LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 178

26 enero 2016 at 13:35 17 comentarios

Vuelvo a Leis. Dice que en las reuniones de los Montoneros discutían el alcance de la justicia revolucionaria una vez conquistado el poder. Calculaban medio millón de fusilamientos. De este modo evoca lo que juzga como un delirio de muerte. Respecto de nuestro presente, afirma que las Madres de Plaza de Mayo fueron sujeto y objeto de una manipulación terrible, a la vez que brutal como exitosa.
Insiste en que las Madres y el kirchnerismo al borrar rastros de las muertes del otro bando, hicieron lo mismo que los militares con los desaparecidos. ¿Qué decir de esta frase de Leis? ¿Qué quiere provocar? Ya no está entre nosotros para ampliar su juicio, para completar una oración que se muestra como una declaración de principios.
Leis quiere mostrar que en los setenta hubo una guerra sangrienta en la que todos los participantes comparten la responsabilidad, y que la única solución para superarla e iniciar una nueva era, es que todos los implicados se arrepientan de sus actos, y que ofrezcan como prenda de sacrificio la confesión de lo que considera sus crímenes. Fue una cultura de violencia y de muerte.
Cita a Todorov que dice que no es suficiente con hacer justicia. La justicia es punitiva, pero no es reparadora: no se preocupa por el bien de la humanidad. La verdad al no ser siempre consensuada, deja un recurso que es la confesión individual. Es lo que Leis hace: pide perdón.
Otra referencia es la que selecciona del pensamiento de Nietzsche que dedicó largas páginas al tema del resentimiento. Recuersa Leis que para el filósofo alemán, el resentimiento surge a través de una operación sugestiva, mediante la cual el odio de los vencidos es transfigurado en una victoria moral.
Y termina con una predicción: “A título de ilustración me permito aventurar que al final de la era Kirchner, el país podría asistir a un nuevo ciclo de violencia entre argentinos” (pag 85).

