Bitácora 20

11 agosto 2016 at 12:44 7 comentarios

Bitácora 20

Entrevista a Louis Ferdinand Céline. You Tube. Entrevistador: Max Pol Fouchet. Año, posguerra segunda.
Quienes no han leído el “Viaje al fin de una noche” tienen suerte porque tienen la posibilidad de leer un libro extraordinario. Fuera de lo común.
Céline escribe a lo bestia. Sus palabras saltan. Usa un cañón con tinta. Saca las tripas al sol. Y se las come. Es un caníbal. Se caga en la literatura y lo hace escribiendo. Es médico, y no le alcanza el sueldo para llegar a pagar en término el alquiler. Odia a los ricos porque disimulan cómo consiguieron lo que tienen. No le importa la obscenidad del poder, por el contrario, la respeta porque sabe que debe someterse. Pero desprecia al demócrata y al progresista que lo tratan de ciudadano al tiempo que lo esclavizan.
Inventó el arte de los signos de puntuación. Su tono es el exclamativo. Pone puntos suspensivos, una interjección y culmina con dos signos de admiración. Insulta. Si pudiera condensar en una mayúscula todo el odio que tiene, lo haría. Pero no existe esa letra letal.
La primera guerra mundial fue una carnicería. Lo alistaron. Todas las guerras son un baño de sangre, pero ésa fue una de las últimas en las que hubo cuerpo a cuerpo. La bayoneta estaba a la altura de la pólvora y de los gases.
Los judíos le dan asco. Celebró la llegada al poder de Hitler. Nada le importaba el tema de los campos de concentración, no era un tecnócrata. Las fábricas de la muerte era un tema para ingenieros. Lo que él quería dar era una gran patada en el culo. Por eso los nazis no lo soportaban. Lo tenían lejos.
Perdió la guerra. Lo trataron de criminal. Ni siquiera había sido un colaboracionista, él no colaboraba, su problema era que no colaboraban con él. Él quería el Apocalipsis, y la raza de arios rubios le parecía una idea pendeja, boluda.
Los franceses nunca supieron qué hacer con Louis Ferdinand Destouches, alias Céline. Era un escritor que merecía la cúspide del Parnaso. Pero además un hijo de puta.
Sartre quería que lo fusilaran. Céline decía que no le llamaba la atención esa idea propia de un batracio. Nosotros con Borges fumamos la pipa de la paz, y después de mandarlo a la feria de los pájaros, lo condecoramos con un laurel y una caricia. Finalmente era gracioso y se lo arrulló con tantas anécdotas como las que ofrece Perón.
Esta oscilación entre la pena capital y un sitio en la Academia Francesa, no tuvo resolución. Entonces lo entrevistaban. Como esta vez.
Y vemos a un mendigo con un abrigo viejo y descosido, pelo revuelto y casi sucio, que habla bajito, tiene la mirada vacía, una pequeña sonrisa sádica, las manos muertas sobre su regazo, y dice que nadie entiende su refinamiento.
De lo único que es culpable es de tener un olfato muy fino, y que como la perra alfa de Groenlandia que guía al expedicionario y a los otros perros, tiene el don de poder anunciar en donde hay oculto un abismo de agua helada. Pero no lo escuchan. Y tampoco tiene la culpa de escribir con vigor, si no ladra nadie se da cuenta del peligro.
No ve por qué le hacen la vida imposible y no terminan nunca de castigarlo.

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7 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  11 agosto 2016 en 15:49

    Que fascinacion por el morbo …
    No tiene algo mas constructivo para recomendar ?

  • 2. Sergio R.  |  11 agosto 2016 en 21:08

    Buenisimo el relato. Justo hace unos meses me bajé el libro de internet y lo empecé a leer pero la vorágine cotidiana me hizo dejarlo momentaneamente. Esta nota me da un nuevo impulso. Uno que lei espectacular es “Higiene del asesino” de Nothomb.
    Ah, en la bitácora 18 hice un post que nunca apareció. Saludos.

  • 3. marlaw  |  11 agosto 2016 en 23:27

    Confieso que a Celine, lo descubri de carambola (a tres bandas), o por carácter transitivo. Tratando de leer a una autora ponderada por El Profesor, Amelie Nothomb, dí con su libro Higiene-del-asesino, y dió la casualidad que el personaje principal de esta novela, lo cita a Celine.
    Internet que para algo sirve, sí se sabe buscar y se es perseverante, me conectó con “Viaje al fín de la noche”. Para mi fue un hallazgo, y lo mejor que he leído en mucho tiempo. Tienen razón quienes en Francia lo comparan con Proust.

  • 4. Pablo Fasoli  |  12 agosto 2016 en 9:13

    que bueno ,,de su galera no paran de salir conejos ,,vamos a rastrearlo

  • 5. Sergio R.  |  12 agosto 2016 en 9:40

    Idem experiencia que marlaw.

  • 6. marlaw  |  12 agosto 2016 en 19:54

    Yo creo que sí Celine y Witoldo se hubierán conocido en algún cafetín de Buenos Aires habrián sido grandes amigos.

  • 7. federicomiguelquinteiros  |  12 agosto 2016 en 23:17

    una genialidad profesor…tambien la charla de badiou…tengo una pregunta, comencé a leer pulp…el celine que busca la señorita muerte es este?


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