El profesor Michel Foucault 26

4 octubre 2017 at 11:17 4 comentarios

Un docente universitario especializado en la obra de Foucault puede con frecuencia tener la obligación de presentar e introducir su pensamiento a un alumnado que desconoce el tema.

Si no es ignoto, el alumnado, y cree o supone que sabe, o sabe, se presenta como una fiera agazapada pronta a lanzarse ante la carne cruda o viva. Ante las primeras palabras que hablan de un filósofo francés que nació en Poitiers, se escucha el ruido interno de los cráneos presentes con su “y eso quién no lo sabe!”. Ese “quién” mira al  profe con desprecio y sorna mientras intenta satisfacer a legos y doctos a la vez.

Si se me dispensa una autorreferencia relativa a mi conducta docente, decidí elegir la siguiente postura cada vez que ingreso a un claustro y subo a la tarima. Me digo a mi mismo: “Nadie sabe nada. Y yo sí sé que no sé”.

Muchos dirán que esa frase es conocida, puede que sea así, no lo niego, no me jacto de original, pero su pertinencia no puede estar en duda. Espanta el fantasma del miedo a no saberlo todo, al pater seraficus que colecciona todos los datos, y, finalmente, vale por sí misma porque la dijo Sócrates.

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. Hay que sentirse joven, es decir creativo, sorprenderse a sí mismo, tener el ánsia de aventura, explorar, en fin, no aburrirse en clase, sentir el peligro, odiar, encandilarse con una alumna, exterminar al que se ríe en la última fila, desearle lo peor al que duerme. Y no dejarse interrumpir por las agrupaciones de troskistas, lesbianas, y otros demócratas.

Y así, una vez relajado de acuerdo a mi preceptiva docente, inicié mi último curso sobre Michel Foucault comunicándole al alumnado que hay dos Foucault, uno apolíneo y el otro dionisíaco.

El primero escribe “Las palabras y las cosas”, “Raymond Roussel”, “El uso de los placeres”, y “El cuidado de sí”. El segundo, publica “La historia de la locura en la época clásica”, y “Vigilar y castigar”.

Otros textos son híbridos, momentos de pasaje, anuncios de futuros libros, o puestas a punto metodológicas.

El apolíneo habla de texturas, superficies, combinaciones, juegos. Es el mundo de la forma que provoca placer ante la buena composición de los elementos, nos causa  asombro de que el mundo sea tal cual se manifiesta, es el de una inocencia que no se resiste a la metamorfosis y al devenir de lo que es.

El dionisíaco penetra la corteza del acontecer, desciende al infierno de Vulcano, y se funde con la energía universal que todo lo genera. Es el absoluto de los cuerpos que una vez engendrados vuelven a lo informe para fundirse en el fuego inicial.

Uno es el mundo de la diferencia, el otro el de la mismidad. El del juego y el del éxtasis. En Nietzsche su mezcla nos da la tragedia griega y el espíritu de la música, en Foucault sus análisis de las epistemes y el sueño de una ciencia general de los signos alternados con sus estudios sobre los cuerpos y el poder, no nos dan nada.

Por eso hay dos Foucault que no se funden entre sí. No uno joven y otro viejo, uno nóvel y el otro maduro, sino dos en un mismo filósofo. Se deslizan el uno en el otro, de la estética a la política, del arte a la guerra.

Este Foucault duplicado se deriva como nave de los locos por dos cauces con tres vertientes. En el cauce de la política fluyen las figuras de la exclusión, la domesticación y la de la administración.

Por el de la ética lo hacen el conócete a ti mismo, el cuidado de sí y el hablar con coraje y verdad.

Este filósofo bífido que nada por seis vertientes en lechos paralelos tuvo dos momentos que llamamos de ‘transición’, en 1969 y 1978, y una crisis de 1976 a 1977.

La primera transición corresponde a “La arqueología del saber”. Foucault con este texto responde a las críticas de los discípulos de Althusser que lo acusaron de ignorar la revolución teórica de Marx. Intenta un acercamiento recuperando en su análisis el concepto de ‘práctica’ que compensa el encuadre de la autonomía discursiva de sus estudios epistémicos.

De este modo se aleja de su dedicación exclusiva a la arqueología de los sistemas del saber.

En su segunda transición elabora la nueva noción de ‘gobierno’, lo define como  dirección de conductas, que le servirá de antesala a sus análisis del examen de consciencia en la pastoral cristiana y en el estoicismo romano.

De este modo se distanciará de su dedicación exclusiva a la genealogía de los dispositivos de poder.

Doble distanciamiento respecto de los ejes del saber y del poder que confluyen en la última parte de su producción centrada en la formación de subjetividades en la antigüedad y el cristianismo monástico.

Este final bien puede tener el nombre de “ética”.

Lo que ignoramos es cúal podía haber sido su próximo desplazamiento.

Anuncios

Entry filed under: General.

El profesor Michel Foucault 25 El profesor Michel Foucault 27

4 comentarios Add your own

  • 1. marlaw  |  5 octubre 2017 en 5:42

    En un párrafo del texto de Florencia Aguirre, Foucault habría hecho una mención de una supuesta desvalorización de la locura, con relación a las enfermedades ” que sangran y cangrenan” por parte de la medicina tradicional:Pienso que lo que a Foucault se le escapa, o no tiene en cuenta al pronunciar tal cosa, es que en principio la Medicina se origina como un saber destinado a salvar vidas y a tratar de evitar la muerte de las personas. Con la locura acontece, que si bién esta puede llegar a ser considerada como una: “maladie”, resulta muy obvio que la locura no forma parte del tipo de dolencias, que pongan en peligro o riesgo de muerte a las personas. No es lo mismo una afección pancreática, que puede llegar a fulminar la vida de una persona en 24 horas, sí esta no es diagnosticada a tiempo, que estar loco, salvo el caso, que el loco resulte ser alguién como el asesino serial de Las Vegas.

  • 2. marlaw  |  6 octubre 2017 en 9:04

    Anoche lo único que habría faltado para completar es Palito Ortega, quién como cuando apareció la Dictadura del general Onganía, salió a cantar: “Yo Tengo Fé”

  • 3. rodolfo lópez  |  6 octubre 2017 en 13:34

    A falta de otras lecturas al respecto, que no sean las clases del profesor, va un pensamiento polémico de Oliver Goldsmith (¿?): “La filosofía no contribuye a nuestra felicidad”, fuente: claringrillas.

    Y otro que podrían usar los mapuches: “Cuando llegó el hombre blanco, nosotros teníamos la tierra y ellos tenían las biblias. Ahora ellos tienen la tierra y nosotros tenemos las biblias” Del Jefe Dan George (¿?) fuente: autodefinidos.

    Y mío: “Biblias, claringrillas y autodefinidos no contribuyen a la felicidad”

  • 4. Aldo  |  8 octubre 2017 en 19:32

    para un sistema mezquino infantil y loco como en el que vivimos Messi era el chico perfecto , educado, de pocas palabras etc ,,, El otro es el negro de m,,,, , como decia Galeano o uno de esos ” Un dios con patas de barro “,,,,,,,,, o no faltaran aquellos que digan ” que se vallan a lavar las patas “

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Subscribe to the comments via RSS Feed


Archivos

Categorías

Comentarios recientes

Alejandro A en Bitácora 97
Alejandro A en Bitácora 97
marlaw en Bitácora 99
r .nadaud en Bitácora 95
Marcelo Grynberg en Bitácora 95

Calendario

octubre 2017
L M X J V S D
« Sep   Nov »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  

A %d blogueros les gusta esto: