Bitácora 35

21 septiembre 2016 at 10:50 5 comentarios

Bitácora 35

“Los gobiernos de orientación popular, han promovido lo que llamamos derrame inducido, a través de buscar el crecimiento enérgico del mercado interno, incluyendo una importante gama de subsidios a los menos aventajados, para conseguir su inclusión en el consumo, ya que no en el empleo. Con ese mecanismo, se ha conseguido que la demanda de bienes y servicios aumente de modo más acelerado que en el modelo conservador y por lo tanto, la ocupación acompañe.”

Este párrafo de la Ley de Emergencia Social es de primordial importancia. Nunca se ha sintetizado en tan pocas palabras el modelo kirchnerista de economía implementado desde el 2009 en adelante.
Esta Ley tiene la firma de protagonistas del gobierno anterior. Los primeros años crearon un escenario diferente ya que fue el que aprovechó el “viento de cola” y la recuperación del mercado interno. El cambio aludido fue posterior. Desde ese momento la situación internacional fue otra debido a la crisis financiera, y luego, a causa de la recesión brasileña.
El kirchnerismo reconoce así que al término de su mandato no mejoró la situación laboral de la población, y que siguió el modelo del “derrame inducido”.
Dejo de lado todo lo que tiene que ver con la corrupción sistemática y escandalosa del gobierno anterior. Estimo que la corrupción no es el factor determinante de la situación económico-social del país. Contribuye a su estancamiento, pero las causas son más profundas y tienen que ver con nuestra historia.
Sería una bendición que un contrato moral y una administración transparente fundara una nueva sociedad, aunque, lamentablemente, desde mi punto de vista no es así.
La pobreza en nuestro país es estructural, lo que quiere decir que no depende de la coyuntura. El modelo del “derrame inducido” reconoce esta realidad y parte de ella para aliviar la situación de la franja mayoritaria que padece esta situación.
No crea empleo de calidad, formal, protegido, y se basa en la ayuda social que a su vez se vuelca en el consumo, y de este modo mantiene niveles aceptables de ocupación. Es una estrategia para una sociedad empobrecida.
¿Sale de este modo de la pobreza? No. Y no lo hace no sólo por el hecho de partir de situaciones de crisis como la del 2001, sino, además, porque a la corrupción estatal y la formación de nuevas oligarquías desde el ejercicio del poder, se le suma un sector minoritario de la sociedad que se enriquece como el agrícola y el financiero, y capas de los sectores medios que recuperan poder adquisitivo con lo que ofrecen créditos subsidiados y plata dulce.
Es decir que a pesar de las quejas globales, hay quienes se han beneficiado en estos años de pobreza. Lo que explica tres gobiernos elegidos por las mayorías ciudadanas.
¿El macrismo es una alternativa? Desde mi punto de vista, este gobierno sufre una mistificación acorde con sus propios mitos. Hay fábulas populistas como las hay conservadoras. Y me refiero a quienes “creen” en ellas, porque nos permitimos suponer que no todos los políticos y todos los formadores de opinión pública son sin excepción unos mentirosos o unos cínicos consuetudinarios.
Nuevamente, ojalá fuera así, porque en ese caso, podríamos esperar que de triunfar la verdad, las cosas mejorarían. Sin embargo, puede darse el caso de que con la verdad nada mejore.
¿Qué nos dice el mito conservador? Que nuestro país debe integrarse al mundo. Pero desconoce que ya está integrado. Es un país subdesarrollado que ofrece oportunidades de inversiones extractivas. Vale por su riqueza natural. Lo que quieren los poderosos de la tierra es nuestro suelo, nuestras aguas y nuestra energía. Otras inversiones se pueden dar por añadidura, y si bien modernizan sectores de la economía, no incrementan el empleo.
La puja entre nuevas tecnologías y empleo se da en todo el mundo. No hay trabajo para las nuevas generaciones. Sólo una expansión económica en los sectores de valor agregado, como ha sucedido en la China, o en países en que se da una recuperación económica después de una deblacle – como en los EE.UU – puede crear trabajo. Pero mal pago y manteniendo altos niveles de desigualdad.
Lo que el mundo pide de la Argentina – y eso se repite en nuestro `MiniDavos´ como en nuestros portavoces locales – es que nuestro país se discipline. Que se resigne a tener salarios como en otros países de la región, la misma precarización laboral, un cierto silencio sindical, que disminuya su gasto estatal, que contenga y controle la protesta social, que sea eficiente y que mejore la productividad, etc.
El problema es que las fuentes de trabajo en la Argentina son las pymes y el estado, y los dos son de baja productividad, o sea, ineficientes. La supuesta nueva integración y la modernización, no requiere abundancia en mano de obra. Los Rodriguez Sáa, atentos a las novedades, ya hablan de que lo que viene es la robótica.
Más allá de las bromas, la mano de obra intensiva, no es el futuro.
El macrismo tiene un doble sueño: uno es el frondizista, y el otro es el roquista. Ninguno de los dos puede concretarse en el caso de que el paciente se despierte. Ni el desarrollismo de la década del sesenta ni aquel proyecto de fines del siglo pasado.
Este es, a mi entender, el dilema argentino. Difícil de desanudar.

