El profesor Michel Foucault 5

19 junio 2017 at 10:06 31 comentarios

Con sensatez y sabiduría David Halperin dice que el libro de Miller es el reverso de “Vigilar y castigar”. Mientras el filósofo describe con minuciosidad los mecanismos disciplinarios de la modernidad, el biógrafo presenta con detalle los excesos transgresores de su autor. Y lo hace desde un supuesto conocimiento de la verdad del homosexual, de la clave de su ser psicosexual.
Halperin en su “Saint=Foucault”, dice que el libro de Miller le ofreció a la crítica reaccionaria un caso ejemplar de un filósofo que superó el escándalo provocado por la colaboración de mentes excelsas con el nazismo. El sadomasoquismo foucaultiano bien valía un discurso del rectorado.
Hubo un libro que se anticipó a la biografía de Miller en lo que concierne a la vida privada del menos privado de los filósofos, al menos desde Kant de quien sólo se conocían sus vueltas manzana a la cinco de la tarde y sus dificultades en abrocharse la bata de dormir.
Es la novela de Hervé Guibert “Al amigo que me salvó la vida”, publicada en 1991. Otro libro escandaloso porque develaba las intimidades de Foucault y las circunstancias de su muerte por el sida. Una enfermedad que se llevó al mismo Guibert dos años después de su relato.
Guibert, veinte años más joven, era amigo y amante de Foucault. Es un “roman à clef”, una novela realista con personajes públicos fácilmente reconocibles detrás de sus nombres ficticios. Muzil es Foucault, Stephane es Daniel Defert, la pareja del filósofo, y Marine es la actriz Isabelle Adjani.
Escritor de talento, de rostro hermoso y mirada melancólica, uno de los íntimos cuyo nombre figuró entre los tres estampados en el único ramo del entierro de Foucault, fue acosado por la prensa y por amigos por develar lo que el filósofo siempre quiso ocultar. Se defendió como pudo aduciendo que nadie era dueño de la vida privada del filósofo, ya fuere para describirla o silenciarla, ni él ni nadie. El único propietario de ese bien vital ya no estaba.
Confiesa que no descarta que su amigo hubiera estado dolido por su relato, ya que Foucault siempre deseo que su vida tuviera la consistencia impenetrable de un diamante negro y brillante con las aristas bien pulidas.
Escribe el relato de su propia muerte, la relata hasta el final. Es una muerte que comparte con su amigo. Una novela difícil porque de modo tangencial a las contingencias de la amistad, es un catálogo detallado de los medicamentos supuestamente salvíficos de una enfermedad de la que en aquella época poco se sabía, de los encuentros con médicos, de las ilusiones de una cura posible y de las depresiones producidas por los desengaños. Una dolorosa preparación para la muerte que evidenciaba la imposibilidad de su anticipación.
Como dicen varios: el problema no es la muerte sino el morir. Por eso, dicen que Foucault pidió que Georges Canguilhem lo visitara en el hospital, el filósofo, médico, héroe de la Resistencia, porque el “sí sabía morir”.
Guibert cuenta que en momentos en que comenzaba a circular el rumor de que había una enfermedad terminal que se contagiaba especialmente entre homosexuales, Foucault se moría de risa ante la mera idea de un cáncer gay.
Pero ya en 1983, menos de un año antes de su muerte y ante los primeros síntomas de su enfermedad, Foucault a pesar de no dejar de reírse con esa risa franca y abierta como lo había hecho durante toda su vida, alternaba esos momentos fugaces de expansión con profundas depresiones.
No sabía morir. Cuenta el novelista que Foucault cuando lo veía angustiado, le recomendaba leer a Marco Aurelio, un filósofo estoico que no lo ayudó demasiado en su convalescencia.
Los filósofos estoicos, como bien señala Paul Veyne – quizás el mejor amigo heterosexual de Foucault junto a Deleuze – crearon un sistema inmunológico, una muralla moralizadora contra los infortunios de la vida. Pero llega demasiado tarde. En realidad, demasiado temprano, es inactual, nos sirve para cuando no la necesitamos, cuando nos instintos vitales funcionan y no hemos perdido el vigor de existir.
Un día Foucault se desplomó en su cocina en medio de un charco de sangre una vez entregados los manuscritos de sus dos últimos libros. Fue el comienzo de una enfermedad que no lo soltó más. Guibert cuenta que al darse cuenta de la gravedad de su estado, preguntaba cuanto tiempo le quedaba para poder corregir las pruebas de galera.
Tenía pánico por el dolor provocado por una intervención exterior y artificial como una punción lumbar. Esta novela sobre el “morir” del mismo autor y de su amigo filósofo, entrega además informaciones dispersas sobre ciertos rasgos característicos de Foucault, para así seguir agregando carne a una vida nunca expuesta por su protagonista.
Hacía ejercicios con pesas. Tenía un cuerpo joven y fibroso. Su sobrino lo ayudaba a decorar una casa de campo que había adquirido recientemente. Su hermana le traía dulces al hospital que el enfermero tiraba a la basura. Su hermana, además, pidió que se tachara la palabra “sida” del informe médico en el que se mencionan las razones de la defunción.
A Foucault le encantaba comer las “andouilletes” a la parrilla, una especie de longaniza de cerdo bien poderosa. En su casa había cuadros de Picabia, un pintor de todos los estilos de las vanguardias estéticas, y le gustaban las máscaras negras. Tenía la costumbre de tirarse al piso o sobre sus “puffs”.
Leía y recomendaba la lectura de “Bajo el Volcán”, de Malcom Lowry, una de sus novelas favoritas. Escribió un autógrafo en el que pedía que lo dejaran morir si corría el riesgo de quedar inválido.
Nos enteramos de que Daniel se apresuró a publicar en dos diarios el obituario de la muerte de su compañero, temeroso de que fuera muy poca gente a las exequias, más si se lo comparaba con “los pomposos funerales de otro pensador fallecido unos años antes”.
Nos enteramos que después de su muerte hubo negociaciones por su legado entre la familia y su pareja. Daniel Defert, su compañero por dos décadas, no tenía derechos sobre su herencia por carecer de vínculos familiares o conyugales con Foucault. Finalmente, decidieron que los derechos de autor corresponderían a la familia, y a Daniel le quedaba el departamento de la calle Vaugirard, con todos los manuscritos guardados en su interior.
Por ese acuerdo se pudieron conservar gran parte de los escritos del filósofo, hace poco vendidos a la Biblioteca Nacional de Francia por tres millones de euros.
Cuenta Gilbert que en su agonía, Foucault dijo: “creemos que siempre hay algo que decir cuando te encuentras en este tipo de situación, sin embargo, no hay nada que decir”.
La relación del novelista con su amiga actriz, Isabelle Adjani, no se cruza con la amistad con Foucault, es un retrato de una mujer hermosa, inestable y talentosa.

