LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 193

7 marzo 2016 at 12:38 17 comentarios

El secretario acompaña a Sartre en lo más fácil. Hay verdades sartreanas que han quedado en la memoria colectiva, hasta la del mismo Sartre. Su lucha contra el espíritu de seriedad, como decimos los porteños: “el no creérsela”, no andar con blasones por la calle y menos la de bastardos o perdedores para seducir con la melancolía. No sólo los victoriosos son atractivos.
¿Cómo llegar a ser valiente, cobarde, sincero, bajo el modo del `no ser´? La búsqueda de la negatividad purificadora y fecunda. Así Lévy bautiza a empresa existencial de su maestro a la que califica como una eidética de la mala fe elaborada de acuerdo a la impronta de una teología negativa.
El problema radica en que cuando se habla de esperanza, el no ser, no alcanza. No desesperar no es suficiente. Sacarse el ropaje y las máscaras sociales tampoco. No convertirse en una `personalidad´menos. Eliminar la categoría de `artista´ y los prestigios culturales, no conducen a nada. Rechazar el Premio Nóbel, es más noble que aceptarlo.
Lévy quiere guiarlo a Sartre por el camino de la positividad. Es la historia del “Fedón” pero contada al revés. Es el discípulo el que sabe del viaje del alma mientras el maestro en el fin de sus días ignora la superación espiritual. Sartre le da la mano a su asistente y confía en él.
Lévy se detiene en una conferencia de Sartre del año 1965, en la que habla del nombre de Hombre. Allí firmaba que cada persona es un hombre y resalta que las colectividades son humanas. No es una perogrullada, es concebir el nombre de Hombre como un fin ultimo. Lo que Lévy denomina “adamología” y que le produce una cierta alarma. Dice que es un riesgo que la finalidad de la existencia tenga ese nombre.
Por lo que supone otro.
Sartre fue un filósofo humanista, pero no a la manera renacentista. No fundamenta la esencia del hombre en el ideal del poder. Aunque nos diga que no hay más que Él, en el planeta tierra. Dice que solo las acciones y el hacer definen la existencia del hombre, pero a veces se muestra como un humanista de acuerdo a una antropología por la que un sujeto trascendental sienta las condiciones de posibilidad de toda acción humana. Foucault lo ataca por ese lado en “Las palabras y las cosas”. Tampoco es un humanista moral que hace del hombre la encarnación de una razón práctica que se plantea fines que trascienden al mecanismo natural. No obstante, a veces no es más que eso cuando dice que estamos condenados a la libertad de elegir, salvo que nos refugiemos en la mala fe de las circunstancias atenuantes. No es un humanista que hace del hombre una imagen semejante a un ente superior. Jamás lo admitiría, pero como una torre de Pizza, surge una tendencia a la que su asistente lo inclina de a poquito hacia la trascendencia y al mesianismo. Además, es un humanista en una doble acepción.
En sus obras fenomenológicas hace de la conciencia y de la libertad, dos rasgos definivos que caracterizan al ser humano. Se acerca a Kant por el lado de la moral, pero no es una razón universal la invocada sino una conciencia desgarrada. Por lo que combina el ideal kantiano con la conciencia hegeliana. Un batido filosófico al que se espolvoreará con una dosis de subjetividad kierkegaardiana.
Esta es la primera receta. La segunda se origina en Marx, en un marxismo de juventud, la de los “Manuscritos económico filosófico” de 1847, que sostiene que el hombre se define por el trabajo, es decir por la praxis, y que la sociedad capitalista aliena su esencia para presentarle un mundo del revés: fetichismo de la mercancía y dioses en el cielo. Pasividad del hombre.
Juntamos a las dos, y nos da un flan lechoso y sin gusto. Una crème bruleé fallada. Todos los hombres del mundo se reconocerán entre sí como seres activos, fuerzas de trabajo creativas y libres, y cooperarán todos con todos para que los más débiles no sufran y para que los más fuertes gocen sin dañar.
Agregamos a Kant y Hegel a Rousseau, sin olvidar a Descartes, que para Sartre fue un filósofo valioso por su idea de un cogito arrasador que vuelve a la nada, a pesar de conservar el gran Ser en el alma por razones de época.
