LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 214

31 mayo 2016 at 7:56 5 comentarios

Michel Foucault interrumpe sus actividades en el College de France de 1976 al 77. Se toma un año sabático. “Defender la sociedad” fue el último curso en el que una vez más no cumple con lo programado. No llega a analizar los mecanismos de defensa de la sociedad moderna ante las desviaciones y los peligros que la amenazan, no sigue el análisis del dispositivo disciplinario, sino que se dedica a leer textos de los historiadores del siglo XVIII en cuyos escritos se lleva a cabo una contrahistoria. Siguiendo su lectura, Foucault presenta el modelo de la guerra en oposición al del contrato, y el de la conquista de una etnia sobre otra como el origen de las sociedades.
Retoma sus clases un año después con un curso cuyo título es “Sécurité, territoire, population”. Foucault no está conforme con prolongar sus estudios sobre el poder. Dice en su clase del 25 de enero de 1978 que desea terminar con la invocación monótona del poder. “Ni poder ni Amo, ni el uno ni el otro como si fueran dioses”.
A modo de una autocrítica indirecta, dice que hay un modo de trasmitir un discurso teórico que se hace escuchar como un imperativo, un deber de actuar de acuerdo a enunciados que desde una cátedra tienen todo el aspecto de ser bastante ligeros, por no decir frívolos.
Sus análisis sobre el poder que tienen la obligatoridad, o la mala conciencia, que destila una teoría imperativa, no suelen ser otra cosa que una entrega estética, una buena forma teórica.
Desea tomar otro rumbo. Atento a la coyuntura, Foucault percibe que hay un cambio en los mecanismos de control de la sociedad capitalista. La vigilancia que sustituía al castigo como implementación de la mirada del poder sobre sus agentes, esa forma continua de estar lo más cerca posible de los gestos de los cuerpos y del desarrollo de sus energías y fuerzas, ya no resulta económico.
Nota que el modo de producción posfordista diagrama otra forma de funcionamiento que deja márgenes de libertad que en lugar de vigilar, regula.
La palabra regulación apunta a una serie de mecanismos de flexibilidad, de un dinamismo no enteramente programado, y de la posibilidad de que los sujetos tengan iniciativas y puedan modular sus conductas de acuerdo a fines que les resulten beneficiosos.
La libertad de mercado sin ser un espacio abstracto, o un tipo ideal en el que los individuos se encuentran sin roces ni fricciones para concretar sus objetivos, no deja de presentar un modelo más abierto que el espacio disciplinario que supone una planificación integral.
Foucault quiere aportar algunos elementos para pensar lo que denomina los dispositivos de seguridad frente a las anteriores formas de manifestación del poder como el sistema de la ley que diagrama la justicia en los fines del medioevo, o el sistema disciplinario de la era de la industrialización.
Durante dos años, en este curso y en el siguiente “Nacimiento de la biopolítica”, el filósofo inaugura un programa de investigación que lo llevará a pensar algunos temas no previstos. No es fiel a su planteo inicial, desvía su rumbo, se deja llevar por lo que el azar de la búsqueda le presenta, e inicia así un camino que del poder lo conduce a la ética, y del modelo de la guerra al arte de vivir de los antiguos.
Esta torsión es típica del estilo de Foucault. No se debe a que su entusiasmo mengua si no tiene el estímulo de la sorpresa, ni por una sensación de dominio del terreno por lo que carece de sentido pensar lo que ya se sabe – aunque sin duda que por su temperamento, no estaba satisfecho con ser un escritor de tesis – sino que, además, era sumamente sensible y permeable a la coyuntura y a la actualidad.
Afirma que el tiempo en que se vive es el del petróleo, el de la apropiación de energías planetarias, y el del terrorismo. Así dicho parece una profecía de lo que sucedería durante las futuras décadas, pero recordemos que los petrodólares y las bombas en estaciones de trenes y los secuestros, conforman una realidad de las que los europeos ya eran testigos en los comienzos de la década del setenta del siglo pasado.
La palabra “seguridad” no debe llevarnos a engaño, lo que Foucault define como `tecnicas de seguridad´ incluye la existencia de márgenes inevitables de `inseguridad´, es decir de riesgos, peligros y la irrupción de crisis en los sistemas.
Al no poder impedir los fenómenos de desestabilización, se inventarán modos de regulación que canalicen las voluntades hacia la optimización de los recursos mediante el estudio de los efectos que se generan con determinadas medidas. Ésa será la función de la economía política que Foucault estudiará en autores pertenecientes al pensamiento económico como el cameralismo, el mercantilismo y los fisiócratas en los siglos XVII y XVIII; lo hará después con las teorías y las estrategias del “Ordoliberalismo” que postulará los fundamentos de la economía social de mercado en la Alemania de la segunda posguerra del siglo XX.
Ya había adelantado en sus cursos e incluso en sus libros anteriores como “La voluntad de saber” y “Vigilar y castigar”, que a la anatomía de los cuerpos del sistema disciplinario, le seguía el estudio de las `poblaciones´ y su biopolítica correspondiente.
Pero para sorpresa de quienes esperaban que prosiguiera sus análisis con su modelo de la guerra aplicado a las relaciones de poder, Foucault abre dos caminos en principio disímiles y ajenos entre sí: la economía y la espiritualidad.
Es lo que de mi parte, e inspirado en él, intenté desarrollar en mi libro “La empresa de vivir”, aplicado a la era de la globalización.
Foucault no dirige sus investigaciones a estudiar los modos en que los poderes del siglo XX implementaron fábricas de la muerte o políticas de la regulación de la vida de acuerdo a los intereses de las corporaciones, análisis que otros autores llevarán a cabo en su nombre, sino que se interesa por algo en apariencia más sublime como es la estética de la existencia. Pero para llegar a aquellos últimos escritos sobre el uso de los placeres en los griegos y el arte de vivir entre los romanos, recorrerá un camino empedrado que comienza en este curso de 1978, y que le hace modificar la idea de dispositivos de poder por el de gubernamentalidad.
