El profesor Michel Foucault 12

30 junio 2017 at 12:20 6 comentarios

Y ahora la escena que reproduce este cruce al más allá.
En un encuentro de octubre de 1977 con antipsiquiatras sobre políticas de encierro en los asilos y en las prisiones, dialogan con Foucault, el filósofo J.P Faye que escribió sobre los lenguajes totalitarios, David Cooper, uno de los fundadores de la antipsiquiatría, y dos mujeres, uno de las cuales debe ser esposa de Faye porque tiene el mismo apellido, y la otra la compañera de Cooper.
Durante la conversación denuncian las políticas represivas, los sistemas de control, la violencia y el poder de todos los administradores de la salud y la normalidad, que no son más que carceleros embozados, hasta que Foucault interrumpe y pide la palabra para cambiar de tema.
Dice que fue convocado por una comisión legislativa para que dé su opinión sobre un posible cambio en la legislación sobre el delito de violación. Se trata de la violación de mujeres ya que el derecho no contempla la violación de varones.
El filósofo invita a sus contertulios a pensar juntos la necesidad de una legislación específica para la violación sexual o, si esto no es así, discutir si se trata o no de un caso más de violencia física.
Cooper admite que es un asunto complicado. Foucault sugiere que no ve la necesidad de que la sexualidad deba ser objeto de un tratamiento penal y un castigo particular. Considera que no ve diferencia entre una violación sexual y un puñetazo en la cara. El golpe en el rostro y la penetración de un pene, son agresiones equivalentes. Pero supone que las mujeres no están de acuerdo.
Y al menos las presentes no lo están, y se esfuerzan en justificar su rechazo.
Hablan de los efectos traumáticos que una violación puede tener en una mujer, una incidencia psicológica diferente a otro tipo de agresiones físicas. Foucault se muestra escéptico respecto a la validez de un diagnóstico que fundamente, por ejemplo, la frigidez de una mujer por la imposición de una escena de exhibicionismo.
Cooper medita e imagina que quizás un día debería inventarse un nuevo tipo de delito cuando se le niega a una persona a decir que no, cuando se le arrebata ese derecho, pero que no merezca un castigo sino una reeducación política. Una reforma moral sin castigo, salvo que haya habido lesiones en la víctima.
Foucault toma la palabra para anunciar que tienen un problema. Lo que debaten no tiene una salida fácil. Es un tema complejo. Señala que por lo visto la sexualidad como tal tiene en el cuerpo un lugar preponderante. Por lo visto el sexo no es una mano, o el pelo, o la nariz. De ahí que se justifique protegerlo, rodearlo de una legislación diferente a la aplicada al resto del cuerpo.
En realidad, duda mucho de que este lugar especial deba tener una justificación evidente e indiscutible.
Cooper habla de lo sucedido en aquellos años con Roman Polanski, condenado por violación oral, anal y genital, y señala que la menor de trece años no parecía para nada traumatizada por lo sucedido, que, por el contrario, por escuchas telefónicas grabadas, le confesó a una amiga haber gozado con la experiencia.
Llegados a este punto, Foucault dice que deberían pensar entonces el tema de la seducción de los niños. Y llegado yo también a este punto, me preguntaba como lector foucaultiano, si no estaba en presencia de un aquelarre, uno de esos encuentros en el que sólo falta Macbeth porque los hechiceros ya están reunidos.
En aquellos años no se hablaba de la castración de los violadores ni de un gen violador instalado en la psique y en los cromosomas, que no pueden impedir la repetición del acto.
Tampoco era noticia acostumbrada las denuncias de los curas pedófilos, de los maestros pedófilos, y de la pedofilia en general. En el clima contracultural de la época había una campaña de desculpabilización frente a una moral represora generada e impuesta por lo que el filósofo Louis Althusser llamaba “aparatos ideológicos de estado”, cuyo centro micropolítico estaba en la familia parental, y que se extendía a las instituciones educativas y religiosas.
Se demistificaba el mito de la conyugalidad, se demolía el pacto puritano por el que los órganos sexuales pedían exclusividad, todo lo que implicaba posesión, voluntad de dominio, control del prójimo, celos, era condenado.
Había un llamado a formar comunidades y volver a un estado natural en el que volvíamos a tener contacto con nuestros instintos gregarios. Regresar a un estado tribal pero abiertos al mundo, educarnos en una cosmovisión integradora, trasmitir una perspectiva holística. Ser hijos de la tierra de cara al cielo.
Se sostenía que éramos esclavos de una cultura represora que nos había encerrado en la familia que no era más que una declinación de la sagrada familia en la que el padre era la máxima autoridad, y la madre una virgen protectora, y, claro, con un hijo doliente y sumiso.
El cristianismo, en realidad todos los monoteísmos, y el capitalismo, nos habían inculcado la adoración de un dios Baal rey del consumo, y de un Yahvé cruel que nos culpaba por desear.
La sumisión a los encantos de una materia encarnada en la producción de bienes terrenales, y de un espíritu que nos prometía la salvación a cambio de la obediencia, nos habían convertido en sujetos acordes al mandato de la modernidad.
Debíamos desubjetivarnos, desaburguesarnos, desindividualizarnos. Un poco de Marx, otro de Freud y algo de Buda, podían sintetizarse en una pastilla mágica que nos abriera las puertas de la percepción.
Algo de este ambiente rodeaba este coloquio entre antipsiquiatras, pensadores libertarios y Foucault.

