LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 182

4 febrero 2016 at 10:06 35 comentarios

Volvamos a la década de fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta para acompañar la batalla cultural de los sartreanos argentinos.
Lejos estaban de participar de la política. La miraban desde una torre de marfil, pero con dependencias derruidas, baños sucios, paredes descascaradas, pasillos con desperdicios. No es que fueran infelices a pesar de que Carlos Correas dice que parecía que no tenían derecho a nacer. Imagen que evoca al Genet de Sartre, a su condición bastarda, pero que, además tiene que ver con el lugar que ocupaban, o que no ocupaban, en la época.
Nacidos a comienzos de los treinta, tienen veinticinco años cuando cae Perón y se produce la revolución Libertadora. No eran peronistas, en nada se identificaron durante su juventud con la cultura peronista. Leían a Sartre, Camus y Merleau Ponty, estudiaban a los clásicos del marxismo, seguían los análisis de George Lukacs y Lucien Goldman, pero además admiraban a la revista “Sur”, y cuando podían y los llamaban, colaboraban con ella.
Reconocían que Martinez Estrada había sido un guía en la reflexión sobre la anomalía argentina – antes de llamarlo vomitador profesional, actor de una rebelión inútil, denuncialista vocacional – y veían en Arlt a un escritor diferente. Ponemos en un mismo paquete a los tres, sin hacer distingos, porque se veían a sí mismos como camaradas de andanzas, troperías y sueños de gloria, antes de que cada uno eligiera su propio camino.
Adelantamos el derrotero diferenciado que tomaron. Oscar Masotta se desprende del aire de época y crea la escuela lacaniana argentina, siempre conservando su prosa elegante, distante y aristocratizante que había sido su sueño literario de acuerdo a un estilo que hallaba y admiraba en Merleau Ponty.
Juan José Sebreli cambia un par de veces de canon, y transita del marxismo al liberalismo, con el mismo ímpetu inquisidor y a contrapelo de cualquier novedad cultural degradada a la categoría de “moda”.
Carlos Correas fue quien menos cambió su humor juvenil, su desencanto no tuvo remedio, y mantuvo sus antivalores y referentes filosóficos a pesar de todo y de quien fuere. Digamos que mantuvo en alza su odio, tal como él mismo lo confiesa.
No eran peronistas pero se acercaron al peronismo por su repulsión al antiperonismo. Eran fundamentalmente marxistas anti-antiperonistas. A distancia del partido comunista, sin acercamiento a la novedad castrista, sin nostalgia por el peronismo silenciado, y con todo su odio al antiperonismo y a su expresión de clase, la burguesía, pero en especial a su cara más visible: la clase media, de la que provenían.
Los tres en los años del fin del peronismo y comienzos de la tutela militar durante su proscripción, han creado el nihilismo nacional, movimiento cultural no reconocido por la crítica ni por los anales académicos, que encuentra su antecedente literario en Roberto Arlt, y otro, filosófico, en Ezequiel Martinez Estrada.
La palabra nihilismo merece alguna aclaración. Llamamos nihilismo a la creación de antivalores y a la ponderación de todo lo marginal y excluído, con un intenso atractivo por todo lo que bordee la ilegalidad.
Un snobismo descendente, para remedar la idea de Sartre cuando nos habla de ascetismo descendente al analizar a Genet.
Por supuesto que ninguno de los tres fue condenado por delincuente, sino que se dedicaron a escribir y enseñar. A lo sumo la homosexualidad de Sebreli y la bisexualidad de Correas, en aquella época, sin duda, los marginaba del común, en una sociedad puritana y represora.
Tiempo después Sebreli no sólo dejó de simpatizar con el peronismo sino que lo recatalogó en el rubro del machismo nacional, expresión que va del tango y el futbol, a las variantes populistas.
El nihilismo así entendido posiblemente poco tenga que ver con la vasta gama de interpretaciones que lo adscriben a Nietzsche, Heidegger, a Cioran, a Vattimo, a la posmodernidad, a la falta de valores y de respeto a la autoridad. Ni al desconsuelo que produce que todo se compra y se vende en la feria de las vanidades.
Tiene más que ver con Enrique Santos Discépolo y su tango Cambalache. Es el himno del nihilismo nacional: “el mundo es y será una porquería, ya lo sé”. Tiene la misma densidad que la sabiduría socrática con su “sólo sé que nada sé” con que se inaugura la filosofía.
Aquí, en la posición nihilista, existe un saber, es cíclico, irremediable, y su expresión va desde el cinismo al lamento. En el caso de Discépolo prevalece el lamento y la nostalgia por un mundo tierno, justo, sublime, en el que un burro no sea un gran profesor, y viceversa.
