Biopolítica de la Argentina (1)

14 enero 2018 at 9:53

Se ha replanteado en la Argentina el tema y la realidad de los pueblos originarios. Llámense originarios, nativos, indígenas, aborígenes, indios, se trata de la misma gente con apelativos incómodos por el sentimiento de culpa de los huincas, cristianos o blancos que son agraciados con otros apelativos repudiables que llegan al hiperbólico “genocidas”.

Las aisladas protestas y denuncias de los atropellos en tiempos recientes de aborígenes en Chaco y Formosa, no concitaron un seguimiento y apoyo masivo de parte de quienes sostenían a los gobiernos kirchneristas. No formaron parte del listado de sus víctimas.

No eran rememorables como la “maravillosa juventud”, ni acreedores de la política de inclusión social por no proveer las garantías de apoyo y subordinación al gobierno nacional.

Este cuadro de situación cambió radicalmente por una serie de acontecimientos de reciente data.

¿Cómo es que llegamos a esta inquietud apenas despegados de un pequeño poblado francés en el que se rinde homenaje a un filósofo natural de la zona como Michel Foucault? (El profesor Michel Foucault (33) (3/11/2017)

La actualidad de Foucault se concentra en la literatura de denuncia que se hizo llamar “biopolítica”. Es esta vertiente la que domina el panorama de los estudios que evocan su nombre en desmedro de sus textos sobre el arte de vivir, la estética de la existencia y las tecnologías del yo.

Por otra parte, se hizo costumbre asimilar al filósofo con la palabra “poder”. Sin embargo, el contenido de esta problemática ha desplazado su sentido. Los dispositivos disciplinarios, el panóptico, el esquema nietzscheano que articulan cuerpo e historia, pertenecen a una lectura amortizada de los estudios foucaultianos.

En el último tercio del siglo XX la matriz de la producción capitalista que fue objeto teórico de los análisis de Foucault, se transforma y aquel modelo de tipo fordista que predominó durante el siglo pasado deja de ser dominante.

La revolución industrial que tenía como institución básica la manufactura es desplazada por la “empresa”, espacio abierto y móvil cuya dinámica y funcionamiento se despliega  extramuros. Sociedad de control y ya no disciplinaria afirmaba Gilles Deleuze hace menos de treinta años, y centraba el núcleo de su actividad en los departamentos de venta reforzados por el marketing, las políticas de imagen y recursos humanos.

La empresa es volátil y su “low cost” se acelera por la revolución informática.

El poder ya no es un ojo que todo lo vigila a la manera del Dios monoteísta o del gran hermano orwelliano, no necesita de dispositivos de vigilancia explícitos que establecen un orden y una jerarquía vertical e integrada, sino que se dispersa y se mide por sus resultados.

La antigua disciplina basada en la seguridad del contrato que le da a cada uno de los que participan en el proceso productivo un lugar y una función, pasa a ser un sistema flexible que se mide por metas, cupones de reconocimiento y premios por  objetivos alcanzados.

Es un universo precario que Foucault comenzó a analizar en el curso “El nacimiento de la biopolítica” en el que estudió la economía política liberal y neoliberal a partir de los  desarrollos teóricos de los economistas alemanes.

A pesar de que Foucault deja de lado su anunciado proyecto de analizar el poder desde la biopolítica y el estudio de las poblaciones, los lectores, seguidores, e investigadores de su obra, se centraron en el tema y produjeron una abundante literatura.

Por lo general los estudios biopolíticos no se han desprendido del esquema disciplinario, no han tenido en cuenta las pocas pero sugerentes intuiciones de Foucault, y han diagramado un mundo nuevamente cerrado, custodiado y condenado, en los cuales las poblaciones constituyen el nuevo sujeto vigilado y manipulado.

La biopolitica se ha moldeado de acuerdo al paradigma concentracionario y ha fusionado lo que Foucault denominó anátomo política de los cuerpos con la biopolítica de las poblaciones.

De este modo el problema poblacional no se ha desprendido del modelo del sujeto productivo y los espacios de poder que los circunscriben no se han diferenciado en problemas que requieren un tratamiento específico.

Meditando sobre estos temas, se cruzó en mi mente un hecho en el que había pensado de soslayo cierto tiempo, y que se detuvo esta vez con un interrogante.

Sabemos que Foucault usa un archivo compuesto por documentos históricos referidos a la sociedad francesa, con algunos agregados de lo sucedido en Alemania e Inglaterra. Cuando presenta datos de política poblacional los ilustra con las estadísticas de demógrafos del siglo XIX como Villermé, y censos europeos.

No se dedicó a investigar lo sucedido en las colonias del Imperio francés ya sea desde el punto de vista de las políticas de disciplinamiento, ni desde la perspectiva biopolítica o de la gubernamentalidad.

El nuevo sujeto llamado “población” se convierte en sus análisis en un problema urgente con el desplazamiento del campesinado francés hacia las ciudades y el forzado y acelerado proceso de urbanización.

Foucault se dispone luego del sujeto del conocimiento, el sujeto del poder, y el sujeto ético, todos estos sujetos asujetados por dispositivos de saber, disciplinarios y tecnológicos, a abordar el problema de los grandes números, el de los agregados poblacionales.

Lo que se cruzó en estas referencias foucaultianas es que este fenómeno en ningún lugar del mundo tuvo un proceso de la magnitud ingente como la que se dio en nuestro país.

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Entrevista a una de las firmantes del Manifiesto Biopolítica de la Argentina (2)


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