LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 185

10 febrero 2016 at 11:07 5 comentarios

Carlos Correas pactó con Masotta un juramento que juzgó incompleto. “Seremos inteligentísimos, cancherísimos, bellísimos y crudelísimos”. Lo que agregó fue: “y putísimos”.
A los veinticinco años lindaban la abyección, la angustia, y la acompañaban con la mirada socarrona y una obra que llama `oblicua´. Puerilidad, picardía, narcisismo, sadismo de pacotilla, de este modo, para Correas, estos jóvenes intelectuales abrían su camino en la Argentina gorila, cuando en mundo paralelos en el Norte, los beatniks rompián las noches con sus motos y sus jopos engrasados, James Dean dejaba caer una sonrisa y Kerouak contaba sus experiencias `on the road´.
Correas dice que Masotta, Sebreli y él, estaban en situación de `invalidez´. “Como si una gran conciencia colectiva declarara que jamás debiéramos haber nacido” (“Operación Masotta”, pag 27). No tenían lugar, eran atópicos. Ni militantes, ni consagrados, ni parte de movimiento cultural alguno, cerca de Contorno pero a distancia también. “Carecíamos de la alcurnia de las varias generaciones de argentinos por detrás; tampoco de la paciencia, la fraternidad de la lucha obrera, y por el otro, de la violencia y el tremebundo humus del lumpenaje”.
Estaban dotados, agrega, por “el azar feliz de las lecturas novelescas de cierta perspicacia y delicadeza, y desdeñábamos el ser pícaros o el cinismo bárbaro: esto era sobremanera vulgar. Estaba el recurso a la femineidad”.
Correas le pone un límite a la influencia de Sartre a cuya fascinación dice no haber sucumbido, aunque era usada como un arma “para vencer a los enemigos interiores”. Sin embargo, “¿Qué es la literatura?”, como luego el “Saint Genet…”, fueron el canon del trío.
¿Quiénes eran? Su identidad era lo que quedaba de una sustracción, había que restarles el lumpenaje y la clase obrera. Resultado de la “Operación Correas”: “Quedará establecido que la clase media, Masotta, yo, somos puerilmente cínicos, mediocres, miedosos, imitadores histéricos, farsantes, particularmente farsantes intelectuales” (84).
Situación difícil de superar. Correas cita una carta de Masotta en la que le reconoce ciertas características: “…para trascender tu condición de empleado y de homosexual…un oscuro intelectual con mal aliento y puños sucios…” (42)
¿Otros intelectuales? Martinez Estrada es considerado como un vomitador profesional y un denuncialista a destajo; Tulio Halperín Donghi empleaba, según Correas, una ironía vaselinosa y tortuosa que le servía de coartada; y del supuesto despertar de las vanguardias artísticas que interesaron a Masotta, para Correas no eran más que la expresión de un lumpenaje artistico-intelectual de una beat generation local y de la flower childfren de la calle Florida.
Luego de la traición de Frondizi, emerge un contingente de escépticos, inanes en política, más o menos drogadictos, más o menos alcohólicos, que, seguramente, aventura Correas, tendrán su autito, la familia compuesta con sus regalos de cumpleaños, quizás uma quinta en las afueras, o lo que llama “bungalows”. Un contingente de parásitos aburridos, en absoluto peligrosos ni satánicos ni angelicales, sin grandes fervores, tan sólo poseídos por “la violencia psicológica del egoísmo y absortos por la competencia entre personalidades”. (ibid, 83).
Esta descripción de la glamorosa década del sesenta, antes de que se ponga de moda la maravillosa juventud del setenta, nos da una idea de que la “grieta” con su correspondiente crispación que nos aqueja a nosotros los argentinos en el tercer milenio, no es lo peor que puede habernos sucedido.
Al menos, no lo es para Correas, ni en los años que le tocó transitar, como tampoco en los que vió dibujarse en las novelas de su escritor preferido, Roberto Arlt, que no eran más que el contenido de “la vida puerca”.
Esta visión del mundo y del país es lo que llamamos el `nihilismo nacional y popular”, por su prédica de vaciamiento moral y la atracción por los márgenes. El cabecita negra era el valor erótico para los depresivos fantoches burgueses. “Éramos mayormente pequeño burgueses proletaristas. Tendríamos a los sumo, alguna sonrisa populista” (46).
Agrega Correas que eran argentinos pero no argentinistas, ni europeístas. Amaban a Sartre, a Marx, a Kierkegaard, a Brigitte Bardot. Entre las bellezas argentinas rescata a Nélida Lobato y Olga Zubarry.
La primera era una beldad obvia, evidente, perfecta; la segunda formaba parte de un trío con Gilda Lousek y Elsa Daniel – las pre-Graciela Borges – , que llenó de miradas y silencios el cine blanco y negro de la época. Dramas, pasiones culpables, casonas oscuras, pasos que descendían por las maderas desvencijadas de la escalera y una mano viril posiblemente asesina sobre el pasamanos, besos dados con rabia canibalística, un revolver, no entendemos las razones de la elección de Correas por la Zubarry.
