El profesor Michel Foucault 17

21 julio 2017 at 22:30 7 comentarios

Foucault va derecho al grano. Dice que  si quieren hablar de lucha de clases, de dominadores y dominados, de explotadores y explotados, hay que considerar que no son entidades dadas previamente. Los conflictos de poder no se presentan como una competencia entre bandos ya conformados. Ni siquiera es suficiente afirmar que lo que está en juego son los intereses de sectores de poder.

Dice que tan o más importante que los intereses de clases es la aparición de necesidades que imponen nuevas condiciones de vida, y los nuevos peligros que acechan por estas  transformaciones.

Da ejemplos de las primeras décadas del siglo XIX, en las que se constituyen los grupos sociales que corresponden al proceso de industrialización capitalista, y señala que será necesaria una estrategia y sus tácticas correspondientes para imponer condiciones y realidades.

Foucault dice que la necesidad que tenían los patrones de fijar la residencia de los obreros y tenerlos cerca de sus lugares de trabajo, será determinante para la elaboración de varias técnicas de sedentarización, como la presión para que los trabajadores se casen, proveerles de alojamiento, construir ciudades obreras, endeudarlos con los alquileres pagados por adelantado, abrir cajas de ahorro, obligarlos a comprar de fiado en las proveedurías en las que se abastecían.

Poco a poco se constituye alrededor de estos fenómenos un discurso filantrópico que pretende moralizar a la clase obrera. Las experiencias se generalizan, y vemos reglamentar el trabajo de las mujeres, y planificar la escolarización de los niños.

En todo este proceso intervienen sindicatos patronales, el parlamento, cámaras de comercio…que reajustan y modifican las medidas para lograr establecer una estrategia más o menos coherente. Es muy difícil localizar un sujeto único que haya concebido todo esto.

Foucault afirma que para que una clase pueda ejercer su dominio, serán necesarias un cierto número de tácticas eficaces, elaboradas al interior de grandes estrategias que aseguren la dominación.

Entre la estrategia que fija, reconduce y multiplica las relaciones de fuerza, y la clase dominante, hay una relación de producción recíproca. Dice que es posible afirmar que la moralización de la clase obrera es una estrategia de la burguesía, también se puede aseverar que refuerza su dominación. Pero lo que no puede sostenerse es que en el nivel de su proyecto económico y de su ideología, la burguesía sea un sujeto que impuso por la fuerza esta estrategia sobre la clase obrera.

En esto Foucault es taxativo y marca sus diferencias con el marxismo. No niega la existencia de las clases sociales, pero no está de acuerdo con que la dominación se recubra con una ideología ya programada, con un contenido determinado, un sistema de representaciones que guía sus operaciones, y una conciencia de clase que fija su identidad.

Foucault para explicar el poder no lo hace pasar por la serie ideología-conciencia, y no deriva la práctica política de las representaciones de un sujeto social.

Ni ideología, ni conciencia, ni sujeto, ni representaciones, ni intereses. Su perspectiva parte de los condicionamientos de una coyuntura, de las necesidades que se imponen en la medida en que surgen dificultades, de los nuevos peligros que emergen de acuerdo a los cambios en los modos de producción y sus efectos sociales, y de la elaboración de una estrategia global con variantes tácticas generadas por la dinámica de los conflictos.

Da otro ejemplo esta vez referido a la psiquiatría. Para explicar la aparición de algo que podemos llamar poder psiquiátrico y su intervención en el dominio penal, no es necesario invocar una especie de dinámica imperialista de una disciplina que se apropia del crimen y de la criminalidad para expandir su poder.

No se trata del interés de una nueva corporación médica. Sino, dice, que una vez que la psiquiatría logra cierta autonomía, y que ya no se restringe al campo asilar ni al de la internación, para justificar la ocupación de un mayor espacio social, debe circunscribir un nuevo peligro que hará imprescindible su intervención.

De un modo análogo a la medicina social que se ocupará de las epidemias y de la higiene pública, la psiquiatría se hará cargo del extraño fenómeno de los crímenes sin razón. Son los casos en que gente aparentemente normal, un buen día comete un acto monstruoso que no tiene explicación.

Estamos frente a una  nueva faceta de la manifestación de la locura que se relaciona con

crímenes cuyo castigo no tiene la explicación de otros actos de la misma especie. Matar sin razón no es sólo un crimen sino un enigma que apunta a un personaje indescifrable. Una condena necesita una razón, y si no la tiene, hay que sumarles especialistas de otro campo a los representantes del orden jurídico.

Con esto Foucault quiere señalar que el poder psiquiátrico se conecta con nuevos fenómenos sociales, con peligros inéditos, misterios de la conducta que es necesario conocer, personajes no previstos, y de un nuevo problema que desplazará el delito del acto al agente, de la pregunta sobre la prueba a la requisitoria por el examen, del qué sucedió al por qué lo hizo, del qué al quien.

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Una crítica a “El deseo de revolución” Entrevista tropezada

7 comentarios

  • 1. federicomiguelquinteiros  |  21 julio 2017 en 22:51

    excelente su trabajo profesor, si lo tuviera enfrente a michel, qué le diria? cree que Michel le estaría tan agradecido como nosotros por comentar su obra? usted lo estará por alguien cuando comenten la suya…lo de ayer fue tremendo. gracias profesor

  • 2. marlaw  |  22 julio 2017 en 4:20

    Me parece que no es preciso establecer estrategias de ninguna clase para ejercer esa dominación. Estas últimas aparecen naturalmente producto de la necesidad. Las estrategias en todo caso serián procedentes en el caso que se pretenda crear en una comunidad nuevas necesidades que antes no existian, como podría llegar a ser distribuir drogas gratis, para luego tener cautiva a una comunidad de adictos.En la conquista tanto del desierto entre nosotros, como del oeste Americano; quienes pretedián someter a las poblaciones indígenas iban provistos de grandes cantidades de alcohol, cuyo efecto sobre estas les permitiría luego alcanzar su propósito.

