo de Milagro, llamado el “malanchancho” por lo inútil, fue designado candidato electoral junto a   Amalía, compañera de uno de los hijos del corazón de Milagro.

Se suceden las páginas de este libro con el objetivo de reforzar la idea de la asociación criminal entre el poder político y el poder económico provincial, entre Morales y Blaquier, mostrar que las acusaciones de los colaboradoras más cercanas de Milagro como Natalis Sarapura – nombrada por el gobernador Morales en Secretaria de gobierno para los asuntos indígenas – no fueron más que la expresión de la deslealtad respecto de su líder, puntuando sin comentarios agregados que Milagro funda la rama provincial de “Unidos y Organizados” para sostener la candidatura de Cristina, acompañada por el Cuervo Larroque, Emilio Pérsico y el Barba Gutierrez, y reconociendo que las miles de afiliaciones impuestas por la fuerza no se tradujeron en votos en la medida en que las elecciones exigen el voto individual y secreto.

Verbitsky sostiene que Milagro desafío las bases de una democracia representativa que se expresa por un sistema obsoleto de partidos políticos, cuya institucionalidad fue cimentada por políticos como Raúl Alfonsín, para proponer y practicar una democracia participativa de tipo asambleístico prolongado en llamados plebiscitarios y consultas populares.

La obra de Milagro no sólo es demolida de acuerdo al periodista, ella perseguida y acusada sin fundamento de todo tipo de delitos, sino, además difamada por propagandistas y voceros oficiosos ligados al poder como Luis Majul, y miembros “vergonzantes de la prensa canalla” como Ernesto Tenembaum.

En la página 423 nos dice que Aníbal Ibarra – el héroe de Cromañón – cuenta que ascendió al Aconcagua y desplegó una bandera pidiendo la libertad de Milagro, y que intentará repetir la hazaña en el Kilimanjaro, para así dar testimonio en las mas altas cumbres de América y África.

Nada dice del Himalaya.

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Bitácora 103: Evo Bitácora 105 (Perfil 28/1/2018)

2 comentarios

  • 1. Alejandro A  |  31 enero 2018 en 11:40

    La ruta que sale de San Salvador para Bolivia está poblada con los cientos de casas hechas por Milagro Sala, identificables por el logo con la figura de Tupac en los tanques de agua; Serrat, en la hermosa canción que le dedica a la Montonera Marie Anne Erize, remata con una estrofa aplicable: “Que buen vasallo sería si buen señor tuviese”

  • 2. JUAN PEREZ  |  31 enero 2018 en 17:45

    Santa Milagro Sala


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