LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 192

3 marzo 2016 at 10:31 6 comentarios

Desde mi punto de vista esta escena final de la vida de Sartre, al menos este testimonio final, muestra el encuentro entre un hombre que baja y otro que sube, entre un hombre célebre que renuncia a serlo, y otro que tiene toda la disposición de estar en el umbral de lo sublime.
Pero la palabra encuentro no refleja ninguna coincidencia ni acuerdo, no es más que eso, un encuentro en el que el filósofo se despide, como lo hace un verdadero filósofo, sin certezas, frente a un aspirante a rabino con sus nuevas y definitivas verdades.
Sartre dice que el tema de la angustia era dominante en la filosofía en momentos en que elaboraba sus textos de filosofía existencial y fenomenológica. Kierkegaard y Heidegger hablaban de eso. “Se trataba de palabras y temas que para algunos tenía alguno viso de realidad. Por eso quise tomarlas en cuenta en mi filosofía”.
¿Quién es Sartre? ¿El ensayista fulminante que derriba a bienpensantes como en sus textos del cuarenta, esa navaja que va al ras y deja un paisaje pelado? ¿O este señor desaprensivo, tan distante de su pasado que lo ve con el telescopio invertido por el que todo le parece tan chiquito?
“Nunca pensé que mi existencia era un fracaso, sí lo pensaba para los otros a quienes veía errar el camino una y otra vez; pero en mi sólo veía logros”.
Un hombre sin vacilaciones, que repite que nunca le importaron sus contradicciones, y que más allá de sus alternancias “creía seguir una línea de continuidad”.
Sartre no quiere seducir a nadie, la imagen que da de sí no es atractiva, salvo para los que creemos que nos dice algo que va más allá de esta aparente y regalada apatía. Sus compañeros de toda la vida no quieren a este Sartre. Fue un maestro, el filósofo más notorio en vida de la historia de la filosofía, un nuevo Sócrates, un irreverente, rebelde, bastardo, irrecuperable intelectual que jamás bajó los brazos. Un padrino de juventudes revolucionarias. ¿Quién este anciano que dice que siempre fue feliz, autoconsentido, indiferente a sus posiciones cambiantes y a sus contradicciones, y vanidoso? ¿Fracasaban los otros y él no? ¿Y el lema del existencialismo que nos decía que toda vida es un fracaso? Una frase que volvemos a escuchar en Leonard Cohen que si bien era aficionado al budismo, tampoco era ajeno a esta meditación negra.
Respecto de la esperanza, algo hay que decir sobre el tema en un testamento que Sartre como Lévy rotulan con ese nombre.
El filósofo reconvierte la habitual acepción de la palabra con sus connotaciones morales y religiosas, en un atributo de la acción. De toda acción. Asume un modelo conductista. Sostiene que cualquier acción que se emprenda supone la realización de su cometido. Confiamos en la concreción de nuestro intento. “Por lo que no creo que se trate de una ilusión lirica, sino parte de la naturaleza de la acción”.
No es una broma o una salida humorística, aunque lo parezca. Los filósofos de la escuela analítica han reflexionado, y mucho, sobre las relaciones entre la creencia y la acción, una vez que el gran filósofo Kant, a través de su Crítica, y de la Dialéctica Trascendental, sostuviera que las ilusiones son parte del funcionamiento necesario y objetivo de la racionalidad.
Por lo que creer es necesario, y, si lo es, no resulta posible pensar una conducta humana sin el agregado de esta apuesta imaginada. ¿Y entonces qué? ¿Qué consecuencias produce esta idea cuasibanal de que nadie hace algo si supone que es inútil acometerlo, cómo se lo asocia con el opio de los pueblos, con el mesianismo, con el apocalipsis, con la redención final, con las utopías, con la fraternidad universal, o con que la Virgen se me apareció el domingo pasado? Ninguna consecuencia y menos una asociación.
La palabra esperanza se convierte así en un enlatadado de cornbeef compuesto por vaya a saber qué. Spinoza decía que la esperanza es una pasión triste, Nietzsche afirmaba que “no hay que creer en lo que uno piensa”, y Foucault cuando hablaba de la parrhesía se refería a la relación que se tiene con el propio pensamiento de parte del sujeto de la enunciación. Este vínculo es lo que denomina el sujeto del enunciandum. Esta relación puede ser de corte directo y frontal, estratégico, epileptoide (viscoso), pusilánime, angustiante, rabioso, maníaco, salvacionista, atemorizado, en suma son varias las relaciones a establecer con el propio pensamiento ya sea como intelectual orgánico, en un contexto de confesionario, ante un juez o en la Nasa.
Sartre no quiere desesperar. Les dice y vuelve a decir a sus amigos que le quedan cinco o a lo sumo diez años de vida. Morirá cinco días después de la entrega del texto. En esos días con la palabra testamento parece jugarse con las últimas palabras y no le es fácil encontrarlas.
Lévy le oficia de báculo pero además de guía. Sartre quiere desenganchar dos palabras que se le juntaron en los últimos años: fraternidad y terror. Suprimir el terror y conservar el ideal de fraternidad universal. Lo que exigiría rodar “Volver al Futuro IV”, con Sartre y Lévy en los roles principales, y ubicarlos en las calles de París en los comienzos de la década del setenta del siglo XVIII. Estamos en setiembre de 1793, y los dos son parte del Comité de Salvación Pública que promulga una serie de medidas revolucionarias como el tuteo obligatorio, el acortamiento de plazo de un nuevo casamiento luego de un divorcio, la distribución de las tierras del episcopado, la fijación de precios máximos para los productos de primera necesidad, la abolición de los títulos de nobleza, el fin de la esclavitud, la supresión de los latifundios, la persecución de los hipócritas, la conmeración del día del Ser
Supremo y de la Razón.
Fraternidad y terror. Se discute la cantidad de ajusticiados que produjo esta política, unos dicen diez mil, otros treinta mil. Sartre y Lévy que saben lo que ocurrió después, intentan que la frase de Robespierre no se concrete:
“El terror no es más que la justicia rápida, severa, e inflexible.”
Los dos serán testigos del golpe de Napoleón seis años después, el 18 brumario (9 de noviembre), y esta vez, ampliando el dicho de Marx, tratarán que lo que fue una tragedia en 1799, y medio siglo después una farsa con Luis Napoléon, se reconvierta en un gran puerta celeste por la que atraviesa un rayo de luz.
La luz de la esperanza.