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El profesor Michel Foucault 11

6 comentarios Add your own

  • 1. Marcelo Grynberg  |  30 junio 2017 en 18:04

    Ya en 1936, en su ensayo “Autoridad y Familia”, Max Horkheimer conjetutaba que la familia es la principal fuente de monstruos.
    Supongo que todos lo somos en parte.

  • 2. marlaw  |  30 junio 2017 en 21:35

    Es muy ardua y muy compleja esta cuestión, y no creo que la pueda llegar a agotar Foucault, ni nadie en particular. Así como en la naturaleza hay algunos elementos de la Tabla Períódica, que no se encuentran en estado puro y aparecen en forma de sales minerales como el caso del Litio, también hay algunos rasgos de nuestra personalidad como “el sadismo” o la “agresividad” en que ocurre algo similar. Hay quienes sostienen que un individuo debe contar con una alta dosis de estos dos “componentes” para poder hundir sin inhibiciones un bisturí en un cuerpo humano; desde luego no son en el caso de un médico cirujano elementos que afloren a la conciencia,estos aparecen sublimados, en una actividad útil y prestigiosa, en el sentido que le adjudicaba Freud a la palabra sublimación. Cuando en el año 1967 el cirujano Sudafricano Christiaan Barnard, expuso al mundo el primer trasplante de corazón, algunos susceptibles, se preguntarón off the record, cuantas personas de color, en un país que había establecido el Apartheid, deberián haber perecido en un quirófano, antes de alcanzar ese logro. Desde luego nada de todo esto impide que en algún momento de nuestra vida, cualquiera de nosotros pueda llegar a requerir los servicios de un médico cirujano. Estamos hablando siempre de procesos que no afloran a la conciencia.

    PSICOLOGIA › MEMORIA DE MAURICIO GOLDENBERG
    El desmanicomializador de Lanús

    La empresa que, a lo largo de su vida, desarrolló el legendario psiquiatra Mauricio Goldenberg “puede entenderse como el programa no concluido de una desmanicomiali-zación de la psiquiatría. Su enseñanza fundamental es que no hay reforma que pueda focalizarse sólo en el manicomio: la estructura de la asistencia en salud mental en su conjunto debe ser transformada”.

    Con Mauricio Goldenberg –que murió el 12 de septiembre, en Washington, donde residía– desaparece un símbolo mayor de la voluntad reformista en la psiquiatría argentina. En 1984, convocado por el presidente Alfonsín, dejó unos Lineamientos Generales para el Plan Nacional de Salud Mental que hoy pueden leerse como la expresión de un proyecto interrumpido, si no fracasado, al menos en la ciudad de Buenos Aires. Hace más de veinte años, el Plan de Goldenberg proponía una transformación integral de la asistencia, incluyendo sobre todo la reforma de los grandes asilos psiquiátricos. ¿Cuánto más hay que esperar para que algo así se encare con eficacia y voluntad política? ( Del Periódico Pag 12)

    El Dr. Mauricio Goldemberg, que habia llegado en los años 60s de la Escuela de Palo Alto USA, establecio un Servicio de Psiquiatría en el Policlínico de Lanús, que hizo Escuela, en nuestro país. con la formación de nuevos profesionales.

