Bitácora 72

16 abril 2017 at 10:18 3 comentarios

Bitácora 72

Cuando me preguntan qué me gusta leer siempre respondo que no tengo tiempo para leer tanto debo estudiar. Y es cierto. No puedo leer sin un lápiz en la mano para seleccionar párrafos, frases e ideas, que luego anoto en un cuaderno o dejo reposar para posibles y futuros escritos propios.
Cuando me preguntan si leo literatura siempre respondo que lo hago en la medida en que me sirve para algo que quiero escribir. Si no es así, no lo hago. Y también es cierto.
Este viaje a Budapest y Timisoara en el que recuperé mi lengua materna que de todos modos olvidaré casi de inmediato, y en el que además al fin pude descubrir gracias al historiador Victor Neumann datos del destino funesto que padeció mi pueblo y mi familia en Rumania durante la Segunda Guerra y antes también, viaje que además me permite sentir como el nombre de Kertész es un pain in the ass en la cultura húngara, y que el de Marai lo es menos porque el público culto se miente a sí mismo, me di cuenta, repito, después de este viaje, que hay cierta literatura que siempre me atrajo, la única que me sigue atrayendo e interesando. Un tesoro de sentido.
Es la de la llamada Europa Central o Mitteleurope, en la que lo alemán se combina con lo judío y nos da un bastardo o un bárbaro que no se encuentra en otros lares.
Y los elegidos son:
Imre Kertész, escritor húngaro y judío que odia Hungría y a los húngaros.
Sandor Marai que abandona Hungría y decide no publicar nada en húngaro hasta su muerte, el suicidio a sus 89 años de edad.
Thomas Bernnard, escritor austríaco que detesta a sus compatriotas y a su cultura.
Witold Gombrowicz que hace de los polacos parte de un elenco de comparsa anacrónico mal ajustado consigo mismo.
Bruno Schulz el judío polaco que siempre miró de reojo a sus compatriotas hasta el momento último en que le dispararon y lo mataron.
Czeslaw Milosz que siempre me pareció un escritor fino que releeré y que abandonó Polonia en 1953 después de combatir a los nazis y no soportar a los comunistas.
Y a pesar de que Kafka siempre me ha parecido reiterativo, me pregunto si no fue él quien fue uno de los responsables de la atmósfera de los escritores citados.

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Desde Budapest Bitácora 73

3 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  16 abril 2017 en 13:21

    Ante todo habria que preguntarse de donde viene todo ese veneno antisemita que pudrio y sigue pudirendo a Europa del Este.

  • 2. Aldo  |  18 abril 2017 en 13:16

    ya de por si la palabra ” estudiar “deprime ,, los que estudian son los biólogos , los carpinteros . No creo que sea necesario en esta área-del-pensar ,, como dice Platon , recordamos no aprendemos ,, por que poner en duda al filosofo griego ? , por que esta de moda en los últimos 150 años darle duro a PLaton ? Estudiar es lo peor que le puede pasar a un niño ,,,,,,, que debates mas profundos requiere el tema ” educación “,,,, escondidos y muy peligroso

  • 3. federicomiguelquinteiros  |  19 abril 2017 en 22:22

    buena reflexion profesor tomas.


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