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LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 191 Mi nuevo libro, salida en librerías a fines de marzo

6 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  3 marzo 2016 en 11:30

    El filosofo que tal vez mas amplias reflexiones hizo sobre la Esperanza es Ernst Bloch (no condundir con el musico). “Das Prinzip Hoffnung”, en tres volumenes. No se si hay edicion castellana. Sin esperanza (Tikvá) la verdad es impensable.

  • 2. Aldo  |  3 marzo 2016 en 13:07

    por que la filosofia tiene q llegar a los sentimientos , las pasiones , la angustia y todo ese entramado , no lo sabemos , pero los filosofos lo han pensado mucho , el tedio ,,,, y desde la muerte de Sartre- para nombrar a uno del siglo 20 – para aquí los que se encargan de eso son los q escriben toda esa ensayistica de la autoayuda y de los cuidados del cuerpo ,,. La angustia es un tema tocado por toddos los que se interesan por la cuestión del hombre , lo que pasa es que si Sartre escribe un librón sobre la angustia ,eh , es Sartre , lo otros fribolisan la angustia Sartre nos clarifica la angustia , el para -si , es como una cuestion de ” no me lei todo este libro ” y no mostrar mis conocimientos de la angustia ,,, a mi la angustia que se lee en los shoping , esa no , conmigo no , que la lean las señoras , pero nosotros , que nos fumamaos Sartre ,? pewro por favor ,,… nuestra angustia es diferente .

  • 3. philo  |  3 marzo 2016 en 16:02

    El fotògrafo Robert Frank ( me agrada su obra pues logra captar en el momento la esencia de la humanidad) dijo:

    “BLANCO Y NEGRO SON LOS COLORES DE LA FOTOGRAFIA. PARA MI SIMBOLIZAN LAS ALTERNATIVAS DE ESPERANZA Y DESESPERACION A LA QUE LA HUMANIDAD ESTA ETERNAMENTE SOMETIDA”

    Cada uno de nosotros hacemos lo que podemos y a veces enunciamos nuestras tesis para sobrellevar esta dicotomía en la cual transcurren nuestros días.
    Algunos días son buenos otros no tanto, pero seguimos

  • 4. marlaw  |  4 marzo 2016 en 11:51

    Sí hacemos un recorte arbritario de la historia de la humanidad desde 1789 hasta nuestros días, se podría decir en un sentido, que hasta ahóra, desde un punto de vista político, la única revolución posible ha sido la Revolución Francesa, todavía inconclusa, en algunos de sus aspectos.Desde otro punto de vista, analizando el mismo período, este se podría leer a grandes razgos como la persistencia de una constante común a toda la história de la humanidad, esta es, el cuasi permanente asomar de la relación dialéctica entre Eros y Tanatos, es decir de la lucha encarnizada y sin cuartel, en algunos casos, desgarradoramente confusa, entre el instinto de vida y el instinto de muerte

  • 5. Ficana  |  5 marzo 2016 en 6:27

    Una esperanza de no poder conseguir llegar nunca a ningun lugar estable, sin embargo uno no quiere dejar de engañarse por si queda desprendido de ese soporte de ficción.

  • 6. filocada  |  5 marzo 2016 en 8:39

    “Algunos días son buenos y otros no tanto”
    Hay un dicho por aquí, siempre adelante como los de Alicante.


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