El profesor Michel Foucault 6

21 junio 2017 at 9:27 14 comentarios

Tanto el libro de Miller como el de Guibert fueron publicados hace muchos años. Pertenecen a la década del noventa, momentos en que la muerte del filósofo aún era relativamente reciente. Desde ese momento la presencia de Foucault en lugar de acallarse y descansar en la memoria cultural, o convertirse en objeto de tesistas e historiadores de la filosofía de la segunda mitad del siglo XX, creció, fue objeto de debates incesantes, tuvo más lectores que los que había tenido en vida, y se convirtió para muchos en un instrumento de análisis de la realidad.
En gran medida esto se debió a la labor de un grupo de editores que fueron sus asistentes en el College de France, a la dedicación de su compañero Defert, a la constitución de los archivos foucaultianos en Francia y EE.UU, y a la conveniencia de que se publicara con el cuidado debido lo inédito hasta la fecha en vista a la cantidad de ediciones pirateadas que circulaban por todo el mundo.
La edición de los cuatro tomos y sus tres mil páginas de sus “Dits et Écrits”, en el que constan las entrevistas, artículos, intervenciones periodísticas, que no fueran compiladas en libros por el mismo autor, y la publicación sucesiva de los trece tomos de sus clases en el College de France, impusieron una presencia viva y actual de un filósofo que había anunciado la muerte de la función autoral, sin prever que el filósofo póstumo podía renacer de sus cenizas en cuerpo y alma con una fuerza inesperada.
La publicación de sus dos últimos libros en el mismo mes que su muerte, constituyó un golpe sorpresivo para todos los lectores alrededor del mundo que no estaban al tanto de sus investigaciones y sus conferencias en sus últimos años frente a la presencia de un público limitado de oyentes.
Era otro Foucault, uno nuevo, como nuevo había sido el que escribió “Las palabras y las cosas” después de “La historia de la locura en la época clásica”, y como nuevo fue el autor de “Vigilar y castigar” después de “La arqueología del saber”.
Este último Foucault hablaba del arte de vivir, de las tecnologías del yo y de la estética de la existencia. Y ya no estaba para lo que tan bien sabía hacer, nos referimos a defender sus nuevas posiciones e intereses frente a detractores, despejar malentendidos, y dudar de sí mismo frente a los otros.
De su vida nada. El volumen de sus nuevos escritos, la fuerza de su palabra pública, la cantidad de temas que se discutían generados por su pensamiento, la aparición de decenas de libros que comentaban los suyos, las posiciones opuestas que asumían sus lectores e intérpretes, era material suficiente para quienes estaban interesados en estudiar y analizar a Foucault.
Cuando, de repente, cuarenta años después de su muerte, se publican sendos libros de dos de sus amigos, y amantes. Y renuevan la literatura biográfica sobre el filósofo, al contar sus intimidades.
Mathieu Lindon publica “Ce qu` aimer veut dire” (Lo que amar quiere decir). Conoció a Foucault a mediados de la década del setenta del siglo pasado, cuando tenía unos veinte años y Foucault cincuenta, y conservó su amistad hasta el final.
Es escritor, hijo del director de “Minuit”, Jerome Lindon, una prestigiosa casa editora con un catálogo importante, entre los que figura, por ejemplo, la obra de Gilles Deleuze.