En el de Masotta, se trata de una transición en el que del cinismo pasa por un terrible miedo a la locura, y encuentra una salida en el cinismo lacaniano, que es profesional, francés, erudito y prestigioso.
Sebreli nunca fue nihilista sino un fervoroso creyente que nunca ha dejado de encontrar un suelo fértil para amonestar a la actualidad por atreverse a ser actual. Ha sido un simpático e inofensivo cascarrabias a contrapelo de la idolatría argentina. En eso, châpeau, compartimos su hartazgo por ese afán de monumentalizar a próceres llámense Gardel o Che, o, como es el caso de nuestra historia reciente, de derrumbar monumentos para hacerle lugar a nuevos.
Aunque no olvidamos su libro sobre Evita, a quien admira, a pesar de juzgarla como la esclava de un hombre.
En el caso de Correas, no tuvo integración en las instituciones culturales como Sebreli con sus ensayos o Masotta con el psicoanálisis. Fue un oscuro profesor de filosofía en el CBC, de la UBA, con escasa producción literaria. Sólo fue reconocido una vez que se suicidó, como corresponde a una cultura de buitres.
Además del nihilismo entendido como la prédica del antivalor y la atracción por el delito, hay dos aspectos morales y políticos que concitaron el interés de nuestros tres sartreanos: el clasismo y la traición.
Respecto de la última vimos como el “Saint Genet…” fue libro de cabecera y enunció los elementos críticos del ascetismo descendente y la fuerza de un mal redentor de quien busca una condena sin atenuantes. Tracionar al amigo frente a los mismos ojos del amigo, mostrarse en el momento de la delación para dejar en claro que no se ha de ser seducido o embaucado por ningún portavoz de la respetabilidad, es la actitud del comediante mártir frente a la sociedad.
Comediante porque crea la escena de su expulsión de la ley y del Bien, mártir porque se ofrece en sacrificio para mostrar las entrañas de la sociedad que descarga sobre el delator todo su odio, toda su vileza e hipocresía.
En aquellos comienzos de la década del sesenta, el dictamen de origen sartreano de que el marxismo es la filosofía insuperable del siglo XX, tiene consecuencias en la percepción de las identidades sociales. Padre, empleado, hijo, católico, varón (las mujeres son consideradas apéndices domésticos), alumno, militar, los casilleros en los que los sujetos se institucionalizan o conforman colectivos identitarios, están determinados por su situación de clase.
El término `clase´ no viene de clasificar sino de ranquear en un orden escatológico. Es una clase social la que liberará a la humanidad de todas las formas de opresión: el proletariado. Una clase social ejecuta y organiza la esclavitud en el mundo moderno: la burguesía. Hay otra clase que por cobardía es cómplice y adláter de la explotación del hombre por el hombre: la pequeña burguesía, que en términos cotidianos y con un significado más preciso es la clase media.
Los intelectuales son parte de la clase media, es decir de la cobardía social; lo que deben hacer para no quedar atrapados por el poder capitalista, es traicionar a su propia clase. Si no lo hacen con su participación en la acción revolucionaria, lo harán deshaciéndose de las justificaciones morales y de la respetabilidad de su grupo de pertenencia.
Sin acceso a la gran burguesía, fuera del proletariado por situación de clase y por cultura, les queda la marginación. Vivir en los bordes, constituir una lumpenburguesía.
El clasismo fue una forma del racismo marxista, una ideología que en nombre de la emancipación, es decir, de la fraternidad, perseguió a media humanidad más uno, por su pecado de pertenencia.
Sartre durante los últimos años de su vida, junto a Benny Lévy, no hará más que reflexionar sobre el tandem fraternidad-terror, sin pensarlo como un racismo de clase. Lo que no evitará que en su deconstrucción del mito de la revolución lleguen a relacionarlo con formas del antiguo gnosticismo y sus expresiones maniqueas.
Por nuestra parte, creemos que la figura del hereje es un buen modelo para ubicar a quienes son perseguidos y condenados por “ser”, por un lado, y por albergar pensamientos impuros por el otro. Los totalitarismos del siglo XX – para usar una categoría de Hannah Arendt – tienen en común el señalamiento de lo herético y la identificación del “ser” de los sujetos sociales. Los inquisidores ¿qué sos? y ¿con quién estás? para distribuir a pecadores y puros, sustituyen al cotidiano ¿quién sos? y ¿qué hacés?, de la identificación, que se responden con nombre y oficio.

