LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 207

28 abril 2016 at 11:51 2 comentarios

A continuación, Lardreau detalla las deformaciones llevadas cabo por Deleuze en sus obras sobre sus filósofos preferidos.
Afirmar que en Lucrecio el clinamen tiene que ver con la contingencia es un error. Sostener que en Spinoza la sustancia no excede los modos, es otro error.
Decir que en el pensamiento de Hume no hay un interés por el origen de las ideas, es un error.
Interpretar a Nietzsche como el filósofo para quien el eterno retono no es el ciclo de `lo mismo´, se suma a la lista de sus errores.
Sostiene que Deleuze deja de lado el libro V de “La ética” que describe el estado de beatitud por el que se llega a lo que llama una `trascendencia minúscula´. Por haber optado por un inmanentismo puro su spinozismo es espiritualista.
Ignora que Hume no pudo haber sido posible sin John Locke y su pensamiento sobre el origen de las sensaciones.
La lista no es muy larga y sus amonestaciones son más bien breves. Critica su lectura de Proust por hacer del novelista del tiempo un organizador de espacios, y de la memoria una sucesión de signos.
Concluye que Deleuze no es más que un Bergson mal escrito y un monismo con aires de rebeldía extemporánea que aterroriza al lector a quien intimida con su fárrago de referencias y lo hace sentir un tonto.
La idea que Deleuze sostuvo hasta el final sobre la inmanencia y la vida, resumen una filosofía de la afirmación, en contra el núcleo subversivo de la práctica filosófica basada en la negación y en la dialéctica.
La filosofía para Lardreau es un No y se potencia en el Dos. Todo lo contrario del monismo deleuziano. De un modo análogo a Alain Badiou (Deleuze, Le clameur de l`être), sostiene que Deleuze es un panteísta que reune en una sola unidad la multiplicdad que invoca. En lugar de una filosofía anarquista, nómade, en la que un rizoma marca surcos al azar de acuerdo a un circuito de encuentros no programados, y a pesar de la invocación por un pensamiento desligado de los binarismos de la filosofía convencional, lo que predomina en su filosofía es un deseo de unidad a la manera del idealismo espiritualista.
Hay un deseo del Uno y una idea de lo Real como de una sustancia pre-existente que ignora el caos a pesar de invocarlo.
Para poner las cosas en su lugar, Lardreau acude a Lacan y a su visión de lo Real. Para el psicoanalista francés, lo real es lo que queda una vez que los lazos se rompen, y flota una diversidad pura. Es un desmembramiento. Lo real en lugar de unificar aparece cuando los nudos enlazados entre lo imaginario y lo simbólico se desprenden y no queda nada, pero no en la forma del vacío sino de la insensatez de lo que había y habita.
No hay sentido sino apariciones. Lo real, entonces, no pre-existe a un trabajo de figuración del imaginario o de nominación en lo simbólico, sino que es el resto de su supresión.
Lardreau lo asimila a la cosa en sí kantiana, que no es una sustancia inalcanzable sino la marca del límite de las apariencias. La cosa en sí es lo que el fenómeno instala como imposible en la misma operación llevada a cabo por el entendimiento. La experiencia y sus condiciones de posibilidad en el espacio y en el tiempo, y las categorías, constituyen al sujeto trascedental y son la marca de que no hay cosa en sí.
Absolutizar a lo real como hace Deleuze, buscar una reciprocidad entre lo real y lo que se llama `realidad´ es, para Lardreau, una operación perversa. Se nombra a la vida como la potencia que mezcla, y se eleva lo imaginario con el nombre de lo real. Se habla en nombre de la rebeldía cuando se invoca una espiritualidad unificada.
En realidad, para Lardreau, estamos en presencia de una filosofía blanda y cortesana que no sabe decir NO y huye – en lugar de trazar líneas de fuga – de todo materialismo.