Mathieu considera a Foucault como su maestro. Dice, “él me educó”. Pero no se trata de la enseñanza socrática en la que el maestro da clases de filosofía y guía a los jóvenes por el camino de la sabiduría. Lindon no asistía a los cursos de Foucault, nunca lo vio trabajar, no estaba al tanto de lo que investigaba, no compartía teorías. Lo que de alguna manera se parece al modo socrático de relación, es que, ya sea por la diferencia de edad, o por las mismas características de Foucault, a veces, ante la consulta de su joven amigo, ante situaciones de angustia, les sugería, con suma discreción, evitar precipitarse en tomar una decisión, en saber darse tiempo, y, en especial, lo que tan bien sabía trasmitir, en alivianar sentimientos de culpa.
Tenía un modo verdaderamente encantador y magistral de practicar el sentido común.
El principal protagonista del relato es un bien inmueble, el departamento de “la rue Vaugirard”. Lindon dice: “no lo habría amado tanto si no hubiera tenido su magnífico departamento”.
Para quienes no conocen la vivienda de Foucault, no es fácil ubicarla en el mapa parisino ya que esa calle es la más larga de la ciudad. Es como si dijéramos que un escritor argentino vivía en la avenida Rivadavia.
Pero por lo que dice en su libro Hervé Guibert, que desde su departamento de la “rue du Bac” lo veía salir por las noches con su vestimenta de guerra – campera de cuero con tachuelas – hacia la zona de los baños públicos, creemos que no estaba lejos de la zona intermedia entre la sexta y la décima quinta circunscripción. Un barrio elegante de la “rive gauche” de París.
Foucault cada vez que viajaba a dar sus conferencias, y con los años lo hacía con más frecuencia, desde la costa oeste de los EE.UU a Japón, le dejaba las llaves de su departamento a un pequeño grupo de jóvenes amigos. Su pareja Daniel no vivía con él.
Lindon cuenta la vida de estos jóvenes durante la ausencia del anfitrión que sólo les pedía regar las plantas del balcón del octavo piso de una superficie amplia, con su gran living de diez metros de largo, iluminado por un ventanal desde el que se veían los techos de París, bordeado por una amplia biblioteca repleta de libros y un escritorio circular, todo daba a un pequeño cuarto en el que dormía Foucault, más parecido a una célula monacal de un asceta como Pascal que a la habitación de un sibarita urbano.
En realidad, es imposible hacerse la imagen fotográfica del departamento, es un collage, retazos y fragmentos dispersos, una serie discontinua de observaciones que debemos componer como podamos para tener alguna idea de la vivienda.
Lo mismo sucede con la vida del filósofo, son porciones de existencia sin hilar, que los lectores debemos llenar cada uno a su manera. No hay imágenes públicas de este famoso departamento, no hay fotos ni filmaciones, ni planos; sólo palabras de los que lo visitaron y habitaron, de acuerdo a situaciones específicas.
Es decir, fiestas. Alucinógenos, a veces cocaína y heroína, y música. El departamento tenía un “rincón Malher”, en alusión a la música que el filósofo aparentemente prefería cuando estaba en el cielo de Platón.
Los jóvenes admiraban la resistencia física de Foucault en sus viajes de LSD, una especie de reencarnación de Sócrates y su imperturbabilidad durante los excitantes banquetes atenienses.
La amabilidad de Foucault, su generosidad, su calidez, esa distancia que mantenía que permitía esa sensación de libertad de sus jóvenes amigos, su actitud de respeto a la voluntad del otro, el no ser un viejo pederasta obsesionado por carne joven, hacía feliz a Lindon y compañía.
Nos enteramos de algunos detalles menores de los gustos de Foucault, por ejemplo, de su tenista preferido: Mc Enroe, de sus recreos eróticos en los “backrooms”- un recinto no apto para quienes antes de hacer el amor desean ver el rostro de quien nos proporcionará determinados placeres -, y que la lozanía del filósofo desaparecía al comer. Comía, dice Lindon, como un viejo.
El libro de Lindon obtuvo el Premio Médicis de literatura.

