LA ENSEÑÁNZA DE LA FILOSOFÍA 175

19 enero 2016 at 19:45 1 comentario

Tiempo después Leon Rozitchner escribe un texto en respuesta a la carta de del Barco. En realidad, era uno de las decenas de escritos que proliferaron en varios formatos, hasta que un editor con el beneplácito del autor de la breve carta, resolvió publicar la contienda. La compilación tiene dos tomos. El alarde de sapiencia, de citas y referencias a la cultura universal de parte tanto del iniciador del asunto como de sus replicantes, son una muestra de fisioculturismo intelectual en el que lo más valioso es la competencia de los protagonistas.
He seleccionado el de Rozitchner porque lo considero un jefe ideológico ejemplar de la intelectualidad de la izquierda revolucionaria nacional.
Su escrito se llama “Primero hay que saber vivir” (Del vivirás materno al no matarás patriarcal).
Cita al ex guerrilero guevarista Cito Bustos que rememoraba al Ché cuando les decía: “A partir de ahora consideren que están muertos. Aquí la única certeza es la muerte, tal vez algunos sobrevivan, pero consideren que a partir de ahora viven de prestado” (L.Rozitchner, “Acerca de la derrota y de los vencidos”, Quadrata, pag 40).
Otro recuerdo de Rozitchner es el de un amigo entrañable muerto en un enfrentamiento desigual, que al salir de la cárcel de Devoto en tiempos de Cámpora, decía: “me di cuenta de que la muerte individual no existe, que la vida verdadera es la del pueblo, no la de uno mismo”.
León también se refiere al acontecimiento que provocó la carta de del Barco, la muerte de los dos guerrilleros en manos de sus compañeros. Dice que el llamado comandante segundo, Masetti, es quien determinará el destino de los muertos. Tiene derecho por investidura de jefe, porque el es el que más se arriesgó, el que tiene su vida en suspenso, y desde ese lugar está autorizado a exigir que cada uno del grupo ofrezca la suya como él lo sigue haciendo. Rozitchner considera que esta postura deriva de “un fundamento ético irrefutable”.
Afirma que los fusilamientos de Adolfo Rotblat y Bernardo Groswlad por orden de Masetti en los años 1963-64 no pueden inscribirse en una reflexión que gire alrededor de un “no matarás” abstracto. Le sorprende que del Barco, con quien colaboraba en la revista marxista “Pasado y Presente” (que yo compraba en los kioskos) en los años en que ya operaba el Ejército Guerrillero del Pueblo, se le ocurra traer a colación esas dos muertes cuarenta años después de ocurrido el hecho. “Sólo después de casi cuarenta años, esa izquierda, que no pudo ni supo ni quiso escuchar más a nadie, con la carta de del Barco, recién ahora asume la dimensión trágica de su propia existencia actual, presente en su pasado”. (pag 45).
Dice que del Barco universaliza la culpa y se parece a esas “lloronas profesionales de los velorios antiguos”. Agrega que del Barco habló sin que nadie se lo pidiera, y que es inaudito que más de cuarenta años después lance el grito de condena a todos.
Lo que sucede que tanto uno como el otro hacen caso omiso de la verdadera circunstancia que hace que tanto a la publicación de la carta como a las respuestas que provoca, que es la nueva política de derechos humanos del presidente Néstor Kirchner en el que se hace portavoz de la “juventud maravillosa” de la década del setenta y reinvidica los ideales y justifica la metodología empleada durante los gobiernos de Juan e Isabel Perón.
A Oscar del Barco no se le ocurrió despertarse de un largo sueño dogmático cuarenta ños después como si cumpliera el mismo lapso de tiempo que los antiguos esclavos hebreos que rondaron por cuatro décadas por el desierto antes de llegar a la tierra prometida.
Ya de vuelta de su exilio fue parte integrante de un grupo de exilados muchos de los cuales fundaron el Club de Cultura Socialista en la que autocrítica mediante, adoptaron a la socialdemocracia como forma de organización política y adhirieron al gobierno de Alfonsín.