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35 comentarios

  • 1. Pablo Fasoli  |  4 febrero 2016 en 11:13

    Hablando de `clases´,que buena clase de Historia de sartreanos del 30 ,,,la verdad que dificil ser sartreano y nihilista en la Argentina tanto de Peron como en la de gobiernos militares de esas epocas ,,,Me vino a la mente que algunos de estos sartreanos ,sobre todo los descarriados ,,si no se hubieran dedicado a la filosofia hubieran sido tal vez el personaje que interpreta Renan en el “Perseguidor´´ ( peliculas de wellinski ) que es un saxofonista de Jazz existencialista y vive en una permanente alienacion con el medio que lo rodea ,,

    Por otro lado ,cuando Sartre deconstruye el mito de la revolucion ,a pesar de que varios creyentes tal vez se indignen ,,,Ahi me di cuenta de la diferencia entre ser pastor predicador o filosofo ,,,,porque las bibilias no se si pueden contradecirse pero los filosofos tienen ese derecho ,,o por lo menos mas a las anchas que los “`pater familias´´´

  • 2. marlaw  |  4 febrero 2016 en 22:55

    Al menos en el caso de J:J. Sebreli yo me preguntaría, cuanto hay de crítica a la burguesía y cuanto de una secreta envidia encerrada en esa crítica. Al final de cuentas tanto Sebreli como algunos otros, cuando llegan a hacer una moneda, se olvidan del viejo barrio sea este Constitución o Avellaneda y encaran para el Barrio Norte.

  • 3. marlaw  |  4 febrero 2016 en 23:01

    Para ser mas preciso, en lugar de Avellaneda, debí haber escrito Villa Domínico.

  • 4. Marcelo Grynberg  |  4 febrero 2016 en 23:11

    Qué vachaché
    Enrique Santos Discépolo

    Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida.
    Ya me tenés bien requeteamurada.
    No puedo más pasarla sin comida
    ni oírte así, decir tanta pavada.
    ¿No te das cuenta que sos un engrupido?
    ¿Te creés que al mundo lo vas a arreglar vos?
    ¡Si aquí, ni Dios rescata lo perdido!
    ¿Qué querés vos? ¡Hacé el favor!.

    Lo que hace falta es empacar mucha moneda,
    vender el alma, rifar el corazón,
    tirar la poca decencia que te queda…
    Plata, plata, plata y plata otra vez…
    Así es posible que morfés todos los días,
    tengas amigos, casa, nombre…y lo que quieras vos.
    El verdadero amor se ahogó en la sopa:
    la panza es reina y el dinero Dios.

    ¿Pero no ves, gilito embanderado,
    que la razón la tiene el de más guita?
    ¿Que la honradez la venden al contado
    y a la moral la dan por moneditas?
    ¿Que no hay ninguna verdad que se resista
    frente a dos pesos moneda nacional?
    Vos resultás, -haciendo el moralista-,
    un disfrazao…sin carnaval…

    ¡Tirate al río! ¡No embromés con tu conciencia!
    Sos un secante que no hace reír.
    Dame puchero, guardá la decencia…
    ¡Plata, plata y plata! ¡Yo quiero vivir!
    ¿Qué culpa tengo si has piyao la vida en serio?
    Pasás de otario, morfás aire y no tenés colchón…
    ¿Qué vachaché? Hoy ya murió el criterio!
    Vale Jesús lo mismo que el ladrón…

  • 5. marlaw  |  5 febrero 2016 en 12:01

    Chan Chan,,,,

  • 6. marlaw  |  5 febrero 2016 en 12:03

    “Donde hay un mango viejo Gomez” cantaba Tita Merello

  • 7. Marcelo Grynberg  |  5 febrero 2016 en 15:18

    Creo que Discepolo decia que “el tango es un pensamiento triste que se puede bailar”. Pero no se cuan en serio se puede tomar eso (al igual que las letras de sus tangos).

  • 8. philo  |  5 febrero 2016 en 15:41

    Profe hoy

    ••• HOY NO DEJO TÍTERE CON CABEZA•••

    y por casa como andamos????

    ☺☻

  • 9. marlaw  |  5 febrero 2016 en 16:03

    Marcelo se escribierón miles de tangos, hay tangos lìricos, pero también hay muchos tangos instrumentales que ejecutarón orquestas como las de Pugliese o Fresedo, que son todos para bailar.