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Entrevista Contragolpe (segunda parte) El profesor Michel Foucault 6

31 comentarios Add your own

  • 1. marlaw  |  19 junio 2017 en 18:03

    Desde luego que no es lo mismo una persona real, que un personaje de ficción, aunque literariamente pueda llegar a existir, alguna semejanza, no obstante si colocamos el foco, en los personajes de ficción, creados por la pluma de un Conrad, por ejemplo, notamos que las carácterísticas de las que se vale un autor para crearlo y darlo a conocer al público lector son bien diferentes a las que pueden llegar a aparecer en una biografía como en este caso. La pregunta que formulo en este sentido, es cuales son las carácterísticas esenciales que definen a una persona y que lugar pueden llegar a ocupar en esa definición sus inclinaciones sexuales.¿ Basta acaso con saber de ellas, para afirmar que conocemos a una persona?

  • 2. federicomiguelquinteiros  |  19 junio 2017 en 18:47

    muy buen escrito tomás,se disfrutan

  • 3. marlaw  |  20 junio 2017 en 14:59

    Leyendo curso sobre Foulcault, por mas que se trate de una breve reseña, yo no puedo sostener las apreciaciones de Foucault, porque en principio soy partidario de una visión holística de las cosas, y en cuanto al poder y las maneras en que este se ejerce y se distribuye, a mi modesto entender, tiene que ver mas, lo que podríamos un llamar un producto de la evolución humana, que el de una acción deliberada en un sentido o en otro. A mi juicio existe toda una dinámica, que escapa a la consideración, de este autor.

