La enseñanza de la filosofía 227

27 julio 2016 at 12:36 7 comentarios

En el mes de marzo de 1944, dos meses antes de la Liberación, Bataille da una conferencia con el título “Le sommet et le declin” (Sur Nietzche, O. Complètes VI, pag 39-65). Lo traducimos por La cima y el deterioro. `Declin´ no es sólo bajada, ni decadencia, es necesario encontrar una vocablo que muestre un movimiento, un proceso abierto, una caída irreversible y gradual.
Bataille dice que no divide a los valores de acuerdo a un criterio sobre el bien y el mal, sino entre una moral de la cima y otra del deterioro. La primera responde a un exceso, a una exhuberancia de fuerzas, a la intensidad trágica, a un gasto de energía que no tiene medida y que violenta la integridad del ser. A partir de ahí, deduce, es más una visión que se aproxima al mal que al bien.
Por su parte una moral del deterioro evidencia agotamiento y fatiga. Este debilitamiento es el fruto de un sobreesfuerzo por conservar y enriquecer al ser. De esta labor derivan los principios morales.
Toda comunicación se hace desde las heridas. Debe haber un flanco desgarrado para que un ser se abra. Sin esta hendidura que Bataille llama `pecado´, tanto Dios como los hombres se mantendrían en un estado de aislamiento. Perseverar en su ser es estar solo e incomunicado.
El ser encerrado en sí mismo se aburre. El aburrimiento descubre la nada que habita el ser. El suicidio y el crimen se revelan como formas de superar el ser y rechazar la preocupación por lo que pueda deparar el porvenir.
Podríamos seguir con estas afirmaciones de Bataille que no harían más que cargar las tintas sobre la pose ridícula de una especie de vanguardista jubilado. Hablar de crímenes literarios frente a un auditorio de pensadores y académicos cuando detrás del muro de la institución se desplazan las tanquetas nazis disparando contra francotiradores de la resistencia, y en Normandía mueren miles de soldados aliados que pretenden liberar a Francia, no deja alternativa ni permite circunstancias atenuantes: todo esto es ridículo, una vergüenza para la cultura francesa, un atentado al más mínimo pundonor.
¿Pero qué otra cosa debían hacer estos intelectuales si no era continuar con sus actividades? ¿Sacrificarse poniendo el pecho ante las tropas nazis? ¿Sería más decorosa una escena si todos ellos junto a Bataille, ansiosos y expectantes, fueran desplazados hacia nuestro días y estuvieran frente a un televisor, mirando durante horas las noticias de una CNN, como acostumbraban durante la guerra a pegar el oído a la radio para escuchar la BBC?
En lugar de ser espectadores pasivos de los acontecimientos, no renunciaron a escribir, leerse entre sí, hacer circular sus ideas, y debatir amurados en donde fuere.
Se pregunta Bataille: ¿qué puede hacer un hombre lúcido que en este mundo asume para sí mismo una exigencia sin consideración a nada ni a nadie”. (ibid 63).
Para él no se trata de ascetismo porque es absurdo tener un proyecto de santidad. No se diferencia del cálculo de cualquier negociante. La salvación no es más que un beneficio, pertenece a la normativa del interés. Frente a ella le opone las formas del vértigo. El gasto y el exceso frente al esfuerzo.
Pero sólo desde una moral del deterioro se puede hablar de la cima. Además, parece imposible que los hombres rechacen todo idea de futuro. Bataille dice que desea mandar al mismísimo diablo todo deseo de perdurar, de porvenir, pero siente que se volvería loco y le anularía la mera posibilidad de hablar.
Prosigue Bataille agregando más confesiones, es cierto que no acaba. ¿Cuánto tiempo se le puede dedicar a un hombre que dice que quiere lo que no puede, que desea lo imposible, que considera vano expresarse con palabras pero que sin ellas no puede vivir, que está atrapado por la paradoja y que liberarse de ella es una insensatez, que busca con ansiedad respuestas aunque se resigna a que jamás sabrá nada?
Mucho, se le dedicará mucho tiempo, infinidad de lecturas, homenajes, respeto, admiración y reconocimiento. Más de muerto que en vida.
Este texto de Bataille incluído en la compilación que tiene el título “Sobre Nietzsche”, dará lugar a una reunión de discusión en la que participarán junto al autor, Arthur Adamov, Maurice Blanchot, Simone de Beauvoir, Albert Camus, Jean Danielou, Maurice de Gandillac, Jean Hypolitte, Pierre Klossowski, Michel Leiris, Gabriel Marcel, Maurice Merleau Ponty, Jean Paulhan, y nuestro amigo: Jean Paul Sartre.
Por si quedaban dudas acerca del interés que despertaba el pensamiento de Bataille, los nombres aquí reunidos son prueba suficiente de la importancia, o al menos de la curiosidad, generada por este hombre aislado y enfermo en una casa de Normandía, bibliotecario y archivista, pero de una actividad cultural intensa dado que fue confundador del Colegio de Sociología al que todos asistieron y de una revista como Acéphale, entre otras publicaciones.
