LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 179

28 enero 2016 at 20:00 6 comentarios

Sartre nos habla de la niñez, de la ejemplar infancia de Genet. No tuvo herencia ni nadie que lo deseara. Nació por inconveniencia. Fue un hijo falso. Abandonado por su padre, rechazado por su madre, transitó sin solución de continuidad de niño sabio a granuja.
El Bien le fue inaccesible desde el momento de su nacimiento. El valor mencionado tiene contenido preciso: trabajo, familia, patria, honradez, propiedad.
Al carecer – ni siquiera puede decirse que fue despojado de lo que nunca tuvo – de bienes, pregunta Sartre: ¿cómo se puede ser inocente?
El rechazo posterior que provino de la sociedad completó el rechazo materno que lo hizo indeseable hasta en su ser. No fue el hijo sino el excremento de esa mujer-madre.
Un hijo de nadie no es nada. Dice el filósofo que por su culpa, un agujero se ha introducido en el buen orden del mundo, una grieta en la plenitud del ser.
Al niño Genet le dan albergue y comida, nada recibe que no sea un regalo, y ningún gesto le corresponde sino es el del agradecimiento.
En una sociedad en la que el ser se define por el poseer, hay dos juegos favoritos a merced de quien se define por la insuficiencia de ser o por la penuria: la santidad, o el hurto.
Por eso Genet se apoderará en concreto de las cosas para no dar las gracias. Desde el robo de una manzana hasta los posteriores apoderamientos, las entradas a la cárcel fueron siempre una más que las salidas. A pesar de eso, quiere ser como los otros, pero la moral del propietario lo arroja a la vagancia y a la bastardía.
Sartre muestra sin tapujos su compasión por el niño Genet, pero evitará que sea cristiana, su inspiración no será la de Jesús sino la de dos de sus cercanos compañeros: Judas y Barrabás, el traidor y el ladrón.
Acusa a la sociedad impiadosa: “volvámonos a las personas honradas y preguntémosles porqué extraña crueldad han hecho de un niño su víctima propiciatoria” (32). Estos niños son parte de una pequeña casta de intocables a las que nuestras sociedades han encargado de encarnar el mal.
Sartre pregunta: “¿Qué le sucede al miserable en quien el hombre honrado ha proyectado todos sus malos deseos, su sadismo, sus impulsos homicidas y sus sueños de lujuria?” (45).
Prosigue su pensamiento de acuerdo a una verdad que dice que la franja moralizadora de la sociedad no hace más que segregar sus vicios ocultos y depositarlos en seres indefensos.
Está fascinado por Genet niño, asombrado de que en tan temprana edad, y por sí mismo, en una fase de la vida en que todos viven bajo custodia, protegidos por sus mayores, haya elegido una forma de resistencia para crear su propia identidad, la dignidad del excluído.
“Yo admiro profundamente a este niño que se ha eligido a sí mismo (yo seré ladrón) sin desfallecimiento a una edad en que nosotros nos ocupábamos en hacer bufonadas servilmente para complacer a los adultos. Una voluntad de sobrevivir tan feroz, un coraje tan puro, una confianza tan loca en plena desesperación darán sus frutos. De esta resolución absurda nacerá veinte años después el poeta Jean Genet.” (61)