  • 4. philo  |  20 junio 2017 en 17:25

    profe profe profe….falta poco

  • 5. filocada  |  21 junio 2017 en 8:31

    A veces puede tranquilizar pensar y decir que todo tiene un propósito, por mucho que nos encontremos a cada paso con aquello que lo tiene, enseguida uno se da cuenta que todo cae en lo incomprensible, y así se nos pasa, esperándo no se sabe muy bien el qué.

  • 6. Marcelo Grynberg  |  21 junio 2017 en 19:28

    Filocada: preguntar si la vida tiene un proposito es algo que la filosofia no puede responder. Para evitar caer en la angustia no hay mas remedio que pensar que lo tiene (o inventarlo …)

  • 7. marlaw  |  22 junio 2017 en 0:33

    Aunque pueda resultar un razonamiento circular probáblemente el sentido o el propósito de la vida, sea la vida misma.

  • 8. marlaw  |  22 junio 2017 en 0:54

    Solemos llamar accidente a todos los sucesos para los cuales no llegamos a encontrar una explicación razonable. En este sentido la vida puede ser considerada como un accidente. Y qué propósito puede llegar a tener este que no sea su propio acontecer.

  • 9. Marcelo Grynberg  |  22 junio 2017 en 9:30

    Marlaw, Filocada: tal vez Tomas pueda ilustrarnos en este aspecto
    a traves del libro (que no lei) de Sartre: “La nausea”.
    Saludos,

  • 10. marlaw  |  23 junio 2017 en 12:56

    Marcelo: La vez que tuve ante mi un ejemplar de Editorial Losada de La Nausea, yo no lo puede leer. Era una lectura que escapaba a mis posibilidades de comprensión, a mi estado de ánimo, a mi sensibilidad, no lo sé. Pero me resultó inabordable, y desistì. Me conformé con poder leer la Antología de Los Caminos de la Libertad

  • 11. philo  |  23 junio 2017 en 13:13

    A mi me gusto mucho “La Nausea”

    Es todo tan fútil!!!

    Tal vez por eso en mi fuero íntimo no me tomo la vida demasiado en serio, aunque obre de manera contraria….

  • 12. Carlos  |  23 junio 2017 en 14:42

    La filosofía es un invento que han creado los hombres para evitar tomarse la vida en serio.

  • 13. Marcelo Grynberg  |  23 junio 2017 en 15:45

    Para que vivimos ? Que bien hace uno viviendo ? A ver, un filosofo por alli que nos lo explique, por favor !! 🙂

  • 14. marlaw  |  23 junio 2017 en 17:01

    Marcelo: La misma pregunta te la podés hacer sobre las hormigas. Tanto laburar, tanto acarrear tallos y hojas superiores a su peso, al final para quë??

  • 15. marlaw  |  23 junio 2017 en 17:28

    ¿Por qué se empeñaran tanto las abejas en seguir haciendo miel, para que luego se la roben los mamíferos superiores?

  • 16. marlaw  |  23 junio 2017 en 18:04

    Carlos: No se si será para evitar tomarse la vida en serio. Pero al menos se trata de una actividad que comenzó cuando una parte de la humanidad, alcanzó a tener sus necesidades básicas satisfechas. “El Banquete” dá cuenta de ello.

  • 17. Marcelo Grynberg  |  23 junio 2017 en 18:11

    Marlaw: perdon por mi exabrupto, en parte en broma. Lo viviente,
    – (ademas de estar bajo condena, como pensaba Adorno, tal vez influenciado por Kafka)- parece estar afectado por una compulsion hacia la repeticion. El ejemplo de las hormigas o de las abejas es tremendamente ilustrativo: millones de años haciendo lo mismo ! En fin, supongo que en el caso humano es diferente y existe eso que llamamos progreso. Aunque segun Kafka, la fe en el progreso no significa que aun se haya producido alguno.

  • 18. marlaw  |  23 junio 2017 en 18:16

    Marcelo: Usted sabe porque vive. Vive para velar por su familia, cuidar de sus hijos, desarrollar la actividad que le agrada, gratificarse con Shubert etc

  • 19. Marcelo Grynberg  |  23 junio 2017 en 18:29

    Gracias Marlaw por sus palabras. Estos temas van mas alla de la
    compresion, como dijo filocada en el comentario 5. A pesar de ello, hay que usar todas las artimañas para mantener siempre el buen animo. Saludos.