Podemos imaginar que en una situación como la que se vivía en París, una ciudad ocupada por un ejército extranjero, en medio de una guerra total, y con todos los rincones vigilados en busca de resistentes, judíos, disidentes, sospechosos, la comunidad intelectual no colaboracionista estrechó sus vínculos, y trataba de no perder contacto como un modo de superviviencia rodeados como estaban de escritores, artistas, y funcionarios que sí colaboraban con el enemigo hasta con entusiasmo.
Los intercambios entre los participantes de este simposio se publicaron en el año 1945, en la Francia liberada, con el título: “Discusión sobre el pecado”, un anuncio algo caprichoso pero comprensible ya que se editó en la revista “Dios viviente”.
Pierre Klossowski, amigo de Bataille, traductor de Heidegger y Wittgenstein, autor de libros de culto para los jóvenes filósofos como Foucault y Deleuze, compañero de Bataille en la introducción intempestiva del Marqués de Sade en el ambiente filosófico francés, y de haber entregado una nueva versión de Nietzsche (“Sade mon prochâin”, “Nietzsche et le cercle vicieux”), es quien resumirá la conferencia sobre la moral de la cima y la del deterioro.
Después se inicia el debate y toma la palabra el pastor jesuita Jean Danielou. Se trata de un erudito que escribió textos de enorme importancia sobre el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto, en el que resignificaba la historia del nacimiento del cristianismo en el seno de la comunidad judía de los esenios. Su nombre, ya ungido cardenal primado de Francia, fue motivo de escándalo porque falleció en la casa de una prostituta, la famosa Mimí Santoni.
Digna historia para Bataille.
Danielou a pesar de su espíritu piadoso no tiene demasiada conmiseración con Bataille. Piensa que hay seres que no tienen el coraje de atravesar los desiertos que en cierto momento la vida nos impone, ni pueden estar solos en las noches, y que resuelven sus debilidades inventando un camino pecaminoso del que esperan gozar en estado de éxtasis.
Estos espíritus asustadizos no soportan que la vida tenga un límite, bucean en meandros que les permitan olvidar su mortalidad, lo llaman `comunicación´, y diagraman una utopía mística para fusionarse y olvidarse de sí.
La santidad no tiene nada que ver como cree Bataille, sigue el cura, con un proyecto de salvación de quienes restringen sus placeres en busca de un premio mayor. La santidad es, justamente, la aceptación de la desesperación, y la asunción de nuestra condición de mortales. El dios de Bataille es el dios de los filósofos, una quimera conceptual que llena el vacío con sus propias aporías.
Y tendría esa solución que tanto busca si tan sólo abriera los ojos a nuestro señor Jesucristo, quien por la resurrección, nos da la confirmación de una existencia sin límite, y la esperanza de la cura de nuestra alma.
Cuando Bataille sostiene que la existencia del ser, tanto el divino como el humano, que de no comunicarse en el mal y en el pecado, están sometidos al goteo monótono del aburrimiento, quizás, de acuerdo a sus preferencias históricas, dice Danielou con ironía, en el Medioevo, o en los tiempos de los Borgia, para Bataille la Iglesia debía ser más divertida.
Por su parte Pierre Klossowski también dice algo curioso, esta vez con la intención de fortalecer la posición de su amigo.
Está de acuerdo con que el mundo es aburrido – sin comentarios – y que la mejor manera de no aburrirse es sentirse culpable por transgredir normas, leyes, todo el ámbito de lo prohibido. Si no nos sentimos culpables, es decir si ya no podemos obtener que Dios se fije en nosotros – porque para el Señor contamos y mucho cuando cometemos una falta – entonces nos convertimos en seres responsables, moralmente intachables, sentimos que cumplimos con nuestro deber…y nos aburrimos.
Por eso para Bataille, dice Klossowski, el estadio religioso es trascendente respecto de estadio ético, igual que en Kierkegaard. Lo sagrado en Bataille, prosigue, desintegra la dimensión ética, y se confunde con el estadio estético, a diferencia, esta vez, de Kierkegaard.
Para el danés el mundo de los placeres es incompatible con el salto al vacío de lo religioso. Es cierto que osciló permanentemente entre sus amores por Regine y la figura del padre que sacrifica a su hijo por devoción al señor, pero, al menos teóricamente, su reglamento de los tres estadíos de la personalidad – estético, ético y religioso – estaban bien definidos.
Si queremos circunscribir algo a las apuradas la originalidad de Bataille, para decirlo así, y de Klossowski, es la de crear un misticismo del sexo de un modo ateo, sin dioses, sin kamasutra, sin tantra yoga, así, a lo occidental: en un prostículo…perdón…lapsus de teclado: prostíbulo.

