El profesor Michel Foucault 7

22 junio 2017 at 21:48 1 comentario

En 2014, se edita “Vingt ans et après” (Veinte años y qué), un libro cuya primera edición es de 1978, y que se reedita después de cuarenta años. El nombre del autor que figuraba en aquella edición era el de Thierry Voeltzel. Se trataba de un diálogo, en realidad una entrevista a un joven de veinte años, Thierry, cuyo entrevistador era anónimo.
El reportero era Michel Foucault que exigió el anonimato para que su prestigio no opacara las respuestas del entrevistado. Ignoramos el motivo por el cual una vez todo ese tiempo transcurrido, ediciones Gallimard lo reedita con un posfacio en la que el joven que tenía veinte años y ahora sesenta, devela la identidad de aquel célebre filósofo.
Un día de verano de 1975, Foucault se dirigía por la autopista desde París al oeste con su coqueto automóvil decapotable cuando en la ruta un joven de pelo enrulado le hace dedo. Lo levanta y se ponen a conversar. Foucault era curioso y quería saber a qué se dedicaba. Entre dimes y diretes le comenta que acababa de ver en el cine “Pierre Rivière”, la película que se hizo en base a la investigación que hizo Foucault sobre un caso en el que un campesino mata a toda su familia.
Al ver la sonrisa del filósofo y su entusiasmo por desarrollar el tema, Thierry exclama: “ no será usted por si acaso el famoso filósofo…Fou…?”
Y así, con alegría, continuaron hasta la ciudad de Caen, a la casa de los padres del joven Thierry.
Esto lo cuenta el ya sexagenario entrevistado, recuerda que volvieron juntos a París, el filósofo lo invitó a la casa, y durmieron juntos. Así comenzó una amistad que duró hasta la muerte de Foucault. Con algunos vaivenes.
Thierry era la encarnación de la rebelión posmayo 68, evento estudiantil del que no participó por su edad, pero que dio lugar a una serie de cambios en la sociedad, en especial en la juventud, de la que sí podía hablarle a su mentor.
Por eso la idea del reportaje le hizo pensar a Foucault, que se podía hacer conocer algo así como la concepción de la vida y del mundo de una nueva generación en rebeldía contra el orden existente.
Thierry era militante de las FHAR, el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria. Su ideólogo inspirador era Wilhem Reich, el creador del “orgón”, la máquina generadora de orgasmos, además de inspirarle a Gilles Deleuze la idea de microfascismo.
Foucault nunca fue afecto a las utopías sexuales. Se situaban en las antípodas de su forma de pensar. Desconfiaba de los ideales liberacionistas, y del sueño de una sociedad en la que todo el mundo fuera bisexual.
El joven siempre fue homosexual, tuvo alguna experiencia con chicas, para reforzar la idea de que lo que le gustaban eran los chicos. Desprecia los heterosexuales liberales, con ese aire de superioridad que incluye a los `diferentes´, y sostiene que las relaciones amorosas heterosexuales son una verdadera porquería. Uno se enlaza con una chica, hace `pareja´, debe hablar, parecer inteligente, cortejar, invitar, regalar, parecerse a papá, y decir `te amo´.
Con los varones es tanto más simple, la relación es inmediata, alegre, satisfactoria, placentera.
El Foucault anónimo le dice que su generación vivía el despertar de la sexualidad de un modo intenso y con ansiedad. Si esto era así cuando se ajustaba a la normalidad sexual, el despertar de la homosexualidad era un momento solemne, una especie de iluminación y de ruptura.
Sentían que estaban marcados para siempre, que serían unas ovejas negras hasta el fin de los días. Ser homosexual no era fácil, hacer el amor con un hombre diez o veinte años mayor menos aún. Obligaba a recluirse en una especie de francmasonería cerrada, secreta, un poco maldita. Y en contadas ocasiones le ofrece al joven algo de su erudición docente, le dice que la categoría de homosexual es una invención tardía. Antes lo que existía era la sodomía.
Le pregunta a Thierry si en su experiencia y en la de sus amigos, no han padecido nada parecido a lo que él cuenta, si no conoce en su ámbito crisis depresivas, signos de neurosis, quejas por abandono, querellas por celos, para resumir, le pregunta: ¿“nunca has pronunciado la palabra “amor”?
Thierry no duda un instante, nada tiene que ocultar, imaginar o confesar. “El amor no lo digo, lo hago”. Michel – así lo llama su amigo – le dice que está asombrado que a pesar de que la categoría de amor no intervenga nunca en sus sentimientos ni en su vocabulario, encuentre en Thierry tal variedad y riqueza de sentimientos, de afectos, de ternura y de apego…en lugar “de esa cosa monótona y negra llamada amor…”
Pero se permite una vez más preguntarle: “te acostaste con tanta gente, ¿nunca dijiste te amo?”.
Thierry piensa un poco, y dice que lo que sus amantes le decían era que estaban contentos, y que él también les decía que estaba contento. Supone que puede parecer extraño dado el modelo indiscutido en las relaciones sexuales en los que hay un varón dominante y una mujer-objeto.
Como la entrevista la hacen con un grabador, Foucault que es el encargado de la producción, ve que la cinta se termina y que debe cambiarla, con lo que aprovecha para cambiar de tema, y dice: “basta por ahora con estos asuntos de culo, y hablemos de los vínculos familiares”.

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