En suma, se trata de un humanismo gastronómico y filosófico para- como decía Lévy Strauss – costureritas. Un engrudo dulce.
Cuanto más leemos las degrabaciones de Lévy y los textos que comentan los diálogos con Sartre, se multiplican las referencias a la historia de la filosofía y se cruzan los acercamientos y las diferencias entre el filósofo y dos mil años de tradición.
La filosofía de Sartre es desdoblada y plegada en sus diferentes fragmentos, se la hace discutir consigo misma, se yuxtaponen frases de “La náusea” con “El idiota de la familia” o los “Cuadernos de la moral” con “La crítica de la razón dialéctica”, y así continua en un sinnúmenro de ejemplos de un inacabamiento más que prolongado. Desborda un gran caudal de pensamiento sartreano que no termina de volcarse de tanto que se recoge a sí mismo. Lo hace bajo la conducción de la lupa de un lector memorioso, que cumple al mismo tiempo las funciones de un secretario especializado en bocetos.
Todo resulta un esbozo inconcluso compuesto por verdades parciales que muchas veces se desdicen entre sí, otras olvidan lo escrito en otras páginas o textos. La escritura sigue el compás algo enloquecido de una manía de llegar a buen puerto a la manera del capitán Ahab a quien se lo llevó puesto la ballena, o Benny Lévy.
El filósofo es un testigo más pasivo que activo del ímpetu de su asistente por salir del mismo atolladero que él mismo creó. La misión de conducir a quien considera el filósofo más importante del mundo moderno para darle un sentido final a su obra, a un cúmulo de pensamientos de un pensador que escribe al ritmo de tubos de pastilla de aspirinas y anfetaminas fusionadas en el `corydran´, de un escritor al que no le importaba documentarse si eso interrumpía su escritura febril, es algo así como un sinsentido.
Sartre ciego e inmóvil, se deja llevar, y colabora con el proyecto, no tiene nada que perder.
Esta historia relatada en “L`espoir maintenant”, “On a raison de se revolter”, “La cérémonie de la naissance”, “Pouvoir et liberté”, “Le nom de l`homme”, tiene la fascinación de un cuento fantástico en el que el muñeco se desprende de su patrón ventrílocuo, y se venga por una inversión de roles.
Sartre comienza a deletrear como puede el pensamiento de Lévy, que en pleno proceso de ebullición tampoco se encuentra a sí mismo. Y no lo hace porque el camino que ambos emprenden es el de hallar un nuevo relato totalizador y trascendente que se deje jibarizar para entrar en el envase fenomenólogico- marxista de Sartre; y un doble candado que se cierra cuando el ateísmo del filósofo debe ingresar a los codazos en el judaísmo rabínico de Lévy.
Tamaña empresa elaborada día a día durante seis años, llega a un atolladero repetitivo, en el que las referencias a la propia obra sartreana, se cruzan con líneas de argumentación de una ontología comparada que va desde Parménides a Heidegger.
Pocas veces Levy remite el pensamiento de Sartre al de sus contemporáneos, en especial los de la generación más joven, a pesar del conocimiento que el asistente tiene de sus obras. Pocas referencias a Foucault por la publicación de “Vigilar y castigar” a mediados de los setenta, para oponerle a la idea del panóptico y su visión de un poder siempre constituído, una idea sartreana de resistencias, sublevaciones y poderes acéfalos. Pero son referencias en las que Sartre no participa ni se entera por ser elucubraciones de su escriba.
No es parte de este tipo de reflexiones, porque Sartre no ha leído las obras de Deleuze, Derrida o Foucault, nada podía distraerlo de su empresa de llegar a “totalizar el proceso de destotalización de la vida de un hombre y una época”.
Una vez que la locomotora conducida por el asistente se queda sin frenos y con destino incierto, descubre una ultima estación, en la que los dos pasajeros podrán apearse por un momento. Es la oportunidad de la aparición de Emanuel Lévinas, que Sartre tampoco lee, pero que su asistente elige como su nuevo guía filosófico, para dar lugar, según Bernard Henri Lévy en su “L`esprit du judaisme” (2015), a un procedimiento que juzga milagroso: el `implante´, así lo dice, del cerebro de Lévinas en el de Sartre, cirugía mayor llevada a cabo por esta especie de neurocirujano ontológico que se constituyó en la sombra del filósofo.