Sartre habla de sí sin hacerlo explícito, recién lo hará en “Les mots”, la autobiografía de su infancia en la que se considera un monigote mimado y seducido por su madre y su abuelo materno, que le hicieron creer que era un geniecillo que se merecía los bienes de este mundo. Entre ellos el talento de escribir que le permitiría destacarse por encima del común de los hombres.
Genet no quiere regalos, pero menos quiere comprensión o ternura. Su enemigo no es el policía ni el juez o el carcelero, sino la burguesía liberal. La que lo ablanda y lo incluye en el grupo como un desfavorecido por la fortuna y crea así una posibilidad moralizadora para que los agraciados por la vida, tengan la oportunidad de embellecerse aun más con un gesto caritativo.
Genet los odia, tanto como Sartre.
La dignidad no se adquiere por la inclusión en el sistema, sino con el refuerzo de la exclusión. Con la reinvindicación orgullosa, solitaria e ineficaz que continua la inercia hacia el mal.
Sartre dice que Rimbaud quería cambiar la vida, Marx transformar la sociedad, y que Genet no quiere cambiar nada. Sólo quiere convertir la dependencia absoluta en suficiencia absoluta.
Pregunta: “¿Cuál es la estructura intencional de su voluntad de ser malvado?”. Sartre no deja de ser filósofo, en el sentido de hacer un juego regresivo y progresivo entre un caso singular y lo que llama la `condición humana´. Una de sus características es la ambigüedad, un desdoblamiento, un pliegue, que resulta de la dinámica de la conciencia que perfora la realidad y la convierte en posibilidad.
No se es cobarde, dice, ni valiente, como una pared es blanca o negra. La cobardía o el coraje, son posibilidades, pues “somos seres cuyo ser está perpetuamente en tela de juicio”. Agrega: “Toda decisión emana de una libertad pura y no calificada que tiende a darse un ser, sin que por lo demás lo consiga nunca enteramente…Es un ser en sí, o para otro, pero no es un ser para sí mismo”. (73).
Este es el fundamento de la moral sartreana, la idea de una libertad que no se erige como valor o como imperativo ético, sino como resultado de la condición humana definida por esta entidad llamada “conciencia”. No se trata de que el hombre sea el único ser que puede darse fines que trasciendan las determinaciones, las causalidades, o el mecanismo natural. Sartre no sigue los imperativos del racionalismo del siglo XVIII. Todo eso es el resultado de una conciencia que nunca puede adherirse a sí misma, y que está condenada a eligir.
Hay un peso y una responsabilidad que se desprenden de la estructura intencional de la conciencia, no se trata sólo de una libertad concebida como un `querer hacer lo que se quiera´, no es la voluntad que perfora la fatalidad, sino la inevitabilidad de lo posible.
Genet le interesa al filósofo porque `elegió ser ladrón´, no sólo robar sino darse una identidad contra los otros, contra el destino social que lo condenaba a ser un menestoroso o un agradecido, y partir de una formación reactiva llegar a la afirmación de sí.