Correas dice que tanto Masotta como él, carecían de una sólida formación teórica. Leían hasta la mitad, eran “teóricos inertes”. De Sebreli dice que se dedicó al “ensayismo de circunstancia”. Tenían desdén por el trabajo de documentación, y lo compensaban con la manía interpretativa, el hociqueo, la cultura de la apariencia que autoriza hacer como si se supiera.
Les atraía el peronismo y la fenomenología porque desde esas dos vertientes había un culto del cuerpo que los burgueses reprimían. Que el ser en el mundo, la percepción y la intencionalidad de la conciencia no soslayaran su tránsito por un cuerpo en situación, y que las masas peronistas fueran oscuras, bramantes y sudorosas, les ofrecía una salida sensual, y sexual, en una Argentina autoritaria, por lo militar, y pacata por lo neokantiana.
Por eso querían escribir para “lectores rudos que saben de la humillación social y del poderío de los brutos que se apoyan en su disgusto absoluto…” (71).
De Masotta, concluye: fue el hombre de mi vida.
Y Roberto Arlt, el autor de su vida.
Carlos Correas publicó un voluminoso libro en el año 1995: “Arlt literato”. Elige a Arlt porque le permite escribir sobre lo que le interesa. Dar su visión de las cosas, o de la vida. Lo primero que hace es medir fuerzas con su elegido: “pretendo significar que nuestro autor es tanto un creador pequeño burgués cuanto un lumpen astuto que embaucará (traicionará) debidamente a sus lectores cada vez que rebusque en el lumpenaje la ayuda, fuerza, canallada y esperanza que le exija su literatura” (11)
Para Correas hay dos arquetipos, la fiera y el ángel, y tres tipos de seres humanos: el correcto, el rufián, y el verdadero hombre por venir. La fiera es el que aniquilará al hombre correcto. Tiene un único amor al que llama `ángel´, es un `ella´. La pasividad es el crimen horrible que acecha a las fieras que sólo se redimen con una existencia trágica, en la que “logran hacerse mirar por mujeres- ángeles” (32)
A la manera de Nietzsche se dispone escribir para un lector póstumo, si, por el contrario, no renuncia al presente y escribe para sus congéneres, tratará de ser un autor póstumo.
El hombre correcto es el verdadero miserable. Se esconde detrás de la honestidad con su ideal de ahorro, familia, educación, estabilidad. La tentación de ponerse la faja del buen burgués, se muestra así: “desempeñar una función en el conjunto social, integrar un mecanismo que está al servicio de una teleología en común, por lo que lo externo para nosotros en tanto profesionales es y ha de devenir el medio como el elemento en el que encontramos subsistencia, utilidad, corrección, confianza, horror y reconocimiento, en fin, positividad” (28).
Pero no puede hacerlo. Erdosain tampoco, “un seudoanarquista sentimental demasiado ablandado por la violencia padecida”. Le queda lo que llama la `roñería´, es decir la facticidad en bruto con el nombre de miseria: “La miseria es. La miseria me vuelve miserable, me debilita. ¿Pero consistirá mi miseria en ser yo una nulidad, un cero histórico?, ¿en una determinada pobreza a tal punto que ésta resulte el límite de mi libertad?, ¿en la servidumbre y dependencia incondicionales?, ¿en la sordidez, que es la satisfacción clandestina y `baja´ de la necesidad?, ¿en las definiciones sociales implícitas de `canalla´, y `plebeyo´, por las que los demás me juzgan relativamente como `deshonesto, cobarde e ignorante´, `el que usa torpemente las palabras en el sentido menos elevado´, `el incapaz de superar su tendencia a la pereza´, `el vilmente rencoroso´, `el desfigurado por la fea envidia y la avidez´, etc. En tanto miserable, careceré de una de esas conciencias morales que han de ser preservadas de la menor inquietud”.
El hombre del futuro es el que se yergue frente al mundo del derecho y de la propiedad; lo hará a la manera del personaje de Arlt, el Astrólogo, inventando la violencia como un absoluto de acuerdo a los criterios establecidos por su generación. Una vez destruído ese mundo explotador con paraguas jurídico, Correas presenta lo que llama el mundo del trabajo, que “por su mera forma, es aquella soledad en la que el hombre se pierde para fundar lo humano; en efecto, porque en el trabajo los hombres deben sostenerse por sus propias fuerzas…”
Si Masotta escribió “Roberto Arlt, yo mismo”, treinta años después, Correas escribe un “Yo también”. El primero cuenta como el estar atrapado por la clase media no le dejó otra salida que la locura. La muerte de su padre, el empleado bancario, ensanchó la fisura.
Correas al hablar de su asco, de su rabia, de la vehemencia, dice. “no puedo ser burgués, ¿seré monstruoso en el modo de la subhumanidad o buscaré y me esforzaré por un nuevo tipo de hombre? Pero si tampoco puedo contestar estas preguntas, ni soportarlas como tales, entonces, sólo corresponde el suicidio” (207).
Lo llevó a cabo cinco años más tarde.

