LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 199

28 marzo 2016 at 14:33 4 comentarios

El rechazo al implante que un neurofilósofo como Benny opera en Sartre, produce un monstruo, un fuera de especie. Un Frankestein. Pero si Sartre confirmó que sus conversaciones con Benny correspondían al texto enviado poco antes de su muerte, la materia que lo hizo posible no puede ser la del rostro del desválido, la de la Amada casta y etérea, y la de la animalidad lasciva.
En “Difficile liberté” (1963, redt 1972-1995) traza un panorama del judaísmo y su articulación a la fenomenología que puede llegar a ser el último intento por comprender la hibridación de Sartre con Lévinas que BHL definió como “implante”.
El filósofo judío dice que el judaísmo requiere el rito y la ciencia. Es una religión de la extrema conciencia, y no califica positivamente a la ignorancia. Quien no conoce la ley tampoco sabe qué es la justicia. No estamos lejos del socratismo.
Rechaza todas las formas de entusiasmo místico porque generan violencia. El hassidismo y la Cábala pueden llegar a tener su lugar en la tradición rabínica sólo si poseen la ciencia talmúdica.
La violencia existe desde el momento en que actuamos como si estuviéramos solos en el universo, pero también hay violencia cuando en el delirio poético depositamos un entusiasmo que nos arranca de nosotros mismos.
Frente a esta avanzada que auna lo sagrado y lo mágico, se levanta la razón y el lenguaje, gracias a los cuales pasamos del entusiasmo a la ética.
Con la relación moral, del cuerpo extasiado que se autosatisface se inicia un vínculo con el otro en el que prima el habla. Dice Lévinas: “conversar es una maravilla”. El otro no sólo es conocido sino saludado, no sólo aparece en nominativo sino en vocativo.
“Hablar instituye la relación moral de igualdad y reconoce, en consecuencia, la justicia”.
El filósofo nos habla de la tentación de matar. No resulta clara su idea de que en el otro hay una invitación a lo que llama la `negación absoluta´, es decir al asesinato.
Luego de que Moisés les mostrara las Tablas de la Ley al pueblo judío, y tras enunciar los mandamientos en donde Dios ordena no adorar a otra divinidad que la suya y destruir todo tipo de ídolos e imágenes que invoquen otros dioses, ordena no matar.
Lévinas dice que la idea de la muerte de otro es la consecuencia de una ideología de la libertad que conduce a la codicia, y que Hegel la ha retratado en la lucha por el reconocimiento en la dialéctica del Amo y del Esclavo.
A la filosofía basada en el valor de libertad le opone la que se fundamenta en la justicia.
De ahí la importancia del rostro, porque de él parte la mirada, ese desprendimiento que nace en un órgano pero que nos lleva a otro lugar. Ni una mano, salvo que acaricie, ni ninguna otra parte del cuerpo, nos hace trascendernos a nosotros mismos como los ojos de los que nace la mirada.
El cuerpo debe ser sublimado, y es en los ojos, en los que por la mirada que nos mira y miramos, se detiene la tentación de matar.
Comparemos la interpretación que de las miradas tienen Lévinas y Sartre respectivamente. Una tiene que ver con el desamparo y la protección, con el cuidado del otro y la comunión. La otra con la persecución, el superyo, la idea de que la mirada del otro nos congela y que debe suprimirla para recuperar mi libertad. Uno con el encuentro de criaturas y otro con la lucha de conciencias.
No es por los ojos, entonces, que será fácil explicar el éxito de la operación de implante, ya que el último Sartre tampoco llega a revisar su idea de la mirada del otro.
Por lo que dejaremos de lado este aspecto `maternal´ de las relaciones humanas, y encaramos directamente el problema de la trascendencia desde un punto de vista `paternal´, a partir de la concepción judía de la Ley.
Dice Lévinas en “Difficile liberté” que el judaísmo es una religión de adultos. Desencanta el mundo y denuncia el entusiasmo por lo sagrado. Cuenta que Abraham, el padre de los creyentes, habría sido el hijo de un verdugo de ídolos. Un judío se educa a sí mismo por la acción y el esfuerzo. Desde este punto de vista no ve mayores diferencias entre la filosofía occidental y el judáismo.
Agreguemos que si la filosofía occidental también es griega, su concepción del uso de los placeres y de la `paideia´ no eran tan rigurosas como la que se implementa al que se aboca al `limud´, el estudio.