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5 comentarios

  • 1. marlaw  |  21 septiembre 2016 en 17:55

    A mi modesto entender la pobreza estructural, no obedece solo a razones de carácter económico, sino también de carácter cultural. En este sentido, las medidas que se tomen, deberián ser convergentes, contemplando e incidiendo de forma conjunta en ambos aspectos.

  • 2. Leonor Liliana César Güerri  |  21 septiembre 2016 en 18:54

    Yo diría que más que difícil de desanudar es IMPOSIBLE de desanudar. El problema de la falta de trabajo y el de su mala calidad es mundial, como bien dice Abraham. No se me ocurre cómo podríamos nosotros resolver lo que nadie sabe cómo. El Brexit es una muestra de esto, la candidatura de Trump es otra. Reina el desconcierto en el mundo ¿y nosotros vamos a encontrar el modo de zafar de nuestra economía ineficiente ? Seguiremos a los tumbos y viviendo en una sociedad cada día más dividida y, en consecuencia, más peligrosa.

  • 3. Aldo  |  22 septiembre 2016 en 13:49

    Hay mucha mística en el macrismo ,, entre hombres fuertes y Hechiceras esta todo como para soplar y q las cartas vuelen ,,, uno no pude autodictarse como tal cosa ,, y al ves pedir soltar , que tendria que hacer Mariana Fabianii como conductora en esa argentina que supere al roquismo frondisizista ?

  • 4. Alejandro A  |  22 septiembre 2016 en 18:00

    Su último párrafo profesor, es realmente inquietante: “En caso de que el paciente despierte”.
    Yo creo que no va a despertar, y a pesar de que coincido en su reseña, me pareció que los “modelos” mencionados no alcanzan para establecer diferencias definitorias entre una politica y otra; Entiendo que hay en una buena cantidad de gobiernos tanto civiles como militares, variantes del plan Pinedo de 1940 circunstanciadas en situaciones internacionales ajenas a la mucha o poca capacidad de nuestra dirigencia, con dos grandes cortes, propiciados por Martinez de Hoz, y por la dupla Dromi-Cavallo. Todo lo otro es lo mismo presidido y acotado por las cíclicas e inevitables quiebras del estado,
    Con el telón de fondo del desastre de 2001 Duhalde y Kirchner le agregaron al modelo una dosis extra de Keynesianismo que sacó a la gente de la calle; Por cuestiones de buen gusto, algún militante del republicanismo ético, revisa ahora las calificaciones de los hijos de D´elia.

  • 5. marlaw  |  23 septiembre 2016 en 9:23

    Cuando se alude a Arturo Frondizi, habría que recordar que este en todos sus dircursos políticos dirigidos a la ciudadanía, utilizaba como”latiguillo” la frase: catorce millones.Ese era aproximadamente el número de habitantes, que contaba el país en el año 1959. Hoy en día el país ya no cuenta con 14 millones, somos muchos mas, sobrepasamos el número de 40 millones. En el curso de 50 años hemos triplicado nuestra población. No es lo mismo resolver los problemas y planificar para 14 millones, que hacerlo para mas de 40. Asimismo no han habido políticas públicas que contemplaran este fenómeno. Lo que há reinado en todos estos años en este sentido, há sido la improvisación. Muchos de los problemas que hoy vive el país guardan relación con la ausencia de políticas públicas en este sentido.


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