LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 190

26 febrero 2016 at 10:22 4 comentarios

Simone de Beauvoir publica “La céremonie des adieux” en el año 1981, un año después del fallecimiento de Sartre. El libro se compone de diálogos entre ella y Sartre desde el año 1974, en momentos en que Lévy ingresa a ese mundo.
Simone no cede terreno, y no quiere que la última imagen de Sartre sea la que emite su asistente. La mente del escritor está en subasta y la lucha es encarnizada. Lévy responderá con numerosas publicaciones con el beneficio de sobrevivir a la escritora casi veinte años. Ella muere en 1986 y Benny en el 2003. La editorial Verdier publicará “La céremonie de la naissance” en el 2005, en la que Lévy hará el contrapunto de la versión de Simone, después de publicar un texto contundente como “L´espoir maintenant”, en vida, en el año 1997.
Este cronograma sólo sirve para enmarcar los términos del calendario de la disputa.
Simone también participará del viaje a Israel en ocasión de la visita de Sadat. Su versión no difiere demasiado de la de Ben Gal. En febrero de 1978, Simone es parte de la comitiva junto a Sartre, Arlette y Benny. Ely Ben Gal los recibe en el aeropuerto. Sartre está no sólo entusiasmado con el viaje, con la posibilidad de un acuerdo de paz entre egipcios e israelíes, con el reconocimiento del derecho a la existencia del Estado de Israel, sino ansioso por estar informado de todo lo que pasaba a su alrededor. Por eso Simone dice que su insaciable curiosidad demostraba que no estaba viejo. Quien lo trataba como tal, era Benny.
La idea de Lévy era que Sartre redactara un informe sobre lo visto y actuado, para que tuviera peso en la escena internacional además de la francesa. Por supuesto que el escrito iba a ser de su autoría previa consulta y aprobacion del filósofo. El tema era aclarar en qué consistía el protocolo consultativo. De acuerdo a Simone, lo que hacía el consultante era presionar al consultado hasta fatigarlo, lo que en las condiciones físicas de Sartre, llevaba poco tiempo.
Para Simone lo que hicieron fue un informe apresurado. Para el viejo amigo y miembro del comité editorial de Les Temps Modernes, Jacques Laurent Bost, lo escrito era muy malo.
El mismo Sartre decía “ustedes los mao van demasiado rápido”. Pero se dejó convencer, y enviaron el escrito al Nouvelle Observateur. Sin embargo, Simone y otros, decidieron no publicarlo. La reacción de Lévy no se hizo esperar. Estaba enfurecido. Pidió una reunión al comité editorial de Les temps modernes, y terminó insultando a todos.
Simone de Beauvoir dice que como “ex dirigente de la Izquierda Proletaria, Victor conservó una mentalidad de jefecito” (140).
Tanto ella como Sartre, lo siguieron llamando por su nombre de guerra Pierre Victor y no por su identidad de nacimiento.
La compañera de Sartre nos entrega algunas facetas previsibles sobre el temperamento de Benny. Dice que cambiaba de convicciones siempre con la misma obsecación. Con una intensidad mal controlada, generaba certezas y no aceptaba ningún cuestionamiento. Eso le daba a su discurso, agrega, una fuerza que para muchos era irresistible, pero cuando se imprimía en un escrito fallaba por la ausencia de espíritu crítico. “Por eso se sentía personalmente atacado si alguien lo ejercía con un texto de su autoría”.
Simone dice que desde ese momento evitó encontrarse con Benny, lo que le produjo una sensación extraña. Siempre había compartido con Sartre a quienes se les acercaban, disfrutaron juntos de los amigos, no ocultaron a sus amantes.
Esta vez no fue así. Sin embargo, Simone tiene la honestidad de no dudar de la lealtad de Lévy. Recuerda lo que Sartre le dijo a su biógrafo Michel Contat. “todo lo que deseo es que mi trabajo sea continuado por otros, que, por ejemplo, Pierre Victor lleve a cabo su trabajo intelectual a la vez que militante. Es la única persona, que desde este punto de vista me da una satisfacción total.”
De vuelta en París Benny, Ben Gal, y Sartre, organizaron un encuentro entre intelectuales israelíes y palestinos. Fue difícil lograr que se concretara la reunión. Edward Saïd concurrió desde los EE.UU. Michel Foucault ofreció gentilmente su casa para que se llevara a cabo. Pero fue inútil, las posiciones no se acercaron y varios invitados se quejaron por la pérdida de tiempo.
Sartre y Benny coninuaban con sus reuniones. A comienzos de marzo de 1980, Simone cuenta que el filósofo tuvo otras de sus borracheras. Hacía lo imposible para que no lo despojaran de su último placer, el whisky. Pero ella con Arlette decidieron revisar hasta el último rincón del departamento para vaciarlo de botellas y frascos escondidos. Fue una cruel requisa ante un Sartre que exigía respeto por su libertad. No creía que se acostumbraría a la impuesta sobriedad, por el contrario, estaba seguro que estaría cada día más exasperado.