  • 10. marlaw  |  5 febrero 2016 en 16:12

    Marcelo hubo un autor que escribió muy buena música. Murió joven se mató con su avión en el año 1948 o 1949, se llamaba Osmar Maderna y escribió un tango llamado:”Lluvia de Estrellas” entre otros. Si puede trate de escucharlo.

  • 11. Marcelo Grynberg  |  5 febrero 2016 en 16:54

    Marlaw, no soy tanguero pero reconozco que hay obras muy buenas en ese genero. (e.g. “Cafetin de Bs. As.”). Saludos

  • 12. Marcelo Grynberg  |  6 febrero 2016 en 15:26

    Marlaw: se cruzaron los mensajes. Tratare de buscar y escuchar por internet el tango que Ud. sugirio. Gracias !

  • 13. Marcelo Grynberg  |  6 febrero 2016 en 15:30

    Aqui esta: Lluvia de Estrellas

  • 14. Aldo  |  6 febrero 2016 en 19:14

    Me acuerdo cuando Sebreli fue a intratables ,,, Del Moro , cuando hay invitados tipo Fany Mandelbaun , Juan Car etc , se lees acerca , los abraza , les agradece ,,, cuando lo fue a despedir a Sebrelli yo pensé , lo va a abrazar , da Sebreli esa imagne de viejito , flacucho ,, yo dije Del Moro lo va abrazar a pachuchear como hace con otros ,,, no lo hizo ,,, yo estoy seguro que Sebreli habra pensado lo mismo , este tipo me va a abrazar como a Fany Manbdelbaun

  • 15. Elías  |  7 febrero 2016 en 8:48

    Sobre los cantores de tango: ¿sabían que Carlos Gardel vivió casi 20 años con el plomo de una bala alojado en su pulmón izquierdo? Luego del accidente de Medellin (24/06/35), los médicos encontraron una bala en el cuerpo de El bronce que sonríe. Este hecho dio lugar a una serie de conjeturas sobre un supuesto tiroteo que había ocurrido dentro del avión. Los que conocían al cantante, sabían perfectamente que esa bala había sido el resultado de un ajuste de cuentas por un tema de polleras y la tenía desde diciembre de 1915.
    En mi pequeña biblioteca de unos 200 volúmenes -¿hacen falta más?- tengo una serie de cuadernillos de la serie “Vida y milagros de nuestro pueblo” editados por el Centro Editor de América Latina. Cada tanto me detengo en las páginas de “Los oligarcas” escrito con una habilidad cercana al talento. Su autor: Jota Jota Sebrelli.

  • 16. marlaw  |  7 febrero 2016 en 23:37

    Marcelo disculpeme por abusar de su paciencia, pero en este momento usted es para mi como una suerte de interlocutor válido

    El tango: “Las Cuarenta” cuya música le pertenece a Roberto Grela y la letra a Francisco Garrindo, encierra en una sola frase, todo un tratado de filosofía (Quizá esté exagerando un poco)
    La frase a la que me refiero afirma: “Toda carta tiene contra y toda contra se dá” Lo que en buén romance viene a significar que toda situación, todo hecho, por mas ventajoso o valioso que aparente ser encierra en sí mismo su propia desventaja, su propio disvalor su propia contradicción. Pero el autor no se detiene ahí, sino que también afirma que esa desventaja ocurre, tiene lugar, se produce.

    Gracias por la paciencia..

  • 17. marlaw  |  7 febrero 2016 en 23:56

    Respecto al tango citado mas arriba, por Marcelo algunos intérpretes, llegarón a sustiuir la frase “gilito embanderado” por la de “gilito engominado” para tratar de aludir de este modo a unos personajes arquetípicos que aparecían en el Buenos Aires de antaño. (La Gomina era un fijador que aplastaba el cabello de los caballeros)

  • 18. Marcelo Grynberg  |  8 febrero 2016 en 20:07

    Marlaw, su interpretacion de: “Toda carta tiene contra y toda contra se dá”, es netamente dialectica (hegeliano – marxista). Interesante. Pero aqui nuestro anfitrion parece haber superado (aufheben) ese concepto de la filosofia (reemplazandolo por otros Deleuzianos, tales como: “linea de fuga”, “desterritorializacion”, “devenir animal”, “maquinas deseantes”, “agenciamiento”, etc … 🙂 Saludos !