Los hasta ahora convocados se remiten a lo acontecido en la década del setenta. Los que eligieron el camino de la lucha armada no se inspiraron en el pensamiento de Sartre a pesar de su prólogo combativo del libro de Franz Fanon. El filósofo hacía años que no estaba vigente para las nuevas generaciones de lectores. Si de lecturas se trata, más importante fue la que pequeños grupos realizaban sobre los textos de Louis Althusser, que proponían una renovación del pensamiento marxista, y que empleó la palabra “revolución” a destajo.
Sostener que la filosofía de Marx era la única depositaria del cambio revolucionario de la sociedad, diferenciarla de todos los reformismos y del humanismo socialista, darle legitimidad teórica a la acción política con recursos de una epistemología que se autodenominaba científica, creó una nueva vertiente ideológica en los grupos revolucionarios.
Había un motivo ya no sólo político sino teórico para rechazar el revisionismo soviético y su política de coexistencia pacífica a la que se juzgaba oportunista y alejada del ideal leninista. Ofreció al maoísmo un sostén teórico, y atrajo también a grupos peronistas que elegian la vía revolucionaria en desmedro de todo nacionalismo burgués.
Ya se tenía el antecedente de un personaje como Régis Debray, discípulo de Althusser, que con textos y con su participación en la guerrilla del Che, unía aquellos puentes entre la teoría y la praxis.
La presencia de Sartre en la cultura argentina fue anterior. Surge a partir de los inicios de la década del cincuenta del siglo pasado, y durante más de una década guía a una generación de intelectuales que hablan en su nombre, ya sea desde la literatura o el ensayo.
Las mismas dificultades que tenía Sartre en Francia de ser un intelectual comprometido e inorgánico a la vez, la tuvieron sus pregoneros en nuestro país. Además por partida doble. Porque a la crítica que se llevaba a cabo al Partido Comunista que representaba a la patria socialista, se le sumaba el hecho de que la masa era peronista, y el peronismo era un movimiento no catalogable en los términos tradicionales de la politología dominante.
Los sartreanos elegidos para esta nueva muestra representativa son Oscar Masotta, Carlos Correas y Juan José Sebreli. Ninguno de los tres tuvo experiencia política, ni siquiera se constituyeron en ideólogos de una filosofía común. Bebieron de una misma fuente, pero con paladares diferentes. Les sumo a un escritor: Abelardo Castillo, quien en más de un sentido puede ser considerado un sartreano de los sesenta.
Abelardo era dramaturgo, cuentista, editor de revista, polemista, no escribía ensayos ni textos teóricos. Lo hacía muy sartreano su propósito de ser un intelectual comprometido y libre, partícipe de una izquierda independiente, con una prosa filosa, pero más aún el hecho de encarnar a un personaje de Sartre: Mateo.
El protagonista de “Los caminos de la libertad”, en sus tres tomos, fue el modelo del macho literario argentino de la década del sesenta. Sin duda que podía tener antecedentes en la literatura norteamericana a la que Sartre era afecto, pero con Mateo le agregó la pátina intelectual que sedujo definitivamente a los nuestros por su porte parisino.
Saint Germain de Près brillaba sobre las calles de Manhattan.
Este personaje debía ser escritor, joven y avejentado por su escepticismo. Involuntariamente seductor, en especial de mujeres que se rendían a sus piés con la finalidad de animarlo un poco y de remediar su soledad libremente elegida junto a su indiferencia hacia todo, salvo la adherencia que tenía consigo mismo.
Este golem llamado Mateo, no podía dejar de odiarse, un sentimiento que era parte de una pasión autoconvocada que lo tenía por centro de un mundo gris y aburrido. Era escritor, aunque ya no le interesaba serlo. Por supuesto que tenía talento, pero ¿para qué le servía en ese mundo de mierda? Con una novela que mostraba que tenía con qué llegar a la inmortalidad, su desidia y una fisura interior lo cubrían con un manto depresivo que no le permitía disfrutar de los bienes terrenales. Se acostaba con bellas mujeres, pero no le pasaba nada, sólo el orgasmo y el cigarrillo poscoital. Si una dama valía la pena, la perdía por su torpeza existencial. Los amigos estaban intrigados por este hombre que prometía y decepcionaba a la vez.
Martín de Ernesto Sábato, Oliveira de Cortázar, Rienzi de Piglia, con el antecedente emblemático de Erdosain, un presartreano de Buenos Aires, y Abelardo Castillo como personaje homónimo de sí mismo, todo esto trasunta un gran amor del escritor por su sosías.
La literatura y la mujer, el macho desencantado y el rufián melancólico, la hembra misteriosa e inalcanzable: la Maga, Alejandra; el haber sido elegido el centro de una intriga cósmica de la que apenas descifraba los signos proféticos, ser autor de un libro por escribir y nunca terminado o el ya escrito y olvidado, un pasatista, un flâneur, un voyeur morocho y sarcástico, el maldito de alguna trama monótona o el testigo de una revolución imposible, todo estaba preparado para que Sartre reinara en la Argentina posperonista, la de la Libertadora.
A este muestrario de modelos literarios que forjaban vidas concretas y diseñaban nuestro propio mundo de ficción, nuestro “yo” de lector, y su correspondiente superyó de autor, se le agregó una nueva figura sartreana que subyugó a sus discípulos argentinos: el bastardo. Y su nacimiento tuvo su espacio de construcción en un libro: “Saint Genet, comédien et mártir”, escrito en el año 1952, traducido al castellano quince años después.
Todos los lectores y críticos de la obra hablan de su longitud, más de seicientas páginas. Superaba en extensión a lo escrito por su referente. Sus lectores argentinos de los años sesenta muestran desconfianza recíproca en cuanto a la completud de sus lecturas. Se acusan mutuamente de solapear el libro o de haber leído fragmentos dispersos. Pocos tenían acceso al original francés, pero se inspiraron en su contenido imaginado y en una virtualidad tácita de acuerdo a antecedentes. El apuro por conprenderlo y trasmitirlo antes que nadie, se distribuyó con ecuanimidad.

