Bitácora 77

13 mayo 2017 at 10:23 1 comentario

Bitácora 77
Hay casi unanimidad en rechazar el dictamen de la Corte Suprema sobre el 2×1 que beneficia a los acusados por crímenes de lesa humanidad.
Me sumo a quienes piden que no haya beneficios para quienes perpetraron crímenes abominables.
Pero una cosa son los juicios y otra el relato. Los procesos judiciales no se interrumpieron bajo el gobierno de Macri, hay continuidad en ese sentido, pero lo que está en crisis es el relato. Y lo está desde hace tiempo.
Desde el año 2004 con la apertura de la Esma, el entonces presidente Kirchner armó el libreto de la nueva agenda de los derechos humanos, ninguneando a Rául Alfonsín, degradando el Juicio a las Juntas, denunciando la promulgación de leyes del olvido que su mismo partido votó en su momento, borrando luego el prefacio de Ernesto Sábato al Nunca Más, ridiculizando al juez Strassera, adulando a determinadas organizaciones políticas y a Madres y Abuelas con el lema de “la juventud maravillosa”, frivolizando irresponsablemente lo que fue un baño de sangre, descolgando un cuadro como gesto simbólico que comparado a la lucha del gobierno de Alfonsín ante tanques concretos, no resistía comparación alguna, y, gracias a su sucedora, Cristina Fernández, reconvirtió la foto ausente de Videla, en la presencia real del General Milani, quien no sólo participó del Proceso, sino que le fue encomendada la tarea de inteligencia y espionaje interno para extorsionar a los adversarios del gobierno.
Este relato no ha podido lograr la hegemonía que pretendía ni se convirtió en la historia oficial a la que ambicionaba. Hubo otras voces disonantes que resistieron al setentismo ambiente , la de periodistas, políticos, militantes, ex montoneros, madres de desaparecidos, que no congeniaron con la confiscación por un partido político de lo acontecido en nuestro país y que no adhirieron a la captura política de los derechos humanos para reforzar ambiciones personales.
Hay quienes usan el pedido de castigo a los culpables de crímenes aberrantes para recuperar el debilitado relato de los últimos años. Sin embargo, no podrán alcanzar tal objetivo. El debate está abierto y no se podrá cerrar. No se trata de dos o más demonios, sino de que la memoria es política, por lo tanto selectiva y en conflicto con otras memorias.
Lo prueba la inútil discusión acerca del número de desaparecidos que ignora otras cifras, como las que mencionó el ex fiscal del Juicio a las Juntas Moreno Ocampo, cuando en una reciente entrevista habló de “millón” de víctimas, si se nombran a quienes fueron torturados y a todos los que debieron exilarse.
Lo que no quiere decir que toda verdad sea parcial y relativa. Hay verdad de los hechos, y hay justicia, tal como lo establece nuestra Constitución y jurisprudencia. Pero no se podrá confiscar esa verdad para beneficio de intereses partidarios, para voltear gobiernos democráticamente elegidos, para cubrir la corrupción de gobiernos sin escrúpulos, para extorsionar moralmente a quienes se oponen a determinadas políticas.
No sólo los juicios seguirán su curso, también el debate no tendrá fin. Nuevas generaciones interpretarán nuestra historia desde otra perspectiva. Las energías no se condensarán del mismo modo en un momento del pasado, y el horizonte se ampliará con nuevos presentes y otro futuro.

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Entrevista en Terapia de Noticias Bitácora 78

1 comentario Add your own

  • 1. rodolfo lópez  |  21 mayo 2017 en 12:49

    No parece la mejor bitácora para opinar. El silencio es elocuente y tampoco opinaré. En su lugar se me ocurre compartir con el blog el formidable cambio que en la experiencia de cruzar una calle, en Bs As y todo el país creo, ha ocurrido en los últimos años.
    Ya nadie te pasa por encima, ni te llaman forro, viejo choto, boludo. O te putean airadamente para que “muevas el culo”
    Los conductores hoy paran el auto -cuando pueden- y te hacen seña de que pases. Así nomá, atentamente. Yo con mi auto hago lo mismo, aunque me resistí bastante -debo confesar- a la amabilidad.
    ¿Tiene nombre semejante cambio social de costumbres cotidianas?. Ayer le pregunté a una amiga su opinión y me dijo “NO”, no se llama cristina ni se llama macri, es una evolución natural que para bien ha ocurrido, tal vez aprendiendo de países más amables, cultos o evolucionados (para no ir muy lejos pienso en Uruguay).
    Me hizo pensar la nota editorial que el 16/5 clarín publica. Firmada por Pedro Bekinschtein, Dr en Biología, se titula ” El difícil arte de cambiar de opinión”. No se la pierdan.

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