    Algo mas sobre la Escuela de Palo Alto. (Me abstengo de hacer interpretaciones sobre el nombre de esta Escuela Jahhh)

    La Escuela de Palo Alto “Colegio Invisible” puede incluirse en la Perspectiva Interpretativa y está relacionada con el Interaccionismo simbólico. Las dos corrientes se destacan por considerar la comunicación como una interacción social, más que en función de sus contenidos. Se centra en la defensa de que las relaciones sociales son establecidas directamente por sus participantes como sujetos que interactúan, así que la comunicación se puede entender como la base de toda relación personal. La importancia de la Escuela de Palo Alto en el desarrollo de las teorías de la comunicación es destacada por algunos autores, como por ejemplo Valbuena, que la considera como base de los conocimientos gnoseológicos de la Teoría General de la Información. Sus principales representantes son Gregory Bateson, Ray Birdwhistell, Don D. Jackson, Stuart Sigman, Albert Scheflen, Paul Watzlawick, Edward T. Hall y Erving Goffman. (Wikipedia)

    Sí bién en el Policlínico de Lanús, se gestaban estos nuevos enfoques, esto no impidió, que aquí y también en otras partes del Mundo algunos profesionales de la Medicina continuaran aplicando el Electrshock, no solo como terapia, sino también como sometimiento del paciente psiquiátrico. Muchos de ustedes recordarán la película dirigida por Milos Forman e interpretada por Jack Nicolson: Atrapado sin Salida, en la que aparece una escena de Electroschok (1975) Pero no solo se aplicaba este “tratamiento”, también algunos médicos practicarón en una interaccion de la psiquiatría con la cirugía, para aquellos casos que consideraban “incurables” la Lobotomia cerebral: Ver Lobotomía Cerebral en Wikipedia.

    En cuanto al Derecho Penal y el delito de violación podría decir lo siguiente: Un Código Penal resulta ser en breve síntesis una tabla axiológica que contiene un repertorio de faltas que deben ser sancionados. Lo que intenta proteger el Código con esta tabla, se denominan: Bienes Jurídicos Tutelados. En el pináculo de esta tabla se encuentra: La vida, y obviamente el Delito de Homicidio, el calificado con la sanción mayor. En el caso de los delitos sexuales, como la violación y el Abuso deshonesto, que ocurre cuando no existe penetración, el bién jurídico que el Derecho pretende defender en este caso es: La libertad sexual de la persona, bién que resulta vulnerado por la comisión del hecho delictivo.

    Como decía mas arriba el Código es también una tabla axiológica, en cuanto es mayor el valor del bien que se vulnera, mayor es la sanción, por esa razón también se afirma en Doctrina, pretendiendo resguardar la proporcionalidad de las penas aplicadas, que esas leyes de última hora instadas por la histeria colectiva para elevar las condenas, suelen alterar la “economía del Código Penal.” Mucho se há debatido sobre el Derecho del Estado a sancionar con una pena, y la polémica no esta agotada. En principio consideremos que este Derecho proviene del Contrato Social contrato que se considera implícito en las Constituciones de los países occidentales. En razón de este contrato, por una lado el Estado asume la defensa de todos los individuos; y por el otro lado los individuos deben renunciar a hacerse justicia por propia mano.
    Se considera que de este modo se alcanza “la paz social”
    Por esta razón también se considera al Derecho Penal como un Derecho Público (a cargo del Estado) y la intervención de los particulares se encuentra restringida.

  • 3. marlaw  |  1 julio 2017 en 0:37

    Omiti escribir sobre la función que se considera que tiene la pena.
    En principio hablamos de dos funciones: La Primera función es la preventiva: La amenaza de la pena como función disuasoria para persuadir al eventual delincuente. La segunda: es la de castigo y tiene un carácter retributivo

  • 4. marlaw  |  1 julio 2017 en 0:52

    Marcelo: Disculpeme por la insistencia Si tiene tiempo trate de leer Ensayo sobre la Desigualdad de JJ Russeau. Son apenas 48 pag.

  • 5. Marcelo Grynberg  |  1 julio 2017 en 10:30

    Marlaw: gracias por el reminder. Ademas estoy interesado en leerlo. Saludos.

  • 6. marlaw  |  1 julio 2017 en 19:36

    Es importante que lean Lobotomía cerebral en Wikipedia, porque en este caso hay un Premio Nobel de por medio.

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