Para Lévinas el judáismo es a la vez universal y también histórico, en tanto su contenido lo compone la tradición rabínica. Advierte que la destrucción del concepto numinoso de lo sagrado, conlleva un riesgo de ateísmo. Y sostiene que debemos asumirlo. Sólo a partir de este riesgo, el hombre se eleva a la noción espiritual de lo Trascendente.
El ateísmo es mejor que la piedad y que la devoción a los dioses míticos. El monoteísmo, nos aclara, u oscurece, supera y engloba al ateísmo. Primero hay que llegar a la edad adulta, y para hacerlo es necesario atravesar la soledad y ser capaz de rebeldía.
Escuchamos así a un maestro que nos habla. Es la voz del rabino que tutela nuestra formación y nos incita a tener el coraje de estar solos y de decirle que no a la autoridad. Quien ha soportado la intemperie hallará el refugio y el sitio de su destino.
Religión de adultos, nada de imágenes, de santa madres y eternas nodrizas, y de niños en pesebre. El judaísmo es la religión de los fuertes. Un pueblo sometido durante siglos a la esclavitud, sigue a su libertador por el desierto. Cuarenta años deambulando en dirección de una tierra prometida que a medida que pasan los años se aleja. Es una educación espartana. El pueblo hebreo debe aprender a conocer a su Dios. La fe no se regala. Se conquista. No es un mero cuidado de sí. Es un despojamiento de sí, una piel tras otra, un pellejo tras otro, en medio de la nada.
La educación no se hace en la ciudad, sino en el vacío, es el modo en que el pueblo hebreo aprenderá a su vez a venerar a su Dios sin imagen. La fe no tiene objeto, no descansa en la existencia de una divinidad ya dada.
El sacrificio de Isaac por su padre Abraham, la decisión de entregar lo más querido a su Dios, la renuncia a lo más preciado es la prueba de la fe. No es que el Dios de los judíos sea inclemente, sino que la fe lo es.
Kierkegaard , el pastor protestante, es quien supo extraer las consecuencias del acto de Abraham. La fe no es una creencia sino un salto, no es el encuentro de algo sino la suspensión en el abismo.
Adulto es la palabra. Una religión que no sea consuelo sino desafío. Y además la virtud de la obediencia. No se trata de sometimiento, sino de fidelidad. El rito es el canal por el que se demuestra la fidelidad. Se trata de la fidelidad cotidiana al gesto. El ritual, dice Lévinas, exige un coraje más calmo, más noble y más grande que el del guerrero.
La Ley, para el judío, agrega, jamás es un yugo, trasmite la alegría que nutre la vida religiosa (pag 35).
Por una parte la fidelidad a la ceremonia que por más que se haga en soledad, une en un mismo gesto a todo un pueblo en el presente, lo vincula a su pasado, y es promesa de futuro. La eternidad. Pero, además, el judaísmo no sólo tiene un propósito comunitario por la acción repetitiva de procedimientos litúrgicos, sino que tiene una visión del hombre en la tierra que no se reduce a su salvación, ni a su liberación.
El pensamiento judío lo primero que toma en cuenta es el valor de la justicia. “Que la relación con lo divino atreviese la relación entre los hombres y coincida con la justicia social, ahí está el espíritu de la Biblia judía. Moisés y los profetas no se preocupan por la inmortalidad del alma, sino del pobre, de la viuda, del huérfano, del extranjero” (36)

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4 comentarios

  • 1. roberto nadaud  |  28 marzo 2016 en 19:39

    El Golem, otro capítulo de una historia de..

  • 2. Marcelo Grynberg  |  28 marzo 2016 en 20:10

    “Limud” debe leerse: “Lilmod” (ללמוד) = estudio, estudiar, reflexionar, etc.
    Tambien es el nombre de una editorial.
    Ver: http://prometeoeditorial.com/src/Catalogo.php?coleccion=37

  • 3. marlaw  |  29 marzo 2016 en 9:25

    “La violencia existe desde el momento en que actuamos como si estuviéramos solos en el universo”

    Seguramente que esta frase se relaciona, con el reconocimiento de la existencia del otro como persona. Hace bastante tiempo que yo tengo presente esta frase, en relación al comportamiento social, que se observa a diário entre nosotros.

  • 4. Marcelo Grynberg  |  31 marzo 2016 en 10:21

    “Y si le ocasionaste a tu prójimo un daño leve, considéralo como uno serio, y si le hiciste a tu prójimo un gran bien, considéralo como uno pequeño. Y si tu prójimo te hizo un pequeño bien, considéralo como uno grande, y si te ocasiono un gran daño considéralo como uno menor” Avot de Rabí Natán


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