El profesor Michel Foucault 3

14 junio 2017 at 9:04 9 comentarios

Pero nadie develó detalles de su vida, hasta que un día, nueve años después de su muerte, un escritor norteamericano, James Miller, escribe una primera biografía que provoca un escándalo mayúsculo. Con supuesta seriedad de cátedra, en “La pasión de Michel Foucault”, recorre los textos de Foucault de los que muestra un conocimiento aceptable, sigue los pasos de su vida académica, encomia su labor teórica, y cuando el lector se dispone a recibir con parsimonia otro más de los interminables ensayos sobre el pensamiento foucaultiano, levanta la frazada, y nos entrega el secreto del filósofo: lo que denomina su erotismo sadomasoquista.
Salvo esta incursión en la sexualidad de Foucault, el libro de Miller no aporta gran cosa, ni siquiera las experiencias con el LSD no nos dicen nada más que no son sólo los poetas los que experimentan con alucinógenos. Los filósofos, tenía razón Platón, también vuelan.
El biógrafo describe la vida del filósofo en California, San Francisco. En la costa oeste de los EEUU, Foucault disfruta de una libertad que en París tenía acotada. No se siente mirado con especial atención, o sea, vigilado. Y si condimentamos con un poco de humor, o de pequeñas vulgaridades sin importancia, el relato biográfico que se presenta tan respetuoso para disimular su voyeurismo, el alivio de Foucault por no ser vigilado, no va en desmedro del placer de ser castigado. En especial en los saunas.
Miller aplica la matriz ilusoria de todo biógrafo: la de encontrar una continuidad entre la vida y la obra. A veces se busca en la infancia la llave de la vida entera. O en algún trauma o acontecimiento decisivo que da vuelta como un guante a una personalidad creadora. El punto omega que resolverá el misterio de la obra.
Y, claro, un filósofo que se inicia con una tesis monumental sobre la locura, y culmina su obra con sendos libros sobre la homosexualidad en Grecia, le hace fácil la tarea al tejedor que une las fibras de una existencia peculiar.
Para Miller, a Foucault le interesaba la mente extraviada y los cuerpos encimados, estaba atraído por las variadas formas del micro poder que no excluían los juegos eróticos y sus roles cambiantes. El biógrafo disfruta de su triunfo. Presenta a uno de los filósofos más importantes del siglo XX en cuerpo y alma. Lo sube a un tobogán y lo empuja al cuadrilátero de la promiscuidad.
Los cuerpos, el poder, el exceso, la transgresión, la locura, la perversión, derivan de una vida y se posan en una obra. Pero hay algo en este tipo de análisis que falla, quizás no algo sino todo.
Por ejemplo Bataille, un escritor obsesionado con el mismo tipo de transgresiones, con orgías, prostitutas, zoofilias, canibalismo, descuartizamientos, es un hombre que vive durante el día en la Biblioteca Nacional en funciones de bibliotecario. La misma Biblioteca que recibe diariamente a Foucault en su trabajo de investigador. Debe haber una “Belle de jour” oculta en los pensadores que los hace hacendosos de día y vampiros de noche.
Bataille quería ser seminarista y pasó del convento a la boca del lobo. Foucault se inicia en los arduos estudios de fenomenología y culmina en los gimnasios atenienses y en los saunas californianos.
El punto de origen puede ser cualquiera y su destino puede parecer el mismo. Bataille y su catolicismo de provincia, Foucault y su agnosticismo de otra provincia. Entre Reims y Poitiers. Uno culmina en la heterosexualidad paga, el otro en la homosexualidad anónima. Prostíbulos y saunas.
Este cuentito biográfico resulta de un atractivo que sin duda no tiene la vida de un profesor alemán que con su báculo va de su casa abrigada con chimenea a su recinto de piedra al borde de un río helado. Ni de un “scholar” inglés que humea su pipa sentado en un Chesterfield frente a tres alumnos tutoreados.

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El profesor Michel Foucault 2 Entrevista a un gran filósofo

9 comentarios Add your own

  • 1. Berti Alicia Gustavo  |  14 junio 2017 en 13:49

    A los americanos les gusta investigar aspectos morbosos de la vida privada. Recuerden los candidatos a presidente que debieron retirarse las primarias, no por corruptos sino por affaires extramaritales. De igual manera rechazan los aspectos conceptuales profundos; solo les interesan los resultados. De Heidegger solo les importa que fue nazi (por un tiempo supuestamente).

  • 2. Laura  |  14 junio 2017 en 14:22

    En fotos se lo ve bastante degeneradito (a Foucault).

  • 3. silviacrescini  |  14 junio 2017 en 20:12

    No me interesa que hizo Foucault con su vida privada ni como se suicidó Deleuze, me importa la obra que dejaron estos enormes pensadores que aún hoy siguen produciendo. Gracias Tomás.

  • 4. Laura  |  14 junio 2017 en 21:57

    A mi ahora me dio curiosidad. No tanto de Bataille de quien lei “El.ano solar” asi que…Deleuze se suicido? No sabia

  • 5. Carlos  |  14 junio 2017 en 22:17

    Sin ánimo de husmear calzoncillos ajenos, “hace hacendosos” suena para el orto.

  • 6. marlaw  |  15 junio 2017 en 12:36

    Cuando yo era aún joven y estudiante atiborraba a mis compañeros de ruta, con una sentencia, que solía repetir como un mantra: Afirmaba que la coherencia, como valor, se encontraba por encima de la justicia, dado que nada que pueda llegar a ser incoherente, podía llegar a ser a su vez justo. Un buén día atiné a preguntarme, y no fue un “in side”, porque este ocurre frente a un analista, y es casi como una experiencia mistica, y en este caso fue mas bién que me cayó la ficha, como dicen los pibes ahóra, decía que atiné a preguntarme: ¿Porqué jodés tanto con la coherencia y la justicia? Y frente a esta pregunta, hallé una respuesta: Recordé que mi Padre, había sido un gran incoherente, y un gran injusto, y que el sistema de premios y castigos, que él utilizaba, que eran muy arbitrarios, tenián que ver mas con sus estados de ánimo, qué con las supuestas faltas que yo podría haber cometido. Después como suele ocurrir en muchos casos, también pensé, en la elección de la carrera, que yo había hecho, y en la “reparación”.-

  • 7. philo  |  15 junio 2017 en 23:39

    jajaj me hizo reir la palabra “degeneradito”; la usaban las viejas chismosas de mi barrio de la infancia, jajaj

    al leerla me hizo acordar a esas mujeres que se creian con la facultad de juzgar a los demás

    cada uno hace lo que puede con su vida, que para nadie es tan gloriosa

  • 8. Laura  |  16 junio 2017 en 7:14

    Mozo! Otra copa para la chica con problemas de identidad informaticamente notorios y para el chico pacifista! No, mozo…de veneno no que ya tomaron mucho…

  • 9. Laura  |  16 junio 2017 en 7:15

    Si, lo del estilo era la idea…gracias 🙂

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