El profesor Michel Foucault 20

1 agosto 2017 at 8:59 12 comentarios

Gracias al reto de Miller, creo que se ha hecho la luz, al menos amanece. Hay aquí un punto de inflexión. Volvamos del futuro. Siglos XVI y XVII. Miremos retratos de Rembrandt. Situémonos en los tiempos de la Reforma y de la Contrarreforma. Desde distintos lugares el poder de Roma es atacado. Pero el espanto no une. No hay diálogo entre Rabelais y Calvino, no puede haberlo, y no por una cuestión de doctrina, los dos pueden oponerse a una iglesia corrupta, pero vienen de mundos diferentes. Uno se ríe, el otro tiene el ceño fruncido. A uno le brillan los ojos, el otro aprieta los dientes.

Uno mima las disputas escolásticas con un combate de pedos; el otro refuta el dogma de la transubstanciación. Uno hace viajar a dos extraviados por el mundo, el otro propone ordenar una habitación para sentar a su conciencia.

Michel Foucault había escrito una reseña elogiosa de “Los maestros pensadores” de André Gluksmann. En ese libro publicado dos años antes de este encuentro con lacanianos, Gluksmann intenta trazar la filiación entre la filosofía del idealismo alemán y el genocidio nazi, pero para asombro del lector, el autor comienza con una presentación del fenómeno de la risa en la literatura del siglo XVI y XVII, en Rabelais, Cervantes y Shakespeare, una risa obturada por el desarrollo del pensamiento serio desde Hegel.

¿En qué consiste esa risa nómade que se desplaza por la historia  y se deposita en el rostro de Foucault para irritar a Miller y los suyos?

No es la carcajada nietzscheana ante el abismo, ni la fiesta grotesca del carnaval rabelesiano. Nuestro filósofo a pesar de los críticos que bucean en sus intensidades eróticas, es más bien apolíneo.

Foucault usa la erudición para abrir el universo de los posibles en materia de pensamiento. Su audacia tiene el propósito de que se comience a hablar de cuestiones selladas por el saber de los especialistas. Provoca, justamente provoca, como lo hacía Sócrates, a la seriedad y el rigor de quienes hablan en nombre del saber.

Su trabajo de archivista no tiene la función de silenciar al lego, sino, por el contrario, de alentarlo a intervenir.

Kant en nombre de la Ilustración pedía coraje para saber, Foucault pide lo mismo para hablar. Y por alguna veta misteriosa, hablar y reír se potencian.

Aprovecharemos entonces este recreo para precisar mejor esta denunciada diversión foucaultiana. Presentamos otro simposio veinte años después del que aquí parafraseamos, en 1997, en el que un grupo de académicos comentan el curso “Defender la sociedad”, contemporáneo de la aparición del primer tomo de la historia de la sexualidad.

Entre ellos, hay un señor poco conocido entre los seguidores de Foucault, habla por única vez, lo que dirá es un canto de sirena, suavecito, despacito, y luminoso.

Nos referimos al profesor de derecho de la universidad de Roma,  Paolo Napoli,  que dice lo siguiente:

“La intención de Foucault es menos de decir aquello que efectivamente sucedió que la de desencadenar una nueva posibilidad de hablar, de tomar posición en la actualidad, y, por lo tanto, de producir algo real. En síntesis, estamos frente a una verdadera `práctica historica´: decir y hacer historia conforman un mismo acto.

“Esta actitud respecto de la historia puede calificarse de estetizante. Sin embargo no se trata de un esteticismo alejado de la realidad: se genera un acontecimiento para provocar nuevas situaciones y hacer posible la enunciación de discursos alternativos. Foucault llamaba “ficción” a este modo de trabajar con los datos empíricos (…)

“Pero la palabra `ficción´ tiene un significado determinado, en especial respecto de otra construcción mental que tiene el nombre de `hipótesis´. Mientras la hipótesis debe ser verificada en el terreno de la documentación, la ficción se sustrae a esta obligación porque su fuerza reside en su valor pragmático, instrumental”.

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El profesor Michel Foucault 19 Entrevista pública en la ciudad de Córdoba (ingreso directo)

12 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  1 agosto 2017 en 9:21

    Me pregunto si esa forma de re-pensar o re-interpretar la historia,
    no tiene antecedentes o alguna relacion con las tesis de W. Benjamin escritas en “Sobre el concepto de historia”.

  • 2. marlaw  |  1 agosto 2017 en 10:02

    En esta tragedia Foucault desepeñaría el papel de Antígona y Miller de Creontes.

  • 4. marlaw  |  1 agosto 2017 en 21:27

    Al comentario 2 le faltaron los signos de interrogación

  • 5. Aldo  |  2 agosto 2017 en 20:32

    Los especialistas son todos apolinicos ( de Apolo )un especialista no quiere sorpresas y si las tiene hasta puede renunciar a lo que hace o ponerse mas dogmatico que nunca ,, ¿ Acaso Freud no buscaba el equilibrio Apolionico y renuncio a la psiquiatria del momento ? acusar a Freud de lo contrario,, de Apolo ,, eso que llaman Dionisio, es de corto de ideas ,,, que la historia es apolionica y dionisica al mismo tiempo es para cagarse en todo ,,, si es asi a los pobre perejelis no nos queda otra cosa que obedecer o rebelarse como medida de superacion del autoestima

  • 6. Aldo  |  2 agosto 2017 en 21:15

    hasta que la muerte nos devuelva a la nada esencial

  • 7. marlaw  |  4 agosto 2017 en 1:08

    Marcelo lo baje a:”sobre el concepto de la historia” de W. Benjamin, es bueno hace pensar.

    Saludos

  • 8. marlaw  |  4 agosto 2017 en 12:04

    Lo que Paolo Napoli denomina una “ficción” es lo que vulgarmente llamamos una “suposición” en la que se sustenta un enunciado, como por ejemplo, cuando Arquímides dijo dame un punto de apoyo y moveré el Mundo.

  • 9. Marcelo Grynberg  |  4 agosto 2017 en 13:00

    Marlaw: todos esos temas estan muy bien explicados en (por lo menos) los dos siguientes libros:

    – “Walter Benjamin. Aviso de Incendio” , de Michael Löwy
    (Ed. Fondo de Cultura Economica)

    – “El Angel de la Historia. Rosenzweig, Benjamin, Scholem”,
    de Stephane Moses (Ed. Fronesis).

    Son dos ensayos excelentes. Tal vez se puedan bajar de
    inernet. Suerte.

  • 10. Marcelo Grynberg  |  4 agosto 2017 en 13:06

    Me olvidaba: otro que viene insistiendo con esas teorias catastrofistas es Ricardo Forster (ex- secretario de pensamiento 🙂
    Pero su prosa me resulta muy barroca (to say the least …)

  • 11. marlaw  |  5 agosto 2017 en 16:45

    (En general) En algunas ocasiones yo no sabría sí recomendar mas filosofía y menos prozac, o mas prozac y menos filosofía.

  • 12. Juan Chaves  |  16 agosto 2017 en 15:22

    Lo de Apolo y Dionisio es teísta, o sea que es falso. Es una explicación mistificadora en vez que cierta. Lo de la ficción puede llevar a mala práctica, o terminar bien, pero si no se la precisa su resultado es azaroso. ¿Qué tiene eso de malo, podrían decirme? Que si termina mal a la gente la hace sufrir. A ustedes mismos les pasó de padecer prácticas apesadumbrantes.


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