Bitácora 73

17 abril 2017 at 15:29 6 comentarios

Bitácora 73
Agnes Heller es una de las filósofas más notorias del siglo XX y un baluarte intelectual de los húngaros. Discípula del marxista húngaro Georgy Lukács, habla de él con cariño, encomia su libro sobre la conciencia de clase y la reificación, a pesar de sus críticas a varios de sus libros stalinistas. Maximiliano Cernadas, embajador argentino en Budapest, me organizó un desayuno con ella en un hotel cinco estrellas frente al Danubio. La filósofa de 87 años camina más rápido que Orteguita. Al llegar a las 10hs de la mañana, nos dijo que ya había nadado en la piscina climatizada de su edificio. De ninguna manera acepta que se la ayude a sortear algún escalón que se le interponga hasta la mesa. Toma el tranvía de vuelta a su casa que disfruta porque le gusta el paisaje que la ciudad de Buda ofrece del otro lado del río, y porque lo hace gratis por su edad.
Viaja sin descanso. Estuvo en Buenos Aires y vuelve en octubre a dictar una serie de conferencias. Me dijo que podíamos vernos el fin de semana libre que tendrá durante su estadía. La llevaría a la popular de Boca, espectáculo de masas que sé que les encanta a los húngaros que nos han visitado.
Un epistemólogo húngaro de ciencias físico- matemáticas me dijo que visitó nuestro país y fue a la Bombonera a ver Boca-River, y jamás olvidará la publicidad de una Coca Cola en azul y amarillo para evitar proyectar en la pantalla los colores del eterno enemigo.
Agy – así le dicen sus íntimos – vivió en Camberra, Australia, da clases en la universidad del estado de Nueva York, está escribiendo una serie de tomos sucesivos sobre la historia de la filosofía, es profesora emérita de la universidad de Budapest – que me dijo que no le sirve de nada – y es miembro de la Academia de Ciencias.
No fue una conversación, fue un reportaje. Me miraba con ojos avispados a la espera que dijera algo, y no pude más que inventar un cuestionario. No recuerdo con precisión de qué modo inicié su monólogo, pero debo haber inaugurado la tertulia – en la que bebimos sólo café porque ella ya había engullido su desayuno luego de sus largos en el agua, y no me extrañaría que fueran unos huevos con panceta frita y porotos, y yo con mi brebaje negro porque hasta las 20hs estoy inapetente, momento en que salgo de caza y me bajo un jabalí – contándole mis primeras impresiones sobre mi llegada a Hungría.
Es decir, era inevitable, hablar sobre la popularidad del jefe de gobierno Orman, un personaje de derecha que va por todo, levanta muros contra inmigrantes, se codea con Putin, quiere cerrar la Universidad Europea porque su fundador Soros le hace la contra, la Unión europea le parece un mal chiste, y gana una elección tras otra.
Para algunos hará de Hungría una nueva Turquía plebiscitada para que su líder tenga poderes excepcionales, y para otros un héroe nacional que quiere una Hungría para los húngaros.
Me sorprendió su optimismo. Me dijo que no hay nada de qué alarmarse ya que esos gobiernos populistas tan sólo evidencian un fenómeno de crisis, y de las crisis se puede salir fortalecido. Hizo la sagaz distinción entre crisis y trauma.
Dijo que de los traumas no se sale, que vuelven una y otra vez, que la primera guerra mundial fue un trauma, que lo fue la segunda y también Auschwitz. Pero que estos Orma, los Lepen, y otros semejantes, son golondrinas que no hacen verano.
Le pregunté que si esto era así, como se explicaba sus triunfos electorales, por qué los húngaros lo votaban. Sin inmutarse y bien rápido me volcó su respuesta como de un envase sin tapa que decía que entre los húngaros y su primer ministro hay odios en común.
Y que el pueblo húngaro siempre odió a los extranjeros – como todo pueblo agregó – pero que la diferencia reside en que hay sociedades a las que les da vergüenza ser racistas, y que eso era muy positivo. Definía esa actitud como la de una buena hipocresía.
Me daba cuenta a medida en que ella me hablaba rápido y sin titubeos, que estaba de acuerdo con lo que escuchaba, y que bien podía retirarme porque era como hablar conmigo mismo. Pero no habíamos terminado el café.
Entonces para llenar el vacío, le pregunté si no vivíamos una crisis de los valores Ilustrados y del liberalismo. Una pregunta que merecía una patada en el tujes o una entrevista con Osvaldo Quiroga.
Pero lejos de despacharme al Danubio, arrancó como una de doble tracción. “Nada tiene que ver la Ilustración con el liberalismo!”. El liberalismo, me dijo, no tiene gran narrativa, mire los EE.UU, agregó, su gobernabilidad se basan en funcionamientos institucionales, conducción pragmática y controles.
Mierda, me dije, coincidimos en todo…pero el postre fue cuando me dice que los tres más grandes filósofos de nuestro siglo son Heidegger, Wittgenstein y Foucault…ahí sí, me di cuenta que leía mis pensamientos, que no era una filósofa sino una bruja, una de esas tziganas húngaras que adivinan la suerte.
La acompañé al tranvía y quedamos en vernos en la Bombonera.

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6 comentarios Add your own

  • 1. rodolfo lópez  |  17 abril 2017 en 18:55

    Hermosa Bitácora Tomás. Un festival de literatura en donde cada párrafo abre puertas. Uno se queda con las ganas de seguir leyendo. Contribuye al clima de la narración el sutil equilibrio de egos que allí se da. El tuyo -inmenso, desproporcionado- se iguala con el no menor de Agy. Y en el parque de juegos -conversación o reportaje- ambos parecen sostenerse a la misma altura en los asientos opuestos de un tobogán, que no se mueve por la gravedad de Newton sino por la fina inteligencia, el sentido del humor, las ganas de jugar y.. .el valor de la autoestima. Ja ja!. Gracias.

    PD mejor al cilindro

  • 2. marlaw  |  17 abril 2017 en 19:02

    Profe: Le deseo fervientemente que usted logre encontrar todo lo que fue a buscar en ese viaje. Por sus narraciones anteriores, pienso que una parte importante ya la ha podido encontrar. En otro órden también pienso, que algún escritor de peso, debería escribir una novela donde usted fuera el protagonísta principal, pero con el estilo de Shakespeare, donde una narración se encuentra dentro de otra narración

  • 3. philo  |  17 abril 2017 en 20:15

    profe , se el valor que le da al saber, pero se pasa un poco

    aprovecheque esta lejos para cometer algún desliz, una locurita

    se lo recomiendo , deje fluir a Dionisio

  • 4. rodolfo lópez  |  18 abril 2017 en 12:34

    Quise decir subibaja (pero se tiraron del tobogán también)

  • 5. alma carolina  |  19 abril 2017 en 17:36

    QUE HERMOSO VIAJE !!!!

  • 6. mario crimer (@VanHelfin)  |  2 mayo 2017 en 0:32

    comentarios tan chupamedias dan pena ven inteligencia en comentarios simples y comodos

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