  • 3. marlaw  |  22 julio 2017 en 6:07

    Cuando Ricardo Nuñez para referirse a sus colegas de la Universidad Nacional de Buenos Aires, utilizaba el mote de “juristas portuarios”, parecería una caricia, en comparacion con la de” Burro Repetidor” que utilizó Foulcault para referirse a su colega Raymond Aron. Profesor: Porqué usted cree que en Francia se utilizaba munición de grueso calibre entre quienes sostenián corrientes opuestas de pensamiento, como en este caso.¿Porqué se detestaban en tal medida?

  • 4. marlaw  |  22 julio 2017 en 8:10

    Con respecto a los crímenes sín explicación y su consecuente castigo, el Derecho Penal ideó una formula, que se encuentra plasmada en el Código Penal Esta dice taxativamente:”comprender la criminalidad del acto y dirigir sus acciones” Sí el asesino se encuentra en esas condiciones se aplicará la sanción. Los encargados de determinar sí esas condiciones existieron, le corresponde a los Peritos Forenses. En nuestra legislación la opinión de los peritos no obligan al Juez, pero rara vez estos se apartan de los dictámenes periciales.
    Ahora traigamos a colación el caso Barreda por todos conocido. Debe haber sido mayúsculo el grado de la pulsión homicida en este caso, para poder llevar a cabo todos esos crímenes de manera simultanea.
    Entre nosotros yo desconozco que se lleven registros forenses ordenados de estos casos, y menos que se editen, pero en una oportunidad llegó a mis manos un texto sobre esquizofrenia de origen Americano que además de comenzar describiendo los orígenes de esta dolencia, sus distintos nombres o clasificaciones y los acuerdos y desacuerdos entre diversos autores como Kraepelin entre otros. Traía además una recopilación de los anales de psiquiatría forense de los Estados Unidos. Yo me detuve en un caso que se encontraba en línea con lo que estaba buscando: Esto que estoy relatando sucedió hace mas de 40 años atras, les ruego que sepan disculpar mis impresiciones. El caso al que hago referencia se trataba de un sujeto que había cometido un homicidio durante un brote psicótico, pero que una vez liberada la pulsión, el sujeto había recuperado su “normalidad”. Desde luego que en el caso que algo así pueda suceder resultaría casi imposible de comprobar, dado que las pericias se llevan a cabo, varias semanas después, desde el momento en que sucedió el hecho, de todos modos para mis adentros y dada la historia posterior yo pense y todavía pienso que en el caso Barreda pudo haber ocurrido algo similar.

  • 5. Aldo  |  22 julio 2017 en 13:45

    no es la escencia lo que se discute desde el aparecer industrial sino el después . el mañana ,,, pensamos para mañana con textos de ayer ,, el que piensa con los textos de hoy que vaya de panelista a un noticiero ,, Se piensa para que mañana haya o no mas justicia ,, haya mas desquiciados o menos ,,, como el mal es inevitable y el bien una opción moral no esta mal elegir ,,, Los cínicos , como hace 2600 años atrás dirán que nos corramos , que les estamos tapando el sol ,,,

  • 6. marlaw  |  23 julio 2017 en 17:47

    Cuando en el punto 4 me referí a los homicidios de Barreda debería haber escrito sucesivos y no “simultaneos”, aunque las dos palabras comiencen con la letra “s” Además estoy muy dolido porque Chaca hoy no consiguió ganar para ascender.

  • 7. Juan Chaves  |  16 agosto 2017 en 14:37

    Entiendo las cosas parecido, pero no igual. La lucha de clases y sus bandos son entidades dadas previamente, porque existen desde antes que el momento que fuere. Tienen una historia. Lo que pasa es que su identidad no es absoluta sino relativa, y además esos bandos están atravesados por otras luchas que son transclasistas, como la de la liberación sexual o la de la igualdad de género, y tienen contracciones internas: son clases provisorias e inestables en algunos aspectos, que van modificándose. Que son entidades históricas quiere decir que son factuales, que existen tal como son de hecho. La palabra “historia” es una reformulación de la de “hechoría”.

    Está omitida la cuestión del comunitarismo religioso, que hace a la moralidad y a las otras clases de prácticas epocales, y a las coincidencias entre proletarios y capitalistas. El marxismo falló al desconocer que así como existe la lucha de clases, también existe su conciliación. Ambas son simultáneas, y el modo que adopta la práctica social está determinado, en general, por la concepción social, en la que influyen mucho las iglesias y las universidades, junto a las demás instituciones, y siempre es conflictivo, porque la conceptividad social es heterogénea: hay debates sobre los temas, y hay posiciones dominantes y subordinadas, que inciden en la práctica extradiscursiva.

    La estrategia capitalista se impuso por la fuerza, pero también por el consenso, y para eso incluyó concesiones. El capitalismo no es tan malo, pero se lo debe superar.

    La ideología, la conciencia, el sujeto, las representaciones y los intereses existen, e influyen en la política de las clases, pero también evolucionan mientras que coaccionan con los condicionamientos coyunturales, las necesidades, los peligros y los conflictos.

    Lo de los crímenes sin razón es debatible. No sabemos que no tengan razones. Lo que pasa es que sus razones nos son desconocidas.


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