LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 184

8 febrero 2016 at 11:37 17 comentarios

El análisis de Masotta da la impresión de que describe una sociedad cuyos habitantes son muñecos. Un empleado es un empleado cien por cien, completo, todo mezquino, todo egoísmo y arribismo, trepador y delator, reprimido y traicionero, envidioso de una clase alta a la que cela por su lujo mundano, una falsa aristocracia que no es más que aburrimiento y parasitismo.
No hay dudas de que un teatro de títeres no se pierde en ambigüedades, como tampoco las máscaras combinan más de un rictus. Son seres con el gesto mortuorio.
La protegida e ilusoria conciencia de sí, la intimidad individual, el aire libre que soplamos en nuestra interioridad, es la típica trampa que nos tendemos a nosotros mismos por ignorar nuestra determinación de clase.
Hay dos conceptos que permiten la metamorfósis de los supuestos seres humanos en muñecos sociales: alienación e ideología, los dos brazos de una misma pinza con la que los marxistas sartreanos de los sesenta percibían el mundo en el que vivían.
Por estar alienados a merced de la ideología dominante, los sujetos sociales están engañados porque no hacen más que creer en lo que los poderosos quieren que crean. La cabeza es un receptor en el que se mete lo que quiere el poder. El que tiene esa cabeza no sabe lo que le metieron. Actúa movido por los hilos de la clase dominante, la dueña de la escena y de la cabeza.
Los ricos, o la clase dominante, o burguesía, también tiene cabeza, pero propia, en el sentido que se mete a sí misma lo que quiere introducir en ella, además de metérselas a otros no sólo en la cabeza.
Hay una sodomía política. La atracción por el lumpenproletariado no será ajena a esta vertiente de la atracción sexual. En los tres sartreanos es patente la seducción del cabecita negra sobre este intelectual pequeño burgués con riesgo de ser bancario. Es manifiesta en Correas y Sebreli. La humillación se hace cuerpo y desde lo bajo y vil se trama la venganza.
Sin embargo, Masotta señala una fisura en esta concepción del funcionamiento monolítico de las ideologías. Fue más refinado que sus colegas.
Dice que existe una fusión de los conflictos de clase con el conflicto entre culturas. Una persona puede quedar adscripta a sistemas y a normas culturales diametralmente opuestas, cuando no quebradas entre polos diferentes, “y que no sean raros los desgarramientos psíquicos y morales de la conciencia individual” (86).
Una misma persona puede ser troskista a la mañana, misógina al mediodía, católica el domingo a la mañana, y pedófila el mismo día a la noche. La mentada coherencia está más ajustada en los mamíferos inferiores que en el homo sapiens, que sabe de conciencias desdichadas.
Es muy posible que la servidumbre no sea un camino recto. Tampoco el poder. Si algo define a la posmodernidad es el que el universo de las creencias se hace a medida del cliente. Se cree lo necesario y lo conveniente, hasta el mismo fanatismo resulta de una operación algorítmica. Que Dios haya muerto no es sólo una frase de Nietzsche.
De ahí la clarivedencia de Paul Veyne cuando dice que la ideología funciona como un placebo.
Sartre insistía en que el hombre común no es sólo víctima del sistema sino que lo es a medias, la otra mitad es cómplice. Afirmaba que el “hombre no es”, que no le corresponde el ser en sí, y que su “para sí”, lo desgarra. Pero a veces olvidaba su propio pensamiento. Raymond Aron, como vimos, dice que Sartre no es consecuente con su misma filosofìa cuando analiza a sus personajes sociales como el antisemita o el bastardo. Son todo el tiempo lo que son, y no tiene restos que desfiguren su rostro de bronce.
La visión clasista de la sociedad no admite matices.
En “Conciencia y Estructura” (1969) Masotta vuelve sobre su libro sobre Arlt. “Escribir el libro me ayudó, textualmente, a descubrir el sentido de la existencia de la clase a la que pertenecía, la clase media (…) Pensando sobre Arlt descubría el sentido de mis conductas actuales y de mis conductas pasadas: que dura y crudamente habían estado determinadas por mi origen social”.
Masotta escribía y era mantenido por su padre, un empleado bancario. Discutían y se amaban. Su muerte produce una crisis en Masotta hijo que termina en un brote que llama `psicótico´; lo deja amurado durante un año. No ve a nadie. Luego sale de su inmersión depresiva y tiene nuevos centros de atención. Su interés por el arte de vanguardia y por el psicoanálisis lacaniano, tuerce su rumbo y abandona no sólo la filosofìa sartreana sino la idiosincracia de la que era vehículo. No dedica sus energías a odiar a la clase media, y su relación con el dinero deja de ser un hecho vergonzante para adquirir la seriedad de ganárselo. “El trabajo no es farsa”, dice.
“Descubrí a Lacan y L. Strauss, lo que significa que ya no estoy tan seguro sobre la utilidad de las posiciones filosóficas, teóricas, sartreanas, como lo estaba ocho años atrás. Es que en esos ocho años, al nivel del saber le han pasado algunas cosas: entre otras, un cierto naufragio de la fenomenología” (189). Dice que entre la conciencia y la estructura, decidió que su enfoque teórico problematizará la estructura.
Masotta ha sido un teórico fino, sutil, cuidadoso de su prosa. Se zambulló en el psicoanálisis y en Lacan después de sus encuentros con Enrique Pichón Rivière, amigo de Lacan. Fundó una escuela lacaniana, y su función de divulgador le dio una pátina de brillo a lo que divulgaba que no es frecuente en quienes difunden teorías de otros.
Su estilo narrativo fue una excepción en un contingente que siempre cultivó la fealdad escritural. La glosolalia y la jerga de los lacanianos hicieron de las enseñanzas de un gran teórico no sólo del psicoanálisis como Lacan, una prenda descosida entre quienes comerciaban con ella y otros que, con sus formuleos, presumían poseer una cifra hermética custodiada por iniciados.
Masotta nada tenía que presumir porque estaba dotado no sólo de conocimientos sino de estilo. En “Roberto Arlt, yo mismo” dice: “yo había leído entonces (cuando escribió el libro sobre Arlt) todo lo que Merleau Ponty había escrito, y me fascinaba ese estilo elegante, esa prosa conciente de su cadencia y de su ritmo, esa sobre o infra-conciencia del desenvolvimiento temporal de las palabras, ese gusto por el `tono´ o la `voz ´, esas insistencias de un fraseo a veces monotemático que entiende investigar las ideas acariciando las palabras” ( ibid 180)
Masotta dice que en el libro intentaba esa prosa, la de un refinado, una prosa de tonos.
“Ahora bien, ese tipo de lengua aparece históricamente en sociedades muy jerarquizadas. La estructura propia de un orden social muy regimentado parece ser complementaria de la lengua de tonos” (ibid, 181).
Habitante de un trasmundo marginal, considera que tanto Arlt como él, nacen en la misma salsa, una sopa igualitaria, mestiza más que cosmopolita, descolorida, en la que los estamentos están desencajados. La prosa de tonos es un placer que disfruta en otros.
Por otra parte, aunque admita que confesarse es un acto retrospectivo y negativo, el modo en que lo hace, ironizando sobre sí – algo que ni Correas ni Sebreli supieron hacer – no lo exime de buscar una justificación de su tarea. Cita a Michel Leiris, quien afirma que el acto de escribir deja de ser gratuito, es decir ilegítimo, si se realiza en una situación de peligro. El riesgo del acto literario aparece en dos momentos: cuando se escribe un panfleto político, más aún en situación de clandestinidad, o cuando se escribe sobre uno mismo.
Masotta supo encontrar el tono para hacerlo.