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5 comentarios

  • 1. Pablo Fasoli  |  10 febrero 2016 en 11:55

    Se ve que en los tiempos pasados habia una gran responsabilidad y exigencia de tomar partido,,que quede claro quien soy y demostrarlo ,,una moral de posicionarse y ser coherente con las ideas,,,Correas se sirve de los personajes lumpens de Arlt bien definidos por como eran ,,,pero si vieran, o tal vez lo vieron la nueva translumpenizacion
    donde hoy el lumpen se pone la remera lacoste y lo llevan a tinelli y hay una revalorizacion social mundial en las peliculas por el “looser´´y el “freak´´ ,y los “personajes´´´de la calle( recomiendo la pelicula Bad Santa) otros como Steve buscemi ,muy contento al respecto ,,y mas que un artista ,,,Zulma Lobato casi lo logra ,,esta postmodernidad donde se arma un guiso de identidades,,,y la gente va variando de disfraz segun el dia de la semana ,,,,,y mas con el exceso de informacion que vivimos ,nuestra mente se vuelve camaleonica ,,mutante y dispersa ,,,,tal vez Correas en el mundo de hoy se hubiera distraido y no se hubiera suicidado ,,,

  • 2. Aldo  |  10 febrero 2016 en 14:11

    El hombre del orden es panoptisado por la mujer , la creacion de la familia , cuando fue ? ya los griegos hablaban ,pero como ideal , los griegos eran grandes idealistas ,,,, una vez , en esos ejemplos bobos , alguien dijo que Aristoteles estuviese ” indignado ” con el pos capitalismo a lo que yo lo corregí diciendo q estaría muy contento con el arsenal armamentístico que hay en el mundo , pero bueno , volviendo al tema familiar , que difícil es , para todos hombres y mujeres , es una locura no salir , por que todos se la dan de ayornados pero la cosa es compleja , sino uno se aguanta a si mismo es la mejor de la libertades , hasta q llega la vejez ahi llega el horror , alli no hay sabiduría si se esta solo… angustia y horror , tambien hay hijos que olvidan a los viejos , el papa Francisco , no olviden a los viejos , repite y repite pobres viejos y pobre juventud la que venga y los q estan casados también , en las crisis economicas la crisis de pareja se va por las nubes , miles de chicos, parejas,se hicieron la casita y en los prox años se va a prende fuego la casita ,

  • 3. marlaw  |  10 febrero 2016 en 22:30

    Independientemente del universo cultural que giraba en torno a los “Tres Mosqueteros” que señala el Profesor habría que considerar también otras idéas que trataban de abrirse paso en esos años.

    Una de ellas era “el conductismo” que era una suerte de escuela de psicología social, que pregonaba “la adaptación al medio” proveniente del país del Norte. Probablemente nunca como en esos años se propagó y se vulgarizó tanto esa frase en nuestro medio. Era muy común escuchar la palabra: inadaptado, en boca de cualquier persona.

    Además habría que decir que los escritores, los pensadores, en cierto modo se comportan como emergentes sociales, que ellos son los encargados de encarnar las idéas que circulan en un momento dado, en el seno de una sociedad .

    Asimismo habría que señalar también para tratar de comprender mejor lo que estaba ocurriendo, qué.en esos años el mundo y también nuestro país había comenzado a cambiar mas de prisa de lo que lo había hecho en el pasado, y que los paradigmas existentes en los primeros años del Siglo XX habían entrado en crisis a raíz de los cambios que se comenzaban a producir.

    Por último no podemos cerrar el tránsito por esa época sin evocar la memoria de Enrique Pichon Rivière, y de su mujer Arminda Aberastury como fundadores de una nueva usina de pensamiento.

    Ellos junto a otros destacados colaboradores, fuerón los responsables de introducir el Psicoanálisis en nuestro país.

    Para los que estén interesados en ampliar este tema, existe una para nada, desdeñable biografía de Enrique Pichon Riviere publicada por Wikipedia.

  • 4. r .nadaud  |  13 febrero 2016 en 12:52

    L.Guerriero, blogs El Mercurio.cl. VELETAS.

  • 5. Pablo Fasoli  |  14 febrero 2016 en 10:56

    comparto este documental de Carlos Correas ,,donde tambien se habla de este grupo y su historia ( Sebrelli ,Masotta etc )


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