Aún sin ser un miembro activo del recinto, sus intereses filosóficos llevaban a del Barco a la lectura de textos de la ontología heideggeriana, como de Lévinas y otros autores alejados del marxismo.
Además fue – y es – el compañero mas entrañable de su amigo Héctor Schumcler, que fue uno de los pocos intelectuales con un hijo desaparecido que no sólo tomó distancia sino que llevó a cabo una crítica a las decisiones políticas de la década en cuestión.
De todos modos para Rozitchner, “el ave de Minerva argentina, levantó su vuelo un atardecer muy tardío, luego de sobrevolar en círculo el campo de los desaparecidos: cuando todo ya había sido consumido”.
Pero además de esta supuesta tardanza, la carta de del Barco en nada era anacrónica, porque mostraba una vez más, la frivolidad y la sangre fría de grupos intelectuales cuando hablaban de matar, de asesinato, de violencia, de revolución, de justicia. Casi ninguno de los participantes del debate cree en la democracia republicana porque la siguen pensando burguesa, formal, hipócrita, servil, corrupta, y siguen mencionando al “pueblo” como una masa homogénea de ángeles negros perseguidos por gorilas blancos, mientras ellos en el medio, izan la bandera de la liberación.
Y este gesto ampuloso y emancipatorio se muestra solidario de las luchas de califatos, de teocracias, de bolivarianismos recientes, de todo lo que desafíe a la civilización occidental y que la derrumbe – que no haya torres gemelas es justicia – no en nombre de algo que será – no hay más utopías – sino de lo que fue, aunque lo que haya sido provocara muerte y más muerte.
Por eso festejaron el ninguneo de Kirchner en el acto de la Esma al juicio a las Juntas durante el gobierno de Raúl Alfonsín, porque el dirigente radical era burgués, y además, traidor, porque promulgó leyes de obediencia debida y punto final frente a los tanques de un ejército sublevado y con la única resistencia de un par de plazas con ciudadanos de clase media.
La clase obrera de Ubaldini, ausente, los feligreses que marchan a Lujan…en Lujan, los peronistas no afines a los reformadores cafieristas – los futuros menemistas – cortejando a los nacionalistas Rico y Seineldín.
Estos apuntes de nuestra historia nacional no son del pasado, sino de una eternidad, porque el relato nacional y popular tiene una sola partitura: el odio a la democracia.
Decirlo fuerte no está demás. Todo el dulce de leche que se le agrega, ya sea en nombre de la justicia social, de los descamisados, de los desaparecidos, de la soberanía nacional, todo esto no hace más que empastar ese odio.
Rozitchner admite que hay un problema en este tema del fusilamiento de dos compañeros de un grupo revolucionario por no haber estado a la altura de la misión histórica. Y afirma que el único modo de superar esa dificultad que antes de ser política, o meramente humana, o moral, es filosófica: despertar nuevamente el valor irrenunciable del sujeto y convertirlo en un lugar activo, en núcleo de la historia.
Cuesta entender que alguien que considera que la postura de del Barco es idealista y abstracta, nos proponga una tarea que de la metafísica tiene todos los ingredientes. ¿El sujeto universal en la historia universal? ¿Activo y no pasivo? ¿Qué quiere decir todo esto? La propuesta se llama “materialismo ensoñado” según lo leo en algún discípulo.
Se parece a Sartre que habla de praxis frente a lo práctico inerte, aunque no se le sobreimprime porque León hunde sus fauces en Freud, no lo rechaza como Sartre, no se establece en la estación conciencia, y apunta a un inconciente, pero propio.
Su inconciente es materno, va más allá del triángulo edípico, hasta más allá de la prohibición del incesto. El “no matarás” que del Barco instituye como primer mandamieno de la convivencia entre los hombres, está precedido por otras suprarrealidades.
Lo primero, enumera Rozitchner, es “vivirás”, es decir la Eva primordial. Después el “matarás•, cuyo nombre es Abraham, encomendado a sacrificar a su hijo. Y por último el “no matarás• de Jehová.