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14 comentarios

  • 1. philo  |  21 junio 2017 en 14:57

    Sencillamente, un hombre.

  • 2. Aldo  |  21 junio 2017 en 15:12

    Y la vida de Kant ? que tristesa , dios mio ,,, que la filosofia se tome unos siglos de silencio

  • 3. federicomiguelquinteiros  |  21 junio 2017 en 18:44

    gracias tomas por su foucault, se aprecia su trabajo y se esperan sus escritos como quien espera la llegada de un amigo

  • 4. marlaw  |  22 junio 2017 en 8:52

    Profesor ví dos entrevistas suyas que estan colgadas en Youtube, y me gustarón mucho las dos por diversos motivos, y su vez por los mismos. Permiten que se le pueda conocer y comprender mas. Una de ellas transcurre en plena calle, en una vereda, la otra con Carlos Ares. a quién yo no conocia, Me gustó mucho Carlos Ares, como persona, y como entrevistador

  • 5. marlaw  |  22 junio 2017 en 9:11

    Los Nazis ya habían dado claras señales de que pretendian acallar las voces de quienes denostaban, y erradicar esas voces de la memoria colectiva, cuando en el año 1933 organizarón la quema de libros en Berlin.

  • 6. Laura  |  22 junio 2017 en 14:28

    Me tope con este articulo buscando otra cosa. Me parecio gracioso
    http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/29/actualidad/1493486222_329449.html

  • 7. Laura  |  22 junio 2017 en 23:02

    Ok solo para amigos. Tambien la lectura,entonces, no vamos a leer cosas privadas. Ciierto, basta de estos asuntis de culo

  • 8. Laura  |  23 junio 2017 en 8:02

    Era interesante el articulo de El Pais que linkeaba en el comentario que no salio. Salia de los calzones de Foucault, iba de otra cosa, pero bueno. Voy a oxigenarme un poco a ver si recupero a mi Foicault privado (ese pelado feo con polera que escribio los libros que tanto me gustaban,) libros que tengo asociados a la escena de la primera.vez que los lei y no al “derrotero” de su ano. Me gustaba mas leer al Foucault publicado con “mi” Foucault privado y no con el desencanto de ese Foucault tan reventado, tan traicionado por los.amigos, tan “Rayuela” tan para gustarle a tiingos clase media que me quedo como sabor. Una trayectoria “intelectual” todavia me falta. Escribio algo sobre tv?.Es lo que googleaba cuando encomtre el articulo. Hubiera vivido igual de haber sabido sobre.el.SIDA?.Igual pero con forro?.Igual, Igual? Hubiera cambiado en algo su manera de pensar la sexualidad? Nunca lo sabremos

  • 9. marlaw  |  24 junio 2017 en 20:38

    Cuando la CIA estudiaba a Foucault y Sartre
    ÁLEX VICENTE 29/04/2017 – 20:45 CEST
    Un informe desclasificado revela que la agencia de EE UU siguió de cerca la vida intelectual en la Francia de los ochenta

  • 10. marlaw  |  24 junio 2017 en 20:42

    La Nota 8 fue publicada por el Diario El País de España.

  • 11. marlaw  |  25 junio 2017 en 1:21

    Mi comentario se podría titular, una vuelta mas alrededor del ano. Pero no del ano de Foulcault, en particular, sino del ano en general.
    El texto, no me corresponde, lo he copiado, para ahorrarme la trabajosa taréa de tenerlo que escribir por mis propios medios. No obstante, dejo en suspenso la obvia aclaración, que para poder copiar, previamente hay que conocer y saber lo que se pretende escribir y donde y que buscar. Lo que sigue es una breve reseña de la Teoría Psicoanalítica, acerca de las cuestiones del culo. Cualquier reclamo o queja al respecto, ruego que se dirijan al lugar donde descansan los restos mortales de Sigmund Freud.

    La Fase anal o Fase anal-sádica designa un concepto elaborado por Sigmund Freud como parte de su teoría del desarrollo psicosexual. «Según Freud, es la segunda fase de la evolución libidinal, que puede situarse aproximadamente entre 2 y 4 años; se caracteriza por una organización de la libido bajo la primacía de la zona erógena anal; la relación de objeto está impregnada de significaciones ligadas a la función de defecación (expulsión-retención) y al valor simbólico de las heces. En ella se ve afirmarse el sadomasoquismo en relación con el desarrollo del dominio muscular».1
    La fase anal en psicología es un término utilizado por Sigmund Freud para describir el desarrollo infantil durante el segundo y tercer año de vida, en donde el niño siente placer, y el conflicto se centra en el área anal. Esta etapa es ejemplificada en el placer del niño de controlar sus intestinos.
    Cuando la habilidad de controlar el esfínter anal madura (2-3 años de edad), la atención del niño pasa de la zona oral a la anal. Esta es la segunda pulsión mencionada por Freud como parte del desarrollo psicosexual del niño. Según la teoría de Freud, la incapacidad de resolver los conflictos que se presentan durante esta etapa pueden causar una fijación retentiva anal o expulsiva anal.

    El concepto de fijación ocurre cuando hay un exceso de gratificación en esta etapa, lo que desarrolla una personalidad en extremo desorganizada, o por el contrario, cuando la gratificación no ocurre, dando origen a un individuo sumamente organizado.