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6 comentarios

  • 1. r .nadaud  |  29 enero 2016 en 13:24

    Goytisolo escribe cosas intensas acerca de Genet.
    y que prosa.

  • 2. marlaw  |  29 enero 2016 en 17:33

    Nadie elige el lugar, y el momento en que nace: Es algo determinado por fuerzas obscuras, que algunos llaman Destino, y otros biología. Los científicos han encontrado una receta para explicar lo inexplicable, mejor dicho encontrarón una palabra.Con ella se puede explicar tanto el origen de la vida, como así también el origen del universo. Cuando se agota la posibilidad del análisis matemático que analizan relaciones y el cáculo de probabilidades que superan con creces cifras astronómicas con relación a uno (1) queda esta palabra como último recurso llamada: “accidente”
    Todo cuanto nos rodea e inclusive nosotros mismos, no seríamos nada mas que un accidente, a partir del cual todo cobra, no sé si sentido, pero al menos movimiento.

  • 3. philo  |  29 enero 2016 en 19:29

    Me gusto profe.
    No conocía a Genet, leí antes algo sobre él.
    “darse una identidad contra los otros” creo que ese es el punto
    Me quede pensando…un hijo de nadie que busco la forma de no ser nada

  • 4. Pablo Fasoli  |  30 enero 2016 en 6:24

    Hay veces que la sociedad toma la orfandad como una desgracia y no quiere admitir que una de sus instituciones mas siniestras como puede ser el matrimonio puede ser mas infernal que carecer padre y madre ( sobre todo para sus hijos -victimas) ,,,hay veces que es mas sano no haber tenido padres ,,porque muchos padres han arruinado a sus hijos por eso el hecho que le ocurrio a Genet tal vez no fue del todo una desgracia ,,tal vez hasta le vino bien ser ladron ,,por un tiempo al menos y que el bien le haya sido inaccesible desde su nacimiento tal vez le haya sido un bien ,,ya que para muchos el bien fue un valor impuesto de nacimiento y no auto naturalizado concientisado ,,, pero que buena pregunta la de Sartre cuando pregunta ¿Cuál es la estructura intencional de su voluntad de ser malvado?,,,,ese ir a la molecula mas micro del adjetivo ( como buscar el big bang de la cualidad ) y no valorar por el adjetivo en si ,,y que la cobardia y la valentia son posibilidades y nadie es `àlgo en si ´ por suerte nos quedan algunas libertades ,,,esta bueno ,,pero la cultura le encanta decir `tal es bueno ´ “tal es malo´´ ( la sentencia social suena a que ya es asi y no puede ser de otra manera ) ,una vez escuche una frase sabia de Ranni aparte de su talento como actor ( a veces patetico ) de policiales argentinos de los 70/80 cuando dijo `nadie es realmente malo ,ni nadie es realmente bueno ´´ y tal cual ,,condenar a alguien a ser un santo debe ser una tortura ,,mas cuando te lo hacen en vida y estas condicionado a ser un santo viviente por largo tiempo y en un pueblo chico ,,como el cuento de Borges del hombre que va a un campo predica la biblia y los peones del campo los confunden con Jesus y lo crucifican ,, por eso esta bueno que la valentia o la cobardia sean posibilidades y no imposiciones externas o internas ,,,y si Genet elijio ser ladron ,, tal vez era lo que tenia que ser en un momento dado ,,seguramente por una presion importante ,,o tal vez era su vocacion ,y tal vez fue mejor eso que ser un hijo acomodado de padres perfectos donde todo esta dado y ya no hay presion por horadar y el ser se vuelve un flan sin dulce de leche ,,,,porque a veces para tener la pasion de buscar una libertad , buenos encuentros y deseo de potenciarse, generalmente hay que tener una presion externa , una molestia de la vida ,,,el ardor de una herida que no sana ,,,

  • 5. marlaw  |  30 enero 2016 en 17:21

    Como decía un amigo en esas reuniones nocturnas, alrededor de varias tazas de cafe: A los padres habría que matarlos de chiquitos cuando recién nacen, para que luego no joroben

  • 6. Alejandro A  |  1 febrero 2016 en 0:33

    En algún momento de nuestra historia, por cuestiones climáticas o lo que sea, el hombre ya no pudo sobrevivir con la sola recolección de frutos y raíces. Debió salír a los lindes del bosque y cambiar su dieta. Los llanos le exigieron erguirse sobre las patas traseras para ver mas lejos y aventar el peligro. Perdió un poco del equilibrio que le daban las cuatro extremidades en tierra y debió compensar las nuevas carencias con el desarrollo de una enorme violencia que le permitiese cazar animales que a veces pesaban dos o tres veces más que él. Se cazaba en grupos. Sobrevino la primera división del trabajo entre homínidos que salían a cazar y homínidos que se quedaban a cuidar las crías. El alimento se tornó muy difícil de conseguir, los que volvían ya no podían compartir la caza con todos y tuvieron que elegir alimentar sólo a las crías de aquellas hembras con las que convivían o tenían alguna afección y sabían -sin el auxilio del maravilloso ADN que eran propias- La violencia del dia o las frustraciones, o la bronca de una vida azarosa se traslada a veces a la hoguera en torno a la que comienza a organizarse la “Familia”. un grupo de gente que tiene hambre en común. Aquí empieza Engels su historia señalando los primeros tabúes al deseo. Somos hijos de las necesidades no de dioses, somos hijos y nietos de sobrevivientes de todas las catástrofes imaginables, quizás seamos nomás un verdadero milagro.
    Hay una enorme cantidad de huérfanos que no son ladrones ni pederastas como Jean Genet, “Gens” que formó familias de gente ejemplar y desearían por todos los medios haber tenido un padre o una madre aunque sean diabólicamente malos.
    Mersault, de quien se aprenden los extraños dolores de una existencia que a veces lo tiene todo, mata porque el sol le da en los ojos, y el calor y el sudor no le permiten ver con claridad. Sólo sabe que en ese árabe que lo enfrenta él tiene antíguas afrentas que vengar.


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