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Mi nuevo libro, salida en librerías a fines de marzo LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 194

17 comentarios

  • 1. marlaw  |  7 marzo 2016 en 13:10

    Lo que siento en este trabajo que viene realizando el Profesor alrededor de Sartre y su obra, es que en todas estas clases, no hay palabras pronunciadas al azar. Cada idéa, cada frase, parecen haber sido elegídas cuidadosamente.

  • 2. philo  |  7 marzo 2016 en 20:20

    “No ser”
    Tarea compleja, pues es propio del hombre su necesidad de significacia ante los otros humanos.

    Tal vez estaba tan seguro de si mismo que no necesitaba la confirmación de nadie.

    Lo del flan lechoso…me gusto la metáfora.

    ” los más débiles no sufran y para que los más fuertes gocen sin dañar” es una aspiración que no se si podrá algún día ser satisfecha sin que la naturaleza humana como hoy la conocemos se convierta en otra cosa.¿será mejor?

    “totalizar el proceso de destotalización de la vida de un hombre y una época” …pero mientras comer el cerdito, tomarse unos vinos y no agrego que más pero se entiende, no? a me olvidaba, luego salir a patear tachos

  • 3. Filocada  |  8 marzo 2016 en 12:24

    Me pregunto que hubiese sucedido de vivir
    Sartre algunos años más, de que forma hubiese afectado a su obra, si habria podido o querido modificar su pensamiento anterior. Supongo que para Sartre, o para cualquier filósofo debe de ser un autentico reto sobrepasar los ochenta.

  • 4. Pablo Fasoli  |  8 marzo 2016 en 14:30

    Buenas tardes Filocada , pienso que hay cosas que dicen o piensan los filosofos como este caso Sartre ,,que pueden ser condicionadas a su época,,las ideas del momento , que si pueden quedar desactualizadas ,,y otras ideas o conceptos que me parece que quedan fijas ,,que son eternas ,que la moda o la cultura no las desactualiza ,,En el caso de Sartre creo que sigue bastante vigente la idea del proyecto ,,del auto edificarse ,,,de la libertad y la responsabilidad de hacerse con la acción ,,,,la teoría del ser para los otros ,,del que estamos fagocitados por la mirada de los otros ,,,de la subjetividad ,,,,esas ideas creo que siguen bastante vigentes ,aplicables y estimulantes.,,,,, si te diría que el maoísmo quedo bastante demode

  • 5. Filocada  |  8 marzo 2016 en 15:36

    Buenas tardes Sr, Fasoli, por aclarar mi comentario, no trataba de realizar una critica a la filosofía de Sartre, aunque si es muy posible me haya dejado llevar por la opinión bastante generalizada de desprestigio que goza en la actualidad -al menos por aquí por España- y que no se limita al maoísmo.