Con Benny preparaba una especie de testamento filosófico dividido entres partes que entregarían al Nouvelle Observateur. Victor firmaría como Benny Lévy. Simone tuvo acceso al mismo ocho días antes de su publicación. Estaba una vez más consternada, pero esta vez sintió que se habían atravesado todos los límites.
No podía ser Sartre el autor de ese texto, desdecía todo su obra y su pensamiento. No era el resultado de un diálogo ni una muestra de una perspectiva plural, sino el fruto de una macabra manipulación. Dice ella que Victor hacía de procurador y ponía en boca de Sartre sus propias opiniones. Usaba su nombre.
Además, ese tono de superioridad arrogante, el tuteo irrespetuoso, el acosamiento y la coninua presión para hacer que el filósofo se arrepintiera de sus antiguas convicciones, que se ridiculizara a sí mismo.
Simone dice que tanto ella como los amigos de Sartre estaban horrorizados por el sistema inquisitorial implementado, por lo que le hizo confesar. Era el desgraciado encuentro entre un fánático en la plenitud de sus fuerzas y un anciano sin fuerzas ara resistir.
Lévy estaba en pleno proceso de conversión a un judaísmo ortodoxo. Había llevado a Sartre con cierta frecuencia a compartir a sus amigos de lo que llamaba “la comunidad”. Una pequeña secta hebraizante de antiguos maos. El filósofo aparentemente disfrutaba de los encuentros que mitigaban su soledad.
Simone dice que, de todos modos, Sartre no dejaba de rezongar. Recuerda que una noche, en compañía de su hija adoptiva Sylvie – tanto ella como su compañero habían adoptados dos mujeres adultas – , Sartre manifestó su descontento: “Victor quiere el fundamento de la moral tenga como único origen la Torah!. No estoy para nada de acuerdo! (150)
Durante días, Sartre luchaba contra Lévy pero luego cedía. Ella escribe: “¿Cómo pretender que la angustia sólo había sido para Sartre una moda, cuando jamás le importaron las modas? ¿Cómo opacar de ese modo la noción de fraternidad tan fuerte y clara en “La Crítica de la razón dialéctica!?”
Los amigos de Sartre trataron de impedir que se publicara ese supuesto testamento. El director de la publicación, el prestigioso Jean Daniel, no supo qué hacer. Sartre lo llamó exasperado y le aseguró que reafirmaba cada palabra del texto. Salió a la luz.
El mismo Raymond Aron, el contendiente `más inteligente´ que tenía- como reconocía el mismo Sartre – decía que su colega siempre había pensado contra sí mismo, pero que por vueltas que diera en su filosofía, nada tenía que ver con ese pensamiento blando y vago que le endilgaba Pierre Victor.
Era difícil encontrarle una explicación a lo que sucedía y al empecinamiento de Sartre en hacer conocer ese escrito. Simone supone que como Sartre siempre pensó en términos de futuro, su vida actual, ese día a dia apenas soportable, el mero presente, lo mataba. Casi ciego, inválido, todo provenir le estaba anulado. De ahí, piensa ella, buscó un sustituto, un militante y filósofo que leyera lo que él ya no podía leer y que escribiera lo que él no podía escribir, pero no podía pedirle que pensara lo que él no podía pensar!
La condición física de Sartre a comienzos de abril sufrió un empeoramiento drástico. Edema pulmonar, uremia, parecía el fin. Lo internaron. Recibía pocas visitas. Simone custodiaba el lugar. Benny no tenía acceso. Ella cuenta que desde su cama de hospital, Sartre pidió que se acercara y le diera un beso, le dijo: “je vous aime beaucoup Castor”.
El 15 de abril recibe una llamada en su domicilio, era Arlette, le dice: “se terminó”.

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4 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  26 febrero 2016 en 16:53

    Dado el interes del ultimo Sartre por el pensamiento hebraico (sea por influencia de Levy o por lo que fuere), me pregunto que opinaba de la obra de Levinas. Se habran conocido personalmente ?

  • 2. Juan Martin Masciardi  |  26 febrero 2016 en 17:18

    todos cuervos del maestro.

  • 3. Tomás Abraham  |  27 febrero 2016 en 11:26

    marcelo
    el misterio se develará en los próximos capítulos.

  • 4. Marcelo Grynberg  |  28 febrero 2016 en 11:50

    OK, gracias Tomas. Seria importante (al menos para mi) que en esos proximos capitulos resumiera Ud. cual es -a su entender y dentro de lo posible- la esencia del Judaismo (titulo de un libro de Leo Baeck). Muchos saludos !


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