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17 comentarios

  • 1. marlaw  |  8 febrero 2016 en 12:03

    Que pena qué no nos podemos introducir en el tunel del tiempo para haber podido leer lo que usted enseña Profesor a los 30 años

  • 2. Tomás Abraham  |  8 febrero 2016 en 12:10

    MARLAW, es como si yo dijera que es una pena no haber escrito esto a los 30 años. A esa edad hacía otra cosa. Si hubiera escrito esto, hoy…¿qué?

  • 3. Pablo Fasoli  |  8 febrero 2016 en 12:41

    Entre los alienados por su propia ideologia ,,frustrados por no vivir la sociedad que soñarian
    esta justamente Cebrelli que escribe “`Buenos Aires alienacion ‘’’,,,
    Sin conocer hace unos años la postura politica de Cebrelli ,suponiendo que era un periodista y
    un investigador , el libro en el cual buscaba conocer un poco la Historia de Buenos Aires
    y sus costumbres ,,me encontre con una descripcion hipersordida de una burguesia creciente en la cual
    habla de una clase media que solo pensaba en el ascenso social ,la frivolidad y describe una
    Buenos Aires insoportable por su arida nada ,,,su tedio desolador ,,,por lo cual me di cuenta que habia una
    exageracion de los hechos ,,,,Volviendo a la alienacion ,ahora todo cierra ,,Cebrelli con su alienacion describe
    la alienacion de la burguesia de ese tiempo ,,,,
    Pero que bueno que Masotta con sus tonos ,su estilo, y mas pragmatismo que los otros sartreanos ,, ,
    señala una fisura en esta concepción del funcionamiento monolítico de las ideologías

  • 4. philo  |  8 febrero 2016 en 15:36

    Esta escribiendo muy lindo, con mucho para procesar.
    Yo lo leo un par de veces ,con distancia de tiempo y me deja pensando.