No es tonta la crítica de Lardreau, si lo fuera nada justificaría pedirle al lector que acompañe esta presentación. En filosofía lo que cuenta es la construcción de un argumento, la claridad de la exposición, y cierta creatividad en los dichos. El filósofo puede adoptar las posiciones más extrañas en materia moral o política, o cubrirse de caparazones metafísicas casi delirantes, nada es obstáculo si nos permite alimentar nuestra máquina de soplos pensantes. Este nuevo filósofo es adepto al maniqueísmo, a la dialéctica y al materialismo.
Define al materialismo como la posición filosófica por la que “nada es todo”; y al idealismo como la que afirma que “todo es todo”.
Nos recuerda a las clases que daba Louis Althusser en su “Curso de filosofía para científicos” en las que definía a la práctica filosófica como la que traza líneas de demarcación entre el idealismo y el materialismo, marca separadora, además, entre la ciencia y la ideología.
Cortar en dos es un operación materialista y la de pegar a dos en uno, la idealista. Una fractura la otra repara, una subvierte y la otra consuela, etc.
Se me ocurre que debería volver a leer a Deleuze, buscar un texto o uno de sus cursos, para ver si reconozco la lectura crítica que propone Lardreau, si me encuentro con un ambiente monacal con perfume de incienzo o con un discurso edificante que me haga pensar que la vida tiene sentido, y que los fragmentos se enlazan en una cosmovisión y si puedo morir tranquilo.
De ser así, ya no sentiría lo que siempre experimenté con su lectura, que es la de cerrar el capítulo de la prédica de los monjes negros, terminar con el juicio de Dios como decía Artaud, derrumbar el orden de la censura y de los pregoneros de teorías a media escritura, plena de salvoconductos para iniciados, y propietarios de las llaves del reino.
Debería dejar a un lado y no leer más a un Deleuze que me incitó a leer a Lewis Caroll y Henry Miller, a recorrer los pasillos de los tribunales de Kafka, el que me presenta una labor desde la nada del lienzo en la que emerge el trazo de Paul Klee, y el que me dibuja la figura del rizoma movedizo y fugaz en lugar del garrote del rematador de verdades.

Decido releer al músico de los filósofos. Abro un libro en el que está su último texto.
Deleuze lo tituló “La inmanencia: una vida”, se publica en la revista Philosophie de setiembre de 1995, dos meses antes de que como dice la nota en el libro “Deux régimes de fous” (2003), en la que se vuelve a editar: “Il s`âgit du dernier texte publié par Deleuze avant qu`il se donne la mort le 4 novembre 1995” (pag 359).
Traduzco: Se trata del último texto publicado por Deleuze antes de que se diera la muerte el 4 de noviembre de 1995.
No dice suicidio, sino que “se da” la muerte.
Es un texto difícil. Al saber lo que sucederá poco después, por suponer que el darse la muerte ya rondaba la mente del filósofo que padecía una enfermedad pulmonar grave, tenemos la tentación de leerlo como un testamento.
Insistimos en la dificultad del texto, Deleuze no es fácil de leer. Siempre quedan preguntas por hacer y conceptos para aclarar. En la misma nota que presenta el texto, se señala que este escrito es parte de un proyecto que tenía Deleuze en el que pretendía profundizar el concepto de `virtualidad´ ya que pensaba que no lo había explicado lo suficiente.
No sé si no lo hizo, no ha ahorrado palabras y páginas para definirlo, en todo caso, admito mi insuficiencia en comprenderlo. Me sucede lo mismo con los conceptos de plan de inmanencia, diagrama, y con la misma palabra “concepto”.
Con Deleuze se tiene una experiencia física. Podemos perdernos en alguna de sus ideas sobre el pliegue, el cilicio, los percepts o en una descripción de imágenes de una película de Hitchcock, pero nada nos desespera porque no estamos ante un ventrílocuo epistémico que juega al misterio lacanoide, sino frente a un filósofo que busca trasmitir una idea que es a la vez una sensación fina, liminar, intensa.
Ya sabemos que con Deleuze después de un momento de incomprensión, nos encontraremos con un oasis que recompensa en exceso el esfuerzo por hallar una salida.

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2 comentarios

  • 1. Filocada  |  29 abril 2016 en 5:07

    Su acercamiento a Marcel proust debió ser mayormente por su afinidad con la música, su importancia para un filósofo es posible que haga entender su disposición por adentrarse en terrenos nada seguros.

  • 2. Hector Espinosa (@hespi)  |  8 mayo 2016 en 20:22

    Guy Lardreau murio el 6 de julio de 2008, el texto simula algo asi como promocion negativa, no es actual, es criticado hasta por su escrito, para que escribir sobre alguien asi, Ud …//La filosofía para Lardreau es un No y se potencia en el Dos…//, como ‘es’ …debería ser “era”.


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