  • 19. marlaw  |  10 febrero 2016 en 1:19

    Pensándolo bien, ahóra veo, que la gomina no solo servía para aplastar el cabello, sino también las idéas.

  • 20. Pablo Fasoli  |  10 febrero 2016 en 8:15

    Bueno tiro esta joya de Eladia Blazquez,,,,,pense que la letra era de discepolo pero no ,,,es de Eladia y ella misma la canta y dice “voy aprender que se puede morir como una maquina fiel ,,igual que un robot sin piel ´´,,,

  • 21. Marcelo Grynberg  |  10 febrero 2016 en 10:54

    Marlaw, Elias, con Ustedes: Carlitos

    Tenia razon Marlaw. “Gilito embanderado”, cambia aqui por “Otario Engominado”. En cualquier caso, el espiritu del tango es tristisimo. Hay que cuidarse de ese pathos. No ayuda a vivir …

  • 22. rodolfo lópez  |  10 febrero 2016 en 15:46

    Marcelo, Marlaw, Elías, Pablo, amigos: recién bajé de un colectivo 114 con reminiscencias tangueras, en espejos, luces y fileteados; pero con asombrosa leyenda central que remataba: “No llores por lo que está terminado. Sonríe por lo vivido”. (!)
    En un bondi tanguero justamente vengo a encontrar respuesta a mi contradicción respecto del género: el gusto que llega a ser pasión por la música y letra de tantos tangos (son magnificas las que Uds reproducen, leí atentamente los comentarios) y percibir en mi interior que el tango murió hace tiempo.
    La frase del bondi despeja esas dudas: los dos sentimientos son compatibles -en una persona-, los horarios deben ser distintos, ja ja.

    En gustos hoy me inclinaría por “Toda mi vida” de J. M. Contursi y A. Troilo, y por “Como dos extraños” de P. Laurens.
    De muchacho solía tararear el que dice

    “te busqué sin darme paz
    por cariño nada más
    y ahora no me conocés!”

    Tenía LP con extraordinaria versión de Ängel Vargas -A. DÁgostino.

    Para terminar dejo una duda ¿no habrá matado finalmente al tango la misma bala cobarde que no se atrevió con Carlos Gardel?

  • 23. Elías  |  10 febrero 2016 en 22:05

    Marcelo, las sustituciones mencionadas por Marlaw, no sólo se dieron en las letras de los tangos. La bonita página de Manuel Oscar Campoamor titulada ” La cara de la luna”, en su origen, tenía otro nombre un tanto picarezco: “La c… de la L…”

  • 24. Marcelo Grynberg  |  11 febrero 2016 en 12:56

    Rodolfo, Elias: gracias por sus mensajes.
    Saludos.

  • 25. Elías  |  11 febrero 2016 en 23:10

    Un gusto leerlo Rodolfo. Acá llueve. Afuera es noche y llueve tanto. No creo que el tango haya muerto. Se trata de la evolución natural de las cosas.
    Esto no está del todo mal…

  • 26. marlaw  |  12 febrero 2016 en 19:20

    Rodolfo, Elias. Magu Trench no está pasando por un buén momento, pero manda sus saludos a todos sus amigos en este foro.

  • 27. Marcelo Grynberg  |  12 febrero 2016 en 19:45

    Escuchen el primer movimiento de este cuarteto de cuerdas de Edward Grieg (Nro 1, Op 27) escrito en 1877, cuando todavia el tango no existia.

    Creo que esta parte de la obra tiene cierta afinidad con los futuros acordes rioplatenses.

  • 28. marlaw  |  12 febrero 2016 en 19:59

    Para todos: Yo omiti evocar a Pedro Laurenz, porque últimamente la memoria me viene fallando. Debo venir con algunas bujías empastadas (jahh), pero tampoco debemos olvidar al maestro Horacio Salgán y a su tango “A fuego lento”

  • 29. marlaw  |  12 febrero 2016 en 20:20

    Con respecto a las omisiones y los cambios en las letras y los títulos de algunos tangos, también habria que recordar que por un Decreto de la Revolución de 1943, con el objeto de proteger: “la moral y las buenas costumbres” ese gobierno militar obligó a sus autores a modificar el título y las letras de algunos tangos entre ellos el tango: “Los Mareados” de Cobián y Cadícamo. Al parecer su primer título fue:” Los dopados” .