Esta idea de gobierno que será eje central durante años de sus futuras disertaciones, atraviesa una serie de estructuras de poder que se relacionan con la constitución del estado absolutista, y por la implementación de una serie de técnicas administrativas de acuerdo a la creación de riquezas, a los flujos de mercaderías y la emisión y valor de las monedas. Pero también con lo que los alemanes en el siglo XVIII designaban como `polizei´, es decir poder de policía en el sentido de política cuya preocupación es la felicidad de las poblaciones.
Bienestar de los sujetos que debe tomar en cuenta aspectos demográficos, salud colectiva, orden público y ejercicio de la autoridad.
La innovación foucaultiana consiste en que su análisis de las poblaciones como objeto teórico de los dispositivos de seguridad, se articula con lo que define como “poder pastoral”, aquel que gobierna las almas, el que se interesa por la suerte de cada uno de los miembros de una colectividad supervisado por una jerarquía trascendente.
Foucault dice en su curso de primero de febrero de 1978, que en el siglo XVI hay un manifiesto interés por la temática del gobierno de los otros y del gobierno de sí, del gobierno de las almas y de las conductas.
El filósofo no cita a Gerhard Oestreich, el historiador alemán quien escribió sobre la importancia del neoestocismo en el aspecto disciplinario como eje de la constitución del estado moderno. Lo que no quiere decir que no lo haya leído o tomado en cuenta ( Gerhard Oestreich: Neostoicism and the early modern state,edit Cambridge UP, 1982).
Robert van Kneken en su trabajo “Social discipline and state formation: Weber and Oestreich on the historical sociology of subjectivity, 1990), cita al lector y divulgador de la obra foucaultiana Pascuale Pastino que menciona la relación entre los estudios de Foucault sobre el dispositivo disciplinario y los textos de Oestreich.
Desde la década del cincuenta el historiador alemán publica sus investigaciones sobre el movimiento que definió como el de “Los Países Bajos” cuyo epicentro se situaba en la universidad de Leyden, con su pensador guía: Justus Lipsius Su tesis no sólo complementa la de Max Weber sobre el peso de la ética protestante en el nacimiento del capitalismo, sino que revierte la supuesta importancia de la religión en aquel proceso.
El neoestocismo invoca a la cultura clásica, en especial a la romana y a dos de sus mayores exponentes como Séneca y Tácito, para mostrar que las virtudes enunciadas por la filosofía estoica modelaron las conductas de la modernidad naciente de acuerdo a criterios de una autodisciplina.
La importancia de Lipsius está relacionada con las innovaciones en el arte militar en los tiempos en que los holandeses combatían a la armada española, y con la influencia de su pensamiento que se expandió de la Casa de Orange a las tierras de Cromwell.
Oestreich habla de un arte de vivir basada en valores como `prudentia´, `constantia´ y `autorictas´, que se aplican al político, que simboliza las virtudes del hombre de acción. Desde el siglo XVII, el neoestocismo en la Francia del Enrique IV como en los Países Bajos, es la ideología de la clase cultivada.
Con la excepción de Aristóteles, el historiador sostiene que la filosofía estoica ha prevalecido como forma dominante de pensamiento en los inicios de la modernidad. Lo que no quiere decir que tanto el calvinismo como los jesuitas hayan carecido de peso en la educación y la cultura sino que convivieron con el clasicismo moral en el que intervienen tanto Lusius como Grotius y Erasmo. En realidad, las tres formaciones culturales intervinieron junto a lo que Oestreich considera como un fenómeno histórico determinante: la institucional de la `polizei´, o poder de policía en el absolutismo monárquico desde el siglo XVII.
Lo que vincula aún más la obra de Foucault con la del historiador alemán.
La existencia de una manía regulatoria que tiene el objeto de disciplinar a la sociedad una vez que el poder de las Iglesias queda debilitado por las continuas guerras civiles entre poblaciones de confesiones diferentes; la acelerada urbanización que se produce con la desaparición de modo de producción feudal, hace que desde el poder central a los municipios haya una preocupación por el control de las poblaciones.
Un buen manejo administrativo promete prosperidad, a cambio de obediencia y respeto. Ascetismo y disciplina conforman la doble faz de un sistema en el que intervienen tanto la religión como la economía.
Foucault en “Seguridad, territorio y población” comienza por un hecho que inquieta a los economistas desde el siglo XVII: las hambrunas. Analiza los textos de cameralistas, mercantilistas y fisiócratas, acerca de los fenómenos de abundancia y escasez de bienes, y las medidas recomendadas para paliar los aumentos de precios de los productos de primera necesidad, favorecer su producción, equilibrar los juegos entre la oferta y la demanda, regular el intercambio comercial.
Apunta que lejos de ser meras medidas administrativas, las disposiciones relativas a estos problemas constituyen técnicas de gobierno, es decir, procedimientos por los cuales se modifican conductas.
Estas técnicas son paralelas al sistema administrativo de la “Polizei”, no prescriben comportamientos ni tienden a corregir defectos con correcciones. Tampoco prohiben actos que de cometerse serán sancionados. La naciente economía política es parte de los dispositivos de seguridad que regulan las conductas, e imaginan juegos de estímulos y respuestas posibles, que den por resultado un objetivo buscado.
Toman en cuenta a las poblaciones, pero simultáneamente, incorporan al individuo en cuanto sujeto deseante motivado por intereses.
Foucault dice que estamos en presencia del funcionamiento de una ideología de la libertad que además se implementa como una tecnología de poder correlativa a los dispositivos de seguridad. Se trata de producir el interés colectivo por el juego del deseo (Sécurité…pag 75).
Al final de una clase pregunta. “¿Por qué digo gobierno?” (Y ya no poder, agregamos).