    La sublimación en psicoanalisis es un término descrito por Sigmund Freud como uno de los destinos posibles de la pulsión. Se trata de un proceso psíquico mediante el cual áreas de la actividad humana que aparentemente no guardan relación con la sexualidad se transforman en depositarias de energía libidinal (pulsional).1 El proceso consiste en un desvío hacia un nuevo fin. Entre los ejemplos de Freud como nuevos destinos de la pulsión sexual está lo artístico y lo intelectual: Sublimar consistiría en mudar el fin pulsional hacia una actividad desexualizada, intentando su realización, por ejemplo mediante tareas creativas o de prestigio social: arte, religión, ciencia, política, tecnología.
    En este extracto de ‘La moral sexual “cultural” y la nerviosidad moderna’ de Freud se da una definición de sublimación:

    La pulsión sexual -mejor dicho: las pulsiones sexuales, pues una indagación analítica enseña que está compuesta por muchas pulsiones parciales- es probablemente de más vigorosa plasmación en el hombre que en la mayoría de los animales superiores; en todo caso es más continua, puesto que ha superado casi por completo la periodicidad a que está ligada en los animales. Pone a disposición del trabajo cultural unos volúmenes de fuerza enormemente grandes, y esto sin ninguna duda se debe a la peculiaridad, que ella presenta con particular relieve, de poder desplazar su meta sin sufrir menoscabo esencial en cuanto a intensidad. A esta facultad de permutar la meta sexual originaria por otra, ya no sexual, pero psíquicamente emparentada con ella, se le llama la facultad para la sublimación.2

    Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci (en alemán Eine Kindheitserinnerung des Leonardo da Vinci) es una obra de Sigmund Freud de 1910. Se trata de la aplicación de los métodos del psicoanálisis clínico al estudio biográfico de personajes históricos. El presente trabajo sobre Leonardo da Vinci fue la última incursión a gran escala de Freud en el campo de la biografía debido al recibimiento de desaprobación posterior.1
    Índice
      [ocultar] 
    1Contenido
    2Véase también
    3Referencias
    4Bibliografía
    Contenido[editar]

    Interpretación freudiana de un buitre en el cuadro de Leonardo da Vinci Santa Ana, La Virgen y el Niño, descubrimiento efectuado inicialmente por Oskar Pfister, y acogido por Freud con bastante reserva.
    En la obra desempeña un papel fundamental el recuerdo o fantasía de infancia de Leonardo de haber sido visitado en su cuna por un ave de presa introduciéndole la cola en su boca. De ello deriva precisamente el mayor defecto de la incursión de Freud: la traducción errónea del término original milano por buitre.2 De ahí se abandonará la idea del pájaro oculto en el cuadro Santa Ana, La Virgen y el Niño, así como el nexo con el jeroglífico correspondiente a la palabra egipcia madre, dado que en ambos casos se alude a un buitre y no al milano del cuaderno de anotaciones de Leonardo.3
    Sin embargo, se considera que el error de Freud no afecta a la esencia del estudio debido a las siguientes consideraciones:2
    1. La detallista reconstrucción de la vida emocional de Leonardo da Vinci a partir de sus primeros años.
    2. La descripción del conflicto entre sus impulsos artísticos y científicos.
    3. El profundo análisis de su historia psicosexual.

  • 12. Laura  |  25 junio 2017 en 10:54

    Si, era el articulo de cuando la CIA espiaba a Foucault y Sartre y sacaba sus conclusiones. No se…raro, solo dije ” buscando otra cosa encontre este articulo, me parecio gracioso” y mande el link….No pense en las etapas anales de Freud al decir “ano”, pense en el ano de Foucault tan protagonico, me parecio. Feo el lugar que le da a las mujeres el chico que parece haber sido preceptor de Felices los Niños….pero bueno, debo ser yo, debo ser muy conservadora. Caramba! Y ahora? Bue…habra que seguir viviendo

  • 13. Laura  |  25 junio 2017 en 10:56

    Si…al parecer despues se caso con una..
    Ah..ahora si! Ok

  • 14. Laura  |  25 junio 2017 en 12:43

    Una mas y no molesto.mas por un tiempito, lo JURO. No tiene que ver con la CIA, ni con Foucault ni con el saber, el poder, la sexualidad, el placer o lo que sea que haya interesado a Foucault, pero al tema oscuro le dio la luz y ya sabemos…Recorde un capitulo muy bueno de South Park (ay, diosito, lo habre escrito bien?) Un grupo de “amantes de los niños” con el que obviamente se topa el gordito por Internet. Argumentos a favor y en contra, es muy bueno o, bueno, a mi me gusto


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