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17 comentarios

  • 1. philo  |  26 enero 2016 en 20:40

    Me causo gracia lo de la la hembra misteriosa e inalcanzable….pero si, así se contruyen los estereotipos

    le transcribo un lineas de Roberto Arlt

    ¿quien no ha dejado pasar a una desconocida?…los recuerdos se amontonan en gavillas y cada instante pesan más…..pesan con la densidad de los placeres perdidos que pudieron ser sabrosos…que prometía un país nuevo….”felicidad, felicidad que tiene los talones fugitivos y dorados como los de una geisha” (dicen los orientales)

    si supieran como pensamos las mujeres…..jajaj no se los voy a decir

  • 2. Marcelo Grynberg  |  26 enero 2016 en 21:39

    Philo: Cuando era ni\~no (10 – 11 a\~nos) me gustaba una chica de la escuela. Analia se llama(ba); me le ‘declare’ (en esa epoca se decia asi), pero me rechazo diciendo que le parecia muy infantil … Hasta el dia de hoy no he logrado recuperarme … 😦
    Sigo pensando en ella y en que hubiera sido de mi vida de haberme dado bolilla.

    En cuanto a lo infantil, sigo siendo un gran admirador de los personajes de la Warner Brothers: el pato lucas, bugs bunny, silvestre, tweety, la abuelita, el gallo claudio, el zorrillo pepe le puf, todos insuperables.

  • 3. Elías  |  27 enero 2016 en 12:58

    Disculpen que reitere una anécdota tan conocida. Pero es genial:

    Abelardo Castillo: Borges, ¿qué piensa usted de Sartre?

    Borges (tartamudeando y sonriente): bueno, caramba, yo no suelo pensar en Sartre.

  • 4. Aldo  |  27 enero 2016 en 14:49

    por que dice que Sartre ya no estaba vigente en los lectores de esa época ? en donde ? en la universidad , en las librerías ? en Francia en Argentina ? la mezcla entre lo universaal y particular , seria Francia y Argentina , no se si se puede vivenciar en el escrito sobre los 70 aunque, me tomo la precaucion. Todo tiene que ver con todo , lo universal no deja afuera lo particular y viceversa , pero ponga el ojo Abrahm en alguna cerradura que intente ver algo mas alla de los neo-prejuicios de tipos como Leis o Loperfido , ninguno de los dos merece tanto juicio , son opiniones como la de Pando , que eso esta en parte de un sector de la sociedad ,,, por que no trata los trabajos de el ex espia , periodista , cuentista , politico , ,,,,,el Tata Yofre

  • 5. Tomás Abraham  |  27 enero 2016 en 16:06

    aldo
    padecés de algún malestar estomacal? Dispepsia? Gastritis? dice que un antiácido alivia.

  • 6. Alejandro A  |  27 enero 2016 en 18:57

    Otra anécdota: Exiliado en Inglaterra Chaplin visita una plaza de pueblo donde hay un concurso de imitadores de Chaplin y decide participar. Salió tercero.
    El mecanismo de apropiación de la historia por parte de quienes se han erigido en sus distribuidores exclusivos es tan perverso y extravagante que que no pueden hablar de los hechos ni aún los propios protagonistas, es mas, estos no tiene permitida ni la autocritica. Ahora hay gente que tiene mayor autoridad para autocriticarse (per se et per altro)

  • 7. Alejandro A  |  27 enero 2016 en 19:00

    Marcelo Grynberg: Encontrar nuevamente a esa niña podría ser un proyecto altamente motivador. Visítela y pregúntele si sigue pensando lo mismo.

  • 8. Marcelo Grynberg  |  27 enero 2016 en 20:02

    Alejandro: me parece que la boluda se caso con un rabino. Ademas ya debe ser una vieja horrible. Gracias igual por la sugerencia.

  • 9. Elías  |  28 enero 2016 en 9:03

    El principal problema que tenemos los argentinos es nuestra falta de madurez. Creo que la principal grieta que divide a la sociedad consiste en el rechazo mutuo que manifiestan los ciudadanos que admiran a los personajes de la Warner Brothers mencionados por Marcelo (pato Lucas, Silvestre, Tom y Jerry etc etc) y los acérrimos defensores de los personajes creados por García Ferré (Hijitus, Largirucho, Neurus etc.etc.)