  • 6. marlaw  |  8 marzo 2016 en 17:48

    Sí yo también creo que debe ser un auténtico reto porque uno piensa y escribe dentro de un marco generacional, que comparte idénticas condiciones de vida. Nadie puede llegar a saber de antemano como nos verán y nos juzgarán las futuras generaciones

  • 7. Aldo  |  9 marzo 2016 en 21:03

    es dificl el comentario aquí por que no hay algo a que en todo caso hay muchas cosas muy variadas y muy gruñas ,,, se escribe para uno mismo , pero también para los otros , en filosofía o “ciencias de la humanidad” los otros no son el infierno, son los lectores

  • 8. Aldo  |  9 marzo 2016 en 21:05

    es dificl el comentario aquí por que no hay algo a que en todo caso hay muchas cosas muy variadas y muy gruñas ,,, se escribe para uno mismo , pero también para los otros , en filosofía o “ciencia de la humanidad” los otros no son el infierno, son los lectores

  • 9. philo  |  10 marzo 2016 en 8:29

    Siempre nos hacemos la pregunta contrafáctica.
    ¿por qué nos planteamos los resultados de condiciones que no se han cumplido?

    Es curioso porque en lógica proposicional el valor de verdad con cualquier condicional con antecedente falso es verdadero.
    Pero se asume como verdadero algo que es absurdo.

    O tal vez no lo es, si se descubre lo que es el tiempo y si existen o no universos paralelos, la pregunta contrafáctica tenga respuesta.

    Pero mientras tanto no la tiene.

  • 10. marlaw  |  10 marzo 2016 en 10:21

    A mi modesto entender lo que aparece por una parte en esta clase es un Sartre, según la mirada de otro, en este caso ese otro es Benny Levy. Por el otro la intención de este último de tratar de sistematizar el pensamiento Sartreano a la vieja usanza de la filosofía tradicional, lo que parecería ser un intento fallido. Ahóra bien: Sí el pensamiento Sartreano resulta inaprensible, a los fines de poder ser totalizado, lo que quedaría en el fondo del recipente, como sí se tratara de un sedimento, que precipita en el fondo cuando la agitación se detiene, es una serie de enunciados parciales.que responden a distintos momentos de la vida de su autor.

  • 11. JuanMartin Masciardi (@MartMasciardi)  |  10 marzo 2016 en 12:18

    las referencias que ud toma en relación a kant en al filosofía sartreana, me recuerdan a una charla entre un alumno y deleuze sobre sartre, en el libro de f. dosse está, donde deleuze le sugiere al alumno leer a kant antes para entender a sartre.

  • 12. r .nadaud  |  10 marzo 2016 en 12:46

    la Neurosis Ilustrada: años de lecturas y reflexión atravesando brumas farmaco, conjugar el terror ante las puertas del Castillo, demorar al barquero Caronte con viejas palabras, con tristes tópicos, nada de acabar en silencio.

  • 13. Aldo  |  10 marzo 2016 en 12:50

    salio doblete

  • 14. philo  |  10 marzo 2016 en 16:25

    La neurosis ilustrada se produce cuando detenemos el péndulo en un extremo, si lo dejamos oscilar entre lo mundano y banal y la lectura y reflexión creo que allí nace el sabio, que no es el estudioso.

    Me gusta la cita que no se de quien es: “escribir con sangre” que la vida te atraviese, aunque te llene de cicatrices.

    Tal vez negar lo trivial no es por desprecio sino por miedo, vivir es una empresa muy riegosa, escondidos en un libro estamos protegidos.

  • 15. marlaw  |  12 marzo 2016 en 19:38

    Philo al escribir un libro podés estar protegido o quedar expuesto. Como dice la canción todo depende, depende…

  • 16. r .nadaud  |  12 marzo 2016 en 23:26

    ‘quedar expuesto’ . los últimos días de Tolstói.

  • 17. rodolfo lópez  |  13 marzo 2016 en 11:31

    Philo, muy interesante su comentario 14, que de pronto descubro sin seguir la secuencia anterior. El miedo es un sentimiento básico que determina. Agregaría a lo dicho por Ud que podría ocurrir que el “péndulo” no se detenga en el extremo mundano o en el estudioso (ambos parecen bastante atrevidos), sino suspendido de una dimensión menos importante y más árida: el mismo miedo.


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