Bitácora 49

24 octubre 2016 at 14:18 3 comentarios

Bitácora 49

No es sencillo parafrasear con la imaginación a un progresista. Por lo general son hombres, quiero decir varones. La razón es sencilla, es que, justamente, ser progresista exige una postura en extremo racional.
Las mujeres por lo general no necesitan parecer racionales, lo son como cualquier ser humano. Lo señalo por si acaso. Pero el progresista masculino invoca y representa los principios morales que deberían regir las relaciones humanas.
Es un patriarca de la Ley.
Un valor mayúsculo del progresismo es la libertad, que termina en donde comienza la de nuestro semejante. El otro es la equidad que nos salva de los piquetes. Sin lugar a dudas, la solidaridad más que una virtud es una necesidad. Hay mucha gente humilde, menesterosa, carenciada, descamisada, o, como se ha decidido sintetizar hoy en día: pobre.
Otro valor ineludible es la tolerancia. El respeto al diferente, asumir que no todos pensamos igual, y que la diversidad enriquece todo debate.
Tangencial a este último valor, es el que fundamenta la necesidad del diálogo. Es fundamental dialogar, más aún cuando nunca se estará de acuerdo.
El diálogo, en su formato generalista se denomina consenso. Un progresista sabe que hay que llamar a todas las partes interesadas para que en conjunto negocien en vistas a un beneficio común. Nunca una decisión sin consulta.
El progresista sabe que hay un centro a la misma distancia de todos los puntos de una circunferencia. Por eso es necesario lograr esa equidistancia. Es cuestión de buena voluntad.
Por otra parte, el progresista tiene una visión amplia sobre lo que sucede en nuestro país. Su conclusión es inapelable: falta institucionalidad. Es fundamental que haya normas y que se las respete. Por lo que el principio de autoridad debe regir toda institución.
Para un progresista el poder es malo y la autoridad es buena. Cuando un poder se disfraza de autoridad no es otra cosa que autoritario.
El autoritarismo es un fenómeno que es transversal a nuestra historia. Viola la constitución, se burla de las leyes, y fomenta el culto a la personalidad o el carisma de un caudillo. Linda la barbarie.
Para el progresista la democracia es un valor moral. O ético. Las relaciones humanas deben despejar las variantes de la opacidad, llámense engaño, mentira, trampa, y sus formas letales como el robo y la coima.
De ahí que la transparencia es la condición sine qua non del funcionamiento de todo organismo estatal, y el político un servidor público.
Un progresista tiene mala conciencia. Siente que goza de privilegios. En el espejo se percibe injusto. Para mitigar esa desagradable sensación, se psicoanaliza con un terapeuta progresista, y es un asiduo participante de mesas redondas, junto a otros progresistas.
El progresista califica al mal por un atributo: malo. Y al bien por el suyo: bueno.

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3 comentarios

  • 1. marlaw  |  24 octubre 2016 en 15:42

    Impecable

  • 2. Sergio R.  |  27 octubre 2016 en 17:02

    Ejemplos de progresismo:

  • 3. Marcelo Grynberg  |  29 octubre 2016 en 10:27

    Excelente Capusotto


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