  • 20. Marcelo Grynberg  |  23 junio 2017 en 18:34

    Perdon: compresion –> comprension.

  • 21. marlaw  |  23 junio 2017 en 19:09

    Sí Marcelo al parecer el desarrollo de lo humano, no acompaña al desarrollo científico-tecnológico.

  • 22. Marcelo Grynberg  |  23 junio 2017 en 19:19

    Si, si. Es un tema que da para mucho. Max Weber ya lo habia intuido con su idea de “racionalizacion” (funcionalizacion ?) de la vida. Pero nos estariamos desviando de la discusion que aqui ocupa a nuestro anfitrion.

  • 23. philo  |  23 junio 2017 en 19:45

    suena extraño…

    como si el desarrollo científico tecnológico se autogestionara en el planeta de los simios

    ni tan peludo, ni tan pelado

    no se si hay que preguntarse para que se vive? sino, si se vive ?
    hay tantos muertos dando vuelta por ahí

  • 24. Marcelo Grynberg  |  23 junio 2017 en 20:36

    Philo, Marlaw: ya en la decada del 60, Habermas se preguntaba
    como podriamos vivir mejor en relacion al potencial tecnico ya disponible. Tambien cuestionaba las relaciones entre tecnica y democracia. Ver: “Ciencia y Tecnica como Ideologia”, editorial Tecnos.

  • 25. Carlos  |  23 junio 2017 en 22:14

    Creo que fue Jorge Fernández Díaz, quien dijo que las hormigas y las abejas siempre hicieron lo mismo y nunca evolucionaron porque siempre fueron peronistas.

    Ahora hablando en serio,las dos frases más inteligentes sobre la existencia, sobre el misterio de la vida, que he escuchado fueron dichas por la misma persona: Groucho Marx:

    1) Las únicas cosas que tomo en serio, son las cosas que me producen gracia..
    2) En una de sus últimas entrevistas (1973) Bill Cosby le pregunta:- ¿ cree usted en la vida después de la muerte?.
    Groucho le responde:- he tenido serias dudas sobre la vida antes de la muerte.

  • 26. Marcelo Grynberg  |  23 junio 2017 en 22:39

    “La vida no vive”.

  • 27. Filocada  |  24 junio 2017 en 9:32

    Me pregunto cuando se podrà de dejar de insistir en las preguntas por muy màgicas pero tambièn casi siempre absurdasr, o es algo que ya tenemos grabado y que no nos abandona desde aquel dìa que nos atrapo la filosofìa o algo parecido que despertò la curiosidad en nosotros y otra mamera mirar; foucault parece que siguiò insistiendo hasta el final, por mucho que lo hiciera iguakmente durante toda su vida a pesar de todo tuvo la posibilidad de acelerar el paso cuando vio aproximarse el momento de la verdad.

  • 28. Marcelo Grynberg  |  24 junio 2017 en 19:58

    Carlos: si, Groucho era genial. Me pregunto si no se lo podria considerar como el antecesor de Bugs Bunny, el conejo listo 🙂

  • 29. Carlos  |  24 junio 2017 en 21:27

    Marcelo: totalmente. Es más, los eruditos investigadores de la vida de Bugs Bunny han descubierto que éste, llegó a repetir frase dichas por Groucho en sus películas.Por ej: “por supuesto, ya te habrás dado cuenta que esto significa guerra!” (de la peli Sopa de Gansos)

    ¿Alguno de los más inteligentes filósofos se hubiera animado a debatir con Groucho? No lo creo, habría corrido el serio riesgo de quedar en un festivo ridículo,

  • 30. Marcelo Grynberg  |  25 junio 2017 en 10:19

    Esa no la tenia. Grcias Carlos. Me he reido hasta las lagrimas
    con Groucho, sus hermanos, y tantos otros personajes de la Warner Brothers. Saludos.

  • 31. Carlos  |  25 junio 2017 en 10:58

    Seguramente el genial Groucho también se ha reído hasta las lágrimas con algún que otro ensayo filosófico que anda dando vueltas por ahí. Saludos!

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