LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 196

17 marzo 2016 at 12:44 4 comentarios

Esta ceremonia del nacimiento de la que habla Lévy, no sabemos si es la del nacimiento de un nuevo Sartre mosaico, bautizado de acuerdo al ritual de la antiquísima religión, o la de su asistente, que se hace acompañar por un filósofo ateo, desencantado con su tiempo, sin estar adherido a su obra, enfermo, débil, gastado, despojado de sus estimulantes, impedido de realizar el acto que llenó de sentido su vida, y que muere un mes después del legado que acuerda en publicar en una revista de izquierda.
Las insistentes revisiones de las “Reflexiones sobre la cuestión judía” que hace Lévy con Sartre, es el hilo que los lleva a interrogarse sobre la novedad civilizatoria que introdujo el pueblo judío en la historia.
Ya no hablan de una religión sino de una civilización, y, con la firmeza de Lévy, pretenden definir la mutación producida por el pueblo del libro. Por un lado, desmienen la idea de Hegel que los judíos al no tener un estado y carecer de una instancia política, no pueden conformar una nación. Para el filósofo alemán son un pueblo sin destino que se disolverá en el tiempo. Spinoza con anterioridad, tampoco le daba una razón de ser a un pueblo sin estado.
Pero la historia desmintió todas estas predicciones. Los judíos desterrados, errantes y con siglos de diáspora, no sólo sobrevivieron sino que crearon una cultura riquísma. Lo hicieron alrededor del Libro. El Antiguo Testamento fue la tierra de los judíos, y la sembraron y labraron durante centurias con comentarios, discusiones, rituales.
La Sinagoga era el sitio en donde la congregación cumplía la ceremonia de la lectura. Este hecho de una perdurabilidad inexplicable, que ni siquiera las expulsiones, las inquisiciones, los pogroms y los genocidios pudieron evitar, anular o borrar de la faz de la tierra, no es un hecho político. Es otra cosa, es algo más, es un acontecimiento espiritual.
No todo es política, la misma historia del pueblo judío es la demostración de que hay algo más que la política que congrega a los hombres, otro ideal que el de un estado o una utopía política, que los una. Por lo que la palabra “esperanza” puede ser reciclada; la epopeya hebrea muestra que el sentido de la vida no se agota en una lucha política contra la injusticia tal como lo ha concebido el pensamiento occidental.
Sartre había sostenido que el marxismo es la filosofía insuperable de nuestra época. La filosofía de Marx había llevado a cabo el diagnóstico preciso de la marcha de la historia, y explicaba con el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, la condición humana.
Pero el desencanto de lo que ocurrió en el mundo en la URSS, la revolución cultural china, lo sucedido en Camboya, el Gulag y la persecución de los disidentes, le mostraba a Sartre la realidad de ese binomio que lo desvelaba: fraternidad- terror.
Por eso junto a Lévy se dedicaron a estudiar algunos libros de historia que los instruyera en lo que consideraban el origen de la desviación que convirtió el deseo de justicia en ajusticiamiento.
A pesar de que Lévy dice que no se puede hacer una tortilla sin romper huevos, y que los olvidados de la tierra, se sublevan y no nos permiten olvidar el llamado revolucionario, reconoce que la voluntad revolucionaria para nutrirse a sí misma, se convierte en un maquiavelismo.
Los revolucionarios no pueden evitar la creación de un sistema que asegure su poder, y necesitan del enemigo para reforzar y consolidar sus estructuras. Les es imprescindible la agresividad y la hostilidad de un conspirador para continuar la revolución, y de este modo se convierte en una operación perversa.
El ideal revolucionario habla de una finalidad transhistórica, el sueño de una sociedad en la que reine la justicia, en la que las necesidades estén satisfechas, en la que haya abundancia y no exista el poder. Pero, lo que Lévy llama “las técnicas de la acción” – otro modo de llamar a los “medios” empleados – constituyen un problema.
Es el momento que emerge una palabra que provocará escándalo entre los allegados a Sartre, y que mostrará a impronta de su asistente en el camino que recorren: mesianismo.
La esperanza en un tiempo mesiánico reciclará la idea de revolución con un nuevo contenido.
Acaso estamos describiendo la historia de una usurpación? ¿Simone tenía razón? ¿Quién es este Sartre que habla de mesianismo y de esperanza?
Lévy rechaza todo tipo de imputaciones ya que no hace más que transcribir sus conversaciones. Nada tiene que ver con las acusaciones de un grupo que pretendía cercar al filósofo y en nombre de la salud internarlo en su propia casa muerto en vida.
Lévy cita unas palabras de “Les mots”: “Quise vivir en pleno éter, entre los simulacros de cosas aéreas…Hasta que hizo falta que me calzara zapatos con plantillas de plomo” (ibid 73).
Sartre volvió a tierra con su idea de compromiso político, el de un escritor que no quiere hacer una moral de literato, no quiere jugar al comediante, sabe que no debe ignorar que vive “el tiempo de los asesinos”, en el que gobiernan los hijos de puta de la derecha.
Pero lo que no se esperaba de él, es que la tierra que debía pisar fuera una tierra santa.

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LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 195 Entrevista de jf.diaz

4 comentarios

  • 1. marlaw  |  18 marzo 2016 en 1:10

    “El fin no puede justificar los medios, por la sencilla y clara razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines obtenidos” El Fin y los …Aldous Huxley

  • 2. marlaw  |  19 marzo 2016 en 9:50

    No sé porque razón La Nación produce entrevistas que después no se pueden ver

  • 4. marlaw  |  23 marzo 2016 en 3:23

    Yo todavía no pude ver la entrevista, sin embargo los videos de youtube los puedo ver sin dificultades???


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