  • 10. Marcelo Grynberg  |  28 enero 2016 en 19:50

    Elias: No hay grieta en nuestra sociedad. Tambien admiro a los personajes de Garcia Ferre. A su lista agrego: pucho (el tanguero), serrucho, oaky, el millonario gold silver, la bruja cachavacha, pichichus, el comisario correntino, raymundo (el huerfano adoptado por Larguirucho), y no me acuerdo mas … Pero confieso que con los de la Warner me he reido hasta las lagrimas.

  • 11. marlaw  |  29 enero 2016 en 4:59

    Alejandro comparto su comentario. Eso que también ocurrió y ocurre entre nosotros debe ser una de las formas de la usurpación y también de la estafa moral.Marcelo recientemente estuve hurgando en la Web, para tratar de recordar el nombre de un comics que me divertía mucho de jovén”Los autos locos” de Hannah Barrera, junto con el “Correcaminos”Creo que los creadores del Rally Dakar se inspirarón en esa serie

  • 12. marlaw  |  29 enero 2016 en 6:19

    Profesor tengo en alta estima al semiólogo Tzvetan Todorov, en parte por su nota publicada en El País de España, y en La Nacion de Buenos Aires: “Viaje a la Argentina”, con motivo de la ESMA y también por su Libro: El Descubrimiento de América (El problema del otro); pero no es cierto que el Derecho no se ocupe de la reparación del daño. Lo hace pero dentro del Código Civil. El Código Civil vigente en nuestro país que seguía a pié juntillas al Código Civil Francés, mantenía la misma tesitura. Lo que ocurre es que tanto en el caso de la muerte, como de las lesiones graves, (Cito a estos ejemplos, solo por el hecho de ser los mas graves) la reparación se hace estimando el valor pecuniario del daño, pero en verdad, tanto para las víctimas como para sus deudos, ninguna suma de dinero, resulta suficiente para poder restituir la vida, o la integridad física de una persona.

  • 13. Elías  |  29 enero 2016 en 7:53

    Estimado Marcelo, suponiendo que nuestros comentarios no son del todo inocentes en simbolismos, prefiero vivir en un país dividido por ciudadanos que admiran a personajes felizmente imaginarios y no en otro donde la grieta se debe a personas tristemente reales.

  • 14. Marcelo Grynberg  |  29 enero 2016 en 10:11

    Elias, Marlaw: en un mundo de crueldad y de odio, el recuerdo de nuestra infancia -si esta fue feliz- nos ayuda en parte a reparar la vida que posteriormente se dañó. Saludos

  • 15. philo  |  29 enero 2016 en 22:12

    Marcelo…mi pregunta ahora es: ¿porque se alojan ciertas personas en la mente y es imposible sacarlas?

    Y que hubiese sido de su vida si ella le hubiese dado bolilla?
    Otra pregunta…¿porque siempre queremos saber de un vida que no fue?

    tal vez…(y delirando)…en un universo paralelo… la persona esta con nosotros y la vida fue…

  • 16. Marcelo Grynberg  |  29 enero 2016 en 22:53

    Philo: tene en cuenta que solo tenia diez u once a\~nos, cuando todavia uno es muy sensible, asi que la experiencia del rechazo (o del primer dolor) me pego fuerte. Si me hubiese dado bola, tal vez no seria el que soy ahora, aunque la historia contra-factica es muy dificil o imposible de fundamentar. Tambien cabe la cuestion de saber si uno “es” real … Algunos locos (como Hugh Everett), suponen que la mecanica cuantica tendria una explicacion muy natural en terminos de universos paralelos. Tal vez, en alguno de ellos la gente sea feliz, pero se me ocurre que lo mas logico es tratar de estudiar como reparar o hacer mas habitable el nuestro (voto a Marx 🙂 Saludos

  • 17. Eduardo Reviriego (Daio)  |  9 febrero 2016 en 10:01

    Sobre el tema que plantea Leis es casi imposible que en algún momento podamos llegar a estar de acuerdo. Y eso no está mal. Al contrario, si todos pensáramos como él, algo habría andado mal. Probablemente eso sería producto de un engaño o de una imposición desde quienes controlan el Estado. El pasado siempre debe estar abierto a su revisión, a su crítica y el gobernante no debe inmiscuirse en ese debate tratando de imponer una versión oficial del mismo.


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