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5 comentarios

  • 1. federico miguel (@fedemiguequinte)  |  31 mayo 2016 en 10:44

    excelente análisis, pero sacando el poder, algo que creo no se puede hacer, me surge la duda de si la sociedad controlada acepta las ordenes de los “controlantes”, bajo ese denominado poder pastoral, o es sometida a ellas? Me responde que hay un poco y poco de ambas.

  • 2. Marcelo Grynberg  |  31 mayo 2016 en 21:22

    Estoicismo, protestantismo, tal vez puedan rastrearse hasta la autodisciplina del “prudente Odiseo”. Son formas de conducir la vida que sin duda favorecen la autoconservacion en un mundo hostil, pero no se si alientan un cambio en las mismas condiciones que eternizan esa hostilidad.

  • 3. Diana  |  1 junio 2016 en 0:45

    Pienso como todavía se sigue estudiando en las universidades La Microfísica del Poder como un libro sagrado y todos los dispositivos del poder que nos muestra Foucault en Vigilar y Castigar, otro libros santo. Y este pensamiento me ha atravesado por años, este decir de Foucault, que nunca he objetado, sino solamente traté de entender, no como una propedeutica de lo que poco después iba à llegar à significar para el mismo Foucault, la concepción del poder o gobierno del orden moderno de lo social .sino como el verdadero mecanismo del poder.

  • 4. Aldo  |  2 junio 2016 en 13:27

    la iglesia es algo que esta enquistado en el poder como formador , no un tabique , una forma ,,, el papa latinoamericano trajo buenas y malas noticias para los que vivimos en este continente de vacas y bananas , y es que vamos a seguir como siempre , el salto a otros poderes no esta para nosotros , latinoamerica cambio y en mucho tiene q ver el papa

  • 5. marlaw  |  6 junio 2016 en 9:36

    Me pregunto que es lo que habrán conquistado las etnias según Foucault, si en definitiva, al menos en el Continente Europeo, estas terminaron adoptando la cultura, que yacía en los territorios que ocuparón. ¿Quién conquistó a quién?


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