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7 comentarios

  • 1. marlaw  |  27 julio 2016 en 15:48

    En realidad en Marzo de 1944, todavía no había muerto ningún soldado aliado en el frente Francés, dado que el Desembarco Aliado (El famoso día D) recién se produjo el 6 de junio de 1944
    Asimismo la Liberación de París ocurrida el 24 de Agosto de 1944 fue encabezada por un batallón del Ejército Francés, integrado por 146 soldados del Ejército Republicano Español. ver:

    Tenía razón Eric Hobsbawn cuando afirmaba, que la Segunda Guerra Mudial, fue una Guerra Civil Europea.

  • 2. federicomiguelquinteiros  |  27 julio 2016 en 23:13

    gracias por este espacio, por compartir..

  • 3. Marcelo Grynberg  |  28 julio 2016 en 9:59

    Repito su frase: “todo esto es ridiculo”.

  • 4. Marcelo Grynberg  |  28 julio 2016 en 21:14

    Mas sobre Bataille en el capitulo 8 de “El Discurso Filosofico de la Modernidad”, de J. Habermas (Taurus, 1989). Interesante, aunque algo demencial …

  • 5. Pablo Fasoli  |  29 julio 2016 en 12:21

    Para mi lo importante es la buenisima poesia que escribio Bataille ,,puro fuego ,,no importa si con guerra o sin guerra ,,justamente si la escribio en epocas dificiles mas merito .

  • 6. marlaw  |  31 julio 2016 en 0:48

    Me simpatiza Bataille, no creo que haya podido existir alguna ofensa, o algún pecado por decir lo que se piensa, pese a las tanquetas nazis. De lo contrario ni siquiera deberia haber existido la mentada conferencia. Me resulta plausible que pueda llegar a existir una moral desde la exaltación, desde la arrogancia, y otra desde la declinación. Se trata siempre de momentos vitales diferentes de una misma persona.

  • 7. marlaw  |  4 agosto 2016 en 15:32

    Para cerrar el tema de la intervención de ciudadanos Españoles en la Segunda Guerra Mundial, cabría agregar, que mientras algunas decenas de ellos integrarón el bando Aliado, también hubo otros, que combatierón con los “malos” A principio de los 40s, el Generalísimo Franco, dictador de España por mas de 40 años enviò para apoyar al régimen nazi, a un cuerpo expedicionario de soldados regulares españoles, denominado “La Legión Azúl” que a su llegada a Alemania fue destinado al Frente Ruso, y del cual muy pocos regresarón con vida.


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