Para Rozitchner el racionalismo occidental en tandem con el cristianismo, se levanta sobre la tumba de la Madre. Ella es la cautiva del mandamiento racional y abstracto del padre. El “vivirás” materno es in- audito – de acuerdo al fraccionamiento que hace de la palabra – un susurro, oprimido por el “patriarcalismo judaico transformista”. Carezco de elementos para descifrar el significado de la última palabra.
Dice León que del Barco se inspira en Lévinas para hablarnos de un otro absoluto, del Rostro del Otro y de un Infinito áltero. Pero es una falacia en tanto no parte primero de “ese primer rostro amado, los ojos y los pechos que por los ojos y la boca inauguran nuestra entrada al mundo humano”. De ahí que sostenga que el fundamento criminal que el “no matarás” oculta, y sobre el cual se funda, es haberle dado muerte a la madre como significante fundador de todo sentido, inicio, quizá, de una racionalidad nueva” (ibid 67).
Para concluir dice que no se puede ver el Infinito en el rostro de un asesino.
Luego de esta epifanía de la maternidad, Rozitchner vuelve a la carga con el tema en cuestión: el derecho de matar en nombre de la revolución.
Sostiene que a pesar de que algunos hechos de jefes montoneros y otros del Erp pueden ser calificados de monstruosos, el problema de la lucha política es agonístico. Acepto que me maten o me defiendo. Refuerza su argumento afirmando que hay una violencia de derecha y una contraviolencia de izquierda. Además, agrega, hay dos tipos de violencia, una violenta e inmediata y otra morosa.
De acuerdo a esta posición frente al mundo y a la vida, la respuesta a la desigualdad económica entre los hombres, al hecho de que unos se apropien de la plusvalía de acuerdo a la teoría económica de Marx, se resuelve con armas.
Toda sociedad tiene según esta ideología una violencia “morosa”. La morosidad es pararela a la historia. No hay organización humana que no sea jerárquica y sus relaciones de poder no se resuelven siempre por consenso y aceptación unánime.
Dicen que son los vencedores quienes instituyen las reglas.
Tampoco existe sociedad en la que grupos no reclamen derechos y resistan al poder de grupos dominantes. Desde el éxodo del pueblo judío a la revolución francesa. Pero de lo que aquí se trata, no es de responder por las armas a las injusticias sociales en general, ni si la ley no es más que la violencia dulce, sino de lo que nos da que pensar el hecho de que en nombre de una sociedad comunista imaginada en el siglo XIX, reciclada en un socialismo nacional, sea legítimo secuestrar y matar en un país en un contexto en el que hay un gobierno democrático y en el que el líder popular vuelto del exilio llama a una reconciliación nacional. Es decir la Argentina del 73-76.
Eso por un lado, y por el otro preguntarnos si la historia de la humanidad no es una muestra de que las guerras civiles llevadas a cabo en nombre de ideales de todo tipo no han dejado a las sociedades en un baño de sangre sin que ninguno de esos ideales pudiera ser materializado. Y, además, si la misma historia de las civilizaciones, no muestra también que se han inventado innumerables formas de resistencia a la opresión que no se resuelven con el terror sino con la acción política que supone el uso de la palabra, la asociación de ciudadanos, las intervenciones conjuntas, el uso de la legalidad con el fin de proponer y promulgar reformas, aceptar que los cambios radicales son los que se hacen de un modo gradual, etc.
La “morosidad” de la que habla el filósofo autoriza cualquier cosa en cualquier momento.
Le preguntaque le hace a del Barco son cuestiones cuya obviedad le da vergüenza repetir: ¿mataría al que trata de matarlo o aceptaría perder su vida?

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1 comentario

  • 1. r .nadaud  |  21 enero 2016 en 9:37

    ‘Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre.’ J.L.B.


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