  • 30. marlaw  |  12 febrero 2016 en 21:48

    Marcelo mi relación con la música fue muy cambiante. A los cinco años de edad, mi madre que era profesora de piano, me mandó a estudiar música. Yo estaba encantado con mi maestro de música haciendo mis primeros garabatos en los cuadernos Istonio que venían con el pentagrama impreso. Soñaba con ser violinista. Pero la alegría me duró poco. Mi padre me saco del conservatorio, porque el quería que aprendiera a leer y a escribir.
    Años mas tarde cuando agarre la calle, la música culta comenzó a ser para mi, cosa de mujeres y de maricones.
    Desde el comienzo de mi adolescencia ya en el Colegio Nacional, me interesé por la música de Jazz. Tenía un compañero Mario Litwin que hacia maravillas con sus manos en el piano, ejecutando música de Jazz. La música culta recién volvió a mi por obra del cine cuando ya mayor comencé a ver con mucha frecuencia el cine de Ingmar Bergman El primer disco LP que me compré fue uno de Johann Sebastian, el segundo uno de música barroca de los Solistas de Zegreb, que lamentablemente perdí. Al tango le entré entré entre los 30 y los cuarenta años, cuando comencé a tener história, (aunque también de muy chico canté algunos tangos junto a mi madre al piano) En definitiva con esos géneros músicales luego me quedé. En cuanto a la música de rock aunque se me pegarón algunos temas, pasó de largo sin pena ni gloria. Fui a ver una película de los Beatles El submarino amarillo, cuando estos estaban de moda, pero esa música no logró conmoverme. Años mas tarde casi ya en fecha reciente, comencé a pensar que la música de rock tuvo tanto impacto en nuestra juventud porque su ejecución no requería estudiar música Sabiendo un par de acordes con la guitarra, cualquiera formaba una banda de Rock.

    Saludos

  • 31. marlaw  |  12 febrero 2016 en 23:16

    Marcelo hablando de afinidades, a mi juicio existe una notable similitud entre uno de los movimientos de Scheherazade; de Rimsky-Korsakov y Boléro de Ravel. Uno no sabría decir quién trató de plagiar a quién.

  • 32. marlaw  |  13 febrero 2016 en 0:18

    Marcelo:
    Con respecto a Grieg lo que mas he escuchado es Peer Gynt, pero al igual que con su contraparte Sibelius me ocurre que cuando escucho esa música desoladoramente triste (Usted que tanto rehuye la tristeza), cierro mis ojos, y me siento en medio de la tundra conduciendo un trinéo tirado por renos. Me muero de frío aunque haya una térmica de 40*C.

  • 33. Marcelo Grynberg  |  13 febrero 2016 en 10:55

    Marlaw: creo que era Nietzsche el que decia que la vida sin musica seria un error. En los escritos de Adorno, mas de la mitad de ellos se ocupan de musica. Casualmente, hace poco encontre una seleccion de ellos en un libro (corto), titulado “Sobre la Musica”, editado por Paidos (serie: pensamiento contemporaneo), del año 2000.

    Que lastima que no pudo Ud. proseguir con los estudios del conservatorio. Mi madre tambien me envio al Colegium Musicum, pero decidi interrumpir por voluntad propia. Ahora me arrepiento enormemente de ello. No se leer las notas, ni ejecutar ningun instrumento, solo me limito a escuchar. Que tristeza ! (no siempre se puede rehuir de ella). Una de las primeras melodias de mi infancia fue el cuarteto “La muerte y la doncella” de Schubert (#) Mi padre lo escuchaba muy a menudo. Hasta el dia de hoy su melodia sobrenatural sigue resonando en mi vida.

    (#) Posterirmente orquestado por Gustav Mahler.

    Muchos Saludos !

    PS. Creo que Heidegger (%#*@ !), luego de escuchar esta obra, dijo: “con la filosofia no podemos hacer esto”.

  • 34. r .nadaud  |  13 febrero 2016 en 12:44

    Schoëmberg : un film sobre la Memoria :’La Dama de Oro’.

  • 35. rodolfo lópez  |  13 febrero 2016 en 14:55

    Magú, que pase pronto este mal momento. Mucha suerte. Saludos. (gracias Marlaw)

    Marcelo y Elías, gracias por los interesantes conceptos, y por la bellísima música.

    Nadaud, me gustó la película. Pero una vez terminada, antes de los créditos, un letrero dice que el cuadro quedó finalmente en EEUU y no en Viena (espero no equivocarme de ciudad), como había concedido en el debate histórico-jurídico la heredera. Y le hace perder -restrospectivamente- fuerza y verosimilitud al argumento. Saludos.


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