el profesor Michel Foucault 33

3 noviembre 2017 at 11:59 Deja un comentario

El pasado 17 de setiembre, la asociación nuevamente abrió sus puertas y organizó las actividades  en el bello jardín, gracias a la amabilidad de su nuevo propietario. Los visitantes podían contemplar las primeras ediciones de sus libros, y colgados de ramas de los árboles, en paneles apoyados sobre los troncos, se apreciaban fotografías y afiches, videos, remeras estampadas, además de kakemonos frases caligrafíadas  del filósofo.

Un grupo de estudiantes coreanos llega a la muestra.

El punto de reunión es en la esquina de la calle Poitiers y la calle Michel Foucault, en el umbral del acceso al parque. La librería “Improbable” (lindo nombre) se hace cargo de la exposición de sus libros.

La jornada estuvo galardonada por tres invitados especiales. El compañero del filósofo (no se usa la palabra “pareja”) Daniel Defert, y de su asistente en El College de France François Ewald.

Lamentablemente, el evento se vió empañado por la lluvia vespertina que obligó a los asistentes a refugiarse en un salón de la casa de cultura del pueblo. No importa, la calidez del auditorio, unas decenas de personas, y la generosidad de los invitados, compensan en exceso la inclemencia del tiempo.

Defert, como lo hace con frecuencia, vincula la posteridad de Foucault a su actividad militante. El público presente, la burguesía local, sabe que cuando se trata de un hombre de importancia, su homosexualidad de izquierda es un atributo comprensible. Ya no estamos en épocas de Oscar Wilde. Además, socialistas y republicanos son casi todos.

Ewald, cuya militancia maoísta sólo la conserva en un álbum de juventud, recuerda su experiencia en el College de France, un recinto extraño al que cualquier persona puede ingresar a escuchar conferencias de los más notables académicos franceses. Premios Nobel, científicos nucleares, los más encumbrados especialistas en el conocimiento, historiadores y filósofos.

Es una ofrenda de la cultura francesa a la ciudad de París, en un edificio frente a la Sorbona, en el barrio latino, bordeado por una placita que tiene el nombre de “Square Michel Foucault”, en la que hay un busto del Dante.

Debe ser por el Infierno.

Foucault no se sentía del todo cómodo ante un auditorio volátil, en el que una persona que salía de compras se tomaba un recreo para pasar por el aula en el que Foucault hablaba de la microfísica del poder, y volvía a su casa con la remolacha, los nabos, y un par de nuevas palabras como “dispositivo”, aunque, también hay que subrayar, que le ahorraba al filósofo corregir monografías, mirar rostros dormidos y firmar expedientes.

Un trabajo que se inicia en enero y termina a fin de marzo – sus cursos eran de doce  o trece clases -, y que le deja nueve meses para pensar, estudiar, escribir, viajar, no es una labor desdeñable.

El tercer personaje invitado es el editor Henri Paul Fruchaud, que se especializó en editar cursos y conferencias de su tío, es decir, de Michel Foucault.

El sobrino sesentón, con micrófono en mano, ante un pequeño grupo de interesados, cuenta esas cosas que sólo un familiar o allegado cercano sabe.

Recuerda que de niño veía a su tío escribir en su habitación, pasear por el jardín. “Nadie como él para preparar la mayonesa”, aderezo del que se instituía como único responsable, y, para completar la imagen de la personalidad de su tío, recuerda que siempre hacía trampas cuando jugaba al póker.

Comentario extraño, en el que en un juego de engaños bien calculados, haya un tramposo. ¿Cartas marcadas? ¿Espejos al fondo de la sala como en el cuadro de Las Meninas? ¿El sobrino que le hace señas?

Podemos acceder a un video de cuatro minutos en el que un señor de noventa y un años sentado con su boina, nos cuenta que su alumno Michel Foucault le fue encargado por su madre para que le diera clases de filosofía en forma privada.

Louis Girard era estudiante, seis años mayor que Foucault, fue recomendado para la tarea una vez que el titular de la materia del liceo Stanislas, fue deportado por los nazis.

El profesor Girard recuerda que Foucault tenía una gran capacidad de trabajo, que pedía claridad argumentativa ante todo, y que tenía cierta timidez. Por supuesto que el profesor no sospechaba que se encontraba ante un futuro filósofo de renombre mundial.

Agrega que el hermano de Michel, que fue su alumno en el liceo Louis le Grand, le regaló los cursos de Michel Foucault, aquellos que dictó en el College, y que se aprecian en el encimados en  su mesa. Dice que no los leyó, que no le interesan demasiado, que prefiere Platón, que cada uno tiene sus gustos.

La Asociación tiene un correo electrónico: jardindemichelfoucault@gmail.com.

Se han publicado textos en el diario de la zona La Nouvelle République que invita a suscribirse para leer algunas intervenciones de los eventos mencionados, previo depósito de unos veinte euros en la caja de ahorro de la empresa.

Tienen una página en Facebook, en la que hay informaciones sobre las actividades, y podemos leer algunos breves comentarios de satisfacción y unos pocos “likes” como el del reconocido foucaultiano argentino Luis Diego Fernández.

 

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El profesor Michel Foucault 32 Bitácora 85 /publicado en diario Perfil 5/11/2017)

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