  • 5. marlaw  |  8 febrero 2016 en 17:15

    Profesor yo lo que quise decir “fue solo una expesión de deseos mia” o una fantasía alucinada, como Usted lo prefiera, en el sentido de poder haberlo leído a la edad que usted tiene ahóra, con lo que dice ahora, pero cuando yo tenía 30 años o en su defecto, haber podido conocer a una persona semejante a usted a esa edad. Pensaba en lo bién que me hubiera venido a mi conocer a una persona como usted en esos años, porque de ese modo podría haber tenido muchas cosas mas claras en un momento en que todavía yo tenía un largo trecho por recorrer.

  • 6. marlaw  |  8 febrero 2016 en 17:43

    Señor Fasoll Cuando JJ Sebreli escribió su libro Buenos Aires vida cotidiana y alienación, èl no estaba solo, había otros como Arturo Jauretche, que en ese mismo tiempo (1964) desde otra perspectiva política pensaban parecido, Jauretche escribió: El medio pelo Argentino, y antes que ellos Ezequiel Martines Estrada por los años 40 escribió La cabeza de Goliat, una crítica a la Ciudad de Buenos Aires en la que afirmaba entre otras cosas que Los Porteños, se disfrazaban para tratar de aparentar lo que no eran para caminar por la calle Florida.

  • 7. Tomás Abraham  |  8 febrero 2016 en 20:39

    estimadísimo marlaw, le mando un gran abrazo

  • 8. Pablo Fasoli  |  8 febrero 2016 en 22:11

    Estimado señor marlaw ,,,sin duda lo que Sebreli describia tenia bastante de cierto ,pero solo se dedicaba a extra definir a esos personajes que buscaban la apariencia y la escalera social pero habria otros personajes mas pintorescos seguramente ,y tal vez Sebreli pudo haber sido un poco mas neutro u objetivo a la manera que tal vez pudo haber sido el señor Masotta que parecia darle un poco mas de color a la realidad porteña ,,,porque en todo cemento gris ,hay grietas donde pasa el sol .

  • 9. Pablo Fasoli  |  8 febrero 2016 en 22:58

    Señor marlaw le agrego esto para sintetizar ,,,creo que esta bueno en vez de exagerar la diferencia por conveniencia de pasiones ideologicas ,, (mas en la Argentina que vivimos) acercar conciliaciones atravez del pragmatismo y pensar en una multiplicidad y no caer en mono-litismos

  • 10. Elías  |  9 febrero 2016 en 11:20

    Quisiera felicitar a admirador (Marlaw) y admirado ( Abraham). Para quien gusta de los libros y de la historia del pensamiento qué mejor que encontrar una luz, un guía que fascine nuestro intelecto. Como dicen los españoles: enhorabuena.

  • 11. marlaw  |  9 febrero 2016 en 23:42

    Yo sé que todas las interpretaciones contra-fácticas, carecen absolutamente de sentido, como el caso de preguntarse que hubiera ocurrido en el territorio que hoy es la Argentina sí el espermatozoide que tenía que fecundar el óvulo de la madre del General San Martín, hubiera seguido de largo, y este no hubiera nacido, porque en cualquier hecho, el mas nímio, como puede llegar a ser un simple “encuentro casual” para poder llegar a producirse requiere el concurso de un número infinito de causas y concausas. Pero en mi primera nota mas que una interpretaciòn lo mío trató de ser un reconocimiento por su taréa Profesor.

    Estima profesor le agradezco profundamente sus palabras y le retribuyo el abrazo..

  • 12. Alejandro A  |  10 febrero 2016 en 14:32

    Estimado Marlaw: Lindo ejercicio el que propone; Para mi gusto el espermatozoide que tendría que haber fallado pertenecía a las andanadas del Reverendo Edmund Nelson, padre de Horatio, primer vizconde de Nelson quien arruinó para siempre las flotas de España y Francia en Trafalgar. Dueño él también de certeros espermatozoides -y de un robusto par de rodamientos- ayudó de manera decisiva para que España perdiera en los siguientes cien años todas sus colonias de Ultramar. Nuestro Baltasar Hidalgo por otra parte, héroe de aquella batalla en la que comandó una escuadra y uno de los pocos jefes sobrevivientes, bien podría haber sido designado virrey de una posesión española en las islas británicas y no en el Río de la Plata donde demostró tener menos cintura que un pollo y no estar para nada a la altura de la viveza porteña.

  • 13. philo  |  10 febrero 2016 en 23:24

    GRACIAS A TODOS!!!

  • 14. marlaw  |  11 febrero 2016 en 14:59

    Elias gracias por lo que me toca, pero en mi caso le aseguro que su elogio resulta inmerecido. Solo soy un participante mas que contribuye a conformar en lo que puede, la actividad de este Blog

  • 15. marlaw  |  11 febrero 2016 en 15:59

    Alejandro Efectivamente Trafalgar fue un hecho decisivo, en la Enmancipación Americana, porque en esa Batalla (1805) España perdió una gran parte de su Armada. Pérdida de la que no se recuperaría jamás. Todo eso mas el gracejo, que utiliza Perez Reverte, para cargar las tintas contra el Rey Fernando VII cuando desde su Blog narra la historia de España, desde el Siglo XIX, en adelante, me hace decir que es imposible comprender el destino de los países Americanos, entre ellos el nuestro, sí primero no se centra la mirada en el “Gran Escenario” en la Historia Universal.Hasta le diría que salvo la história del General San Martín en América, junto a cuarenta o cincuenta personas más que fuerón las únicas que colaboraron decidamente con él, sin oponer reparos, junto a la de Simón Bolivar por el Norte del Sub-Continente, todo lo demás deviene en un hecho anecdótico. Por eso no se puede llegar a comprender nuestra Historia, o cualquier otra Historia, deteniéndose en leer los “dimes y diretes”. de los personajes de reparto, que intervinieron en este Gran Escenario

  • 16. marlaw  |  12 febrero 2016 en 5:05

    “La protegida e ilusoria conciencia de sí, la intimidad individual, el aire libre que soplamos en nuestra interioridad, es la típica trampa que nos tendemos a nosotros mismos por ignorar nuestra determinación de clase.
    Hay dos conceptos que permiten la metamorfósis de los supuestos seres humanos en muñecos sociales: alienación e ideología, los dos brazos de una misma pinza con la que los marxistas sartreanos de los sesenta percibían el mundo en el que vivían.”

    Esto que está describiendo el Profesor es un hecho que ocurre con cierta frecuencia cuando desde la enseñanza, para facilitar la comprensión de algo, se imparten nociones muy básicas, y el alumno que no va mas allá, o que carece de recursos para hacerlo, se queda con la idéa que las cosas funcionan de este modo.

    Cuando un profesor de economía dibuja en el pizarrón sobre una gráfica de ejes x-y la curva de oferta y demanda, para explicar la formación del precio, eso no significa que en la formación del precio intervengan solamente estas dos variables. Se trata tan solo de una simplificación para tratar de enseñar ese concepto.

    Del mismo modo que cuando en Física Atómica para explicar la estrúctura de un Atomo alguién dibuja en el pizarrón el núcleo de un Atomo y un electrón girando en torno de él y omite señalar las demás partículas atómicas que existen dentro de un átomo para facilitar la comprensión de este fenómeno.

    Cuando yo el otro día hablaba de la cantidad de causas y con-causas que intervienen en el producción de un encuentro casual, (un concepto extraído del campo del Derecho) bién podríamos reemplazar la palabra causas, y decir que en la producción de cualquier fenómeno intervienen un gran número de variables dependientes e inter-dependientes y que para tratar de explicarlo no nos bastaría un pizarrón que es algo plano, sino que requeriríamos una figura que al menos contemple la posibilidad de otra dimensión. Lo que en definitiva estoy tratando de decir, es que no hay nada a nuestro derredor que séa de naturaleza sencilla.
    Que la sencillez y las abstracciones están solo para tratar de explicar algo pero los hechos en la realidad son todos de naturaleza compleja, y que las personas, los seres humanos también participamos de esa complejidad.

  • 17. r .nadaud  |  13 febrero 2016 en 12:49

    A.Perez Reverte: Cabo Trafalgar, Ed. Alfaguara.


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